(Beirut) – Muchos trabajadores domésticos se encuentran atrapados en condiciones laborales abusivas en Omán mientras su desesperación permanece oculta fuera de la vista pública, dijo Human Rights Watch en un informe publicado hoy. Las autoridades omaníes deberían tomar medidas inmediatas para reformar el restrictivo sistema inmigratorio que vincula a los trabajadores inmigrantes a sus empleados. Además, deberían proporcionar protecciones jurídicas a los trabajadores domésticos como las que reciben otros trabajadores, así como investigar todas las situaciones de posible trata de personas, trabajo forzoso y esclavitud.

Una trabajadora doméstica cuida de un niño que juega en el centro comercial Planeta Mágico, ubicado en el centro de la ciudad de Muscat en Omán.

© 2015 Rothna Begum/Human Rights Watch

El informe de 68 páginas, “‘I Was Sold’: Abuse and Exploitation of Migrant Domestic Workers in Oman” (“‘Me vendieron’: Abuso y explotación de trabajadores domésticos en Omán”), documenta cómo el sistema de patrocinio (kafala) de trabajadores inmigrantes y la ausencia de protecciones en la legislación laboral exponen a los trabajadores del hogar inmigrantes al abuso y a la explotación por parte de los empleadores, cuyo consentimiento es necesario para que puedan cambiar de trabajo. Aquellos que logran huir de los abusos – entre ellos, violencia física, abuso sexual, impago de sueldos y excesivas horas de trabajo – cuentan con escasas vías para recibir algún tipo de reparación y pueden incluso afrontar sanciones legales por “fugarse”. Las familias recurren a los trabajadores del hogar migrantes para cuidar de sus hijos, cocinar y limpiar sus casas. Sin embargo, muchos trabajadores domésticos inmigrantes, que dependen de sus sueldos para mantener a sus propias familias e hijos, sufren condiciones laborales crueles y explotadoras.

“Los trabajadores domésticos inmigrantes en Omán están atados a sus empleadores y son abandonados a su merced”, dijo Rothna Begum, investigadora sobre derechos de la mujer en Oriente Medio de Human Rights Watch. “Los empleadores pueden obligar a los trabajadores domésticos a trabajar sin descanso, sueldo o comida, a sabiendas de que pueden ser castigados si huyen, mientras que los empleadores rara vez son sancionados por abuso”.

En el sultanato deben de trabajar al menos 130.000 empleadas del hogar y posiblemente muchas más. La mayoría proviene de Filipinas, Indonesia, India, Bangladesh, Sri Lanka, Nepal y Etiopía.

Human Rights Watch entrevistó a 59 trabajadores domésticos inmigrantes en Omán. En algunos casos, describieron abusos que equivalían a trabajo forzoso o trata de personas, a menudo a través de la porosa frontera de Omán con Emiratos Árabes Unidos (EAU). Los empleadores normalmente pagan tasas a las agencias de reclutamiento para contratar los servicios de trabajadores domésticos, y varios trabajadores dijeron que sus empleadores les habían dicho que los habían “comprado”. Algunos empleadores exigen que los trabajadores les reembolsen por las cuotas de reclutamiento a cambio de su “libertad”.

Los trabajadores domésticos inmigrantes en Omán están atados a sus empleadores y son abandonados a su merced. Los empleadores pueden obligar a los trabajadores domésticos a trabajar sin descanso, sueldo o comida, a sabiendas de que pueden ser castigados si huyen, mientras que los empleadores rara vez son sancionados por abuso.

Rothna Begum

Investigadora sobre derechos de la mujer en Oriente Medio

“Asma K.”, de Bangladesh, dijo que fue a EAU para trabajar allí pero que su agente de reclutamiento la “vendió” a un hombre que confiscó su pasaporte y se la llevó a Omán. Allí la obligó a trabajar 21 horas al día para una familia de 15 miembros sin descanso ni días libres; también la privó de comer, la agredió verbal y sexualmente y no le pagó nada.

“Empezaba a trabajar a las 4.30 de la mañana y terminaba a la 1 de la madrugada”, dijo. “No me dejaban sentarme en todo el día. Cuando dije que quería marcharme me dijo: ‘te compré por 1.560 riales (US$4.052) en Dubái. Devuélveme el dinero y entonces podrás irte”.

La mayoría de los trabajadores aseguró que sus empleadores les confiscaron el pasaporte. Muchos dijeron que sus empleadores no les pagaban sus salarios completos, les obligaban a trabajar jornadas excesivamente largas sin descansos ni días libres, o les denegaban comida y condiciones de vida adecuadas. Algunos incluso denunciaron haber sufrido abusos físicos a manos de sus empleadores y unos cuantos describieron situaciones de abuso sexual.

