Un espacio industrial abierto en Yunnan habitado por varios centenares de refugiados de Kachin, se encuentra vacío durante el día cuando los refugiados salen a buscar trabajo, alimentos y medicinas.

© 2012 Human Rights Watch

(Bangkok) – Miles de refugiados de la etnia kachin provenientes de Birmaniase encuentran aislados en Yunnan, China, donde corren el riesgo de ser enviados nuevamente a una zona de conflicto y no reciben la ayuda humanitaria necesaria, Human Rights Watch señaló hoy en un nuevo informe. El gobierno chino debería actuar sin demora para brindar protección momentáneamente y permitir que las Naciones Unidas y los organismos humanitarios tengan acceso sin restricciones a los refugiados de Kachin que llegaron a Yunnan para escapar de los abusos de la guerra en Birmania, señaló Human Rights Watch.

“En general, el gobierno chino se ha mostrado tolerante y ha permitido que los refugiados de Kachin permanezcan en Yunnan, pero ahora debe cumplir con su obligación jurídica internacional de asegurar que los refugiados no sean enviados de regreso y que se atiendan sus necesidades básicas”, manifestó Sophie Richardson,directora para China de Human Rights Watch. “China no tiene un motivo legítimo para obligarlos a regresar Birmania ni para negarles alimentos o un lugar donde refugiarse”.

El informe de 68 páginas, “Isolated in Yunnan: Kachin Refugees from Birmania in China’s Yunnan Province” (“Aislados en Yunnan: refugiados de Kachin, Birmania, en la provincia china de Yunnan”),  señala que al menos entre 7,000 y 10,000 refugiados de la etnia kachin han huido de la guerra y los abusos de Birmania desde junio de 2011, para buscar refugio en el sudoeste de China. El informe se elaboró a partir de más de 100 entrevistas con refugiados, personas desplazadas de Birmania, víctimas de abusos, trabajadores de organizaciones humanitarias y otras personas.

Los refugiados de la etnia kachin en Yunnan manifestaron a Human Rights Watch que no cuentan con un alojamiento adecuado, y que carecen de alimentos, agua potable, servicios sanitarios y atención básica de la salud. La mayoría de los niños no tiene acceso a escuelas. Para asegurarse algún ingreso, los adultos procuran encontrar trabajo, y quedan expuestos a la explotación de los empleadores locales. Otros refugiados provenientes de Kachin han sido sometidos a análisis arbitrarios en puestos viales para detectar el consumo de drogas, multas injustificadas y detenciones prolongadas y abusivas por parte de las autoridades chinas; todo ello sin el debido proceso y sin supervisión judicial. Además, a algunos refugiados se les impidió el ingreso en la frontera, y varios funcionarios locales chinos, por orden de las autoridades centrales, forzaron a otros a regresar a las zonas de conflicto en Birmania.

En junio de 2011, comenzaron las hostilidades entre el ejército birmano y el Ejército para la Independencia de Kachin (Kachin Independence Army, KIA) en las proximidades de una represa hidroeléctrica administrada por China en el estado de Kachin, al norte de Birmania. Este enfrentamiento puso fin a un acuerdo de cese de hostilidades que se había mantenido durante 17 años y llevó al desplazamiento de aproximadamente 75,000 habitantes de Kachin. Los civiles desplazados huyeron hacia territorios birmanos controlados por el KIA o por el gobierno, y también hacia China.

Si bien, en general, el gobierno central chino y las autoridades provinciales de Yunnan permitieron que los refugiados de Kachin ingresaran en China y permanecieran en el país desde junio de 2011, Human Rights Watch documentó dos casos —que afectaron aproximadamente a 300 personas— en que las autoridades chinas ordenaron a los refugiados de Kachin que regresaran a Birmania. Hubo también casos en que las autoridades fronterizas chinas negaron el asilo a refugiados de Kachin, y los obligaron a retornar a la zona de conflicto.

