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El COVID-19 aumenta la xenofobia y el racismo contra los asiáticos en todo el mundo

Se necesitan planes nacionales de acción para frenar la intolerancia

En esta captura de pantalla, un hombre ayuda al dueño de una tienda a recoger un expositor después de que un grupo de adolescentes destrozara la tienda en Chinatown, San Francisco, el 16 de marzo de 2020.  © 2020 CrimesAgainstAsians/Facebook

(Nueva York) – Los gobiernos deberían tomar medidas urgentes para prevenir la violencia y la discriminación racistas y xenófobas vinculadas a la pandemia del COVID-19, procesando los ataques raciales contra las personas asiáticas y de ascendencia asiática, dijo hoy Human Rights Watch. El 8 de mayo de 2020, el Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, dijo que “la pandemia sigue desatando una oleada de odio y xenofobia, buscando chivos expiatorios y fomentando el miedo” e instó a los gobiernos a “actuar ahora para fortalecer la inmunidad de nuestras sociedades contra el virus del odio”.

En algunos casos, líderes gubernamentales y altos funcionarios han alentado directa o indirectamente los crímenes de odio o las muestras de racismo y xenofobia mediante el uso de una retórica antichina. Varios partidos y grupos políticos, en países como Estados Unidos, el Reino UnidoItaliaEspañaGreciaFrancia y Alemania también han aprovechado la crisis del COVID-19 para impulsar teorías de conspiración contra inmigrantes, a favor de la supremacía blanca, ultranacionalistas, antisemitas y xenófobas que demonizan a refugiados, extranjeros, personas destacadas y líderes políticos.

“El racismo y los ataques físicos contra las personas asiáticas y de ascendencia asiática se han propagado con la pandemia de COVID-19, y los líderes gubernamentales deberían actuar con decisión para abordar la tendencia”, dijo John Sifton, director de incidencia de Asia de Human Rights Watch. “Los gobiernos deberían tomar medidas para ampliar el alcance público, promover la tolerancia y contrarrestar el discurso de odio mientras investigan y procesan enérgicamente los delitos de odio”.

El comité de la ONU responsable de supervisar el cumplimiento de la Convención Internacional sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial, ratificada por 182 países, ha recomendado que los gobiernos adopten “planes nacionales de acción contra la discriminación racial”. Los planes deberían establecer enfoques específicos para combatir el racismo y la discriminación, desde una mayor vigilancia de los delitos de odio hasta mensajes públicos y programas educativos que fomenten la tolerancia. Los gobiernos deberían tomar medidas urgentes para adoptar nuevos planes de acción para abordar la ola de racismo y xenofobia provocada por el COVID-19.

Desde el estallido de la pandemia, las personas asiáticas y de ascendencia asiática han sido blanco de lenguaje despectivo en los medios de comunicación y las declaraciones de los políticos, así como en las plataformas de redes sociales, donde el discurso de odio relacionado con el COVID-19 también parece haberse propagado ampliamente. El uso del término “virus chino” por parte del presidente de EE.UU., Donald Trump, y el uso de “virus de Wuhan” por parte del secretario de Estado Mike Pompeo pueden haber alentado el uso del discurso de odio en EE.UU. A pesar de que a fines de marzo Trump dejó de usar el término y publicó un tuit en el que expresaba su apoyo a “nuestra comunidad asiático-estadounidense”, no ha tomado ninguna medida gubernamental específica para la protección de las personas asiáticas y de ascendencia asiática.

El gobernador de la región italiana de Véneto, uno de los primeros epicentros de la pandemia, dijo a periodistas en febrero que el país gestionaría mejor el virus que China debido a la “higiene que tiene nuestro pueblo (…) los ciudadanos italianos, la formación cultural que tenemos, de ducharnos, lavarnos, lavarnos muy a menudo las manos (…), mientras que todos hemos visto los videos con chinos que comen ratas vivas”. Posteriormente se disculpó. El ministro de educación de Brasil ridiculizó a los chinos en un tuit sugiriendo que la pandemia era parte del “plan de dominación mundial” del gobierno chino.

La intensificación de la retórica racista ha coincidido con un aumento en los ataques racistas. Desde febrero, las personas asiáticas y de ascendencia asiática en todo el mundo han sido víctimas de ataques y palizasacoso violentoamenazasinsultos racistas y discriminación que parecen vinculados a la pandemia.

