Esta semana, el Senado brasileño evalua una enmienda constitucional que permitiría a los fiscales juzgar como adultos a los adolescentes de 16 y 17 años. En un país con altos niveles de violencia como Brasil, es tentador pensar que un tratamiento más severo aumentará la seguridad pública, pero la evidencia de otros países demuestra todo lo contrario.

Es probable que Estados Unidos ha empleado medidas como esta propuesta con mayor frecuencia, y los resultados han sido rigurosamente investigados. Estos estudios brindan una lectura aleccionadora.

Los adolescentes que son enviados al sistema de adultos tienen un 34 por ciento más probabilidades de ser detenidos nuevamente que aquellos juzgados en el sistema judicial de menores, reveló una exhaustiva revisión llevada a cabo por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés).

Si son enviados a cárceles y prisiones para adultos, corren un mayor riesgo de abuso físico, incluida la agresión sexual. Los menores de 18 años representan, afortunadamente, una proporción minúscula de los reclusos detenidos en instalaciones para adultos en EE.UU. Pero una de cada cinco víctimas de incidentes corroborados de violencia sexual entre reclusos era menor de 18 años, según un estudio de 2008.

Los adolescentes en el sistema judicial para adultos también enfrentan interrupciones en su desarrollo social, formación de identidad, aprendizaje, desarrollo de habilidades clave y una transición saludable hacia la edad adulta, según otros estudios. Debido a que la mayoría de ellos eventualmente regresarán a sus comunidades, las consecuencias son profundamente negativas para la sociedad.

En reconocimiento de estas realidades, los estados de EE. UU. han dejado con mayor frecuencia de juzgar a los menores como adultos. En los últimos cinco años, Connecticut, Illinois, Luisiana, Nueva York y Carolina del Sur han elevado la edad de competencia judicial de los tribunales de menores para incluir a los jóvenes de 17 años.

Esto no ha tenido efectos negativos en la seguridad pública. Por el contrario, el crimen juvenil cayó en Connecticut e Illinois, los primeros estados en poner fin a los juicios de adolescentes de 17 años como si fueran adultos.

Una revisión de la Comisión de Justicia Juvenil de Illinois concluyó que el sistema de justicia juvenil, que enfatiza la rehabilitación, es el mejor incluso para los jóvenes de 17 años acusados ​​de los delitos más graves.

Estos hallazgos no son sorprendentes, dado lo que sabemos ahora sobre el desarrollo del cerebro adolescente. Nuevas investigaciones han demostrado que la impulsividad, la toma de riesgos, la susceptibilidad a la presión de grupo y el deseo de recompensas inmediatas sin considerar las consecuencias futuras son características de la adolescencia.

Esto significa que la perspectiva de ser acusado como adulto tiene un efecto disuasivo escaso o nulo. También significa que los adolescentes son particularmente susceptibles al cambio.

En lugar de replicar políticas fallidas que afectan a los menores y la sociedad, los legisladores de Brasil deberían invertir en mejorar el actual sistema de justicia juvenil del país.