(Manila) – El gobierno de Filipinas no está protegiendo debidamente a los niños que se sumergen en el agua para extraer oro de peligrosas minas de pequeña escala, dijo hoy Human Rights Watch en un informe y un video publicado antes del Mes del Niño en Filipinas.

Un niño de 11 años de edad, trabaja bajo el agua en una mina ubicada en la provincia de Camarines Norte, Filipinas.

© 2015 Imagen de Mark Z. Saludes de Human Rights Watch

El informe de 39 páginas “What…If Something Went Wrong: Hazardous Child Labor in Small-Scale Gold Mining in the Philippines” (“¿Qué pasaría si algo saliese mal?: El peligroso  trabajo infantil en la minería de oro a pequeña escala en Filipinas”) documenta cómo miles de niños filipinos –algunos de apenas 9 años— trabajan en minas ilegales de pequeña escala, financiadas en su mayor parte por empresarios locales. Los menores trabajan en fosas inestables de 25 metros de profundidad o sumergidos bajo el agua junto a las costas o en los ríos, y procesan el oro con mercurio, un metal tóxico. En septiembre de 2014, un joven de 17 años se ahogó en una mina subterránea porque no había una máquina que proveyera oxígeno. El gobierno filipino debería tomar medidas inmediatas de acuerdo con su compromiso público de acabar con el trabajo infantil en la minería, dijo Human Rights Watch.

“Los niños filipinos están trabajando en condiciones absolutamente terribles en las minas de oro de pequeña escala”, dijo Juliane Kippenberg, directora adjunta sobre derechos del niño de Human Rights Watch. “El gobierno filipino prohíbe el trabajo infantil en condiciones peligrosas, pero ha hecho muy poco para hacer cumplir esta ley”.

“Los niños filipinos están trabajando en condiciones absolutamente terribles en las minas de oro de pequeña escala. El gobierno filipino prohíbe el trabajo infantil en condiciones peligrosas, pero ha hecho muy poco para hacer cumplir esta ley”.

Juliane Kippenberg

directora adjunta sobre derechos del niño

Human Rights Watch llevó a cabo una investigación sobre el terreno en las provincias de Camerines Norte y Masbate entre 2014 y 2015. Más de 135 personas fueron entrevistadas, incluyendo 65 niños mineros de entre 9 y 17 años. Además del miedo a que la mina colapse y a ahogarse, los menores se quejaron de numerosos problemas de salud, incluyendo dolor de espalda y de cuerpo, infecciones de piel, fiebre y espasmos.

Niños cierne lodo en busca oro a lo largo del río Bosigon en Malaya, Camarines Norte.

© 2015 Imagen de Mark Z. Saludes de Human Rights Watch

En las minas subterráneas, los niños se arriesgan a lesionarse con rocas y vigas de madera que se caen, al colapso de la fosa y a la falta de oxígeno.

La minería de oro bajo el agua, conocida localmente como “minería de compresión”, expone a adultos y niños al riesgo de ahogarse y de sufrir la enfermedad de descompresión e infecciones dermatológicas. Cuando se sumergen bajo el agua durante varias horas en fosas de 10 metros de profundidad, los mineros reciben el aire de un tubo conectado a un compresor de aire en la superficie. Este trabajo es llevado a cabo por adolescentes y –principalmente— hombres adultos. Varios jóvenes aseguraron haber pasado miedo la primera vez que se sumergían. “Dennis”, de 14 años, dijo: “Tenía 13 años la primera vez (que me sumergí). Tenía miedo porque estaba oscuro y era profundo”. Si el compresor, que funciona con diésel, deja de funcionar, el minero se puede ahogar o sufrir problemas de presión si suben demasiado deprisa. “A veces tienes que subir muy rápido, especialmente si no te queda aire en el tubo”, dijo Joseph, de 16 años. “Es algo normal. A mí me ha pasado”.

El gobierno filipino ha tomado importantes medidas en los últimos años para asegurar la educación universal, pero el número de niños sin escolarizar en el país sigue siendo alto. Los menores, especialmente los que provienen de familias con menos recursos, faltan a la escuela debido a su trabajo en la mina y a veces abandonan los estudios completamente.

“Muchos niños en Masbate y Camerines Norte están dejando la escuela para trabajar en las minas de oro”, advirtió Kippenberg. “Para abordar las causas fundamentales del trabajo infantil, el gobierno necesita asistir financieramente a las familias más pobres y asegurarse de que sus hijos pueden asistir a la escuela y completar sus estudios”.

Los niños también trabajan con mercurio, un metal tóxico ampliamente disponible que es habitualmente utilizado para procesar el oro. Los menores son especialmente vulnerables al mercurio, que ataca el sistema nervioso central y puede causar daños cerebrales e incluso la muerte. Sin darse cuenta de los riesgos de salud, los niños utilizan las manos para mezclar mercurio con mineral de oro para crear una amalgama. Cuando queman el mercurio para recuperar el oro puro, inhalan los gases tóxicos.

En el pueblo minero de Malaya, en Camerines Norte, Human Rights Watch constató el flujo irrestricto de residuos de color gris claro, contaminados de mercurio, del procesamiento de oro hacia el río cercano, donde los niños juegan, nadan y criban oro. Varios niños en Malaya se quejaron de temblores, un síntoma que podría indicar intoxicación por mercurio. El gobierno filipino debería introducir el procesamiento del oro libre de mercurio, como se hace en la provincia de Benguet, para reducir la amenaza para todos los niños, recomendó Human Rights Watch.

Filipinas ha firmado pero no ha ratificado la Convención de Minamata sobre el Mercurio de 2013, que establece una serie de paso para reducir la exposición al mercurio. El gobierno debería ratificar urgentemente el tratado y llevar a cabo pruebas de diagnóstico de exposición al mercurio entre los residentes en zonas mineras.

En marzo de 2015 el gobierno prohibió el uso del mercurio en la minería así como la minería de descompresión, pero hasta ahora no ha hecho mucho para implementar esta ley.

Filipinas es el vigésimo mayor productor de oro del mundo. Aproximadamente entre 200.000 y 300.000 personas trabajan en las minas de oro de pequeña escala del país. Las minas grandes y pequeñas produjeron combinadas unas 18 toneladas de oro en 2014, con un valor de mercado que supera los US$700 millones, según estadísticas oficiales. El banco central del país es el agente comprador oficial del oro de estas minas de pequeña escala y lo exporta. Sin embargo, el banco no cuenta con ningún proceso para supervisar las condiciones en que ese oro ha sido extraído de la mina. También hay cantidades de oro que salen del país como contrabando.

“La minería a pequeña escala brinda un modo de subsistencia vital para muchos filipinos”, señaló Kippenberg. “Pero el gobierno necesita tomar medidas urgentes para garantizar un sector minero seguro y libre de trabajo infantil para que las familias puedan ganarse la vida sin poner en riesgo la salud de sus hijos”.