En Italia, el grupo de la sociedad civil Lunaria ha recopilado desde febrero más de 50 denuncias y noticias en los medios sobre agresiones, insultos, acoso y discriminación contra personas de ascendencia asiática. Organizaciones de derechos humanos y otros grupos en FranciaAustralia y Rusia también informaron a Human Rights Watch sobre ataques y casos de acoso a personas de ascendencia asiática en relación con el COVID-19.

En el Reino Unido, personas asiáticas han sido golpeadas en la cara y han sido blanco de burlas y de acusaciones de propagar el coronavirus. Dos mujeres atacaron a unas estudiantes chinas en Australia: golpearon y dieron patadas a una de ellas y les gritaron “vuelvan a China” y “malditas inmigrantes”. Dos hombres golpearon a un joven estadounidense de origen chino en España hasta dejarlo en coma durante dos días. Un hombre con un cuchillo atacó a una familia birmana en Texas.

En África se han reportado incidentes de discriminación y ataques contra personas asiáticas acusadas de ser portadoras de coronavirus, así como extranjeros en general, en KeniaEtiopía y Sudáfrica. En Brasil, los medios de comunicación han informado sobre casos de hostigamiento y rechazo a personas de origen asiático.

En algunos casos, los gobiernos han impuesto estrictas cuarentenas que afectan indiscriminadamente solo a los trabajadores extranjeros sin proporcionar atención médica adecuada, asistencia financiera ni otros servicios que muchos necesitan ahora para sobrevivir. A principios de mayo, las autoridades de Malasia llevaron a cabo redadas en masa para detener a refugiados y trabajadores inmigrantes, sugiriendo sin fundamento que la comunidad inmigrante y los refugiados rohingya fueron responsables de la propagación del COVID-19.

En todo Oriente Medio, la retórica racista persistente en el discurso público contra los trabajadores extranjeros se intensificó después de que tuvieran lugar varios brotes de COVID-19 en áreas segregadas densamente pobladas por trabajadores extranjeros, la mayoría de los cuales son asiáticos.

También se han reportado casos de discriminación contra personas chinas en Corea del SurJapón e Indonesia.

La discriminación no se ha limitado a las personas asiáticas o de origen asiático. En India y Sri Lanka, donde los líderes han hecho poco para contener la creciente discriminación contra los musulmanes de los últimos años, se han reportado numerosos ataques e incidentes de discriminación aparentemente relacionados con el COVID-19 contra personas musulmanas. En Myanmar, los líderes ultranacionalistas han utilizado la pandemia para justificar las amenazas y el discurso de odio contra los musulmanes.

A principios de abril de 2020, las autoridades chinas en la ciudad sureña de Guangzhou, provincia de Guangdong, que alberga la mayor comunidad africana en China, lanzaron una campaña para hacer pruebas de diagnóstico a la fuerza entre los africanos y les ordenaron que se autoaislaran o se pusieran en cuarentena en los hoteles designados. Propietarios de vivienda comenzaron a desalojar a inquilinos africanos, lo que obligó a muchos a dormir en la calle, y muchos hoteles, tiendas y restaurantes rechazaban a los clientes africanos. Otros grupos extranjeros generalmente no han sido sometidos a un trato similar.

“Condenar pública y repetidamente el racismo es una respuesta fundamental de cualquier gobierno al coronavirus”, señaló Sifton. “Los gobiernos también deberían adoptar iniciativas especiales de educación pública, fortalecer la vigilancia de los delitos de odio y ofrecer apoyo a las comunidades víctimas de la discriminación y los ataques por motivos raciales”, añadió. “Las empresas de redes sociales tienen la responsabilidad de proteger a los usuarios contra el contenido ofensivo y xenófobo en sus plataformas, y deberían invertir los recursos adecuados para abordarlo y mitigar sus daños”.

Casos específicos por países

Estados Unidos

Los incidentes contra personas asiáticas han continuado en EE.UU. desde el estallido de la pandemia de COVID-19: en febrero y marzo numerosas noticias informaron sobre ataques y discriminación relacionados con el coronavirus. A fines de abril, una coalición de grupos asiático-estadounidenses que habían creado un centro de denuncias llamado STOP AAPI HATE dijo haber recibido casi 1.500 denuncias de incidentes de racismo, discurso de odio, discriminación y ataques físicos contra asiáticos y estadounidenses de origen asiático.

En un incidente típico, un estadounidense de origen chino relató su experiencia: “Estaba hablando por teléfono con mi madre en mandarín cuando una mujer que pasaba por allí me gritó ‘alejen a este chino infectado de coronavirus de mí’ refiriéndose a mí”.

