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EE. UU.: Los planes de emergencia contra el calor no contemplan a las mujeres embarazadas, ni la justicia racial

Ciudades y organismos federales deben ampliar las respuestas al cambio climático

(Washington D.C.) – Muchos de los planes establecidos por las autoridades locales, estatales y federales en Estados Unidos en respuesta a las temperaturas de calor extremas y al cambio climático no abordan la amenaza que el calor extremo representa para las mujeres embarazadas, en particular para aquellas de raza negras y morena cuyos ingresos son bajos, señalaron hoy Human Rights Watch y varios socios. Las autoridades deben promover la justicia racial y reproductiva y abocarse a resolver las claras disparidades raciales que existen en los resultados de salud.

“Consultamos más de 100 planes de adaptación al calor y al cambio climático y otros documentos relacionados, pero en estos solo encontramos unas pocas referencias al embarazo”, expresó Skye Wheeler, investigadora senior sobre derechos de la mujer de Human Rights Watch. “Las mujeres embarazadas, y en particular las personas negras y morenas, deben participar en el proceso por el cual se aborden los múltiples perjuicios que el aumento de las temperaturas provoca en la salud”.

A Better Balance, Black Women’s Health Imperative, Human Rights Watch, National Birth Equity Collaborative y National Latina Institute for Reproductive Justice-Florida divulgaron hoy la ficha informativa “El aumento de las temperaturas por la crisis del cambio climático es una cuestión de justicia reproductiva en Estados Unidos”. Reproductive Justice es un movimiento global creado por activistas de los derechos de la comunidad de mujeres negras en EE. UU. Su objetivo es asegurar el derecho humano a un acceso legal y equitativo a servicios de salud reproductiva integrales y de calidad, así como un entorno sano y seguro para todas las mujeres durante el embarazo y la crianza.


Human Rights Watch consultó 105 páginas web oficiales sobre seguridad climática, planes de acción sobre el clima, planes contra el calor, orientaciones sobre el calor, planes ante desastres e iniciativas de sostenibilidad de 18 grandes ciudades estadounidenses, incluidas las 15 con mayor población, con un total de 32 millones de personas. En agosto de 2020, apenas dos de estos documentos, correspondientes a Chicago y Filadelfia, se referían en forma expresa al peligro que el calor representa durante el embarazo. Desde que se llevó a cabo el estudio, Human Rights Watch comprobó que la Ciudad de Nueva York también ha incluido a este grupo en una lista de poblaciones vulnerables. Se identificaron 37 instancias en las que se hacía referencia a los riesgos que el calor representa para las mascotas.

Las enfermedades relacionadas con el calor incluyen desde erupciones cutáneas por el calor y calambres hasta agotamiento por calor e insolación, una emergencia médica que puede tener consecuencias fatales o provocar discapacidad permanente. Cada año, en Estados Unidos mueren más personas debido al calor que a cualquier otra causa vinculada con el clima, y la cantidad de enfermedades relacionadas con el calor está en aumento. El estrés por calor representa un riesgo para la salud durante el embarazo y la exposición de la salud fetal a altas temperaturas genera tasas más elevadas de nacimientos prematuros, así como otros resultados de salud adversos.

Debido al racismo sistémico, las mujeres negras y otras mujeres de color en EE. UU. enfrentan resultados en su salud y en los nacimientos mucho más graves que las mujeres blancas. Algunos estudios indicaron que las mujeres embarazadas negras podían ser particularmente vulnerables a la amenaza emergente del calor. Las mujeres de color y las mujeres de bajos ingresos también podían estar expuestas a más horas de calor peligroso, porque trabajan en condiciones de calor extremo (por ejemplo, cerca de un quinto de los trabajadores agrícolas estadounidenses son mujeres) o porque viven en partes de ciudades donde hay menos espacios verdes y temperaturas medias más altas.

