Este trabajador migrante de Uzbekistan fue despojado de dos meses de salario por su empleador. El obrero trabajó en la construcción de un nuevo centro comercial en Sochi.

© 2012 Brent Stirton/Reportage by Getty Images for Human Rights Watch

(Lausana, 6 de febrero de 2013) – Los trabajadores migrantes que construyen las sedes y la infraestructura para los Juegos Olímpicos de Invierno de 2014 en Sochi, Rusia, han sido engañados y explotados, señaló Human Rights Watch en un informe publicado hoy. Cuando queda exactamente un año para la celebración de los Juegos Olímpicos de Invierno, Rusia y el Comité Olímpico Internacional (COI) deben darle máxima prioridad al seguimiento riguroso del respeto por los derechos de los trabajadores en las obras para los Juegos, con el fin de prevenir nuevos abusos.

En el informe de 67 páginas, “Race to the Bottom: Exploitation of Migrant Workers Ahead of Russia’s 2014 Winter Olympic Games in Sochi”(Carrera hasta el fondo: Explotación de trabajadores migrantes previo a los Juegos Olímpicos de Invierno de 2014 en Sochi, Rusia), se documenta la explotación de los trabajadores migrantes en las principales sedes olímpicas, como el Estadio Olímpico Central, la Ciudad Olímpica y el Centro Principal de Prensa. Los trabajadores dijeron a Human Rights Watch que algunos empleadores les quitaron los salarios mediante engaños, les exigieron trabajar jornadas de 12 horas con muy pocos días de descanso y les confiscaron los pasaportes y los permisos de trabajo, con la intención aparente de coaccionarles para que no dejaran sus trabajos en condiciones de explotación.

“Al igual que los atletas que competirán en los Juegos Olímpicos de Invierno de 2014, Rusia alberga grandes esperanzas y sueños sobre el éxito de su sede en Sochi”, dijo Jane Buchanan, subdirectora para Europa y Asia Central de Human Rights Watch y autora del informe. “Sin embargo, la explotación de trabajadores no constituye una victoria para nadie, y Rusia necesita urgentemente cambiar de rumbo”.

En preparación para los Juegos Olímpicos y Paraolímpicos de Invierno, que se celebrarán en febrero y marzo de 2014, Rusia ha transformado radicalmente la ciudad turística de Sochi, en la costa del mar Negro y cercana a las montañas del Cáucaso, mediante la construcción de centros deportivos de vanguardia, espléndidos hoteles y sistemas ultramodernos de transporte y telecomunicaciones. Los funcionarios rusos quieren que la zona se convierta en “un destino destacado para deportes de invierno”. El gran número de proyectos de construcción en Sochi ha requerido la afluencia de decenas de miles de trabajadores, entre ellos más de 16.000 trabajadores migrantes provenientes de regiones fuera de Rusia.

El informe de Human Rights Watch se basa en entrevistas con 66 trabajadores migrantes que laboran en las obras de construcción para los Juegos Olímpicos y de otro tipo en Sochi, desde 2009 hasta 2012. Estos trabajadores procedían de Armenia, Kirguistán, Tayikistán, Uzbekistán y Ucrania. Casi todos los trabajadores entrevistados por Human Rights Watch en Sochi trabajaban en empleos poco remunerados y poco cualificados, como trabajos esporádicos, carpintería, soldadura o instalación de estructuras de acero. Dijeron que percibían normalmente entre 55 y 80 rublos (US$1.80 a US$2.60) por hora.

Los trabajadores señalaron constantemente que los empleadores no les pagaron el salario completo y, en algunos casos, no les pagaron en absoluto. Un grupo de trabajadores empleados en el Centro Principal de Prensa, la sede central para los periodistas encargados de cubrir los Juegos Olímpicos, trabajó durante meses sin salario, con la esperanza de que les pagaran. Un trabajador de Uzbekistán, “Omurbek”, dijo que, en diciembre de 2011, un subcontratista de la obra le ofreció un trabajo con un salario mensual de US$770.

