Agentes de policía someten a un joven a un control de identidad y registro en París, Francia, el 6 de junio de 2011.

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(París) – La policía francesa emplea facultades excesivamente amplias para llevar a cabo controles de identidad injustificados y abusivos de jóvenes y niños negros y de origen árabe, Human Rights Watch señaló en un informe difundido el día de hoy.

El informe de 55 páginas, “The Root of Humiliation: Abusive Identity Checks in France” (“El origen de la humillación: Controles de identidad abusivos en Francia”), señala que es común que se intercepte a jóvenes que pertenecen a minorías, incluidos niños de tan sólo 13 años, quienes se ven obligados a responder numerosas preguntas, a ser palpados de manera invasiva y a que se revisen sus artículos personales. Estas detenciones arbitrarias pueden producirse incluso cuando no hay indicios de que se haya cometido algún delito, según comprobó Human Rights Watch. Es habitual que se utilicen expresiones ofensivas, algunas de índole racial, y en algunos controles la policía aplica un uso excesivo de la fuerza.

“Es escandaloso que se permita, e incluso suceda, que jóvenes y niños negros y árabes sean puestos contra la pared por la fuerza y palpados arbitrariamente por policías sin que haya pruebas reales de algún delito”, señaló Judith Sunderland, investigadora sénior para Europa Occidental de Human Rights Watch. “Sin embargo, para los jóvenes de algunos barrios de Francia es parte de la vida cotidiana”.

El informe se basa en decenas de entrevistas realizadas a ciudadanos franceses que pertenecen a minorías, incluidos 31 niños, en París, Lyon y Lille.

El derecho francés otorga a la policía amplias facultades discrecionales para llevar a cabo controles de identidad sin ningún tipo de sospecha de delito, incluso en estaciones de transporte público y cualquier otra área que haya sido designada por un fiscal. La policía no lleva a cabo ningún registro sistemático de estas detenciones, y quienes son interceptados no reciben ningún documento escrito que explique o deje constancia del incidente. A la mayoría de las personas entrevistadas por Human Rights Watch nunca se les dio ninguna explicación en las numerosas oportunidades en que fueron detenidas. Al no haber registros, es muy difícil evaluar la efectividad o la licitud de una detención, afirmó Human Rights Watch.

Los testimonios contenidos en el informe corroboran las pruebas estadísticas y anecdóticas que indican que miembros de la policía francesa actúan en función de criterios selectivos de tipo étnico al detener a personas, es decir, adoptan decisiones según la apariencia de un individuo, como su origen racial o étnico, en vez de tener en cuenta su conducta o la existencia de una sospecha razonable de que se cometió un delito.

Farid A., un joven de 16 años de Sainte-Geneviève-des-Bois, en las afueras de París, contó que él y otros cinco amigos fueron interceptados tres veces cerca de la Torre Eiffel: “Salimos del metro, y había un control. Caminamos 200 metros, nos hicieron otro control. Caminamos 200 metros más, y hubo un nuevo control. Había muchísima gente, pero sólo nos pararon a nosotros”.

Un estudio realizado en 2009 por la Open Society Justice Initiative y el Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia comprobó que en ese país las personas negras tienen una probabilidad 6 veces mayor que las personas caucásicas de ser detenidas, mientras que en el caso de los árabes la proporción es casi ocho veces superior. Muchas de las personas entrevistadas por Human Rights Watch estaban convencidas de que su origen étnico y su vestimenta, que se asocia con los banlieues ­—un término que hace referencia a suburbios de grandes ciudades donde las condiciones económicas son menos favorables— fueron factores decisivos.

“Interceptar a personas en función del color de su piel constituye un uso ineficiente de recursos policiales y alimenta el resentimiento contra esta fuerza”, aseveró Sunderland. “Los operativos policiales deberían estar basados en pruebas y medidas  de inteligencia, no en estereotipos”.

Una vez que son detenidos, los jóvenes que pertenecen a minorías suelen ser sometidos a controles humillantes que incluyen ser palpados y que se revisen sus artículos personales. Los cacheos pueden ser sumamente invasivos. Said, un joven de 25 años de Lyon, contó al respecto: “Tocan nuestras partes íntimas cada vez más”. Y muchos de los entrevistados se quejaron de esto. Los funcionarios de seguridad pública defienden los cacheos y señalan que se trata de una medida de seguridad necesaria, aunque su uso, pese a ser sistemático, no está claramente regulado por el derecho francés.

Human Rights Watch también recibió varios relatos perturbadores sobre hechos de violencia ocurridos durante los controles de identidad, en los cuales las víctimas señalan haber recibido bofetadas, patadas y descargas aplicadas con armas eléctricas.

Ismael Y., un joven de 17 años de un banlieue al sur de París, fue detenido junto con otros amigos por policías en las afueras de la estación de trenes de Sainte-Geneviève-des-Bois, a principios de 2011. “Cuando estábamos allí con las manos contra la pared, giré hacia él [el oficial que lo estaba registrando] y me dio un golpe en la cabeza. Dije algo así como ‘¿por qué me está golpeando?’, y me contestó que me callara, ‘¿Acaso quieres que te arrojemos gases [lacrimógenos] o qué?’”.

En ocasiones, quienes no cooperan, hacen demasiadas preguntas o protestan por el trato recibido durante un control de identidad pueden ser acusados en el ámbito administrativo o penal, en muchos casos del delito de “insulto a un funcionario”. Esto otorga una dimensión coercitiva a los controles de identidad y disuade a las personas de reivindicar sus derechos, afirmó Human Rights Watch.

