Un mujer es interrogada por un investigador de la policía secreta. Las personas que han sido anteriormente detenidas declaran que los investigadores de la policía secreta pueden acosar fácilmente durante el interrogatorio. Las ilustraciones, dibujadas por el ex artista de propaganda norcoreano Choi Seong Guk, están inspiradas en la experiencia del artista en Corea del Norte y en los testimonios de sobrevivientes que conforman en este informe. Cualquier parecido con personas reales, vivas o muertas, es coincidencia; este proyecto no está basado en retratos de personas o eventos reales, sino de escenarios típicos.

 

Funcionarios de Corea del Norte cometen actos de violencia sexual sin miedo a las consecuencias, dijo Human Rights Watch en un informe publicado hoy. El gobierno no investiga ni procesa las denuncias, ni brinda protección y servicios a las víctimas, e incluso afirma que el país está inverosímilmente libre de sexismo y violencia sexual.

El informe de 86 páginas, “‘You Cry at Night, but Don’t Know Why’: Sexual Violence against Women in North Korea” (“Lloras de noche pero no sabes por qué”: violencia sexual contra las mujeres en Corea del Norte”) (resumen del informe y recomendaciones disponibles en español), documenta casos de contacto y violencia sexual no deseado que suelen ser tan comunes en Corea del Norte que incluso, han llegado a aceptarse como parte de la vida ordinaria. Muchos norcoreanos dijeron a Human Rights Watch que cuando un funcionario en una posición de poder “escoge” a una mujer, ésta no tiene más remedio que cumplir con sus demandas, ya sea sexo, dinero u otros favores. Las mujeres entrevistadas dijeron que entre los agresores sexuales figuran funcionarios de alto rango del partido, guardias e interrogadores de las cárceles y los centros de detención, policías y policías secretos, fiscales y soldados. Temerosas del estigma social y las represalias, y con pocas o ninguna vía de reparación, las mujeres de Corea del Norte rara vez denuncian estos abusos.

“La violencia sexual en Corea del Norte es un secreto abierto, no abordado y ampliamente tolerado”, dijo Kenneth Roth, director ejecutivo de Human Rights Watch. “La mujer norcoreana probablemente diría ‘Yo también’ si pensara que hay alguna forma de obtener justicia, pero sus voces son silenciadas en la dictadura de Kim Jong Un”.

Human Rights Watch entrevistó a 54 norcoreanos que habían abandonado el país después de 2011, cuando el líder actual, Kim Jong Un, llegó al poder, y a 8 ex funcionarios norcoreanos que huyeron del país. Ocho ex detenidas o presas dijeron haber experimentado una combinación de violencia sexual, acoso verbal y trato humillante por parte de investigadores, personal del centro de detención o guardias de prisiones que pertenecen a la policía o la policía secreta (bowiseong). Veintiuna mujeres comerciantes dijeron que fueron víctimas de violencia sexual y avances sexuales no deseados por parte de la policía y otros funcionarios mientras viajaban por su trabajo.

Desde fines de la década de 1990, muchas mujeres casadas, que no estaban obligadas a asistir a un lugar de trabajo establecido por el gobierno, se convirtieron en comerciantes y en el principal sustento de sus familias. Pero su trabajo las expuso al riesgo de la violencia sexual en un país donde la discriminación de género y la subordinación de las mujeres son generalizadas.

“En los días que lo deseaban, los guardias del mercado o los agentes de policía me pedían que los siguiera a una habitación vacía fuera del mercado, o a algún otro lugar que eligieran”, contó Oh Jung Hee, una ex comerciante de unos cuarenta años de la provincia de Ryanggang que abandonó el país en 2014 y describió haber sido agredida sexualmente en numerosas ocasiones. “Nos consideran juguetes [sexuales] Nosotras estamos a merced de los hombres”. Dijo que la práctica era tan común que los hombres ni siquiera se dan cuenta de que lo que están haciendo está mal y las mujeres han llegado a aceptarlo, pero “a veces, de la nada, lloras de noche y no sabes por qué”.

