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People pass by portraits of Israeli hostages from Israel held in Gaza since the October 7 attacks in Tel Aviv, December 17, 2023. 

Entrevista: la recopilación de pruebas para poner en evidencia los crímenes de guerra cometidos en Israel el 7 de octubre

© 2023 Menahem Kahana/AFP via Getty Images

Belkis Wille, directora asociada de la división de Crisis y Conflictos de Human Rights Watch, pasó tres semanas en Israel después de los ataques liderados por Hamás el 7 de octubre de 2023 contra más de 20 comunidades y un festival de música que se celebraba cerca de la Franja de Gaza, así como bases militares cercanas. Junto con su compañero de trabajo Richard Weir, intentó establecer un registro claro de lo que ocurrió ese día cuando hombres armados mataron a cientos de civiles y secuestraron a más de 230 personas. La magnitud de los asesinatos que se cometieron en un solo día dejó profundas cicatrices, no solo para las personas sobrevivientes, las víctimas y sus familias, sino también para muchos israelíes y judíos en todo el mundo. Meses después, los sobrevivientes siguen tratando de recuperarse de la muerte de sus seres queridos y vecinos y temen por los que todavía son rehenes en Gaza. En esta entrevista, Belkis habla con Birgit Schwarz, subdirectora de comunicación para Europa y África de Human Rights Watch, sobre lo que su equipo ha descubierto hasta ahora sobre los ataques, lo que se necesita para reunir pruebas suficientes cuando se investigan crímenes internacionales graves y por qué es crucial llevar a cabo una investigación meticulosa e independiente en la lucha por una justicia imparcial.

Belkis, ¿qué sabemos sobre cómo se desarrollaron los ataques?

Los ataques comenzaron alrededor de las 6:30 de la mañana, por lo que podemos deducir, después de que los combatientes liderados por Hamás asaltaran las vallas que separan Gaza e Israel. Casi todas las personas con las que hablamos de prácticamente todos los más de 20 núcleos civiles que fueron atacados escucharon las sirenas de ataque aéreo en ese momento. Quienes viven en lo que se conoce como la “envoltura de Gaza” (comunidades israelíes cercanas a la Franja de Gaza) están acostumbrados a las sirenas y al lanzamiento de cohetes por parte de grupos armados palestinos en Gaza. La gente allí tiene “habitaciones de seguridad” en sus hogares –espacios reforzados para proteger a los residentes de tales ataques– y la mayoría buscó refugio en ellas. Pero para muchos estas “habitaciones seguras” resultaron no ser suficientemente seguras.

Las personas sobrevivientes describieron cómo pasaron horas sin agua, electricidad ni comida mientras estaban escondidos, escuchando ansiosamente los disparos en el exterior. Dijeron que los atacantes se movían de casa en casa, derribaban puertas e incendiaban algunas viviendas para obligar a salir a quienes se refugiaban en su interior, y que dispararon a algunos y que a otros los tomaron como rehenes. Muchos de los cuerpos que se encontraron posteriormente tenían heridas de bala, algunos estaban quemados y otros mutilados, nos dijeron las personas sobrevivientes.

El lugar donde se produjo el mayor número de víctimas mortales fue el festival de música al aire libre. Cuando empezaron a llover los cohetes, los asistentes al festival corrieron hacia el aparcamiento, para intentar conducir hasta un lugar seguro. Esto provocó un inmenso atasco de tráfico. Algunas personas decidieron intentar escapar a pie solo para encontrarse cara a cara con los militantes de Hamás. Las personas fueron tiroteadas mientras trataban de huir. A algunos les dispararon mientras se escondían en los árboles, nos dijo un organizador del festival. Los hombres armados obligaron a unas cuantas personas a subir a vehículos y se las llevaron a Gaza como rehenes.

Para cuando el ejército israelí recuperó el control de las zonas afectadas en el sur de Israel, más de mil personas –en su mayoría civiles– habían sido asesinadas, cientos de viviendas habían sido saqueadas e incendiadas y más de 230 hombres, mujeres y niños habían sido tomados como rehenes.

¿Qué nuevos caminos esperas abrir con tu investigación?

Un objetivo clave es documentar rigurosamente los abusos y evaluar cuidadosamente las diversas violaciones de las leyes de la guerra que se cometieron, y si pudieran constituir crímenes atroces internacionales.

Dado que varios grupos armados estuvieron involucrados en los ataques, estamos tratando de comprender cuáles cometieron qué abusos específicos y la escala total de los crímenes que se cometieron. Este tipo de información será especialmente importante a la hora de buscar la rendición de cuentas de los responsables.

Si bien nos llevará algún tiempo verificar la información que hemos recopilado, nuestro próximo informe se basará en testimonios corroborados de 110 testigos y sobrevivientes, personal de primera respuesta, familiares de rehenes y personas que acudieron a los lugares de los ataques para rescatar a otras. Además, hemos preservado, verificado y contextualizado cientos de piezas de evidencia visual para alimentar esta investigación.

Estuviste semanas entrevistando a sobrevivientes y testigos. ¿Qué historias te tocaron más?

