Mujeres y niños musulmanes Rohingya arribaron en barco procedentes de Birmania y fueron encerrados en un refugio en Phang Nga, Tailandia. Octubre de 2013.

(Bangkok) – Tailandia mantiene a miles de niños en detención cada año, causándoles daños físicos y emocionales, dijo Human Rights Watch en un informe publicado hoy. Migrantes y solicitantes de asilo menores de edad son recluidos innecesariamente en instalaciones migratorias deplorables y en recintos policiales debido a su estatus inmigratorio o el de sus padres.

El informe de 67 páginas, “‘Two Years with No Moon’: Immigration Detention of Children in Thailand,” (“‘Dos años sin luna’: La detención migratoria de menores en Tailandia”), detalla cómo la reclusión de inmigrantes en Tailandia viola los derechos de los menores, pone en riesgo su salud y bienestar y pone en peligro su desarrollo. El gobierno tailandés debería cesar la detención de niños por motivos migratorios, recomendó Human Rights Watch.

“Los menores migrantes detenidos en Tailandia están sufriendo innecesariamente en celdas sucias y hacinadas sin la nutrición, educación y espacio para hacer ejercicio adecuados”, dijo Alice Farmer, investigadora de la División de Derechos del Niño de Human Rights Watch y autora del informe. “Las celdas de detención no son un lugar adecuados para niños migrantes”.

Human Rights Watch entrevistó a 41 menores de edad migrantes y 64 adultos que habían sido detenidos, arrestados o se habían visto afectados por alguna interacción con la policía y agentes de inmigración. Además, Human Rights Watch entrevistó a representantes de organizaciones internacionales y no gubernamentales, líderes de comunidades inmigrantes y abogados.

Las prácticas de detención de inmigrantes en Tailandia violan los derechos tanto de los adultos como de los menores, señaló Human Rights Watch. A menudo, los migrantes son detenidos de manera indefinida y carecen de mecanismos confiables para apelar su privación de libertad. La detención indefinida sin recurso a la revisión judicial equivale a una detención arbitraria, la cual está prohibida bajo el derecho internacional.

La detención prolongada priva a los niños de la capacidad para crecer y desarrollarse mental y físicamente. Yanaal L., un migrante que fue recluido con su familia durante seis meses en un centro inmigratorio de Bangkok, declaró lo siguiente a Human Rights Watch: “Mi sobrino [de cinco años] me preguntó ‘¿cuánto tiempo tendremos que quedarnos?, ‘¿tendré que quedarme aquí toda la vida?’ No sabía qué responderle”.

La Organización Internacional para las Migraciones informa que hay aproximadamente 375.000 niños migrantes en Tailandia, incluyendo los hijos de trabajadores migrantes de países vecinos, y menores que son refugiados y buscan asilo. El grupo más grande de refugiados menores de edad que viven en Tailandia son de Birmania. Muchos de ellos huyeron con sus familias de los ataques del ejército birmano en áreas de minorías étnicas y de la violencia sectaria contra los musulmanes Rohingya en el estado de Arakán. Otros refugiados son de Pakistán, Sri Lanka, Somalia, Siria y otras partes.

Los migrantes provenientes de países vecinos como Birmania, Camboya y Laos por lo general pasan varios días o incluso semanas en prisión después de ser arrestados. A continuación son llevados a la frontera para ser formalmente deportados o puestos en libertad. Sin embargo, las familias de refugiados procedentes de países que no comparten frontera con Tailandia afrontan la elección de permanecer encerrados de manera indefinida con sus hijos y esperar durante meses o años la remota posibilidad de reasentarse en un tercer país o pagar por el retorno a su propio país, donde corren el riesgo de ser perseguidos. Los migrantes son abandonados y languidecen encarcelados indefinidamente por no poder pagar la deuda.

Las condiciones de los centros de detención para inmigrantes en Tailandia ponen en peligro la salud física de los niños, reveló Human Rights Watch. Los niños rara vez reciben la nutrición o el ejercicio que necesitan. Los padres relataron que tienen que pagar precios exorbitantes por alimentos suplementarios que ingresan de contrabando para intentar cubrir las necesidades nutricionales de sus hijos. La detención migratoria también perjudica la salud mental de los menores al exacerbar traumas previos y contribuir a prolongar la depresión y la ansiedad. Al no proveer la nutrición adecuada ni oportunidades para hacer ejercicio y jugar, las autoridades de inmigración  tailandesas están violando los derechos fundamentales enumerados en la Convención sobre los Derechos del Niño, que Tailandia ha ratificado.

