Egipto debería utilizar las operaciones de seguridad en el Sinaí para eliminar la trata de personas
11 de Febrero de 2014

Los funcionarios egipcios han negado durante años los abusos aberrantes contra refugiados que se producen ante sus narices en el Sinaí. Es necesario que tanto Egipto como Sudán pongan fin a la tortura y la extorsión de ciudadanos eritreos en su territorio, y que juzguen a quienes participan en la trata y a los agentes de seguridad que actúan en complicidad con ellos.  

Gerry Simpson, investigador sénior del programa de refugiados

(Berlín) – Numerosos refugiados, la mayoría de ellos provenientes de Eritrea, han sido secuestrados, torturados y asesinados por miembros de redes de trata en el este de Sudán y en la península del Sinaí, en Egipto, según decenas de entrevistados, señaló Human Rights Watch en un informe divulgado hoy. Egipto y Sudán no han identificado ni juzgado adecuadamente a quienes participan en la trata de personas ni a los agentes de seguridad que pueden haber actuado en complicidad con ellos, y de este modo ambos países han incumplido su obligación de prevenir la tortura.

El informe de 79 páginas, “‘I Wanted to Lie Down and Die:’ Trafficking and Torture of Eritreans in Sudan and Egypt” (“‘Quería recostarme y morir’: Trata y tortura de ciudadanos eritreos en Sudán y Egipto”), documenta evidencias de que, desde 2010, miembros de organizaciones de trata egipcios han torturado a eritreos para obtener un rescate por ellos en la península del Sinaí, y han incluso violado sexualmente, quemado y mutilando a sus víctimas. También documenta las torturas infligidas por quienes trafican con personas en el este de Sudán y 29 incidentes en los cuales, las victimas dijeron a Human Rights Watch que, agentes de seguridad sudaneses y egipcios facilitaron que los traficantes cometieran abusos, en lugar de arrestarlos y rescatar a sus víctimas. Los funcionarios egipcios niegan los abusos de las redes de traficantes de personas en el Sinaí, lo que permite que el lugar se convierta en un lugar seguro para quienes participan en la trata de personas.

“Los funcionarios egipcios han negado durante años los abusos aberrantes contra refugiados que se producen ante sus narices en el Sinaí”, expresó Gerry Simpson, investigador sénior del programa de refugiados de Human Rights Watch y autor del informe. “Es necesario que tanto Egipto como Sudán pongan fin a la tortura y la extorsión de ciudadanos eritreos en su territorio, y que juzguen a quienes participan en la trata y a los agentes de seguridad que actúan en complicidad con ellos”.

Desde junio de 2013, las autoridades egipcias han intensificado los operativos de seguridad en el Sinaí, en respuesta a los asesinatos y ataques contra policías y militares que, casi todas las semanas, cometen grupos que actúan en esa península. Los funcionarios de seguridad deberían procurar que sus operativos de seguridad pública incluyan la identificación y el juzgamiento de los responsables de la trata de personas, señaló Human Rights Watch.

El informe se elaboró a partir de 37 entrevistas con ciudadanos eritreos realizadas por Human Rights Watch y otras 22 efectuadas por una organización no gubernamental en Egipto. Las personas entrevistadas dijeron que habían sufrido abusos por semanas o incluso meses, ya sea cerca de la población de Kassala, al este de Sudán, o cerca de la localidad de Arish, en la región noreste del Sinaí, cerca de la frontera de Egipto con Israel. Human Rights Watch también entrevistó a dos miembros de una red de trata, uno de los cuales reconoció haber torturado a decenas de personas. El informe también se basa en entrevistas realizadas por otras organizaciones no gubernamentales fuera de Egipto que han entrevistado a cientos de víctimas de tortura, y en declaraciones emitidas por la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en referencia a cientos de entrevistas llevadas a cabo por esa organización a víctimas de este tipo de delitos.

Las víctimas contaron que fueron torturadas por traficantes egipcios para que sus familiares pagaran rescates de hasta USD 40.000. Todos los testigos entrevistados por Human Rights Watch dijeron que vieron o experimentaron abusos a manos de los agresores tales como, violaciones sexuales a hombres y mujeres, aplicaciones de descargas eléctricas, quemaduras en los genitales y otras partes del cuerpo con hierros calientes, agua hirviendo, plástico o caucho fundido y cigarrillos, los golpeaban con varillas o barras metálicas, los colgaban de los techos, los amenazaban con quitarles la vida y los sometían a privación del sueño por largos períodos. Siete de las víctimas relataron haber visto que otros murieron debido a las torturas.

Los familiares, que escuchaban a las víctimas gritar a través de sus teléfonos celulares dijeron que reunían y transferían las cuantiosas sumas de dinero que exigían los traficantes.

Desde 2004, más de 200.000 eritreos han huido de la represión y la indigencia en su país y se han trasladado a campamentos fronterizos remotos ubicados al este de Sudán y en Etiopía, tras conseguir eludir a los guardias fronterizos de Eritrea que tienen órdenes de tirar a matar a quienes abandonen el país sin permiso. No tienen perspectivas de trabajo en los campamentos ni en las proximidades y, hasta 2010, decenas de miles de ellos pagaban a contrabandistas para que los cruzaran por el Sinaí hasta Israel.