Al menos 125 de los incidentes reportados fueron ataques físicos. Entre los casos denunciados cabe destacar los siguientes: “Un camión pasó a mí lado y (alguien) me tiró un refresco por la espalda y me gritó ‘oye chino, das puto asco”. En otro, un estadounidense de origen asiático que estaba esperando un autobús dijo que un hombre comenzó a gritarle. “Lo ignoré ... [entonces] me arrojó un objeto de peso considerable. No me dio, pero iba con tal fuerza que impactó en el lado del autobús con un ‘golpe’ ensordecedor. De pronto, me di cuenta del enorme daño que ese objeto me podría haber hecho si me hubiese golpeado en la cabeza”.

El grupo también reportó cientos de casos en que estadounidenses de origen asiático fueron hostigados en público, excluidos de poder entrar en negocios o medios de transporte, insultados en supermercados, acusados ​​de “traer coronavirus” a EE.UU., o rechazados en servicios de taxi como Uber o Lyft.

El 4 de mayo, la Liga Antidifamación publicó una lista de incidentes casi diarios de ataques racistas y casos de acoso desde enero hasta principios de mayo. Por ejemplo, el 3 de mayo, un hombre le gritó a un asiático en el metro de Nueva York: “Estás infectado chino, tienes que bajarte del tren” y luego trató de sacar al hombre de su asiento.

Desde marzo hasta principios de mayo, hubo numerosos informes públicos de ataques físicos violentos contra estadounidenses de origen asiático en estados como CaliforniaMinnesotaNueva York y Texas. NextShark, un sitio web centrado en las noticias asiático-estadounidenses, apenas recibía algunos mensajes al día antes de la pandemia sobre casos relacionados con prejuicios contra la población asiática; ahora recibe decenas.

Representantes de alto rango de varias organizaciones asiático-estadounidenses y otras organizaciones no gubernamentales han dicho a Human Rights Watch que numerosos miembros de la comunidad asiático-estadounidense con la que trabajan han sufrido abuso o acoso, o conocen a alguien que lo ha sufrido.

La Oficina Federal de Investigación (FBI) y otras agencias federales no han tomado ninguna medida específica para abordar el aumento de los ataques racistas y la discriminación, aunque varios gobiernos estatales y locales han establecido asistencia telefónica y han ordenado a las autoridades que investiguen los casos de ataques o discriminación.

Reino Unido

Se informaron varios ataques violentos contra personas de origen asiático cuando surgió el brote de COVID-19 en el Reino Unido en febrero. Varios de estos ataques fueron agresiones físicas o palizas.

A principios de mayo, Sky News informó que los datos que había obtenido a través de solicitudes bajo la Ley de Libertad de Información a varios cuerpos de policía regionales del Reino Unido revelaron al menos 267 crímenes de odio contra personas asiáticas registrados en todo el país entre enero y marzo. En muchas jurisdicciones, las cifras de los primeros tres meses de 2020 fueron más altas que el total de todo 2018 o 2019. Las cifras de la Policía de Transporte Británica entre enero y marzo, por ejemplo, muestran cómo los incidentes de delitos de odio contra las personas asiáticas coinciden con el número total de denuncias durante todo 2019.

Stop Hate UK, un grupo antirracista, informó en marzo que había recibido un número creciente de llamadas o denuncias por incidentes de “racismo, discriminación y abuso verbal, derivados de la percepción de que son miembros de la comunidad china”.

El oficial de policía de mayor rango en el Reino Unido, responsable de los crímenes de odio a nivel nacional, declaró públicamente que las fuerzas policiales están monitoreando los delitos de odio contra personas asiáticas y que se toman muy en serio estos delitos. Sin embargo, en una reciente publicación de estadísticas sobre delincuencia en general durante el brote de Covid-19, las autoridades policiales se centraron en la disminución de la delincuencia en total, sin resaltar el aumento de los delitos de odio contra personas asiáticas ni indicar los pasos que están tomando para frenarla.

Varias de las fuerzas policiales locales del país no proporcionaron información a las solicitudes de Sky News bajo la ley de Libertad de Información sobre crímenes de odio relacionados con el COVID-19. Esto plantea preocupaciones sobre si se están recopilando datos sobre los delitos de odio contra personas asiáticas y si se están monitoreando y desglosando los delitos de odio por etnia, a pesar de las claras directrices oficiales para ello.