“Trabajé durante casi tres meses … para nada. Nada más que promesas, promesas de ellos”, dijo Omurbek a Human Rights Watch.

En una carta a Human Rights Watch, una empresa subcontratista del proyecto del Centro Principal de Prensa que, según los trabajadores, los había contratado, afirmó que sus trabajadores reciben puntualmente la totalidad de sus salarios.

Numerosos trabajadores de la obra del Estadio Central Olímpico y la Ciudad Olímpica entrevistados por Human Rights Watch dijeron que los empleadores retuvieron los salarios del primer mes. Los trabajadores no recibieron el primer pago hasta después de dos meses, y les dijeron que no recibirían el salario del primer mes hasta que el empleador decidiera que habían completado su tarea. Si dejaban el trabajo o los despedían, no recuperarían el salario del primer mes.

En respuesta a cartas emitidas por Human Rights Watch, el contratista general del Estadio Central, Engeocom, y el gerente del proyecto, Botta Management Group, negaron las acusaciones de los trabajadores.

Todos los trabajadores migrantes entrevistados por Human Rights Watch en Sochi señalaron que trabajaban muchas horas con muy pocos días de descanso. Las obras mantenían un sistema de turnos de 12 horas. La mayoría de los obreros dijeron que trabajaban de ocho de la mañana a ocho de la noche o de ocho de la noche a ocho de la mañana, con una descanso de una hora para comer y ponerse o quitarse el equipo de trabajo. Normalmente, pasaban largos períodos trabajando siete días a la semana y con un solo día de descanso cada dos semanas. La legislación rusa dispone una semana laboral de 40 horas, el pago de horas extraordinarias y al menos un día de descanso semanal.

Human Rights Watch también documentó abusos en un complejo hotelero que albergará a miles de periodistas que cubrirán los juegos olímpicos. Dos hombres que llevaban casi tres meses trabajando en las obras dijeron que vinieron a Sochi desde Ucrania en marzo de 2012 con otros 13 trabajadores. Les prometieron un salario de US$1.500 mensuales, además de alojamiento gratuito y comida. Los obreros no recibieron contratos de empleo. Trabajaron durante semanas sin días de descanso y no les pagaron los salarios prometidos.

El capataz del grupo, “Viktor”, dijo que continuaron trabajando porque su empleador les prometió reiteradamente que pagaría.

“Trabajemos hasta el día siguiente y veremos qué pasa”, dijo a Human Rights Watch. “Cada día, trabajamos hasta el día siguiente con la esperanza de que nos pagaran”. Después de más de dos meses de trabajo, cada uno de los trabajadores solo percibió alrededor de US$420, una fracción de lo que les habían prometido. Todos los trabajadores, salvo uno, regresaron a Ucrania en mayo de 2012.

La empresa para los que estos hombres dijeron que habían trabajado, MonArch, una empresa de construcción rusa, escribió a Human Rights Watch en diciembre de 2012 y señaló que tiene “reglas estrictas acerca de la contratación... de trabajadores”, y que estos trabajadores podrían haber sido contratados por uno de los subcontratistas de MonArch. MonArch negó toda responsabilidad por la actuación de sus subcontratistas.

“Los atletas, los periodistas y los que tengan entradas para asistir a los Juegos Olímpicos de Invierno de 2014 en Sochi presenciarán los eventos en modernas e icónicas sedes deportivas, centros de retransmisión y hoteles”, dijo Buchanan. “Sin embargo, muchos trabajadores migrantes han laborado en condiciones de explotación y abuso para construir estas resplandecientes fachadas y lujosos interiores”.

Aunque la mayoría de los trabajadores migrantes entrevistados por Human Rights Watch firmaron contratos de empleo, muchos no recibieron copia de ellos. En algunos casos, los trabajadores ni siquiera obtuvieron un contrato.

