Otros son vulnerables a la deportación y viven en constante temor
7 de Agosto de 2014
La difícil situación de los palestinos es el elefante en la habitación del que nadie quiere hablar porque todo el mundo ya está bajo mucha presión para satisfacer las necesidades de los refugiados procedentes de Siria. Pero a ningún refugiado que huya de la violencia en Siria, ya sea sirio o palestino, se le debería denegar la entrada y forzarle a regresar contra su voluntad.
Nadim Houry, subdirector para Oriente Medio

(Ammán) – Jordania no permite la entrada en el país a refugiados palestinos que huyen de Siria y en otros casos, los deporta por la fuerza, lo que supone una clara violación de sus obligaciones internacionales, señaló Human Rights Watch en un informe publicado hoy. Jordania ha prohibido oficialmente la entrada a palestinos de Siria desde enero de 2013 y ha deportado por la fuerza a más de 100 que lograron entrar en el país desde mediados de 2012, entre ellos mujeres y niños.

El informe de 44 páginas, “Not Welcome: Jordan’s Treatment of Palestinians Escaping Syria” (“No son bienvenidos: El trato de Jordania a los palestinos que huyen de Siria”), está basado en entrevistas con más de 30 personas afectadas por la política de no admisión. Human Rights Watch también documentó cómo Jordania le ha retirado la ciudadanía jordana a algunos palestinos que llevaban muchos años viviendo en Siria y que han sido detenidos o deportados a Siria sin documentos de identidad. La inflexibilidad en el trato por parte de Jordania hacia los palestinos que huyen de Siria contrasta con su forma de recibir a los ciudadanos sirios, 607.000 de los cuales han sido aceptados en el país desde que comenzara el conflicto sirio. Antes de que estallara el levantamiento de marzo de 2011, Siria albergó al menos a 520.000 refugiados palestinos.

“La difícil situación de los palestinos es el elefante en la habitación del que nadie quiere hablar porque todo el mundo ya está bajo mucha presión para satisfacer las necesidades de los refugiados procedentes de Siria”, dijo Nadim Houry, subdirector para Oriente Medio. “Pero a ningún refugiado que huya de la violencia en Siria, ya sea sirio o palestino, se le debería denegar la entrada y forzarle a regresar contra su voluntad”.

La mayor parte de los países vecinos de Siria también ha impuesto restricciones a la entrada de  palestinos provenientes de Siria, dejando a miles de ellos estancados y en grave peligro. El gobierno jordano debería revocar urgentemente su bloqueo a la entrada de refugiados palestinos y acabar con sus deportaciones, recomendó Human Rights Watch.

Desde mediados de 2012, las fuerzas de seguridad jordanas han denegado la entrada de palestinos que buscan entrar a Jordania desde las fronteras con Siria y, en enero de 2013, el gobierno anunció su política oficial de no admisión. Las fuerzas de seguridad también detienen y deportan a los palestinos que entran por rutas fronterizas no oficiales utilizando documentos de identidad sirios falsificados, o que entran ilegalmente mediante la ayuda de redes de contrabando. Oficialmente, Jordania permite la entrada de los palestinos de Siria que adoptaron la nacionalidad jordana, pero en la práctica ha rechazado a aquellos cuya documentación jordana había expirado. En algunos casos, llegaron a despojarles arbitrariamente de su ciudadanía jordana y a continuación los devolvieron por la fuerza a Siria.

Desde principios de 2013, los servicios de seguridad jordanos han detenido y devuelto  por la fuerza a Siria a más de 100 palestinos, según el Syria Needs Analysis Project (SNAP), una organización no gubernamental dedicada al monitoreo. En su Informe Anual de Respuesta a la Crisis Siria de febrero de 2013, la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA) dijo que había documentado numerosos casos de palestinos que habían sido devueltos a Siria desde Jordania, entre ellos mujeres y niños.

Human Rights Watch documentó la deportación forzosa por parte de Jordania de siete palestinos de Siria en 2013 y 2014, y el traslado de otros cuatro a Cyber City, un centro de detención para refugiados palestinos y sirios en el norte de Jordania. En los casos de deportación, las autoridades jordanas expulsaron y separaron a hombres palestinos de sus familias, en algunos casos, dejando a las familias sin su principal fuente de ingresos.

Sana, una anciana palestina, describió cómo las autoridades jordanas deportaron apresuradamente a su yerno Mohammed y su hermano a finales de 2013, después de que Mohammed fuera descubierto trabajando de manera ilegal, vendiendo verduras en un carrito en Irbid. Ella dijo que los dos hermanos habían llegado a Jordania con sus esposas sirias, utilizando libros de familia sirios falsificados, y que se habían registrado con el ACNUR, la agencia de refugiados de la ONU, bajo nombres falsos.

