Un combatiente de Al-Shabaab mantiene guardia durante una flagelación pública en la localidad de Bula Marer, Somalia.

© 2008 Reuters

(Nueva York) - La escala y la gravedad de los crímenes cometidos en los últimos meses durante los intensos combates en Somalia demuestran la necesidad de una comisión internacional de investigación, Human Rights Watch señaló hoy. Una reciente investigación de Human Rights Watch descubrió que todas las partes en el conflicto armado han sido responsables de ataques indiscriminados contra civiles desde mayo de 2010. Algunos de estos ataques pueden constituir crímenes de guerra.

En los últimos ocho meses, los intensos combates en Mogadiscio, la capital, entre el grupo armado islamista Al-Shabaab y el Gobierno Federal de Transición de Somalia y las fuerzas de pacificación de la Unión Africana han matado y herido a miles de civiles, y obligaron a todos, con excepción de los residentes más pobres, a huir de la capital.

"El mundo ha ignorado durante demasiado tiempo el terrible costo para la población civil de los combates en Mogadiscio", dijo Rona Peligal, subdirectora de África de Human Rights Watch. "Se necesita urgentemente una comisión internacional de investigación para indagar sobre los posibles crímenes de guerra cometidos en Somalia por todas las partes en conflicto”.

Las fuerzas de Al-Shabaab también han sido responsables de los asesinatos selectivos de personas presuntamente vinculadas con el Gobierno de transición, el reclutamiento forzado de niños, y los abusos contra la población civil bajo su control.

La ciudad de Mogadiscio ha sido azotada por el conflicto desde finales de 2006, cuando una intervención militar de Etiopía expulsó del poder a una coalición de tribunales islámicos. Aunque las fuerzas etíopes se retiraron de la ciudad en enero de 2009, los insurgentes continuaron la lucha contra el Gobierno de transición y sus simpatizantes.

En mayo de 2010, la oposición armada -incluyendo a los insurgentes de Hizbul Islam y Al-Shabaab- iniciaron una nueva ofensiva para derrocar al internacionalmente reconocido Gobierno Federal de Transición. El Gobierno de transición sólo controla unas pocas áreas de Mogadiscio. Está respaldado por más de 8,000 tropas de paz de la Misión de la Unión Africana en Somalia (AMISOM), y las milicias de Ahlu Sunna Wal Jamaa, un moderado grupo islámico somalí erráticamente aliado con el Gobierno de transición.

La ofensiva empeoró durante el mes islámico de Ramadán, en agosto y septiembre, cuando Al-Shabaab convocó a una "ofensiva final" para derrocar al Gobierno de transición, poco después de que Al-Shabaab se atribuyera responsabilidad por los atentados del 11 de julio en Kampala, Uganda. Al-Shabaab asegura que los atentados, que mataron a 76 personas e hirieron a otras 70, fueron en respuesta al papel político y militar de Uganda en la fuerza de pacificación de Somalia.

Decenas de miles de civiles huyeron de la ciudad entre mayo y noviembre debido a los repetidos e indiscriminado ataques de cohetes y fuego de mortero por todas las partes en el conflicto, entre otros abusos.

El 27 de enero de 2011, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) informó que los dos hospitales que apoya en Mogadiscio recibieron un número récord de pacientes en 2010, incluidos alrededor de 2,300 mujeres y niños con heridas relacionadas a la guerra.

En noviembre, Human Rights Watch entrevistó a 82 refugiados procedentes de Mogadiscio que habían huido de la ofensiva desde mayo y se refugiaron en el campamento de refugiados de Daadab, en el norte de Kenia. La investigación de Human Rights Watch indicó que tanto Al-Shabaab y las fuerzas de paz intensificaron los ataques a finales de 2010, matando e hiriendo a cientos de civiles mediante el uso indiscriminado de artillería pesada, morteros y cohetes en zonas pobladas.

"Los combates en Mogadiscio han provocado la huida de la ciudad de un número masivo de personas en los últimos meses", dijo Peligal. "Pero los más pobres entre los pobres permanecen en la ciudad, sin ningún lugar dónde ir, sin acceso a los servicios básicos y sufriendo constantemente por el conflicto en curso".

Ataques indiscriminados por todas las partes
Ambos bandos llevaron a cabo bombardeos indiscriminados de zonas pobladas, de mayo a noviembre, que resultaron en decenas de víctimas civiles. Testigos dijeron a Human Rights Watch que los civiles en Mogadiscio quedaron atrapados entre las tácticas de "tira y corre" de los insurgentes de Al-Shabaab, que por lo general lanzan rondas de mortero a las posiciones del Gobierno de transición y las fuerzas de paz desde las áreas pobladas para después huir, y la respuesta indiscriminada de los trabajadores del mantenimiento de la paz y las tropas del Gobierno de transición.

