(Rabat, Marruecos, 20 diciembre, 2005) – Decenas de miles de niñas trabajando como criadas domésticas en Marruecos enfrentan abusos físicos y sicológicos, también como explotación económica, afirmó Human Rights Watch en un reporte lanzado hoy. La ley marroquí les niega a estos niños los derechos laborales básicos y las autoridades raramente castigan a los empleadores que abusan de ellos.

El reporte de 60 páginas, “Dentro de la Casa, Fuera de la Ley: El Abuso de los Niños que Trabajan como Criados Domésticos en Marruecos,” documenta los casos de niñas, de hasta incluso cinco años, que trabajan 100 o más horas a la semana, sin intermedios para descansar ni días libres, por tan poco como seis y medio dirhams marroquí (alrededor de 70 centavos de dólar americano) por día.

Niños que trabajaron como criados y niños que se encuentran trabajando actualmente como criados domésticos describieron un frecuente abuso físico y verbal, negación de educación y de comida adecuada y de protección de la salud, y acoso sexual por parte de los empleadores o de sus parientes. Algunos de los criados manifestaron que los empleadores los forzaban a trabajar contra su voluntad golpeándolos, encerrándolos, o negándose a pagarle a aquellos que querían renunciar.

“Existe el mito de que estas niñas están perfeccionándose al trabajar,” afirmó Clarisa Bencomo, del departamento de los derechos del niño de Human Rights Watch. “La realidad es que demasiadas niñas terminan sufriendo un daño físico y sicológico permanente.”

Jóvenes y normalmente analfabetos, los niños que trabajan como criados domésticos carecen frecuentemente de las habilidades y de las oportunidades para buscar ayuda al dejar tales lugares abusivos. Ocultados en casas privadas, la mayoría no va al colegio, raramente salen, excepto para realizar breves encargos, y no tienen contacto frecuente con sus familias. Algunas niñas son lo suficientemente valientes o están tan desesperadas que se arriesgan escapando. Pero son más las que soportan los abusos porque carecen de dinero y no saben sobre cómo regresar a sus casas, o temen las amenazas de violencia de sus empleadores o de denuncia a la policía, o temen perderse o ser atacadas si tratan de volver a sus casas por sí mismas.

El Código Laboral marroquí no regula el trabajo de los criados domésticos, y los inspectores laborales no están autorizados para ingresar a las casas privadas para investigar las violaciones a la prohibición legal del trabajo de los niños menores de 15 años. La policía, los fiscales y los jueces raramente aplican las sanciones del Código Penal contra abusos en casos que involucran niños que trabajan como criados domésticos. Los programas de protección infantil del gobierno raramente priorizan el trabajo de dichos niños, están pobremente coordinados y carecen de suficientes recursos para su implementación. Pocos programas sacan activamente a los niños de las peores formas de trabajo infantil, incluyendo el trabajo en las casas, y a aquellos que existen han sido principalmente programas pilotos con un limitado éxito y alcance.

Human Rights Watch hizo un llamado para que el gobierno marroquí haga efectivo el mínimo legal de 15 años para todos los niños que trabajan, asegure que los criados domésticos tengan los mismos derechos que los demás trabajadores, elimine las peores formas de trabajo infantil en las casas, y sancione a los empleadores y reclutadores de mano de obra que abusan de los niños.

Selección de testimonios de niños que trabajan como criados citados en el reporte:

Si algo pasaba—si rompía algo o hacía algo mal—ellos me golpeaban con un zapato o con un cinturón en cualquier parte de mi cuerpo. No podía irme de la casa—ellos cerraban la puerta con llave cuando salían…Tanto el marido como su mujer me golpeaban. Mi familia me vio dos veces el año que trabajé. Fueron a visitarme a la casa pero el empleador se sentó con nosotros durante la visita y me dijo que no dijera nada malo o ella me golpearía aun más. Cuando mi madre fue a visitarme la última vez, le dije que no me quedaría más en esa casa. Le dije: “O me voy contigo o escaparé o me voy a suicidar.”
—Rasha A., 14, describiendo su primer trabajo a la edad de 10 años.

Si algo se rompía, como un plato o un vaso, ella me decía que lo descontarían de mi dinero y que me golpearían. Ellos usaban un cordón eléctrico…Tanto el marido como su mujer eran crueles conmigo. El marido reclamaba si yo no lavaba la ropa bien o si no le llevaba el desayuno lo suficientemente rápido. Él usaba un lenguaje soez también.
—Najat Z., 11, describiendo un trabajo reciente.

[Mi patrón] era un empleado del [gobierno] con un marido y con un niño de cuatro y otro de año y medio. Ellos sabían que no tenía un lugar donde ir, “Considéranos como tus padres.” Me preguntaron cuanto quería como salario y no supe que decir, así que ella dijo 200 dirham al mes [alrededor de U.S. $22]. Tenía que llevar a la niña a la enfermería y estaba a cargo del niño más pequeño y de todo el trabajo de la casa—cocinar, lavar la ropa, limpiar toda la casa.
—Shadia A., describiendo su segundo trabajo, a los quince años.