Human Rights Watch dijo que los factores contribuyentes incluyen patrones profundamente arraigados de desigualdad de género y una falta de educación sexual o conciencia sobre la violencia sexual. Otros factores incluyen el abuso incontrolado de poder, la corrupción exacerbada por los cambios socioeconómicos, la ausencia de un Estado de derecho, el estigma hacia las víctimas de violencia sexual y la falta de apoyo social y servicios legales.

Yoon Mi Hwa, una ex comerciante de unos 30 años de la provincia de Hamgyong Norte que escapó de Corea del Norte en 2014, describió lo que sucedió cuando fue detenida en el jipkyulso (centro de detención) de Chongjin en 2009, después de un intento anterior de huir a China:

Todas las noches una de las mujeres se veía obligada a irse con un guardia para ser violada. Había un guardia policial especialmente horrible que, más tarde averigüé, era famoso por su crueldad. Cada día, cada vez que llegaban nuevas reclusas, encontraba una razón para golpear violentamente a una de los detenidas, para que todas supieran que había que obedecerlo.

Añadió:

Clic, clic, clic es el sonido más horrible que he escuchado nunca. Era el sonido de la llave en la cerradura abriendo la puerta de nuestra celda en prisión. Cada noche un guardia de la prisión abría la celda. Me quedaba quieta, actuando como si no me hubiera dado cuenta, esperando que no fuera yo quien tuviera que seguir al guardia, esperando que no fuera él.

Park Young Hee, una ex agricultora de unos cuarenta años también de la provincia de Ryanggang que abandonó Corea del Norte por segunda vez en 2011, fue obligada a regresar a Corea del Norte desde China en la primavera de 2010 después de su primer intento de huir. Después de ser liberada por la policía secreta (bowiseong) y puesta en manos de la policía local cerca de la ciudad de Musan, en la provincia de Hamgyong Norte, el agente encargado de interrogarla en el centro de detención preventiva, manoseó su cuerpo por debajo de su ropa y la penetró varias veces con los dedos. Contó que el agente le preguntó repetidamente acerca de las relaciones sexuales que mantenía con el hombre chino a quien había sido vendida cuando se encontraba en China. Ella describió su experiencia a Human Rights Watch: “Mi vida estaba en sus manos, así que hice todo lo que quería y le conté todo lo que pedía. ¿Qué otra cosa podía hacer? (...) Todo lo que hacemos en Corea del Norte puede ser considerado ilegal, por lo que todo depende de la percepción o actitud de quién está juzgando tu vida”.

El gobierno norcoreano debería reconocer el problema de la violencia sexual, asegurarse de que la policía, los fiscales y los tribunales traten la violencia sexual como un delito, e investigar y procesar sin demora las denuncias cuando sea apropiado, dijo Human Rights Watch. El gobierno debería establecer programas de salud sexual y reproductiva, y brindar servicios a las sobrevivientes, incluyendo asesoramiento, asistencia médica y legal, y programas para ayudar a las mujeres a superar el estigma.

En 2014, una Comisión de Investigación de las Naciones Unidas sobre la situación de los derechos humanos en la República Popular Democrática de Corea concluyó que las violaciones sistemáticas, generalizadas y flagrantes de los derechos humanos cometidas por el gobierno de Corea del Norte constituían crímenes contra la humanidad. Estas violaciones incluyen el aborto forzado, la violación y otros actos de violencia sexual, así como el asesinato, el encarcelamiento, la esclavitud y la tortura a los norcoreanos en prisión o detenidos. La comisión de la ONU declaró que los testigos revelaron que “la violencia contra las mujeres no se limita al hogar, y que es común ver cómo las mujeres son golpeadas y asaltadas sexualmente en público”.

“Las mujeres norcoreanas no deberían correr el riesgo de ser violadas por funcionarios o trabajadores del gobierno cuando salen de sus hogares para ganar dinero y alimentar a sus familias”, afirmó Roth. “Kim Jong Un y su gobierno deberían reconocer el problema y tomar medidas urgentes para proteger a las mujeres y garantizar la justicia para las sobrevivientes de violencia sexual”.