Yassine, un joven de 19 años de Lille, indicó que policías le habrían propinado patadas tras demostrar dónde había pasado la noche durante un control de identidad. Luego debió permanecer 15 horas en la estación de policía por haber supuestamente insultado a un oficial, pero finalmente se retiró la acusación y fue liberado.

Los controles de identidad abusivos tienen un impacto sumamente negativo para las relaciones entre la policía y la comunidad, aseveró Human Rights Watch. La ira reprimida por los abusos policiales, entre ellos los controles de identidad autoritarios, fue determinante durante los disturbios que se produjeron en Francia en 2005 y parece ser la causa de innumerables conflictos de baja intensidad entre policías y jóvenes que se producen en zonas urbanas de todo el país.

Experiencias como ser interceptados varias veces en un mismo día o ser seleccionados en medio de la multitud agravan la sensación, que prevalece entre los jóvenes de minorías, de que son perseguidos en forma deliberada, expresó Human Rights Watch.

La conducta irrespetuosa por parte de policías, como el uso rutinario del apelativo informal “tu” (“tú”) y diversos insultos, contribuyen a incrementar el resentimiento. Las personas entrevistadas para el informe dijeron que las habían llamado “sucio árabe” y “maldito árabe”. Un joven de 19 años de Lille nos contó que eran tantas las veces que lo habían llamado “sucio árabe” que “ya no nos sorprende, es normal”. Un niño de 13 años de Évry, en las afueras de París, relató que un policía lo había llamado “negro sucio”.

Tanto el derecho francés como el derecho internacional prohíben la discriminación, la injerencia injustificada en el derecho a la privacidad y las violaciones de la dignidad y el derecho a la integridad física. Los estándares internacionales y nacionales también exigen un trato respetuoso por parte de la policía.

Human Rights Watch exhortó al Gobierno francés a reconocer los problemas asociados con la facultad policial de efectuar controles de identidad, y a adoptar reformas legales y de políticas para evitar que se adopten medidas selectivas en función del origen étnico y que las personas que son interceptadas reciban un trato abusivo. Todos los controles de identidad y los cacheos deben llevarse a cabo sobre la base de sospechas razonables e individualizadas. Todas las personas que sean interceptadas por policías deberían recibir una constancia escrita, donde se indique información relevante como sus datos personales, los oficiales que intervinieron y el fundamento legal de la detención.

La policía debería además llevar un registro interno de todos los casos en que se intercepta a personas y el Gobierno debería publicar datos desglosados en forma periódica. La discriminación por parte de funcionarios de seguridad pública debería estar expresamente prohibida.

“A decir verdad, las relaciones entre la policía y la comunidad en Francia están profundamente deterioradas, y todos lo saben”, afirmó Sunderland. “Adoptar medidas concretas para prevenir controles de identidad abusivos —una de las principales causas de tensión— sería un paso verdaderamente positivo que haría una gran diferencia en la vida cotidiana de las personas”.

Testimonios del informe

Ouamar C., 13 años, París:

Estaba sentado con algunos amigos... y vinieron a hacer un control. Yo no dije nada porque si hablas te llevan al centro de la ciudad. Abrieron mi bolso. También me palparon. Igual que siempre. No me encontraron nada. Fue la primera vez que sucedió frente a mi escuela. Te dicen: ‘Contra la pared’. Te revisan, y cuando terminan dicen gracias y se van... Al principio tenía miedo, pero ahora me estoy acostumbrando.

Haroun A., 14 años, Bobigny:

Estaba en el centro comercial divirtiéndome con algunos amigos. Ellos [los policías] vinieron con armas y nos apuntaron. Eran tres. Nos dijeron: ‘Control de identidad’. Dos de ellos tenían las Flash-Balls [armas que disparan balas de goma] en la mano. Nosotros éramos cinco o seis. No estábamos haciendo nada. Simplemente nos paran todo el tiempo como esa vez. Cuando estamos en grupo, nos paran inmediatamente. Nos preguntaron si teníamos drogas. Nos pusieron contra la pared. Nos revisaron incluso los calcetines y los zapatos. No encontraron nada. No siempre nos piden los documentos.

Halim B., 17 años, Lille:

El autobús se detuvo y subieron policías. Yo estaba sentado en el fondo. Eran las 7:20 de la mañana. El autobús estaba lleno... Señalaron a un sujeto y le dijeron ‘Levántate y ven con nosotros’. Yo miraba lo que sucedía. Pensé que se trataba de un criminal. Y luego me indicaron a mí también que descendiera. Hicieron bajar a tres personas, dos de ellas árabes. El autobús estaba lleno. Había muchas personas paradas. Había más franceses [caucásicos] en el autobús... Ellos [la policía] tienen derecho a hacer estos controles cuando les apetece, pero en verdad fue desagradable. Me sentí como un ladrón, un criminal buscado. Tuve miedo cuando me dijeron que descendiera. No entendía qué se suponía que había hecho. Cuando bajé [del autobús], dijeron ‘contrôle [control de identidad], ¿llevan algo ilegal?, vacíen los bolsillos’. Revisaron mi bolso y luego me dejaron ir. Llegué a la escuela un poco tarde. Honestamente, no estaba mal vestido ni nada, iba a la escuela.