Rusia

Aproximadamente el 20 de febrero, después de que Rusia prohibiera la entrada al país a los ciudadanos chinos, la compañía estatal de transporte Mosgortrans comenzó a ordenar a los conductores de transporte público en Moscú que reportaran a los pasajeros chinos a la policía. El personal solicitó a muchos pasajeros percibidos como asiáticos que mostraran su identificación y el número de su pase de metro para hacer un seguimiento de sus desplazamientos. La embajada china envió una carta al gobierno de Moscú el 24 de febrero para pedir medidas para detener con esta práctica discriminatoria. Durante la última semana de febrero, mucho antes de que Moscú fuera puesta en cuarentena, la policía llevó a cabo redadas en varios lugares para localizar a ciudadanos chinos y forzarlos al confinamiento, independientemente de sus historiales de viaje.

El grupo ruso SOVA, que monitorea la xenofobia y el racismo, dijo a Human Rights Watch que desde febrero se ha detectado un aumento en los ataques contra las personas asiáticas. También denunció una “ola de comentarios insultantes y racistas dirigidos a los chinos y a las personas de Asia Central en las redes sociales" en relación con el COVID-19.

Una noticia en Lenta el 29 de marzo incluyó varios testimonios, incluidos casos de personas de Asia y Asia Central a las que gritaron en el metro o en público, diciéndoles que “los chinos trajeron el coronavirus a este país”. Hasta marzo, también se informaron incidentes de acciones discriminatorias contra personas de aspecto asiático en NizhnevartovskEkaterinburgTatarstan y Makhachkala, entre otros lugares.

Australia

Desde el estallido de la pandemia de COVID-19, se ha reportado una serie de casos de abuso y ataques racistas y vandalismo contra personas de origen asiático en todo el país. Por ejemplo, a finales de marzo se informó que en Sídney hubo pintadas que decían “Muerte a los que comen perros” frente a la casa de un hombre asiático, y que unas personas gritaron e insultaron a unas hermanas llamándolas “perras asiáticas” que “trajeron el coronavirus aquí” y “puta estúpida”.

Cerca de Melbourne, también a fines de marzo, la casa suburbana de una familia chino-australiana fue blanco de vandalismo racista tres veces en el espacio de una semana: el 20 de marzo, la familia encontró las palabras “COVID-19 China muerte” pintadas con spray en la puerta de su garaje. A última hora de la noche siguiente, una persona no identificada arrojó una gran piedra a través de una de sus ventanas. El 29 de marzo, la puerta de su garaje fue de nuevo pintada con spray, esta vez con las palabras “váyanse y mueran”.

El 15 de abril, dos mujeres en un grupo atacaron a dos estudiantes chinas en la Universidad de Melbourne, gritando declaraciones racistas como: “Vuelvan a China” y “malditas inmigrantes”. Una de las mujeres golpeó repetidamente a una de las estudiantes en la cabeza y, después de empujarla al suelo, le dio varias patadas en el torso.

Una encuesta centrada en el racismo relacionado con el COVID-19 contra personas asiáticas y asiático-australianas registró 178 incidentes durante las primeras dos semanas de abril en todo el país. La encuesta, realizada por el grupo comunitario Asian Australian Alliance, ha recibido cerca de 12 reportes al día desde el 2 de abril, desde insultos raciales hasta agresiones físicas. La mayoría de los incidentes racistas denunciados –el 62 por ciento— fueron contra mujeres. La Comisión de Derechos Humanos de Australia también ha registrado un aumento en las quejas sobre ataques racistas. La Universidad Nacional de Australia creó un “censo de prejuicios” para recopilar mejor cualquier información sobre el aumento de los incidentes relacionados con el COVID-19.

El primer ministro Scott Morrison ha criticado los ataques racistas relacionados con el COVID-19 diciéndoles a los australianos que “ya basta”. Alan Tudge, ministro interino de Australia para asuntos de inmigración y multiculturales, también condenó enérgicamente el auge en los ataques racistas, y un miembro del parlamento laborista, Andrew Giles, y otros líderes de la oposición han pedido al gobierno que reinicie una campaña nacional contra el racismo.

India

El discurso de odio contra los musulmanes, que ya era un problema grave y creciente desde la elección del partido nacionalista hindú Bharatiya Janata (BJP) en 2015,

En abril, las redes sociales y los grupos de WhatsApp se vieron inundados por los llamados al boicot social y económico de los musulmanes, incluso por parte de partidarios del BJP. También se han producido varios ataques físicos contra musulmanes, incluidos voluntarios que distribuían material de socorro, en medio de mentiras que los acusan de propagar el virus deliberadamente.