Para 2011, Israel había terminado de construir importantes tramos de una cerca de 240 kilómetros a lo largo de su frontera con el Sinaí destinada a evitar el ingreso de estas personas. Desde entonces, las redes de trata han continuado secuestrando eritreos en el este de Sudán y los venden a traficantes egipcios en el Sinaí. Todos los ciudadanos eritreos que entrevistó Human Rights Watch y que manifestaron haber llegado al Sinaí en 2012, indicaron que los traficantes de personas los llevaron de Sudán hacia Egipto en contra de su voluntad.

Human Rights Watch recibió nuevas versiones de trata de personas desde el este de Sudán hasta el Sinaí en fechas muy recientes, noviembre de 2013 y enero de 2014.

Ciudadanos eritreos contaron a Human Rights Watch que en la remota población de Kassala, próxima a los más antiguos campamentos de refugiados de África, fueron interceptados cerca de la frontera por policías sudaneses, detenidos de manera arbitraria y entregados a redes de trata, incluso en dependencias policiales.

Algunas de las víctimas también dijeron que habían visto cómo agentes de seguridad egipcios habían actuado en connivencia con traficantes en los puestos de control entre la frontera sudanesa y el canal de Suez de Egipto, en el canal, donde existe una fuerte presencia policial, o en retenes sobre el único puente vehicular que cruza el canal, en viviendas de traficantes, en puestos de control en poblaciones del Sinaí y cerca de la frontera israelí.

A pesar de que existe un conocimiento generalizado de la trata de personas en el Sinaí y de la gravedad de los abusos, altos funcionarios egipcios han negado en reiteradas oportunidades este fenómeno. Las pocas personas que reconocen posibles abusos manifiestan que no hay pruebas suficientes para investigar el problema.

En diciembre de 2013, según un abogado que representa a víctimas de trata, el fiscal general de Egipto había procesado a un cómplice de un traficante del Sinaí que vivía en El Cairo. De acuerdo con organizaciones internacionales que siguen los casos de trata de personas en Sudán, las autoridades de ese país habían juzgado 14 casos de trata de eritreos en el este de Sudán. Para fines de 2013, Sudán había procesado a cuatro policías, y Egipto no había juzgado a ninguno en relación con hechos de trata y torturas.

Al no investigar ni juzgar adecuadamente a las personas implicadas en la trata quienes cometen graves abusos contra sus víctimas ni tampoco la presunta complicidad con funcionarios de seguridad, Egipto y Sudán violan sus obligaciones jurídicas conforme a la Convención de las Naciones Unidas contra la Tortura, las normas internacionales de derechos humanos y, en el caso de Egipto, las leyes nacionales y normas internacionales contra la trata, señaló Human Rights Watch.

Egipto debería aprovechar su mayor presencia en materia seguridad en el Sinaí para capturar a quienes tratan con personas, en particular cerca de la población de Arish, y para investigar a los funcionarios de seguridad que actúan en complicidad con ellos en el canal de Suez y en el Sinaí. Sudán debería investigar la connivencia entre altos funcionarios policiales y redes de trata en Kassala y sus alrededores, incluso en dependencias de policía.

“Egipto y Sudán están dando a los agentes de seguridad presuntamente corruptos, un pase libre para que trabajen con miembros de organizaciones de trata”, señaló Simpson. “Ya es hora de que Egipto y Sudán dejen de hacer la vista gorda y tomen medidas significativas para poner fin a estos flagrantes abusos”.

Cuando los traficantes liberan a los ciudadanos eritreos cuyas familias han pagado rescate, la policía fronteriza egipcia suele interceptar a quienes fueron secuestrados, los deriva a fiscales militares y luego los mantiene detenidos durante meses en condiciones inhumanas y degradantes, en estaciones de policía en el Sinaí, narraron las víctimas. Las autoridades egipcias niegan a las víctimas de trata sus derechos reconocidos en la Ley contra la Trata de Personas adoptada por Egipto en 2010, que dispone que esas personas deberían recibir asistencia, protección e inmunidad procesal.

En lugar de eso, son acusadas de delitos migratorios y se les niega el derecho a recibir atención médica que necesitan con urgencia, así como a acceder al ACNUR, el organismo de las Naciones Unidas para los refugiados, que atiende las denuncias de refugiados en Egipto. Las autoridades egipcias han argumentado en reiteradas ocasiones que todos los eritreos interceptados en el Sinaí son inmigrantes ilegales, y no refugiados, con lo cual no toman en cuenta que, desde mediados de 2011, la mayoría de las víctimas de trata en el Sinaí fueron llevadas de Sudán a Egipto contra su voluntad.

Las autoridades egipcias solo liberan a los eritreos detenidos una vez que estos han reunido suficiente dinero para comprar un pasaje aéreo a Etiopía. Allí, el círculo se cierra para muchos de ellos, ya que vuelven a vivir en los campamentos de refugiados próximos a Eritrea, donde originalmente se inscribieron como refugiados.

