La presidenta de Liberia, Ellen Johnson-Sirleaf, saluda desde su residencia en Monrovia el 7 de octubre de 2011.

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(Nueva York) – La decisión de otorgar el Premio Nobel de la Paz de 2011 a tres mujeres, Ellen Johnson Sirleaf, Leymah Gbowee y Tawakkul Karman, es un acto de reconocimiento de que la democracia y la paz duradera no pueden lograrse sin conceder a las mujeres la plena oportunidad de participar, dijo hoy Human Rights Watch. También pone de relieve los desafíos que las mujeres siguen afrontando, en Yemen y en todo el mundo, para asegurar que sus derechos humanos siguen siendo una prioridad.

“Este es un homenaje a todas las mujeres cuyo trabajo incansable y protestas valientes ayudaron a propagar la p¬¬az y la democracia, y para aquellas mujeres que hoy siguen luchando por esos objetivos”, dijo Kenneth Roth, director ejecutivo de Human Rights Watch. “En el mejor de los casos, solo la mitad del trabajo está hecho y el mundo debe apoyar los esfuerzos para construir sociedades basadas en el respeto de los derechos humanos de todos. No debemos olvidar a aquellas mujeres que siguen sufriendo en los conflictos actuales, en la República Democrática del Congo, en Costa de Marfil, Afganistán y otros lugares”.

Human Rights Watch también instó a las autoridades chinas a que liberen al Premio Nobel de la Paz de 2010, Liu Xiaobo, el escritor y disidente detenido en diciembre de 2008 por su participación en la redacción de un manifiesto a favor de los derechos humanos y la democracia. Los gobiernos representados en la ceremonia del Nobel de la Paz de 2010 en Oslo deberían exhortar la libertad de Liu y el fin a la persecución de su familia y seguidores, dijo Human Rights Watch.