La tortura y el maltrato de los presos iraquíes en la prisión de Abu Ghraib era un resultado predecible de la decisión del gobierno de Bush de eludir el derecho internacional, señaló Human Rights Watch en un informe publicado hoy.

En el informe de 28 páginas, "The Road to Abu Ghraib" (El camino hacia Abu Ghraib) se examina cómo el gobierno de Bush adoptó una política deliberada de permitir técnicas de interrogatorio ilegales-y después de pasó dos años encubriéndolas o desmintiendo las denuncias de tortura y otros abusos cometidos por las tropas estadounidenses.

"Los horrores de Abu Ghraib no fueron simplemente actos de soldados individuales", dijo Kenneth Roth, director ejecutivo de Human Rights Watch. "Abu Ghraib fue el resultado de las decisiones adoptadas por el gobierno Bush de dejar de lado las reglas".

Según Human Rights Watch, las políticas del gobierno crearon el ambiente propicio para Abu Ghraib de tres maneras.

Primero, poco después de los atentados del 11 de Septiembre, el gobierno de Bush decidió que la guerra contra el terrorismo permitía a Estados Unidos eludir las restricciones del derecho internacional. Se dejaron de lado los Convenios de Ginebra por "obsoletos". Los abogados del Pentágono, el Departamento de Justicia y la Oficina del Asesor de la Casa Blanca afirmaron que el presidente no estaba sometido a las prohibiciones de la tortura en las leyes estadounidenses e internacionales.

En consecuencia, Estados Unidos empezó a crear prisiones fuera de su territorio e inaccesibles como la de la Bahía de Guantánamo, Cuba, y mantuvo a otros detenidos en "lugares secretos". El gobierno Bush también envió sin proceso legal a presuntos terroristas a países donde les sacaban la información a golpes.

Segundo, Estados Unidos empleó métodos de coacción para infligir dolor y humillación a los detenidos con el fin de "ablandarlos" antes de los interrogatorios. Estos métodos incluyeron mantener a los detenidos en posturas incómodas y dolorosas; privarles del sueño y la luz durante períodos prolongados; exponerlos al calor, el frío, el ruido y la luz extremos; encapucharlos y mantenerlos desnudos.

Estas técnicas están prohibidas por las disposiciones contra la tortura y otros tratos crueles, inhumanos o degradantes contenidas en el derecho internacional de derechos humanos, las leyes sobre el conflicto armado y los largamente establecidos reglamentos de las propias fuerzas armadas de Estados Unidos.

Tercero, hasta la publicación de las fotos sobre Abu Ghraib, los funcionarios del gobierno de Bush adoptaron, en el mejor de los casos, una estrategia de "no me chilles que no te veo" (see no evil, hear no evil) frente a las denuncias de malos tratos a los detenidos. Desde los primeros días de la guerra en Afganistán y la ocupación de Irak, el gobierno de Estados Unidos ha encubierto o no ha actuado frente a las reiteradas y graves acusaciones de tortura y abuso.

El gobierno de Bush ha negado que tenga una política para torturar y maltratar a los detenidos. Human Rights Watch instó al Presidente Bush a que ofrezca pruebas para estas negaciones haciendo públicos todos los gobiernos oficiales relevantes.

Human Rights Watch también instó al gobierno a que exponga en detalle las medidas que está adoptando para garantizar que no continúan estas prácticas abusivas y perseguir firmemente a los responsables de ordenar y condenar este abuso.

"Todo el mundo ha visto las fotos de Abu Ghraib", dijo Roth. "Ha llegado el momento de que el Presidente Bush exponga totalmente la política de Estados Unidos con respecto a la tortura".