Es difícil quedarse con solo una, ya que han sido muchas y todas son horribles, y todas se me han quedado grabadas en la mente. Pero está la historia de Sagi Shifroni, un ingeniero mecánico del Kibbutz Be’eri. Be’eri es una comunidad extremadamente unida y fue una de las más afectadas por los ataques. Entrevisté a Sagi en un hospital de Jerusalén. Se estaba recuperando de quemaduras graves. Su hija de 5 años y él probablemente no habrían sobrevivido si su esposa no lo hubiera instado hace años a desactivar la manija exterior de la puerta de su “habitación segura”. Estas habitaciones seguras son obligatorias por ley en todas las viviendas construidas en la Franja de Gaza desde los años 1990. Normalmente están diseñadas de tal forma que no se pueden cerrar con llave, para que los vecinos puedan acudir al rescate en caso necesario. Esto hizo vulnerables a muchas personas una vez que los atacantes entraron en sus casas.

Como faltaba la manija de la puerta de la habitación segura de Sagi, los hombres armados intentaron otras formas de entrar por la fuerza, disparando a la puerta y las bisagras. Cuando esto no funcionó, prendieron fuego a la casa. Hablamos con vecinos que presenciaron lo sucedido, incluido un hombre que vio a Sagi saltar por una ventana hacia su patio trasero, con su hija en brazos. Cuando olió el fuego, la envolvió en mantas e hizo que metiera la cara en una almohadada. La pequeña quedó ilesa. Sin embargo, los pies de Sagi sufrieron quemaduras tan graves que se le estaba despegando la piel.

¿Qué acceso has tenido a las zonas afectadas?

Equipos de primera intervención israelíes llevaron a mi colega a Be’eri, así que él pudo ver el lugar donde Sagi y su hija casi perdieron la vida. Pero nunca obtuvimos permiso de las autoridades israelíes para ir a otras comunidades que habían sido atacadas.

Esto dificultó la verificación de la información que recopilamos de testigos y sobrevivientes. Idealmente, cuando las personas nos describen lo que vieron y vivieron, corroboramos sus relatos visitando el lugar y comparando los detalles que compartieron con nosotros con la evidencia en el terreno, como una casa incendiada o una puerta acribillada a balazos.

Tampoco pudimos hablar con las fuerzas del orden ni con el personal militar israelí que fueron los primeros en llegar al lugar. Sus testimonios habrían sido increíblemente valiosos. Sin embargo, las autoridades nunca respondieron formalmente a nuestras solicitudes.

¿Qué más ha hecho que esta investigación fuera particularmente difícil?

Cuando cientos de personas mueren en un solo día, desentrañar lo sucedido lleva tiempo. Diariamente aparece nueva información, incluso meses después de los ataques: información que es importante para comprender la escala total de lo ocurrido.

Hasta ahora, la gente sigue recuperándose de la brutalidad del ataque y de la enormidad de la pérdida de vidas a su alrededor. Algunos de los cadáveres tardaron semanas en ser identificados. Entonces, mientras realizábamos nuestra investigación en Israel, muchos sobrevivientes y familiares no sabían si sus seres queridos seguían vivos. Todos esperaban que sus familiares desaparecidos hubieran sido secuestrados, porque eso era mejor que la alternativa. Otros estaban tan traumatizados que simplemente no podían ni hablar.

Realizar investigaciones en tales circunstancias exige paciencia y sensibilidad para evitar volver a traumatizar o causar otros daños a las personas afectadas por graves abusos.

Muchas de nuestras entrevistas tuvieron que realizarse en los vestíbulos de hoteles que se han convertido en hogares temporales para quienes no pueden regresar a sus comunidades. Los vestíbulos estaban llenos de gente, incluidos niños. Los niños estaban nerviosos y ansiosos, y a los padres les preocupaba aumentar su angustia al hablar de sus experiencias traumáticas. Además, debíamos tener en cuenta el hecho de que la gente tenía que asistir a los funerales, a veces cuatro o cinco al día. Todo esto complicó aún más la investigación.

¿Cuáles son algunas de las historias que te contaron las familias de los rehenes?

Desde el momento en que llegamos a Israel el 11 de octubre, comenzamos a entrevistar a las familias de algunos de los rehenes. Fuimos a un pueblo cerca de Jerusalén para hablar con Orian Adar. Su abuela, Yaffa Adar, de 85 años, y su tío, Tamir Adar, un granjero de 38, fueron secuestrados en el kibutz Nir Oz. Están entre los 10 familiares de Orian que vivían allí. Orian dijo que durante el ataque al kibutz, la esposa y los hijos de Tamir estaban en la habitación segura, mientras Tamir estaba afuera. En su último mensaje, enviado a su esposa a las 9 de la mañana, le imploró que no abriera la habitación segura a nadie, ni siquiera a él.

