El sistema de divorcio de Egipto discrimina a las mujeres y socava su derecho a poner fin al matrimonio, señala Human Rights Watch en un informe publicado hoy. En octubre, el gobierno estableció juzgados de familia que, al igual que el divorcio sin causa introducido cuatro años antes, no han logrado frenar la discriminación constante contra las mujeres.

En el informe de 62 páginas, “Divorced from Justice: Women’s Unequal Access to Divorce in Egypt,” (Divorciadas de la justicia: El acceso desigual de las mujeres al divorcio en Egipto), se documentan graves violaciones de los derechos humanos derivadas de la legislación discriminatoria sobre la familia que ha conducido a un sistema de divorcio que otorga un trato diferente y desigual a hombres y mujeres.

En Egipto, los hombres gozan del derecho unilateral e incondicional al divorcio. Nunca tienen que entrar en un juzgado para poner fin a sus matrimonios. Las mujeres, por otro lado, tienen que recurrir a los tribunales para divorciarse de sus esposos, donde se enfrentan a incontables obstáculos sociales, legales y burocráticos.

Las mujeres que quieren divorciarse en Egipto tienen dos opciones: el divorcio causal y el no causal. Para poder iniciar un divorcio causal, por el que pueden obtener plenos derechos económicos, una mujer tiene que demostrar el daño infligido por su esposo en el transcurso del matrimonio. Hasta el maltrato físico tiene que respaldarse con frecuencia con testimonios de testigos presenciales.

Desde el 2000, las mujeres egipcias cuentan con la opción del divorcio sin causa (khula). Pero para hacerlo, tienen que renunciar a sus derechos económicos y devolver la dote que les entregaron sus maridos al casarse. En el divorcio sin causa, adoptado con el fin de acelerar el proceso, se sigue exigiendo a las mujeres que pidan a un tribunal la terminación de sus matrimonios.

“Una mujer egipcia que quiera divorciarse se encuentra entre la espada y la pared”, señaló LaShawn R. Jefferson, directora ejecutiva de la División de los Derechos de la Mujer de Human Rights Watch. “Si solicita un divorcio con causa, tiene que soportar la incertidumbre legal durante años. Para obtener un divorcio sin causa más rápido, tiene que firmar la renuncia a sus derechos económicos”, agregó.

Independientemente del tipo de divorcio que elija una mujer, los funcionarios de sexo masculino siguen controlando ampliamente cada fase del proceso. Egipto sólo tiene una jueza en ejercicio, y los fiscales que opinan sobre los casos de divorcio son mayoritariamente hombres. En los casos de divorcio, las propias mujeres detienen muy poco poder de decisión.

En contraste, las leyes egipcias proporcionan muchas protecciones a los hombres. Las mujeres que quieren divorciarse tienen que someterse obligatoriamente a la mediación. Si una mujer deja a su marido sin su consentimiento, éste puede presentar cargos de acuerdo con las “leyes de obediencia” egipcias, lo que puede resultar en la pérdida de la pensión alimenticia cuando se divorcie.

Los obstáculos casi insuperables a los que se enfrentan las mujeres en el proceso de divorcio hacen que muchas de ellas renuncien a sus derechos con la intención de persuadir a sus maridos de que se divorcien de ellas.

Las consecuencias de este sistema de doble rasero suelen ser económicamente y emocionalmente devastadoras para las mujeres. En algunos casos, también pueden suponer un peligro para su integridad física.

El hecho de que el gobierno egipcio no garantice los mismos derechos a la propiedad después del divorcio, por ejemplo, disuade a muchas mujeres de abandonar matrimonios violentos. Rania Omar (no su nombre real), de 47 años, contó a Human Rights Watch cómo su marido la golpeaba salvajemente: “A veces era bueno conmigo. Pero cuando no había trabajo, estaba asqueado de la vida. Se desquitaba conmigo. Yo lo soportaba. ¿Dónde podía ir? Tengo cinco hijos”.

“El sistema discriminatorio de divorcio de Egipto condena a un número no declarado de mujeres a matrimonios violentos”, señaló Jefferson. “El hecho de que las mujeres no cuenten con una salida fácil permite a algunos maridos maltratar a sus esposas con virtual impunidad”.

Desde el 2000, el gobierno ha hecho esfuerzos por abordar la desigualdad de la mujer frente al divorcio. No obstante, estas reformas no han alterado fundamentalmente la desigualdad ante el divorcio en Egipto. Aunque la introducción del divorcio sin causa ha ayudado claramente a que algunas mujeres se divorcien con más facilidad, las mujeres siguen teniendo que renunciar a muchos de sus derechos si eligen esta opción.

Las entrevistas realizadas por Human Rights Watch revelan que, debido a la necesidad de renunciar a sus derechos a cualquier bien del matrimonio y al futuro apoyo económico, esta opción está reservada para las mujeres con importantes recursos económicos o para las que están realmente desesperadas por obtener un divorcio. May Ibrahim (no su nombre real), de 40 años, está casada con un alcohólico que la maltrata cuando está ebrio. Describió las razones por la que eligió un divorcio sin causa: “He pedido khula porque, aunque podría tenerlo todo con un divorcio normal, lleva demasiado tiempo. Sé que me quedaría sin nada al final de todos modos”.

En octubre, el gobierno egipcio estableció juzgados especiales de familia para racionalizar el proceso, consolidando todas las disputas en un solo caso juzgado por un solo tribunal. Aunque se trata de un avance en muchos aspectos, estos nuevos juzgados están aplicando las mismas leyes y prácticas discriminatorias del sistema anterior.

“Los juzgados de familia pueden racionalizar el proceso”, señaló Jefferson. “Ahora, el gobierno egipcio debe adoptar medidas sustantivas para acabar con la discriminación que sigue asediando a las mujeres que quieren divorciarse”, agregó