El ministro de Exteriores, Josep Borrell, inaugurará el próximo 28 de mayo en Palma de Mallorca una conferencia internacional sobre la protección de las escuelas durante guerras y conflictos. La ocasión me hace pensar en dos escuelas situadas en los extremos opuestos de Europa que, pese a compartir un destino común, están separadas por casi 80 años: la Escola del Mar de Barcelona y la Escuela Número 3 de Krasnohorivka, en Ucrania.

Escuela Número 3 de Krasnohorivka, en Ucrania.

© Bede Sheppard, Human Rights Watch

La Escuela Número 3 se encuentra en el este de Ucrania, casi en la línea de combate que separa el territorio controlado por el Gobierno y las zonas controladas por grupos armados respaldados por Rusia. En noviembre del 2015, su administradora, Tatiana Petrovna, me enseñó los daños que la guerra civil había causado en la escuela. Las paredes y los pasillos de las aulas estaban salpicados de los restos de las armas de fragmentación. En el techo había un enorme agujero abierto al vacío.

Petrovna me dijo que la mañana del 3 de junio del 2015, un día después del fin del periodo escolar, desde el territorio no gubernamental abrieron fuego de artillería pesada, que continuó durante 13 horas. Hubo 12 impactos directos contra la escuela y el resto del recinto escolar quedó marcado con cráteres.

Durante el conflicto en el este de Ucrania, ambas partes enfrentadas han usado las escuelas como bases militares. Pero los residentes locales me dijeron que ese día no había soldados en la escuela. Había un punto de control militar a unos 700 metros que podría haber sido un blanco, pero el patrón del bombardeo sugiere que incluso si ese hubiera sido un objetivo, los rebeldes también apuntaban a la escuela. Si así fuera, podría tratarse de un crimen de guerra.

“Si hay 12 proyectiles cayendo uno tras otro, claramente el ataque no está relacionado con el punto de control, o es un caso de pésima puntería”, señaló Petrovna.

La Escola del Mar estaba ubicada cerca de la playa de la Barceloneta. El edificio de madera se inauguró en 1922 para que los niños pudieran beneficiarse de las propiedades saludables del aire marino. Y tenía una filosofía distinta, enfocada en educar a los niños para que se convirtieran en ciudadanos comprometidos con un mundo mejor y con el servicio a la sociedad.

En la tarde del 7 de enero de 1938, las fuerzas aéreas italianas lanzaron una bomba que destruyó la escuela. Ese avión había despegado en Mallorca.

Lamentablemente, los ataques contra escuelas todavía son frecuentes. Desde el 2013 se ha registrado un patrón de ataques contra la educación en al menos 34 países. En al menos 30 países, las escuelas han sido utilizadas con fines militares, convertidas en bases militares o cuarteles, o se han utilizado para almacenar armas o municiones.

Los representantes gubernamentales que se reunirán en Mallorca dan apoyo a un acuerdo político conocido como la Declaración de Escuelas Seguras, redactado bajo el liderazgo de Noruega y Argentina en el 2015. Hasta la fecha, 87 países se han sumado, y se espera que la conferencia anime a muchos más a ratificarlo. La declaración contiene medidas de sentido común que los países pueden adoptar para reducir las probabilidades de que las escuelas sean atacadas y para mitigar las consecuencias si se producen dichos ataques. Incluyen el compromiso de investigar todos estos ataques y enjuiciar a sus responsables, así como la incorporación de medidas en las políticas y entrenamientos militares para desalentar el uso de las escuelas con fines militares y asegurar que la educación continúe para todos los niños, incluso durante la guerra.

El día después del ataque contra la Escuela Número 3, estudiantes y padres se presentaron en la escuela con palas y cubos, listos para comenzar a limpiar. Después de que la Escola del Mar fuera destruida, estudiantes y profesores se mudaron a unas instalaciones temporales en Montjuïc, y luego, en 1948 a un tercer lugar, donde la escuela ha continuado su misión hasta hoy.

Me enteré del bombardeo de la Escola del Mar en una exposición reciente en el Centre de Cultura i Memòria del Born de Barcelona, donde una pieza de madera carbonizada del marco de la escuela destruida era parte de una muestra que documentaba cómo la Guerra Civil afectó a los niños. Si los gobiernos que han ratificado la Declaración de Escuelas Seguras logran su cometido, así es exactamente cómo deberían tratarse todos los ataques contra escuelas: como algo que forma parte de la historia.