Orian nos dijo que su abuela Yaffa usa un andador y un audífono. Tiene un problema cardíaco, una enfermedad renal, dolor crónico y múltiples hernias discales. Nos enseñó la larga lista de medicamentos que Yaffa toma a diario. La familia vio con horror un video publicado en las redes sociales que mostraba a combatientes palestinos trasladando a Yaffa a través de Gaza en un carrito de golf. Yaffa finalmente fue liberada a finales de noviembre. En enero se anunció lamentablemente que Tamir había muerto. Al parecer, más de 100 personas siguen retenidas como rehenes. Algunas de ellas, lamentablemente, ya no están vivas.

Mantener a personas como rehenes es un crimen de guerra. Nosotros y muchos otros hemos pedido repetidamente a los grupos armados palestinos que liberen de forma inmediata y segura a los civiles que aún se encuentran bajo su custodia. Turquía, Irán, los Estados del Golfo y otros gobiernos que apoyan a Hamás deberían exigir lo mismo y pedir responsabilidades. Hasta su liberación, los rehenes deben ser tratados humanamente, se les debe permitir comunicarse con sus familias por medios privados y recibir visitas de una agencia humanitaria imparcial como el Comité Internacional de la Cruz Roja.

Mencionaste anteriormente la preservación y el análisis de las pruebas visuales. ¿Puedes explicarnos cómo utilizas videos y fotografías para reunir pruebas de crímenes de guerra?

Los recursos de código abierto, como videos y fotografías, son clave para poder reconstruir lo que sucedió a la hora de investigar posibles crímenes de guerra, especialmente cuando el acceso a las escenas reales del crimen es limitado. Después de la masacre aparecieron innumerables videos y fotografías en las redes sociales. Son horrorosos. Si bien muchos eran genuinos, algunos difundían noticias falsas, contenido manipulado o información repetida no verificada. Verificar lo que es real añade otra capa de complejidad a nuestra investigación.

Lo primero que debemos hacer con cada video o fotografía que encontramos es determinar si es real o tiene su origen en un contexto diferente, como un ataque armado desde un país totalmente diferente hace años, algo que suele suceder. Analizamos dónde se tomó una fotografía o dónde ocurrieron los hechos capturados en un video. Este proceso se llama geolocalización. Hacemos cosas como identificar puntos de referencia visibles en los videos, como un edificio en particular o una esquina de una calle, y verificamos si los patrones climáticos y las sombras coinciden con el clima real y la hora del día en que supuestamente se capturó el video o la imagen. Una vez que estamos seguros de que una fotografía o un video es auténtico, lo examinamos y comparamos lo que muestra con las declaraciones que hemos recopilado de los testigos. Esto nos ayuda a determinar si lo que estábamos viendo es consistente con lo que nos han dicho y qué más podría haber estado sucediendo al mismo tiempo.

Ha habido relatos estremecedores de violencia sexual y otras formas de violencia de género cometidas durante los ataques. ¿Pudiste verificarlos?

Es de vital importancia investigar la violencia sexual y, al hacerlo, también debemos trabajar con cuidado para evitar causar más daños. En todo el mundo, Human Rights Watch adopta un enfoque que se centra en las necesidades y los derechos de las personas sobrevivientes, los testigos y las familias de las víctimas, e intenta, dentro de lo posible, evitar la retraumatización. Esa es una de las complejidades a las que nos enfrentamos en nuestro trabajo y es especialmente crítica cuando se documenta la violencia sexual.

Hemos revisado declaraciones de personas que dicen haber presenciado casos de violación y otras formas de violencia de género. Y algunos miembros de equipos de primera intervención con los que hablamos describieron haber visto cuerpos de mujeres en condiciones o circunstancias que podrían ser consistentes con la violencia sexual.

Sin embargo, la falta de pruebas forenses hace que sea mucho más difícil conocer la escala y la naturaleza de los abusos. No hemos entrevistado a nadie que haya sido víctima de violencia sexual cometida durante los ataques del 7 de octubre.

Seguimos monitoreando y evaluando cualquier información que nos llegue. Puede haber víctimas de violencia sexual que fueron asesinadas y, como suele ser el caso de la violencia sexual, sobrevivientes que tal vez no estén preparadas o hayan optado por no divulgar información sobre sus experiencias por razones que podrían incluir el miedo al trauma y el estigma. El mes pasado, los medios de comunicación publicaron entrevistas en las que varios sobrevivientes de los ataques describieron haber presenciado violaciones. Se necesita urgentemente una investigación cuidadosa, independiente, centrada en las personas sobrevivientes y creíble de todas las denuncias de violencia sexual –y otras formas de violencia de género y de otro tipo– el 7 de octubre. La violencia sexual y de género durante los conflictos armados se consideran crímenes de guerra.

¿Cuándo se publicarán los resultados completos de esta investigación?

Nuestro objetivo es publicar el conjunto de pruebas que hemos podido reunir en los próximos meses. Esperamos que esto contribuya a garantizar que los autores de estos crímenes, y especialmente los responsables al más alto nivel de crímenes graves, tengan que rendir cuentas por sus crímenes ante un tribunal de justicia, y que esto lleve a los supervivientes, a las víctimas y sus familias a estar un paso más cerca de obtener justicia.

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