Sana, ciudadana jordana, acudió a la comisaría de policía después de enterarse del arresto de su yerno dos días después.  “Me dijeron que volviera al día siguiente”, dijo. “Me dijeron que encontrarían una solución para nosotros. Mohammed me llamó una hora más tarde desde Siria”.

Las deportaciones violan la obligación internacional de Jordania de no devolución, la prohibición establecida en el derecho internacional de devolver a refugiados y solicitantes de asilo a lugares donde su vida o libertad corran peligro, o de devolver a una persona que corre el riesgo de ser torturada.

Fayez Tarawneh, Jefe de la Corte Real y ex primer ministro, defendió la política de no admisión en una reunión con Human Rights Watch en mayo de 2013, argumentando que un gran influjo de palestinos desde Siria alteraría el equilibrio demográfico del reino y causaría inestabilidad. Se estima que al menos la mitad de la población de Jordania es de origen palestino. Tarawneh dijo que, si se les permitía refugiarse en Jordania, dudaba que Jordania pudiera legalmente deportar a los palestinos –un grupo sin estado— a Siria una vez que el conflicto terminara.

A pesar de la política de no admisión de Jordania, hasta julio de 2014, más de 14.000 palestinos de Siria habían buscado el apoyo de UNRWA en Jordania, desde que comenzara el conflicto sirio. Sólo 1.300 de ellos habían entrado en Jordania legalmente antes de que las autoridades comenzaran las expulsiones de palestinos en la frontera. La mayoría provenía de campos de refugiados palestinos y pueblos del sur de Siria o del campo de refugiados palestinos de Yarmuk, en los suburbios del sur de Damasco, áreas que han sido el escenario de intensos combates.

Como resultado de la política del gobierno jordano, muchos palestinos de Siria carecen de documentos de residencia adecuados en Jordania, lo que los hace vulnerables a la explotación, el arresto y la deportación. Indocumentados palestinos de Siria no se atreven a acudir al gobierno de Jordania en busca de protección o reparación contra la explotación y otros abusos. No pueden vivir legalmente en los campos oficiales de refugiados establecidos para los sirios, pero tampoco pueden trabajar legalmente para ganar dinero y alquilar una vivienda fuera de los campamentos.

Los países donantes y las organizaciones locales e internacionales de ayuda no han abordado adecuadamente las preocupaciones humanitarias a las que se enfrentan los palestinos, y pocos prestan algún tipo de ayuda humanitaria. La sección sobre Jordania del Plan de Respuesta Regional de Siria 2014 excluye a los palestinos. El Equipo de Trabajo Interinstitucional (IATF, por sus siglas en inglés), el mecanismo de coordinación local para las organizaciones de cooperación centradas en la respuesta a los refugiados de Siria en Jordania presidida por el ACNUR, no aborda temas relativos a los palestinos de Siria.

Los donantes internacionales y las organizaciones de cooperación deberían colaborar para asegurarse de que los palestinos de Siria reciban ayuda humanitaria, apoyo y protección al mismo nivel que los ciudadanos sirios en Jordania, dijo Human Rights Watch.

Los donantes internacionales también deberían reforzar la asistencia a Jordania y las agencias humanitarias que trabajan en la crisis de Siria. La oficina del ACNUR en Jordania, que coordina la respuesta a los refugiados, ha recaudado sólo el 36 por ciento del billón de dólares que era su meta presupuestaria para 2014. El déficit de financiación del ACNUR en Líbano es aún mayor, con un 71 por ciento de su presupuesto de 2014 aún sin financiación.

Con excepción de Turquía, todos los vecinos de Siria han impuesto restricciones onerosas sobre la entrada de los palestinos que huyen de Siria. Todos los países vecinos deberían respetar los derechos de los refugiados palestinos a buscar seguridad y asilo fuera de Siria mientras sigan enfrentándose allí a la inseguridad y la persecución.

Países fuera de la región deberían prestar asistencia financiera a los países que aceptan refugiados palestinos procedentes de Siria y deberían considerar aceptar refugiados palestinos vulnerables para un re-asentamiento humanitario temporal. Los refugiados palestinos no deberían tener que renunciar a su derecho a retornar luego de aceptar una oferta de re-asentamiento temporal en un tercer país.

“Jordania y Líbano no deberían ser los únicos países que tengan que afrontar la crisis de refugiados de Siria sin el apoyo adecuado”, señaló Houry. “Los donantes internacionales deberían aumentar la ayuda a todos los países que albergan refugiados sirios y animarles a eliminar las restricciones de entrada a los palestinos”.