Restos de una submunición de doble propósito lanzada por una munición en racimo MAT-120 encontrada en Misrata, Libia.

© 2011 Human Rights Watch

(Nueva York) – Las fuerzas gubernamentales leales al líder libio, Muammar Gaddafi, han disparado municiones en racimo contra zonas residenciales de la ciudad occidental de Misrata, poniendo en grave peligro a la población civil, señaló hoy Human Rights Watch.

En la noche del 14 de abril, Human Rights Watch observó la explosión de al menos tres municiones en racimo en el barrio de el-Shawahda de Misrata. Los investigadores inspeccionaron los restos de una submunición en racimo y entrevistaron a testigos de dos supuestos ataques con municiones en racimo.

De acuerdo con la submunición inspeccionada por Human Rights Watch, que fue descubierta primero por un reportero de The New York Times, se trata de un proyectil de mortero MAT-120 120mm fabricado en España, que se abre en vuelo y libera 21 submuniciones sobre una área extensa. Al explotar por contacto con un objeto, cada subproyectil se desintegra en fragmentos que vuelan a gran velocidad para atacar a personas y desprende metralla para penetrar vehículos blindados.

“Es terrible que Libia esté usando este armamento, especialmente en una zona residencial”, señaló Steve Goose, director de la División de Armas de Human Rights Watch. “Suponen un enorme riesgo para la población civil, tanto durante los ataques debido a su carácter indiscriminado como después de ellos debido a la dispersión de bombas sin explotar que siguen siendo peligrosas”, agregó.

La mayoría de los países del mundo han prohibido rotundamente el uso de municiones en racimo a través de la Convención sobre Municiones en Racimo, la cual se convirtió en ley internacionalmente vinculante en agosto de 2010.

“Libia tiene que detener inmediatamente el uso de estas armas, y adoptar todas las medidas necesarias para que la población civil esté a salvo de los restos mortales que dejan a su paso”, señaló Goose.

La zona en la que Human Rights Watch presenció el uso de municiones de racimo se encuentra aproximadamente a un kilómetro del frente de los combates entre las fuerzas rebeldes y gubernamentales. Al parecer, las submuniciones cayeron a unos 300 metros del hospital de Misrata. Human Rights Watch no pudo inspeccionar los lugares donde hicieron impacto por motivos de seguridad.

Human Rights Watch todavía no ha podido determinar si las municiones en racimo han herido o matado a civiles en Misrata.

Human Rights Watch entrevistó a dos conductores de ambulancias que dijeron haber presenciado ataques con bombas en racimo antes del 14 de abril.

Ibrahim Abuwayfa dijo a Human Rights Watch que se encontraba en el distrito de Al-Gzeer de Misrata, alrededor de las 7 de la tarde del 13 de abril, en la carretera costera denominada Tuarga, cuando vio una explosión en el aire y la caída de “pequeñas llamas”. “Uno de los artefactos aterrizó a pocos metros del muro de una residencia, explotó al tocar el suelo y desprendió metralla”, señaló Abuwayfa. Abuwayfa dijo que oyó sobre ataques similares en las zonas de Maghdar y Kurzaz de la ciudad.

Waleed Srayti dijo que vio explosionar una munición en racimo a las 11 de la mañana del 14 de abril. “Estaba en la calle detrás del mercado de verduras”, señaló. “Se estaba librando una gran batalla en la calle Trípoli donde está el mercado. Escuché un ruido y alrededor de 9 a 10 artefactos empezaron a abrirse en el aire sobre el mercado. Sólo vi cómo se abrían en el aire. Vi caer un humo blanco. Cuando subió no vi nada. Era durante el día. Tampoco oí nada cuando subió, pero escuché la explosión encima del arco”, agregó.

Las municiones en racimo pueden dispararse con mortero o artillería o lanzarse desde aeronaves. Explotan en el aire y desprenden docenas, o incluso cientos, de submuniciones o “bombetas” sobre una extensión del tamaño de un campo de fútbol. Con frecuencia, estas submuniciones no hacen explosión en el momento del impacto inicial, y dejan bombetas que actúan como minas terrestres.

Según los distintivos de la submunición hallada en Misrata, Libia empleó municiones en racimo MAT-120. Estos proyectiles contienen 21 submuniciones con doble objetivo equipadas con un dispositivo de autodestrucción. Se consideran de doble objetivo porque tienen efectos contra las personas y los materiales.

En el momento de explotar por el impacto con un objeto, la carcasa de acero de la submunición MAT-120 se desintegra en numerosos fragmentos que vuelan a gran velocidad para a atacar a personas y desprende metralla, formada a partir de un cono de cobre invertido dentro del proyectil, con la intención de penetrar las paredes de un vehículo blindado.

Las municiones en racimo MAT-120 usadas en Misrata fueron fabricadas por Instalaza S.A. de España. Las marcas de los restos de la submunición inspeccionada por Human Rights Watch indican que se fabricó en 2007.

A finales de 2008, España destruyó su arsenal de 1,852 proyectiles de mortero MAT-120, que contenían un total de 38,892 submuniciones. España firmó la Convención sobre Municiones en Racimo el 3 de diciembre de 2008, y la ratificó el 17 de junio de 2009.

Libia no ha firmado esta convención. Se desconoce la situación y la composición actual del arsenal de Libia. Libia uso bombas en racimo aéreas, probablemente proyectiles RBK de fabricación soviética/rusa, durante el conflicto con Chad en la década de 1980.

La Convención sobre Municiones en Racimo prohíbe el empleo, la producción, el almacenamiento y la transferencia de municiones en racimo; y exige a los Estados que destruyan sus arsenales, limpien las áreas contaminadas y asistan a las víctimas y las comunidades afectadas. De los 108 países que han rubricado la convención desde que se abrió a la firma en diciembre de 2008, 56 países ya la han ratificado.

El empleo por parte de Libia de este armamento en Misrata es el segundo caso conocido del uso de municiones en racimo desde la entrada en vigor de la Convención sobre Municiones en Racimo, el 1 de agosto de 2010. A principios de este mes, el 6 de abril de 2011, la Coalición contra las Municiones en Racimo concluyó que Tailandia había empleado municiones en racimo en el territorio camboyano durante un conflicto fronterizo en febrero de 2001.