La situación es tan grave que algunos países, como Indonesia, han prohibido a sus ciudadanos emigrar a Omán y otros países con antecedentes comparables. Sin embargo, estas prohibiciones no son eficaces y pueden poner a las mujeres en mayor riesgo de ser víctimas de trata o trabajo forzoso, a medida que los reclutadores y ellas mismas tratan de eludir las restricciones. A pesar de que algunos países han aumentado las protecciones para sus ciudadanos que trabajan en el extranjero, otros no protegen de manera integral a sus trabajadores contra prácticas de reclutamiento engañosas ni proporcionan asistencia adecuada a los ciudadanos que han sufrido abusos en el extranjero.

El restrictivo sistema de kafala en Omán, también utilizado en países vecinos del Golfo, vincula los visados de los trabajadores domésticos a sus empleadores. De este modo, no pueden trabajar para un nuevo empleador sin el consentimiento del actual, incluso si han completado su contrato o el empleador es abusivo. En 2011, Omán aseguró a los miembros del Consejo de Derechos Humanos de la ONU que estaba “investigando una alternativa al sistema de patrocinio (de visados)”, pero Human Rights Watch no tiene constancia de que se haya presentado ninguna propuesta concreta desde entonces.

El derecho laboral de Omán excluye explícitamente a los trabajadores domésticos, y las regulaciones emitidas en 2004 sobre trabajadores del hogar proveen sólo protecciones básicas. En abril de 2016, el diario Times of Oman citó a un funcionario del Ministerio de Trabajo asegurando que Omán considera incluir a los trabajadores domésticos en sus leyes laborales. El gobierno del país no respondió a las solicitudes de información de Human Rights Watch sobre reformas legislativas u otras medidas para proteger los derechos de los trabajadores domésticos.

Los trabajadores domésticos que dijeron haber escapado de situaciones abusivas tienen pocas alternativas. Algunos dijeron que pidieron ayuda a los agentes de reclutamiento pero que éstos los encerraron en sus oficinas, los golpearon y los obligaron a trabajar para otras familias. Algunos de los trabajadores que recurrieron a la policía en busca de asistencia dijeron que, de entrada, los agentes ignoraron sus denuncias y que luego los devolvieron a los empleadores o agencias de reclutamiento. En algunos casos, los trabajadores aseguraron que los empleadores los golpearon después de que la policía se los devolviera.

Los trabajadores domésticos que abandonan las casas de sus empleadores también se arriesgan a que éstos los denuncien como “fugados”, una infracción administrativa que puede resultar en la deportación y una prohibición de empleo futuro, o incluso en una denuncia penal.

Varios abogados de Omán y representantes de los países de origen aseguraron que no tienen confianza en el procedimiento de resolución de disputas laborales de Omán ni en sus tribunales para obtener algún tipo de reparación para los trabajadores domésticos. Algunos funcionarios de la embajada disuaden a los trabajadores domésticos de explorar esas vías porque el proceso es largo y tiene pocas posibilidades de resultar exitoso, y porque durante el proceso no pueden trabajar. Muchos trabajadores vuelven a su país de origen sin haber sido pagados ni haber recibido justicia.

El 30 de junio, el gobierno de Estados Unidos rebajó la calificación de Omán a la “Lista de Vigilancia de Nivel 2” en su informe anual sobre Trata de Personas. El gobierno de Omán “no demostró evidencias de un aumento generalizado en sus esfuerzos por abordar la trata de personas durante el período anterior de evaluación”, señalaba el informe. En concreto, hubo una disminución en el número de procesamientos por trata, con sólo cinco enjuiciamientos por tráfico sexual en 2015, ninguno por trabajo forzoso y ninguna condena.

Omán debería reformar su legislación laboral para garantizar la igualdad de protección a los trabajadores domésticos, y revisar el sistema de kafala  para proteger de manera integral y efectiva a los trabajadores domésticos inmigrantes de acuerdo con las normas internacionales. Además, debería ratificar el Convenio de Trabajadores Domésticos de la OIT y asegurar la armonización de su legislación con sus disposiciones. También debería cooperar con los países de origen para prevenir el abuso y la explotación de los trabajadores domésticos, investigar a fondo las denuncias de abusos y procesar a los responsables.

“La policía omaní y otras autoridades deberían proteger a los trabajadores domésticos y procesar a sus abusadores, en lugar de castigar a los trabajadores por huir”, señaló Begum. “Omán necesita revisar su legislación y el sistema de kafala  para que sus trabajadores domésticos reciban las protecciones que necesitan”.

Algunos testimonios de este informe:
“Mamata B.”, una trabajadora doméstica, dijo que en abril de 2015 denunció a la policía que su empleador la había golpeado y que no le había pagado durante dos meses. A pesar de suplicar que no la llevaran de vuelta, la policía llamó a su empleador, que la golpeó “sin piedad” y luego la encerró en una habitación durante ocho días con sólo unos dátiles y agua como sustento. Mamata huyó de nuevo, pero no volvió a la policía.

“Aditya F.”, una trabajadora doméstica de 30 años de Java Occidental, Indonesia, huyó de la casa de su empleador después de haber sufrido abusos físicos y verbales, y de que éste la hubiera denunciado por “fugarse”. La policía detuvo a Aditya y la devolvió a su empleador, que la golpeó y le rompió los dientes.