Cuando llegué al refugio de Tijuana, las mujeres –alrededor de una docena en total— habían terminado de desayunar. Al igual que mucha gente en las ciudades fronterizas de México con Estados Unidos, habían sido deportadas de EE.UU. por no tener la documentación adecuada. Cuando les pregunté si tenían niños que vivían en EE.UU., la mayoría levantó la mano y empezó a llorar. Todas estas madres extrañaban a sus hijos, pero no podían regresar legalmente a sus familias en EE.UU. Repartí unos cuantos kleenex. En estos días, siempre llevo kleenex conmigo.
He aquí una historia para romperle el corazón: miles de niños afganos refugiados deambulan por Europa solos, sin padres, sin ayuda suficiente de los gobiernos europeos y en riesgo de la indigencia, la detención y la muerte.
“La finalidad del permiso de trabajo no es que puedas hacerte rico, sino que puedas subsistir”, dijo un ciudadano egipcio que escapó de su país y solicitó asilo en Estados Unidos luego de que un grupo extremista lo golpeara e intentara secuestrar a su esposa e hija. Tras huir de la persecución en su propio país de origen, las personas que piden asilo, como este hombre en Nueva Jersey, se enfrentan a una nueva modalidad de maltrato en Estados Unidos: el gobierno de ese país no les permite trabajar mientras se encuentra en curso un proceso de asilo que muchas veces resulta simplemente interminable.
Human Rights Watch documentó por primera vez la violencia sexual en los conflictos en el año 1993, cuando denunciamos a través de un informe que miembros de las fuerzas de seguridad de la India en Kashmir utilizaban la violación sexual para degradar a las mujeres y castigar a sus comunidades, acusadas de simpatizar con militantes separatistas. A partir de entonces, hemos investigado y documentado violaciones sexuales cometidas durante conflictos en la República Democrática del Congo, Colombia, Somalia, Irak, Sierra Leona, Kosovo, Costa de Marfil, Guinea y Haití.
El mes pasado, comenzó en la Ciudad de Guatemala el juicio contra el ex caudillo guatemalteco Efraín Ríos Montt por el delito de genocidio, en relación con la masacre de indígenas mayas durante su gobierno.
A primera vista, parecía que se trataba de una broma de mal gusto. En el día internacional de los derechos humanos, el Embajador de Estados Unidos en México, Anthony Wayne, publicó un artículo “celebrando” los avances de México en derechos humanos. “Estados Unidos reconoce al gobierno de México”, señaló en el diario El Universal, “por los esfuerzos que ha hecho para promover la protección de los derechos humanos”.