Una barricada improvisada en la entrada al distrito Cheremushki.

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(Osh) - Los residentes de la ciudad de Osh, al sur de Kirguistán, están sufriendo ataques brutales, palizas y violaciones, a pesar de las afirmaciones oficiales de que la situación se ha estabilizado, señaló hoy Human Rights Watch.  La información proviene de los investigadores de Human Rights Watch, quienes visitaron varios barrios de Osh los días 16 y 17 de junio, donde entrevistaron a testigos y documentaron violaciones de los derechos humanos.

Los residentes de Osh necesitan urgentemente protección y asistencia humanitaria, señaló Human Rights Watch. Human Rights Watch y el International Crisis Group instaron al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a que colabore con las organizaciones regionales para garantizar el envío sin dilación de una misión internacional de estabilización para posibilitar la entrega segura de la tan necesitada ayuda humanitaria, ayudar a garantizar la seguridad y generar la posibilidad de que los programas de reconciliación logren su objetivo.

"Osh parece un polvorín que va a estallar en cualquier momento", señaló Ole Solvang, investigador de Human Rights Watch que se encuentra en Osh. "Sin protección frente a los ataques, la población no podrá recibir la asistencia humanitaria y médica que tan desesperadamente necesita", agregó.

Nadira (nombre cambiado), de 19 años, dijo a los investigadores de Human Rights Watch que había intentado llegar hoy a su barrio en el distrito de Kirpichni Zavod, junto con su hijo de cinco meses, para comprobar que su casa estaba bien y para buscar tanto a su esposo como a otros familiares. Cuatro hombres con uniforme militar que viajaban en un automóvil negro la detuvieron.

Según dijo, los hombres la golpearon, la empujaron, y algunos de ellos la violaron (estaba demasiado conmocionada para recordar cuántos). Perdió la conciencia. Cuando recobró el sentido, estaba dentro de una zanja al lado de la carretera. Su bebé había desaparecido. Cuando Human Rights Watch habló con Nadira, le corría sangre de un profundo corte en la ceja y tenía la ropa y las manos cubiertas de sangre.

Human Rights Watch señaló que los activistas pro derechos humanos kirguisos también están documentando las violaciones de los derechos humanos en el sur de Kirguistán, pero uno de ellos, Azimjon Askarov, fue detenido el 15 de junio de 2010 en Bazar Kurgon, varios días después de que documentara en vídeo la pasividad y la tolerancia de la policía mientras una banda saqueaba e incendiaba edificios. El hermano de Askarov ha dicho que la policía lo maltrató durante la detención.

Human Rights Watch instó también al Gobierno a que empiece a cooperar inmediatamente con la oficina de derechos humanos de la ONU como parte de su responsabilidad de investigar y enjuiciar a los responsables de los crímenes y los abusos cometidos en el sur de Kirguistán durante la pasada semana.

Desde el 10 de junio, cuando estalló la violencia masiva en Osh, los residentes de origen kirguiso y uzbeco se han segregado en barrios mayoritariamente homogéneos separados por barricadas improvisadas y retenes del ejército. En los barrios uzbecos en particular, los residentes dijeron a Human Rights Watch que estaban preocupados por su seguridad, y tenían miedo de que los atacaran si salían de sus barrios. 

Estas preocupaciones parecen claramente justificadas, según Human Rights Watch. Además del ataque contra Nadira, Human Rights Watch documentó otros ataques violentos contra uzbecos que habían salido de sus barrios durante los últimos dos días:

  • El 16 de junio, Mahamat se dirigía al entierro de su hermana cuando fue detenido en un retén militar cercano al centro de la ciudad. Cuando Mahamat salió de su automóvil, cuatro hombres con vestimenta civil empezaron a golpearlo. Cuando intentó darse a la huida, uno de los hombres disparó contra el vehículo e hirió a Mahamat en el hombro izquierdo.
  • El 16 de junio, cinco hombres de origen uzbeco fueron a recoger la ayuda humanitaria con la que los funcionarios locales les dijeron que podían contar. Su camioneta fue detenida en un retén improvisado cercano al pueblo de Aktash. Los uzbecos dijeron que los hombres armados que controlaban el retén les dijeron: "No habrá ayuda para ustedes. Váyanse de aquí antes de que se mueran". Los hombres armados golpearon duramente a uno de los uzbecos, que fue trasladado al hospital mientras los demás regresaban al pueblo sin la ayuda.
  • El 17 de junio, Rasul, de 48 años, y su hijo fueron al hospital de Osh para recoger a la madre de Rasul. A la entrada del hospital fueron detenidos por hombres armados con uniformes de camuflaje. Los hombres les exigieron sus documentos de identidad y después se los llevaron a un lado del edificio, donde les propinaron puñetazos y culatazos y los amenazaron con matarlos.  

Los investigadores constataron que la tensa situación de seguridad, las barricadas y los retenes han limitado gravemente la distribución de ayuda, suministros médicos y el acceso tratamiento médico. Muchas personas de origen uzbeco señalaron a Human Rights Watch que no habían recibido ninguna ayuda humanitaria del Gobierno o de las organizaciones humanitarias desde el comienzo del conflicto. También hay una escasez de agua potable. 

El 17 de junio, el director de una clínica privada del distrito de Cheremushki dijo a Human Rights Watch que su clínica estaba sufriendo una escasez de medicinas y que tenía miedo de ir al hospital central en busca de suministros. Dijo que los responsables del hospital le habían dicho que no podían entregar medicinas a la clínica porque se encontraba en un barrio uzbeco. Cuando Human Rights Watch habló con el director, el servicio de ambulancias acababa de negarse a recoger de la clínica a una mujer que sufría graves complicaciones de su embarazo, alegando que un chófer kirguiso no podía manejar la ambulancia por el barrio.

En varios barrios, los residentes expresaron su desesperación por no haber podido trasladar los cuerpos de sus familiares asesinados desde la morgue del hospital central hasta el cementerio. Dijeron a Human Rights Watch que tenían miedo de que los atacaran de camino al hospital.

"Nadie que haya presenciado directamente la situación en el sur de Kirguistán podría describirla como estable", señaló Solvang.  "El Consejo de Seguridad debe intervenir ahora para proteger a los que viven atemorizados y prevenir más muertes y desplazamientos", agregó.