Las leyes de la guerra prohíben los ataques indiscriminados, que atacan objetivos militares y civiles sin distinción. Algunos ejemplos son los ataques que no están dirigidos contra un objetivo militar concreto, o que usan armas que no pueden ser dirigidas contra un objetivo militar determinado. Las fuerzas también violan las leyes de la guerra cuando se instalan en zonas densamente pobladas y llevan a cabo ataques sin tomar todas las precauciones posibles para asegurar que el objetivo sea militar y no civil.

Muchas personas entrevistadas por Human Rights Watch describieron un patrón consistente: Al-Shabaab lanzaba uno o dos cohetes o disparaba un proyectil de mortero hacia las posiciones del Gobierno de transición y de los trabajadores de la paz dentro o cerca de zonas pobladas bajo su control, lo que provoca un bombardeo sostenido con morteros y cohetes por parte las fuerzas del mantenimiento de la paz y del Gobierno de transición. Estos intensos bombardeos de zonas civiles han provocado el desplazamiento repetido de los residentes.

Los testigos dijeron que los combatientes de Al-Shabaab, después de lanzar sus ataques, abandonan inmediatamente la zona en vehículos o se esconden entre los civiles. La gente describe que este tipo de operaciones tienen lugar en los distritos de Hodan, Halwadaag, Wardighley, al-Ashabya, K-13, Bar Huba, y el mercado de Bakara.

Yusuf, un hombre de Kismayo de 42 años de edad, que fue a Mogadiscio durante el Ramadán, dijo a Human Rights Watch: "Al-Shabaab ataca desde zonas donde se encuentran civiles. Llegan al vecindario, montan sus morteros, disparan, y se van. [Algunos] huyen y otros sólo se esconden entre la comunidad. Cuando llega la respuesta de la AMISOM, ya no queda nadie de Al-Shabaab".

Los residentes dijeron a Human Rights Watch que las fuerzas de paz suelen responder a los ataques con un bombardeo constante de artillería pesada, utilizada indiscriminadamente. Muktar Barre Aden, un conductor de autobús de 43 años de edad de la zona Huruwe en Mogadiscio, dijo:. "Ambas partes atacan a civiles ... pero el problema principal es la AMISOM. Están bombardeando demasiado, sólo bombardean desde sus bases. ¿Qué estrategia es esa?".

Otros testigos dijeron que las fuerzas de paz respondieron con cohetes y morteros incluso dirigidos a las zonas pobladas, cuando no había ningún objetivo militar evidente. Las áreas dentro del mercado de Bakara que han sido repetidamente golpeadas incluyen el área de frutas y hortalizas, la estación de autobuses, la zona de oro, el área de ropa, y la zona de cambio de moneda - todas con un denso tráfico de civiles. Las leyes de la guerra prohíben los ataques deliberados contra personas y bienes civiles, así como los ataques donde se pronostica una desproporcionada pérdida de vidas civiles en relación con la ventaja militar.

Una mujer de 30 años de edad del mercado de Bakara dijo: "Durante el Ramadán, los peores días fueron el 21, 27 y 29 [el 31 de agosto, 6 y 8 de septiembre]. Hubo una gran cantidad de ataques a Baraka. Al-Shabaab atacó objetivos directamente, pero la AMISOM atacó lugares públicos, especialmente el área de autobuses y el estacionamiento del mercado. Viví en el centro del mercado. Este fue el peor lugar. El estacionamiento del mercado, la estación de autobuses y el lugar de venta de oro fueron los que peor se vieron afectados".

Human Rights Watch también recibió informes de que las fuerzas de paz bombardearon zonas bajo control de Al-Shabaab intensa e indiscriminadamente a raíz de los ataques del 11 de julio en Kampala. Un comerciante de 37 años de edad del mercado de Bakara de la zona de Bar Huba en Mogadiscio dijo a Human Rights Watch:. "El día después [de Kampala], ellos [AMISOM] dispararon contra el mercado de Bakara y Bar Huba. Fueron bombardeos sin parar durante 24 horas. A partir de ese día, [la AMISOM] comenzó a atacar a civiles cada vez más".

"Tanto Al-Shabaab y las fuerzas de paz están llevando a cabo ataques con poca consideración por la seguridad de la población civil", dijo Peligal. "Los responsables de los bombardeos indiscriminados deben ser procesados por crímenes de guerra".

Falta de advertencias para los civiles
Las leyes de la guerra requieren que las partes en conflicto mantengan un cuidado constante de la población civil, y den avisos efectivos y oportunos antes de los ataques que puedan afectar a la población civil, salvo que las circunstancias no lo permitan. Ninguna de las partes en Mogadiscio ha proporcionado advertencia suficiente a los civiles en las zonas afectadas por la ofensiva planificada, señaló Human Rights Watch.