Estos regresos forzados hicieron que los refugiados quedaran en una situación de riesgo grave, y causaron un temor generalizado entre los refugiados de Kachin que aún permanecen en Yunnan a ser obligados a volver a su país. Un joven de 25 años que se encontraba entre los refugiados de Yunnan dijo a Human Rights Watch: “Aquí no me siento seguro en absoluto, porque seguimos en la frontera y estamos demasiado cerca del lado de Birmania. Mientras continúan los enfrentamientos, no puedo dejar de preocuparme. Si los chinos no nos aceptan, ¿adónde iremos? ¿Dónde podremos vivir?”.

China es parte de la Convención sobre Refugiados de 1951 y de su Protocolo de 1967, así como de otros tratados internacionales de derechos humanos que brindan protección a refugiados y personas que buscan asilo. La Convención sobre Refugiados prohíbe que los refugiados sean devueltos “en modo alguno” a lugares donde “su vida o su libertad” peligre por causa de su “raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social, o de sus opiniones políticas”. La prohibición de expulsión y de devolución es el pilar de la protección de los refugiados y reviste carácter fundamental para las obligaciones jurídicas de China respecto de los refugiados.

“El gobierno chino no sólo tiene una obligación jurídica, sino que también tiene la plena capacidad de proteger temporalmente a los refugiados de Kachin y satisfacer sus necesidades básicas”, expresó Richardson.

Si bien las personas desplazadas de Kachin dentro de Birmania recibieron cierta asistencia de organismos locales e internacionales de ayuda, incluidos tres convoyes de la ONU entre marzo y junio de 2012, el gobierno chino no ha brindado ningún tipo de asistencia a los refugiados de Kachin en Yunnan, ni tampoco ha permitido que el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados ni otras de las principales organizaciones humanitarias tengan acceso a esta población. La única asistencia brindada provino de redes de ayuda privadas y locales de la población kachin que operan en Yunnan y en el estado de Kachin.

Si bien los refugiados expresaron su gratitud por la asistencia recibida, no ha sido suficiente para cubrir sus necesidades. Una mujer de la etnia kachin, de 51 años de edad, explicó las dificultades que tenía para alimentar a su familia: “Desde que llegamos [a China] sufrimos la falta de comida, por eso compartimos lo poco que teníamos”, relató a Human Rights Watch. “La guerra se prolongará por mucho tiempo, y esto genera una situación muy difícil para nosotros. Estamos lejos de la aldea y no tenemos alimentos. Es muy difícil vivir aquí”.

Algunos refugiados manifestaron haber regresado a la zona de conflicto en Birmania por no contar con apoyo humanitario adecuado en Yunnan. Una mujer de 33 años de la etnia kachin dijo que se sentió obligada a regresar a su hogar en el estado de Kachin ­—donde actualmente se libran intensos combates— debido a que, en Yunnan, no tenía alimentos para su familia: “El dinero que trajimos [a Yunnan] ya lo habíamos gastado, y estábamos en la casa de un familiar. No era bueno quedarnos demasiado tiempo. Todo era muy difícil, por eso tuvimos que volver a Birmania”.

Human Rights Watch señaló que los gobiernos involucrados deberían dar apoyo a las organizaciones locales que actualmente brindan ayuda a la población de refugiados, y deberían presionar de manera urgente a las autoridades chinas para que permitan el acceso sin trabas a los refugiados.

Los refugiados de Kachin en Yunnan han sido sometidos a análisis arbitrarios para la detección de drogas, lo cual, en algunos casos, hizo que fueran enviados a “centros de rehabilitación” abusivos. Todos los refugiados de sexo masculino entrevistados por Human Rights Watch fueron sometidos a pruebas aleatorias de detección de drogas por las autoridades locales; en algunos casos, en varias oportunidades. Esto fue mencionado como la segunda dificultad más grave que enfrentaron en Yunnan, después del problema que supone conseguir un lugar donde vivir. Tras someterlos a humillantes análisis de orina en puestos viales, a los refugiados que obtienen resultados positivos en las pruebas de detección de drogas ilegales se les concede la opción de pagar, en el momento, abultadas multas en efectivo que no pueden solventar, o de lo contrario deben cumplir una condena de dos años de prisión que comienza ese mismo día. Dos hombres de origen kachin entrevistados por Human Rights Watch fueron detenidos, obligados a realizarse análisis y condenados a dos años de prisión en un establecimiento abusivo supuestamente destinado a rehabilitar a las personas a través del trabajo. Durante la detención, fueron obligados a trabajar en tareas textiles y como cortadores de jade sin ninguna remuneración, y recibieron un trato cruel, inhumano y degradante.

