La invasión de Irak acabó con el reinado de un gobierno brutal, pero los líderes de la coalición se equivocan al caracterizarla como una intervención humanitaria.

El informe de 407 páginas, Informe Mundial 2004: Los derechos humanos y los conflictos armados, incluye 15 ensayos sobre una variedad de temas relacionados con la guerra y los derechos humanos, desde África a Afganistán, desde el tema de la violencia sexual como método de guerra a las nuevas tendencias en la justicia internacional de posguerra.

"Librar una guerra no es excusa para ignorar los derechos humanos", señaló Kenneth Roth, director ejecutivo de Human Rights Watch. "En 2003, hemos visto a demasiados gobiernos invocar las demandas de la guerra para excusar sus propias fechorías".

En el ensayo que abre el libro, Roth señala que el derrocamiento de Saddam Hussein puso fin a uno de los gobiernos más abusivos del mundo. Pero la intervención militar en el territorio de un estado soberano, sin su permiso, es inherentemente peligrosa y debe realizarse por razones humanitarias en los casos más extremos. Aunque el historial de derechos humanos de Saddam Hussein era espeluznante, sus peores atrocidades fueron cometidas mucho antes de la intervención. Cuando las fuerzas de la coalición invadieron Irak, no se había producido ni existía la amenaza inminente de un asesinato en masa que exigiera el tipo de acción militar preventiva que debe caracterizar las verdaderas intervenciones humanitarias.

Roth argumenta que, para calificar una intervención de "humanitaria", el motivo de ésta debe ser principalmente humanitario, la amenaza de una matanza debe ser inminente y la escala de los asesinatos masiva, y deben haberse agotado el resto de las opciones para prevenir la masacre.

"El gobierno de Bush no puede justificar la guerra en Irak como una intervención humanitaria, ni tampoco Tony Blair", dijo Roth. "Se deben castigar ciertamente las atrocidades cometidas por Saddam Hussein, y las peores de ellas, como el genocidio contra los kurdos en 1988, habrían justificado una intervención humanitaria en ese momento. Pero dichas intervenciones deben reservarse para detener una matanza inminente o en curso. No deben realizarse con retraso para enfrentar atrocidades que fueron ignoradas en el pasado".

Este año, los conflictos armados-y no sólo el iraquí-plantearon un problema especialmente destacado para los derechos humanos. En un ensayo se documenta cómo los abusos contra los derechos humanos en la guerra de Chechenia, que las autoridades rusas justifican ahora como su contribución a la guerra global contra el terrorismo, están siendo totalmente ignorados por los gobiernos europeos y de otras partes del mundo. Un ensayo más esperanzador sobre las "guerras olvidadas" de África analiza los esfuerzos de los líderes regionales, especialmente en la recién creada Unión Africana, para adoptar un papel más activo poniendo freno a los conflictos armados y los abusos contra los derechos humanos. Estas iniciativas pueden renovar las energías y aumentar los recursos para enfrentar los devastadores conflictos en la República Democrática del Congo (RDC), África Occidental y Sudán, entre otros.

Tres ensayos examinan la situación de los derechos humanos después de la guerra. Según uno de ellos, las fuerzas aliadas están "perdiendo la paz" en Afganistán porque, fuera de la capital Kabul, están cediendo el control del país a brutales señores de la guerra. Un ensayo sobre los estados de la antigua Yugoslavia examina cómo el fracaso de las iniciativas para promover el retorno de refugiados y personas desplazadas ha hecho que la "limpieza étnica" siga considerablemente latente en muchas regiones.

El imperativo de la justicia para los crímenes de guerra y la dificultad para alcanzarlo son los puntos destacados de un ensayo sobre las iniciativas judiciales internacionales hasta la fecha, y sobre cuál es la mejor manera de consolidar los logros en adelante.

Un ensayo sobre la guerra contra el terrorismo en Estados Unidos argumenta que el gobierno de Bush está intentando evitar el tipo de revisión judicial esencial para salvaguardar los derechos humanos de toda una serie de medidas ejecutivas sobre seguridad nacional.

Tres de los ensayos se ocupan de la manera en que se libra la guerra, en particular, las crecientes campañas internacionales para limitar el uso de niños soldados y de municiones de racimo, así como para sancionar a los estados que venden armas a conocidos violadores de los derechos humanos. Un cuarto ensayo examina la cuestión de cómo el gobierno de Estados Unidos está aplicando las "normas de la guerra" a la campaña antiterrorista con el fin de tener más flexibilidad para denegar derechos a presuntos terroristas; cuando, de hecho, deberían seguirse las "reglas policiales" más restrictivas en muchos de los casos.

Un ensayo sobre "guerras de recursos" alega que se suele pasar por alto el papel de los gobiernos corruptos en los análisis sobre cómo las materias primas preciadas, como el petróleo y los diamantes, provocan que los grupos rebeldes inicien guerras civiles.

El último ensayo del libro concluye que el movimiento pro derechos humanos ha recorrido un largo camino desde la fundación de Human Rights Watch, hace 25 años. Sin embargo, muchos de sus logros están siendo amenazados con la excusa de una guerra interminable y sin fronteras contra el terrorismo. En el ensayo se argumenta que el movimiento tiene que demostrar que "el apoyo al terrorismo se alimenta de la represión, la injusticia, la desigualdad y la falta de oportunidades" y que "la seguridad global mejora, por lo tanto, con el éxito de las sociedades abiertas que fomentan el respeto por el imperio de la ley, promueven la tolerancia y garantizan los derechos del pueblo a la libertad de expresión y la disidencia pacífica".

A diferencia de años anteriores, el Informe Mundial 2004 no incluye resúmenes de la situación de los derechos humanos en los más de 70 países en los que trabaja Human Rights Watch. Se puede consultar en cambio información actualizada sobre estos países en www.hrw.org.