El verano 2020 fue más caluroso de lo habitual, y se espera que esa tendencia continúe, aunque, en las últimas décadas, en algunas partes de EE. UU. el aumento del calor ha sido mayor que en otras. Las previsiones sobre aumentos extremos en el calor para fines de siglo solo podrán mitigarse si se adoptan acciones urgentes para reducir el carbono que se libera a la atmósfera. Independientemente de eso, está previsto que se produzca un aumento significativo de las temperaturas en gran parte de EE. UU. debido al mayor nivel de carbono que ya está presente como resultado de emisiones anteriores.

Los estudios urbanos que examinaron los riesgos locales asociados con eventos climáticos extremos como huracanes, inundaciones u olas de calor, así como los planes de acción locales contra el cambio climático, a menudo indicaban, acertadamente, que el impacto del cambio climático varía considerablemente según las personas y las comunidades. Muchos manifestaron que las personas mayores, las personas con condiciones preexistentes como enfermedades cardíacas y respiratorias, y los atletas, los niños y las niñas son especialmente vulnerables a enfermedades y al riesgo de muerte debido al calor extremo.

Algunos planes o advertencias se referían a las personas que trabajan al aire libre como un grupo en riesgo. No se ha establecido un estándar federal que proteja a los trabajadores y las trabajadoras estadounidenses del calor extremo, si bien hay leyes que protegen el acceso a los sistemas de refrigeración o al agua, a la sombra y al descanso al menos en algunos circunstancias en los estados de California, Minnesota y Washington. Un número creciente pero incompleto de estados ofrecen adecuaciones para las trabajadoras embarazadas, como los recesos adicionales para tomar agua. En septiembre de 2020, la Cámara de Representantes de EE. UU. aprobó un proyecto federal, la Ley de Equidad para las Trabajadoras Embarazadas (Pregnant Workers Fairness Act), que establecería protecciones explícitas a nivel nacional, aunque todavía sigue en trámite en el Senado.

Algunos de los planes sobre cambio climático o calor que se analizaron abordaban cómo las comunidades de bajos ingresos, las comunidades con menos acceso al aire acondicionado o las comunidades de color tienen más probabilidades de estar más seriamente afectadas por el calor u otras condiciones climáticas extremas. Salvo algunas excepciones, la mayoría no incluía recomendaciones para abordar las desigualdades raciales y el racismo como parte de la respuesta a la crisis climática. Académicos, activistas climáticos y funcionarios de salud pública han mencionado estas desigualdades y han afirmado que los planes locales que se establezcan para responder al cambio climático deberían prever el mayor grado de inclusión posible.

Un estudio de 2020 estimó que es posible que se hayan producido cerca de 12.000 muertes relacionadas con el calor por año durante la última década en el territorio continental estadounidense, y advirtió que esa cifra podría aumentar a 110.000 al año para 2100 si se mantenía la situación corriente de altas emisiones. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (Centers for Disease Control and Prevention, CDC) de EE. UU. no han publicado datos completos sobre muertes relacionadas con el calor en la última década; de 1999 a 2010 registraron cerca de 618 muertes relacionadas con el calor cada año. Sin embargo, debido a que, en general, la causa de fallecimiento que se registra es otro evento de salud, como un ataque cardíaco, esa cifra no llega a reflejar el número real.

Muchos estudios indican que la exposición al calor está asociada con los nacimientos prematuros, mientras que otros también relacionan dicha exposición con el bajo peso al nacer, los defectos de nacimiento y los mortinatos. En varios análisis de estudios se advierte que es necesario hacer más para dar respuesta a estos hallazgos, sobre todo ante las predicciones de mayor calor durante los días y las noches, así como sobre períodos de calor agudo. El nacimiento prematuro es una de las causas principales de muertes infantiles y está asociado con índices más elevados de problemas intelectuales y de salud física de por vida. Los nacimientos prematuros también pueden tener fuertes consecuencias económicas y emocionales para las familias.