Testigos en zonas bajo control del Gobierno dijeron que ni el Gobierno de transición ni los trabajadores del mantenimiento de la paz han distribuido información a los civiles sobre la lucha inminente y la necesidad de salir.

Human Rights Watch recibió informes contradictorios sobre la conducta de Al-Shabaab. En algunos casos, la gente dijo a Human Rights Watch que Al-Shabaab había difundido folletos e dado algunos anuncios a la gente utilizando megáfonos para pedir a los civiles abandonar ciertas. Pero en otros casos, los residentes dijeron que los combatientes de Al-Shabaab les impidieron salir de las zonas donde estaban ocurriendo los combates más fuertes.

Asesinatos selectivos en las zonas bajo el control de Al-Shabaab
Testigos y familiares de víctimas describieron asesinatos selectivos por presuntos miembros de Al-Shabaab en las zonas bajo el control de los empleados del Gobierno de transición y sus familiares, o personas sospechosas de tener conexiones con el Gobierno.

Una mujer de 25 años de edad de Huruwe, madre de dos hijos, dijo a Human Rights Watch que su padre y dos hermanos fueron asesinados por Al-Shabaab:

Cualquiera relacionado con el Gobierno Federal de Transición se convierte con toda su familia en un objetivo. Mi padre era un oficial de policía. Cuando [Al-Shabaab] tomó control de la zona, empezaron a preguntar a la gente del barrio quién era miembro del Gobierno Federal de Transición. Y los vecinos nos espiaban. Llegaron enmascarados, ni siquiera podía saberse quién estaba disparando. Mi padre regresaba a la casa a cenar, le dispararon en el pecho. Vestía su uniforme de policía. Uno de mis hermanos corrió hacia él, y lo mataron a tiros. Otro hermano luego fue asesinado, después de dos meses. Fue decapitado. Después de su muerte, todos huimos.

Bajo las leyes de la guerra, los miembros de la policía normalmente tienen la condición de civiles. Sin embargo, las unidades de policía que participan en operaciones militares o que de otra manera participan en las funciones militares pueden ser consideradas combatientes y ser blancos de ataques. Los agentes de policía sólo pueden ser víctimas cuando estén tomando parte directa en las hostilidades. Toda persona detenida debe ser tratada con humanidad.

Otra mujer dijo que su familia fue atacada durante la ofensiva del Ramadán porque ella y su esposo trabajaban para el Gobierno de transición:

Mi hija, mi marido y mi madre fueron asesinados por Al-Shabaab. Esto sucedió cuando tomaron control de nuestra área. Mi familia fue asesinada y yo resulté herida, y escapé. Ellos estaban contra todos los que trabajan con el Gobierno Federal de Transición. Al-Shabaab dice que las personas que trabajan con el Gobierno Federal de Transición son todos cristianos; nos llamaban desde números desconocidos y nos amenazaban. Después de los asesinatos, fui atacada en otras ocasiones; solían llegar a mi casa sin armas. Y mi familia fue destruida, y terminé sola en una casa en ruinas. Incluso ahora vivo con miedo.

El reclutamiento forzoso de jóvenes y niños por Al-Shabaab
Los hombres jóvenes y niños que viven en las zonas controladas por Al-Shabaab en Mogadiscio se encuentran riesgo creciente de ser reclutados a la fuerza por la insurgencia, docenas de personas dijeron a Human Rights Watch. La gran mayoría de las personas entrevistadas por Human Rights Watch eran conscientes de la amenaza inminente del reclutamiento forzoso, y las familias con niños mencionaron esta amenaza como una de las principales razones para huir de Mogadiscio.

Las familias señalaron de manera constante a investigadores de Human Rights Watch que Al-Shabaab secuestró a niños de duksis (escuelas islámicas), parques, y hogares; los coaccionaron a unirse al conflicto ofreciéndoles dinero, teléfonos, o alimentos. Según informes, los niños fueron luego entrenados para luchar en primera línea, incluso como terroristas suicidas. También ha habido informes creíbles de que el Gobierno de transición y las milicias aliadas utilizan a niños, pero Human Rights Watch no pudo confirmar esto. Un tratado internacional, del que Somalia es signatario, prohíbe el reclutamiento de personas menores de 18 años en grupos armados no estatales.

"La creciente utilización de niños como carne de cañón es una nueva desgracia en el conflicto en Somalia", dijo Peligal. "Cualquier comandante que reclute o coaccione a niños a participar en los combates está cometiendo un crimen de guerra".