En varios casos documentados por Human Rights Watch, los empleadores tomaron represalias contra los trabajadores migrantes que se quejaron de los abusos denunciándolos a las autoridades, lo que provocó su expulsión de Rusia. Según Human Rights Watch, este tipo de casos subraya la situación vulnerable de los trabajadores migrantes en Rusia, especialmente los que no tienen contratos para demostrar su empleo.

Normalmente se ofrece alojamiento y vivienda a los trabajadores como parte de su remuneración. No obstante, Human Rights Watch observó que las viviendas estaban frecuentemente hacinadas, y las comidas eran insuficientes para el sostén de los trabajadores, teniendo en cuenta los largos horarios y la dureza del trabajo. Los investigadores de Human Rights Watch examinaron el alojamiento que se ofrece a los trabajadores y observaron, en algunos casos, que hasta 200 trabajadores vivían hacinados en un domicilio unifamiliar. Los trabajadores entrevistados describieron también condiciones similares de hacinamiento en los barracones.

Las autoridades rusas, como la empresa estatal Olympstroy, responsable de la ejecución de cientos de estructuras y proyectos de infraestructura relacionados con los Juegos Olímpicos, tienen la obligación de garantizar las protecciones laborales, de acuerdo con el derecho nacional e internacional. Olympstroy se ha comprometido públicamente a proteger los derechos de los trabajadores en las obras correspondientes al programa olímpico y exige a los contratistas participantes en su construcción que respeten la legislación laboral rusa. Olympstroy estableció un departamento interno que auxilia la inspección de trabajo regional para comprobar el respeto por los derechos de los trabajadores en las obras correspondientes al programa olímpico.

Las empresas privadas que participan en la gestión y la construcción de estas sedes también tienen la responsabilidad de garantizar que se respeten los derechos de los trabajadores, señaló Human Rights Watch. Deben emprender procesos de diligencia debida para detectar y prevenir problemas en materia de derechos humanos en relación tanto con sus propias prácticas como las de sus subcontratistas.

“Olympstroy ha realizado públicamente algunos compromisos importantes, pero los patrones de abuso en las obras de los Juegos Olímpicos sugieren claramente una falta de capacidad o de voluntad para adoptar todas las medidas necesarias para garantizar los derechos fundamentales de los trabajadores migrantes”, dijo Buchanan. “No estamos hablando de los problemas de un solo trabajador o de violaciones de determinado empleador. Estamos hablando de denuncias graves y constantes de trabajadores en varias de las principales sedes olímpicas”.

El COI, que coordina los Juegos Olímpicos, los considera una “fuerza para el bien” e incluye entre sus prioridades la promoción del ideal olímpico de la dignidad humana. Desde 2009, el COI ha asumido que su responsabilidad de proteger la dignidad human incluye un compromiso de intervenir a nivel del país donde se encuentre la sede del Comité Organizador de los Juegos Olímpicos si se producen abusos graves. Este compromiso conlleva intervenir para poner fin a los abusos contra trabajadores migrantes en las obras de construcción de emplazamientos olímpicos. Sin embargo, según Human Rights Watch, el COI no ha abordado exhaustivamente la protección de los derechos de los trabajadores en el caso de Sochi.

En vista de los problemas en materia de derechos humanos documentados y persistentes registrados en el contexto de los preparativos para los Juegos Olímpicos, Human Rights Watch insta al COI a que establezca un comité permanente sobre derechos humanos que colabore con los países anfitriones en el establecimiento, el seguimiento y la vigilancia de compromisos en materia de derechos humanos.

“Cuando el COI se reúna esta semana en Sochi, para celebrar que queda un año para los Juegos Olímpicos de 2014, tendrá la oportunidad de realizar una declaración firme acerca del respeto por la dignidad humana mediante un llamamiento a las autoridades rusas para que pongan fin a la explotación de trabajadores”, dijo Buchanan. “Los fundamentos de los Juegos Olímpicos son la excelencia y la inspiración. El mundo no debería seguir con entusiasmo unos Juegos Olímpicos de Invierno en Rusia que se construyen sobre cimientos de explotación y abuso”.