Brasil es famoso por su Carnaval, la celebración previa a la mañana siguiente de la solemnidad de la Cuaresma que evoca imágenes de desfiles de samba, con participantes de todo el mundo celebrando entusiastamente. Una industria del turismo floreciente que se alimenta de aquellas imágenes de libertad de expresión sexual durante el Carnaval. Pero los días siguientes pueden a veces originar consecuencias no deseadas.

Brasil, el país más grande de América Latina, es caracterizado a menudo por tener un ambiente social progresivo. Sin embargo, para muchas mujeres brasileñas que enfrentan las consecuencias de embarazos no planeados, en cualquier época del año por cualquier razón, lo que pareciera ser un ambiente progresivo, no es siempre una realidad. De hecho, en lo que respecta a salud reproductiva, muchas mujeres brasileñas enfrentan muchos de los días siguientes sin los servicios reproductivos que necesitan.

Un ambiente progresivo para las mujeres no solamente significa tener la libertad de hacer contactos sociales, sino también tener acceso a educación e información sexual actualizada, acceso a métodos anticonceptivos y preservativos, protección contra violencia, y acceso a servicios de salud de calidad, incluyendo el aborto legal y el cuidado de post-aborto. El Estado tiene la obligación de proveer estos servicios como elementos básicos del derecho a la información, a la salud, a la autonomía y a la dignidad.

Brasil cuenta con el aborto legal, pero solo bajo circunstancias muy limitadas. Aún bajo la presión de la iglesia católica-romana y otros grupos conservadores, algunos estados y municipios han comenzado recientemente a hacer más difícil para las mujeres el obtener atención de salud reproductiva y han limitado las opciones anticonceptivas—incluyendo el aumento de los procesamientos judiciales bajo las leyes existentes.

Para las mujeres de todo el mundo, el aborto es una intervención médica lamentable pero necesaria, y estadísticas de todo el mundo demuestran que las mujeres se someten a abortos aún cuando no tienen acceso a procedimientos seguros y legales. En estos días, algunas mujeres pueden realizarse abortos seguros usando píldoras, incluso cuando éstas no son legales. Sin embargo, muchos abortos clandestinos son peligrosos, pueden dañar permanentemente la salud de la mujer o incluso ser mortales.

El número de abortos legales en Brasil ha ido en aumento desde 2003, según datos proporcionados por el Ministerio Nacional de Salud. En 2007 hubo 2,130 abortos médicos y legales registrados en todo Brasil. En noviembre del 2008, hubo 3,053 abortos legales registrados – lo que representa un aumento de por lo menos un 43 por ciento. Y en los próximos meses, la Corte Suprema de Brasil debe decidir si el aborto en casos de embarazos anencefálicos, cuando el feto no tiene cerebro y no es viable, será también permitido legalmente.

Esta es una señal esperanzadora, pero de acuerdo con la opinión de expertos médicos y estimaciones estadísticas, en Brasil se realiza cada año un número mucho menor de abortos legales del que se esperaría de un país de su tamaño. Se estima que alrededor de un millón de mujeres se someten a abortos clandestinos anualmente en Brasil. No es de extrañar que aquellas que sufren las complicaciones de abortos realizados bajo condiciones peligrosas sean a menudo niñas y mujeres con escasos recursos financieros y educativos.

Rebecca Cook, una profesora de derecho en la Universidad de Toronto, quien ha escrito extensivamente sobre el derecho a la salud reproductiva, escribe que “las leyes que limitan el acceso a los servicios de aborto no reducen el número de abortos, sino su seguridad”. Bajo estas circunstancias, las mujeres se enfrentan a menudo a la elección entre las prácticas y proveedores de aborto peligrosos, o de llevar a término embarazos no deseados y forzados con repercusiones potencialmente profundas para el resto de sus vidas.

El resurgimiento reciente de redadas policiales en presuntas clínicas de aborto clandestino y el enjuiciamiento de sus clientes y proveedores, para hacer cumplir leyes viejas de penalización, representa un retroceso a una era que no es digna de una democracia moderna. Estas redadas han estado creando una atmósfera de miedo e intimidación entre algunos proveedores de servicios de salud y entre mujeres que buscan servicios de salud, según informes recibidos por Human Rights Watch.

Sin embargo, el debate público se ha visto estimulado por los reportes difundidos ampliamente sobre estas redadas policiales, junto con debates de la Corte Suprema, propuestas legislativas, y una comisión especial parlamentaria de investigación establecida para examinar la situación del aborto en Brasil. En una sociedad donde el aborto es a menudo un tema de tabú, ahora hay más discusión acerca de los efectos de la penalización del aborto, incluyendo los impactos en los derechos de privacidad y la confidencialidad médica que pueden afectar si los servicios seguros continúan siendo proveídos y utilizados.

Claramente, cuando el problema está en las leyes, estas deben ser modificadas para proteger la salud y las vidas de niñas y mujeres. Estas leyes de penalización, que únicamente afectan a las mujeres, son discriminatorias, y tienen consecuencias legales y de salud negativas para las mujeres, y solo para las mujeres.

Órganos de tratados de la ONU han enfatizado repetidamente que el acceso al aborto seguro y legal puede salvar la vida de las mujeres, protegiendo sus derechos y restableciendo su dignidad. Sacrificar estos derechos no debe ser una opción.

Las mujeres brasileñas merecen nada menos que la protección completa de su expresión sexual, derechos reproductivos y de salud sexual, incluyendo la despenalización del aborto y acceso a servicios seguros y legales. Cuando estas protecciones se encuentren en su lugar, entonces la celebración podrá realmente comenzar.