- El uso reciente de municiones de fósforo blanco por parte de las fuerzas israelíes en el Líbano pone de manifiesto la necesidad de establecer nuevas normas internacionales que regulen estas armas devastadoras.
- Las municiones de fósforo blanco pueden causar quemaduras atroces y provocar daños físicos, psicológicos y socioeconómicos de por vida.
- Los Estados deberían condenar el uso continuado de municiones de fósforo blanco, impulsar nuevas conversaciones internacionales sobre la cuestión y garantizar que el derecho internacional responda adecuadamente al inaceptable costo humano de estas armas.
(Nueva York, 9 de septiembre de 2026) – El uso reciente de municiones de fósforo blanco por parte de las fuerzas israelíes en el Líbano pone de manifiesto la necesidad de establecer nuevas normas internacionales que regulen estas armas devastadoras, señalaron hoy Human Rights Watch y la Clínica Internacional de Derechos Humanos de la Facultad de Derecho de Harvard en un nuevo informe. Ambas organizaciones instaron a los Estados a abordar esta cuestión durante las reuniones sobre desarme que la Asamblea General de las Naciones Unidas celebrará durante el mes de octubre de 2026 en Nueva York.
El informe, de 45 páginas, “Uncontrolled Burn: The Inhumane Effects of White Phosphorus Munitions and the Need for Stronger Law” (“Quemaduras sin control: los efectos inhumanos de las municiones de fósforo blanco y la necesidad de reforzar el derecho internacional”), documenta 23 incidentes verificados en los que fuerzas israelíes utilizaron estas municiones en el sur del Líbano entre marzo y mayo de 2026. El informe también describe los terribles daños que estas armas han causado en conflictos armados en los últimos años. Las municiones de fósforo blanco, que generan fuego cuando su carga entra en contacto con el oxígeno, no están actualmente reguladas por ningún tratado específico.
“Las municiones de fósforo blanco pueden causar quemaduras atroces y provocar daños físicos, psicológicos y socioeconómicos de por vida”, señaló Bonnie Docherty, asesora sénior sobre armas de Human Rights Watch y profesora de la Clínica Internacional de Derechos Humanos de la Facultad de Derecho de Harvard. “Los Estados deberían condenar el uso continuado de municiones de fósforo blanco, impulsar nuevas conversaciones internacionales sobre esta cuestión y garantizar que el derecho internacional responda adecuadamente al inaceptable costo humano de estas armas”.
Las conclusiones del informe se basan en análisis jurídicos, investigaciones de fuentes abiertas, 16 entrevistas realizadas de forma presencial y remota, el seguimiento de debates y procesos diplomáticos y una revisión documental.
Desde el año 2000, también se ha denunciado el uso de municiones de fósforo blanco por parte de Israel en Gaza en 2008-2009 y 2023; de fuerzas de la coalición liderada por Estados Unidos contra el Estado Islámico (ISIS) en Irak y Siria en 2017; de fuerzas de la coalición liderada por Arabia Saudita en Yemen en 2016; de fuerzas etíopes en Somalia en 2007; de fuerzas de la OTAN, principalmente estadounidenses, y de fuerzas antigubernamentales en Afganistán entre 2005 y 2011; y de Estados Unidos en Irak en 2004.
Las municiones de fósforo blanco que estallan en el aire sobre zonas pobladas tienen efectos indiscriminados —es decir, no pueden distinguir entre combatientes y población civil— y, por tanto, su uso viola las normas generales del derecho internacional humanitario. Sin embargo, pese a sus efectos incendiarios, las municiones de fósforo blanco no están comprendidas en el Protocolo III de 1980 de la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales (CCAC), dedicado a regular las armas incendiarias.
El protocolo define las armas incendiarias como aquellas concebidas “primordialmente” para provocar incendios o causar quemaduras a las personas. Esta definición excluye las armas concebidas principalmente con otros fines, aunque produzcan los mismos efectos incendiarios. Por ello, no abarca las municiones de fósforo blanco, cuyo principal propósito es generar cortinas de humo o proporcionar iluminación durante operaciones militares.
Human Rights Watch y la Clínica de Harvard analizaron las municiones de fósforo blanco a la luz de la cláusula de Martens, una disposición del derecho internacional humanitario que establece que, cuando no existe un tratado específico que regule una cuestión, la población civil y los combatientes siguen estando protegidos por los principios de humanidad y los dictados de la conciencia pública.
La cláusula de Martens resulta aplicable a las municiones de fósforo blanco, señalaron ambas organizaciones en el informe. Las terribles lesiones que provocan, extremadamente difíciles de tratar, son incompatibles con los principios de humanidad. El fósforo blanco puede quemar a una persona hasta el hueso, y las partículas que permanezcan en una herida pueden volver a inflamarse cuando se retiran los vendajes y quedan nuevamente expuestas al oxígeno.
Las objeciones expresadas por naciones, organizaciones internacionales, grupos de la sociedad civil, profesionales de la salud e instituciones financieras constituyen una muestra de que estas municiones también son contrarias a los dictados de la conciencia pública. Human Rights Watch y la Clínica de Harvard señalaron que es necesario reforzar el derecho internacional y adoptar normas específicas para hacer frente a estos problemas.
“Diplomáticos, profesionales médicos, investigadores de la ONU y muchas otras personas han expresado su indignación ante el terrible sufrimiento que causan las municiones de fósforo blanco”, señaló Docherty. “Los países han adoptado tratados sobre los gases venenosos y las armas láser cegadoras porque se consideraban inhumanos y contrarios a la conciencia pública. Deberían hacer lo mismo con las municiones de fósforo blanco”.
Dado que las municiones de fósforo blanco están concebidas para aprovechar su capacidad incendiaria, y no su toxicidad, no se consideran armas químicas y no están comprendidas en la Convención sobre las Armas Químicas.
Hasta ahora, buena parte del debate sobre las municiones de fósforo blanco se ha desarrollado en el marco de la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales. Decenas de países han condenado los daños que provocan y han pedido que se celebren debates específicos sobre esta cuestión.
Sin embargo, las reuniones de la CCAC funcionan por consenso, y Rusia y otros países contrarios al fortalecimiento de las normas han bloqueado propuestas para dedicar tiempo a debatir las consecuencias humanitarias de las armas incendiarias y de otras armas con efectos incendiarios, así como las deficiencias del Protocolo III.
Pese a estos obstáculos, los países que apoyan medidas contra las municiones de fósforo blanco deberían también plantear la cuestión durante la Conferencia de Examen de la CCAC, que se celebra cada cinco años, prevista del 16 al 20 de noviembre en la sede de las Naciones Unidas en Ginebra.
“El objetivo final debería ser adoptar normas internacionales sólidas que cierren las lagunas jurídicas existentes y estigmaticen el uso de municiones de fósforo blanco”, señaló Docherty. “Una prohibición total de la producción, transferencia y uso de estas armas sería la opción que ofrecería los mayores beneficios humanitarios”.