Los niños detenidos por los servicios de inmigración de Tailandia son encerrados de manera rutinaria con adultos con los que no guardan ninguna relación de parentesco, en lo que supone otra violación del derecho internacional. Regularmente quedan expuestos a la violencia y  pueden resultar involucrados en peleas entre detenidos y ser blancos del uso excesivo de la fuerza por parte de los guardias e incluso sufrir daños físicos.

El hacinamiento severo es un problema crónico en muchos de los centros de detención para migrantes de Tailandia. Los niños son recluidos en celdas abarrotadas, con escasa ventilación y con poco o ningún espacio recreativo. Human Rights Watch entrevistó a varios niños que relataron haber sido confinados en celdas tan repletas que tuvieron que dormir sentados. Incluso cuando reportan que tienen un espacio para acostarse, los niños manifiestan que de manera rutinaria duermen sobre el suelo de piedra o de madera, sin colchones ni mantas, rodeados de adultos que no conocen.

“Lo peor es que quedas atrapado y sin poder moverte”, recuerda Cindy Y., una niña migrante que permaneció detenida de los 9 a los 12 años. “Miraba afuera y veía a la gente caminar por el barrio y tenía la esperanza que esa pudiera ser yo”.

Ninguno de los niños entrevistados por Human Rights Watch recibió educación formal mientras estuvo detenido, incluso aquellos que permanecieron encerrados durante meses. Al denegarles educación adecuada a los migrantes y solicitantes de asilo menores de edad, las autoridades de migración tailandesas están impidiendo el desarrollo social e intelectual de los niños. La Convención sobre los Derechos del Niño establece que todos los niños tienen el derecho a la educación sin discriminación sobre la base de la nacionalidad o el estatus inmigratorio.

Bajo el derecho tailandés, todos los migrantes con un estatus inmigratorio irregular, incluidos los menores, pueden ser arrestados y detenidos. En 2013, el Comité de las Naciones Unidas para los Derechos del Niño, el organismo de expertos independientes encargado de interpretar la Convención sobre los Derechos del Niño, ha instado a los gobiernos a “cesar inmediata y completamente la detención de menores sobre la base de su estatus inmigratorio”, asegurando que este tipo de detención nunca es en el mejor interés de los menores.

“En medio de la actual crisis de derechos humanos en Tailandia, es fácil ignorar el problema de los niños migrantes”, dijo Farmer, “Pero las autoridades tailandesas deben abordar esta situación porque simplemente no desaparecerá por sí misma”.

Además de acabar con la detención de menores migrantes, Tailandia debería adoptar inmediatamente alternativas a la detención que se están utilizando de manera efectiva en otros países, como los centros de recepción abierta y los programas de liberación condicional. Estos programas son más económicos que la detención, respetan los derechos de los menores y protegen su futuro, señaló Human Rights Watch.

El 14 de agosto de 2014, en respuesta a la carta que envió Human Rights Watch para informar sobre sus hallazgos y recomendaciones, el ministro tailandés de Asuntos Exteriores negó que la detención de migrantes fuera llevada a cabo de manera arbitraria y declaró: “La detención de pequeños grupos de menores migrantes en Tailandia no es el resultado de las políticas gubernamentales sino más bien de la preferencia de sus propios padres migrantes (unidad familiar) y las dificultades logísticas”. La respuesta de siete páginas del gobierno está incluida en el anexo de este informe.

Tailandia afronta numerosos desafíos migratorios debido a su ubicación y su relativa prosperidad y tiene derecho a controlar sus fronteras, dijo Human Rights Watch. Sin embargo, debería hacerlo de una manera que respete los derechos humanos fundamentales, incluyendo el derecho a la libertad y a la no detención arbitraria, el derecho a la unidad familiar y los estándares internacionales mínimos para las condiciones de la detención.

“Las políticas tailandesas en materia de detención de inmigrantes ridiculizan las afirmaciones del gobierno que proclama que protegen a los menores, precisamente porque ponen a los niños frente a riesgos innecesarios”, dijo Farmer. “Lo triste es que se ha sabido desde hace años que estas deplorables condiciones de detención no cumplen con los estándares internacionales, pero el gobierno tailandés ha hecho poco o nada para abordar el problema”.