Los donantes internacionales que envían fondos a Egipto, incluidos Estados Unidos y la Unión Europea y sus estados miembros, deberían presionar a las autoridades egipcias y sudanesas para que investiguen y juzguen a los miembros de redes de trata, e investiguen asimismo cualquier complicidad entre agentes de seguridad y estos delincuentes.

“Es demasiado tarde para las víctimas de trata que han sido torturadas, y que han vivido un infierno en el Sinaí”, manifestó Simpson. “Sin embargo, la comunidad internacional puede intentar impedir que cientos de otros eritreos caigan en manos de traficantes abusivos, e insistir, al mismo tiempo, en que los delitos del pasado no queden impunes”.

A continuación párrafos detallados de cuatro entrevistas realizadas por Human Rights Watch con ciudadanos eritreos, en las cuales describen abusos y la complicidad de autoridades de seguridad pública.
 

Selección de testimonios de ciudadanos eritreos entrevistados para el informe

“Me colgaron de los brazos y también boca abajo de los tobillos. Me golpearon y azotaron en la espalda y la cabeza con un látigo de plástico. Me golpearon las plantas de los pies con tubos de goma. Ponían agua en mis heridas y luego las golpeaban. A veces, me aplicaban descargas eléctricas, me quemaban con hierros calientes y dejaban caer gotas de caucho y plástico fundidos sobre mi espalda y mis brazos. Amenazaban con cortarme los dedos con tijeras. En algunas ocasiones, entraban a la habitación, se llevaban a las mujeres y después las oía gritar. Volvían llorando. Durante esos ocho meses, vi a otras seis personas que murieron a causa de estas torturas”.

Entrevista de Human Rights Watch con un joven eritreo de 17 años que fue secuestrado en la región este de Sudán en agosto de 2011 y entregado a redes de trata en el Sinaí, que lo sometieron a abusos durante ocho meses, hasta que sus familiares pagaron USD 13.000.
 

“Me golpeaban con una vara de metal. Dejaban caer gotas de plástico fundido en mi espalda. Me golpeaban en las plantas de los pies y me obligaban a estar de pie mucho tiempo, a veces, hasta por varios días. En ocasiones, amenazaban con matarme y me apuntaban con un arma en la cabeza. Me colgaban del techo de forma tal que las piernas no llegaran al suelo y me aplicaban descargas eléctricas. Una persona murió después de que la colgaron del techo durante 24 horas. Nosotros pudimos ver cuando murió”.

Entrevista de Human Rights Watch con un hombre eritreo de 23 años que fue secuestrado por una red de trata cerca del campamento para refugiados de Shagarab, en Sudán, en marzo de 2012, y entregado a traficantes egipcios en el sur de Egipto, quienes lo llevaron al Sinaí, y allí lo retuvieron seis semanas con otros 24 hombres y 8 mujeres.
 

“Llegué a Kassala [al este de Sudán]. La policía me detuvo y me llevó a una dependencia policial. Me preguntaron si tenía familiares en el extranjero y les dije que no. A la mañana siguiente, los policías abrieron la puerta y había dos hombres parados junto a ellos, que me miraban. Hablo un poco de árabe, por lo que pude entender algo de lo que decían. Uno de los hombres preguntó a uno de los policías: ‘Estos hombres, ¿tienen familias que puedan pagarnos?’ y él les contestó que sí. Al día siguiente, la policía nos llevó hasta un automóvil aparcado fuera de la estación de policía. Allí estaban los dos hombres del día anterior. El policía me indicó que subiera al automóvil y los hombres me llevaron al desierto, a casi una hora de allí”.

Entrevista de Human Rights Watch con un hombre eritreo de 28 años, que contó que la policía sudanesa lo entregó a redes de trata en noviembre de 2011. Fue entregado a traficantes en Egipto, a manos de quienes sufrió graves abusos.
 

“En el canal de Suez, el conductor nos dijo que bajáramos del ómnibus y que esperáramos en una vivienda, a aproximadamente a 150 metros de la orilla del agua. Justo cuando comenzó a anochecer, llegaron policías egipcios—en uniformes azules—y un poco más tarde, una embarcación. Los contrabandistas subieron a 25 de nosotros a la embarcación, mientras los policías se quedaban de pie a unos 50 metros y miraban lo que sucedía. Cruzamos el canal. Del otro lado, había tres soldados que usaban uniformes color beige con pintas y tenían pistolas pequeñas, parados junto a algunos hombres que parecían beduinos. Mientras los soldados miraban, los beduinos nos cargaron en la parte trasera de dos camionetas civiles y nos indicaron que nos recostáramos y cubriéramos nuestros cuerpos con un plástico”.

Entrevista de Human Rights Watch con un hombre sudanés de 32 años acerca de la connivencia policial y militar con redes de trata en el canal de Suez. Fue detenido y sufrió graves abusos en el Sinaí, en abril de 2011.