El discurso de odio contra los musulmanes parece haber aumentado después de que las autoridades indias anunciaron que un gran número de musulmanes habían dado positivo por COVID-19 después de asistir a una congregación religiosa masiva en Delhi, organizada por el movimiento misionero islámico internacional Tablighi Jamaat. Los funcionarios de BJP avivaron las llamas refiriéndose a la reunión de Jamaat como un “crimen talibán” y “Coronaterrorismo”. Algunos medios de comunicación dominantes que apoyan al BJP han utilizado términos como #CoronaJihad, provocando que el hashtag se volviera viral en las redes sociales.

La situación se agravó tanto que la Organización Mundial de la Salud (OMS) emitió una declaración de precaución, señalando que “es muy importante que no perfilemos los casos sobre la base de criterios raciales, religiosas y étnicas”.

El primer ministro Narendra Modi no ha condenado explícitamente el discurso de odio contra los musulmanes, pero tuiteó “El COVID-19 no distingue razas, religiones, colores, castas, credos, idiomas o fronteras antes de atacar. Por lo tanto, nuestra respuesta y conducta deben priorizar la unidad y hermandad. Estamos en esto juntos”. Pero las autoridades indias a nivel nacional y local no han tomado las medidas adecuadas para contener la atmósfera cada vez más tóxica ni realizar investigaciones adecuadas de los ataques, según corresponda.

Sri Lanka

Varios funcionarios del gobierno han hecho comentarios públicos estigmatizantes sobre la comunidad musulmana minoritaria de Sri Lanka en el contexto de la pandemia, conforme surgían las noticias de incidentes de discursos de odio en todo el país. Esto incluye las afirmaciones de que los musulmanes son responsables de propagar deliberadamente la pandemia, junto con los llamados a boicotear a las empresas musulmanas. Varias organizaciones musulmanas escribieron al gobierno el 12 de abril para dirigir la atención sobre el aumento de incidentes de discurso de odio en Sri Lanka.

El 27 de marzo, el gobierno de Sri Lanka emitió una regla que establece que cualquier persona que muera por complicaciones relacionadas con el COVID-19 debe ser incinerada, lo que está en desacuerdo con la práctica religiosa del Islam. La OMS ha dicho que la incineración debe ser “una cuestión de elección cultural y disponibilidad de recursos”, y no es necesaria para prevenir la propagación de COVID-19. Cuatro relatores especiales de la ONU emitieron una declaración el 8 de abril en la que calificaban la regla como una violación de la libertad religiosa y ponían de relieve el alarmante aumento en el discurso de odio y la estigmatización de los musulmanes que habían dado positivo por COVID-19. Un hombre musulmán, Ramzy Razeek, ​​quien se manifestó en contra de la regla de la incineración en Facebook, recibió amenazas de muerte. Cuando denunció lo ocurrido a la policía, fue arrestado el 9 de abril.

Obligaciones legales internacionales

La Convención Internacional sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial obliga a los países a “condenar la discriminación racial” y tomar medidas destinadas a “eliminar la discriminación racial en todas sus formas y manifestaciones y promover el entendimiento entre las razas” mientras se comprometen a “no fomentar, defender o apoyar la discriminación racial practicada por cualesquiera personas u organizaciones”. Cada Estado parte “prohibirá y hará cesar por todos los medios apropiados (…), la discriminación racial practicada por personas, grupos u organizaciones” y “a desalentar todo lo que tienda a fortalecer la división racial”.

El Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial (CERD, por sus siglas en inglés), creado para supervisar las disposiciones del tratado, ha declarado en una recomendación general sobre la lucha contra el discurso de odio racista que “el rechazo oficial del discurso de odio por los altos funcionarios y la condena de las ideas de odio expresadas contribuyen de manera importante a la promoción de una cultura de tolerancia y respeto”. El comité CERD recomienda que los gobiernos emprendan “campañas de información y políticas educativas en que se llame la atención sobre el perjuicio causado por el discurso de odio racista” y que la capacitación para la policía y los jueces es “fundamental” para fomentar la “familiarización con las normas internacionales que protegen la libertad de opinión y de expresión y las normas que protegen contra el discurso de odio racista”.

Dado el aumento en las muestras de racismo y xenofobia contra las personas asiáticas en relación con la pandemia de COVID-19, todos los Estados deberían adoptar nuevos planes de acción para abordar las formas emergentes de discriminación y xenofobia adaptadas a las nuevas y cambiantes circunstancias, recomendó Human Rights Watch. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos detalló las mejores estrategias para adoptar planes de acción en un conjunto de directrices publicadas en 2014.

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