“Muchos refugiados de Kachin ya han soportado abusos inadmisibles y han sufrido la guerra en Birmania, para luego comenzar una dura vida en Yunnan”, expresó Richardson. “Hasta tanto la población kachin pueda regresar sin riesgo a su hogar, el gobierno chino tiene la responsabilidad de garantizar su seguridad y bienestar”.

 

Selección de testimonios del informe “Isolated in Yunnan”
“Tras anunciar que los aldeanos debían retornar a Birmania, los soldados volvieron y se aseguraron que esas personas se habían ido. Respondimos que habían regresado... Ahora, todos han vuelto a Birmania. La mayoría volvió a las aldeas, y algunos regresaron a los campamentos [para personas desplazadas] de Birmania. Después de dos o tres días, los soldados volvieron para asegurarse de que los aldeanos estuvieran regresando a su país. Los aldeanos llegaron por primera vez el 12 de junio [de 2011], y los chinos nos permitieron ayudarlos hasta el 15 de junio. Ese día vinieron y dijeron que debían regresar a su país”.
– Jefe de una aldea china, provincia de Yunnan, China, agosto de 2011

“Cuando vamos a bañarnos al río, las autoridades chinas nos acosan siempre. [En el campamento] hay un pozo de agua, pero como hay mucha gente siempre está lleno, por esto tenemos que ir al río para poder bañarnos. Cuando vamos, las autoridades chinas siempre nos interceptan y nos hacen preguntas. Y cada vez que vamos, nos siguen. Vienen detrás de nosotros y nos gritan cosas. Eso hace que no nos sintamos muy seguros”.
– Refugiado kachin, 19 años, provincia de Yunnan, China, noviembre de 2011.

“Desde que tuvimos que huir, nuestra salud cambió. Ahora vivimos en grupo, uno junto al otro, y por eso las enfermedades se propagan rápidamente. Nunca antes tuve problemas de salud, pero ahora me siento siempre débil y cansado, y tengo algún problema estomacal. Tuve que ir al médico, pero no pude ir al hospital porque no tengo dinero... Si un niño se enferma, todos los demás también, y no tenemos ningún medicamento. Los niños sufren diarrea y resfríos continuamente”.
– Refugiado kachin, de oficio agricultor, provincia de Yunnan, China, noviembre de 2011.

“Me hicieron un análisis el 5 de agosto de 2011 en la calle, cerca de la frontera. Me preguntaron ‘¿De dónde es usted?’ y yo respondí que era de Birmania. Una de estas personas estaba vestida con uniforme policial, pero en total eran cerca de 10. Tenían un automóvil y una motocicleta. Me preguntaron si consumía drogas. Dije que no. Me hicieron orinar frente a ellos, en un pequeño recipiente, entonces agregaron algo dentro y dijeron: ‘Esto indica que usted consume drogas’. Luego dijeron: ‘Tiene que eliminar las drogas de su cuerpo. Lo enviaremos a prisión’. Y eso fue lo que hicieron”.
– Refugiado kachin, 21 años, provincia de Yunnan, China, noviembre de 2011.

“Tenemos problemas para atender las necesidades de los refugiados. Ya casi no tenemos dinero para comprar alimentos ni medicamentos... Hemos estado ayudándolos desde hace ya nueve meses con el apoyo de la comunidad kachin, algunas comunidades de Birmania y grupos religiosos. Durante los últimos nueve meses, recibimos muy pocos fondos de ONGI (organizaciones no gubernamentales internacionales). Ahora, las personas de la localidad tienen poco dinero para volver a brindarles ayuda”.
– Trabajador kachin de una organización humanitaria en la provincia de Yunnan, China, marzo de 2012.