Las tasas de nacimientos prematuros en EE. UU. crecieron por quinto año consecutivo en 2019. Los CDC sostienen que en los embarazos de mujeres negras ocurren nacimientos prematuros con un 50 % más de frecuencia que en los de mujeres blancas. El bajo peso al nacer también es el doble de habitual entre los bebés nacidos de mujeres negras, y la frecuencia de casos de mortinatos entre las mujeres negras supera en más del doble a la de las mujeres blancas. The March of Dimes, que trabaja para prevenir los nacimientos prematuros en EE. UU., ofrece un análisis  que indica que las mujeres hispanas o nativas estadounidenses tienen resultados de nacimiento peores que las mujeres blancas.

La Agencia de Protección Ambiental (Environmental Protection Agency, EPA) ha pedido en forma expresa que se incluya a los embarazos “al priorizar a los más vulnerables” ante el cambio climático. El gobierno estadounidense debe incrementar los fondos que destina a los esfuerzos para abordar el impacto del cambio climático para la salud humana. Las ciudades, los estados y las tribus de aborígenes estadounidenses también deben cerciorarse de que los programas que establezcan para prepararse ante las consecuencias del clima sobre la salud humana incluyan a la salud durante el embarazo y aborden la injusticia reproductiva debido al racismo y la pobreza.

Es fundamental que el Congreso de EE. UU. apruebe protecciones federales contra el calor para todos los trabajadores y las trabajadoras, por ejemplo, promulgando la Ley Asunción Valdivia de Prevención de Enfermedades y Muertes por el Calor (Asuncion Valdivia Heat Illness and Fatality Prevention Act), y el Senado debería aprobar la Ley de Equidad para las Trabajadoras Embarazadas, de modo que se reconozca a las trabajadoras embarazadas el derecho expreso a que se les provean adecuaciones, entre otras cosas, para prevenir enfermedades vinculadas con el calor durante el embarazo. Los estados deben cerciorarse de que las trabajadoras cuenten con protecciones para el embarazo en el lugar de trabajo y sepan sobre su existencia cuando esas medidas ya estén vigentes, incluidas las educativas.

“Los efectos del cambio climático y el calor extremo para las personas embarazadas son una cuestión de justicia racial, de género y económica y no pueden ignorarse”, expresó Sarah Brafman, consejera sobre políticas sénior y directora de la oficina en Washington D.C. de Better Balance. “Un paso clave que deben dar nuestros legisladores es aprobar la Ley de Equidad para las Trabajadoras Embarazadas, y asegurar que las mujeres embarazadas, sobre todo las mujeres de bajos ingresos y de color, que muy a menudo están expuestas a altos índices de calor extremo, puedan obtener adecuaciones para no tener que elegir entre cobrar un ingreso o preservar su salud, al seguir trabajando en entornos peligrosamente calurosos”.

Los efectos del cambio climático sobre la salud deben incluirse en la educación médica. Médicos, parteras y asistentes de parto tradicionales pueden brindar información sobre la importancia de que las personas embarazadas se hidraten y se mantengan frescas. Los médicos deben preguntar a las pacientes embarazadas qué trabajo realizan y cuán expuestas están al calor para, cuando corresponda, presentar cartas a los empleadores que ayuden a las trabajadoras a acceder a ajustes razonables en el lugar de trabajo.

Las ciudades y otras jurisdicciones de EE. UU. deben revisar sus planes y sus sitios web antes de la próxima temporada de calor para incluir al embarazo y abordar las necesidades especiales en las comunidades de color, señalaron Human Rights Watch y sus organizaciones socias.

“Las mujeres negras experimentan mayores índices de parto prematuro y resultados negativos de nacimiento, y esto menoscaba las posibilidades de que ellas y sus hijos tengan una vida sana”, expresó Kelly Davis, directora ejecutiva de National Birth Equity Collaborative. “Los efectos del cambio climático, incluido el calor, siguen representando un desafío para que las personas negras y otros grupos marginados o minoritarios puedan tener embarazos saludables y entornos de crianza que ofrezcan contención. El movimiento contra el cambio climático debe incluir medidas que aborden el racismo estructural y la opresión de género para favorecer la equidad en los nacimientos”.

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