Una trabajadora de la salud examina a un niño mientras que la madre del infante procura sentir su nivel de temperatura durante una visita de atención domiciliaria el 6 de marzo de, 2010 en Mathare, un barrio de tugurios en Nairobi.

© 2010 Brent Foster para Human Rights Watch

(Nairobi) - Los niños kenianos con dolor agudo y crónico sufren innecesariamente debido a las políticas oficiales que restringen el acceso a analgésicos baratos, la falta de inversión en servicios de cuidados paliativos y la formación inadecuada de los trabajadores de la salud, señaló Human Rights Watch en un informe publicado hoy.

En el informe de 78 páginas, "Needless Pain: Government Failure to Provide Palliative Care for Children in Kenya" (Dolor innecesario: El Gobierno no ofrece cuidados paliativos a los niños en Kenia) se documenta que la mayoría de los niños kenianos con enfermedades como el cáncer o el VIH/sida no pueden obtener cuidados paliativos ni analgésicos. Los pocos servicios de cuidados paliativos de Kenia ofrecen orientación psicológica y apoyo a las familias de pacientes con enfermedades crónicas, así como tratamiento contra el dolor, pero carecen de programas para niños. Además, la mayoría de los niños enfermos son atendidos en sus casas, pero existe muy poco apoyo para conseguir cuidados paliativos de bajo costo en los hogares. Los trabajadores de la salud carecen de formación sobre tratamiento del dolor y cuidados paliativos e, incluso cuando disponen de fuertes analgésicos, tienen reticencias a administrarlos a los niños.

"Los niños kenianos con cáncer y sida están viviendo y muriendo con una terrible agonía", señaló Juliane Kippenberg, investigadora principal sobre derechos del niño en Human Rights Watch. "Los analgésicos son baratos, seguros y eficaces, y el Gobierno debe asegurarse de que se administren a los niños que los necesitan", agregó.

El Gobierno keniano ha dado un paso en la dirección correcta con el establecimiento de unas cuentas unidades hospitalarias de cuidados paliativos en los últimos años, señaló Human Rights Watch. Sin embargo, queda mucho más por hacer para que los niños enfermos dejen de sufrir innecesariamente.

La madre de Gerard K., quien vivía en los barrios de tugurios de Kibera, en Nairobi, y murió a causa de las complicaciones asociadas con el VIH/sida a los 5 años, describió su experiencia: "[Mi hijo] tenía fuertes dolores a veces, especialmente dolor abdominal... A veces tomaba los analgésicos paracetamol y Brufen [ibuprofeno] y el dolor... no se iba... Podía ver que le dolía mucho porque su cuerpo estaba rígido y se notaba que estaba luchando realmente... murió con dolor".

La Organización Mundial de la Salud, al igual que la propia política sobre medicamentos de Kenia, considera que la morfina por vía oral es una medicina esencial para tratar el dolor crónico. Una dosis diaria solo cuesta unos cuantos centavos. Sin embargo, el Gobierno keniano no compra morfina por vía oral para los centros de salud pública, como hace con otras medicinas esenciales. Como consecuencia, solo 7 de los alrededor de 250 hospitales públicos del país disponen de morfina por vía oral. A pesar de que 250,000 personas están recibiendo tratamiento antirretroviral en Kenia, con toda la morfina del país solo se podría tratar el dolor de 1,500 pacientes terminales con cáncer o sida.

Más de 1.5 millones de kenianos viven con VIH/sida, entre ellos alrededor de 150,000 niños; y cada año mueren 100,000 personas de sida en Kenia. Las personas con VIH pueden sufrir dolores agudos independientemente de que reciban o no reciban tratamiento antirretroviral, y las medicinas baratas contra el dolor pueden mejorar el seguimiento del tratamiento del VIH, señaló Human Rights Watch.

Los donantes internacionales también están olvidándose del tratamiento contra el dolor, señaló Human Rights Watch. Por ejemplo, el Plan de Emergencia del Presidente de Estados Unidos para el Alivio de Sida (PEPFAR) se gastó US$534 millones en Kenia en 2009. El PEPFAR financia servicios de cuidados paliativos como la orientación psicológica en cientos de centros de salud, pero pocos de ellos cuentan con morfina para tratar los dolores graves.

Human Rights Watch instó al Gobierno de Kenia a que se asegure de que todos los hospitales públicos cuenten con morfina por vía oral, que los trabajadores de la salud tengan formación sobre cuidados paliativos y que se integren los cuidados paliativos infantiles a los servicios de salud, lo que incluye la atención en el hogar.

"El Gobierno keniano, y los donantes, deberían ponerse a trabajar en la mejora del tratamiento del dolor para todos", señaló Kippenberg. "Y deberían asegurarse de no dejar de lado a las personas con dolor más jóvenes y vulnerables, los niños enfermos. No deberían estar sufriendo innecesariamente", agregó.

Testimonios de proveedores, padres y pacientes:
"Antes de venir [aquí], no podía comer ni respirar bien [por el dolor]. Ahora que me han dado medicina, puedo comer y respirar. No podía sentarme y ahora sí puedo. Tuve dolor durante más de un mes. Les dije al médico y a las enfermeras [del hospital misionero de Kijabe] que me dolía. Tardé demasiado en recibir tratamiento contra el dolor en Kijabe. Aquí [Kenyatta National Hospital] me lo dieron inmediatamente y empecé a sentirme bien de nuevo".
- Christine L., 18 años, diagnosticada con cáncer de pecho cuando tenía 17 años, Nairobi

"La gente no tiene problemas con que se alivie el dolor de los adultos con morfina, pero cuando se trata de los niños, siempre hay alguna reserva. Administrar morfina a un niño siempre es un problema grande... La morfina está infrautilizada".
- Un médico que trata a niños con cáncer, Nairobi

"El cuerpo y las heridas le dolían mucho y le costaba mucho comer. Rechazaba los alimentos y lloraba. Le salía sangre por la boca cuando la lavábamos... Tenía dolor... le dolía cuando se bañaba. Lloraba por las heridas y porque se le caía la piel".
- Una trabajadora de salud comunitaria, Kisumu, describiendo el caso de Douglas O., quien murió de VIH/sida a los 5 años.  A Douglas le prescribieron tratamiento antirretroviral, pero estaba al cuidado de su hermana adolescente, quien no siempre le administraba las medicinas regularmente.

"No tenemos ni petidina, ni DF-118, ni morfina... Aquí tenemos niños con VIH en fase avanzada; algunos con dolores graves. El manejo del dolor para los niños con VIH en fase avanzada no es suficiente".
- Enfermera, hospital del distrito de Bondo.  La petidina y el DF-118 (dihidrocodeína) son analgésicos más débiles que la morfina.

"Te hacen preguntas: ‘¿Por qué no voy a la escuela como los niños de mi edad?' ‘¿Por qué no puedo jugar con mis amigos cuando están jugando ahí fuera?' ‘¿Por qué siempre me estás llevando al médico y mi amigo tal y el vecino cual no siempre van al médico?'.... [El respaldo emocional] es sumamente importante porque siempre preguntan: ‘¿Por qué me está pasando esto a mí?'
- Médico jefe, hospicio de Nairobi