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EE. UU.: Alabama pierde oportunidades para mejorar la salud de los jóvenes

La educación sexual integral y la vacunas contra el VPH pueden reducir las muertes evitables

(Washington D.C.) – Alabama no está adoptando políticas que mejoren los resultados de salud de su población joven, señaló Human Rights Watch a través de un informe presentado hoy. A pesar del efecto positivo que la vacunación de adolescentes y la educación sobre salud sexual pueden tener sobre los resultados de salud en Estados Unidos, las políticas estatales limitan el acceso a la información sobre salud sexual y reproductiva. A causa de esto, muchos jóvenes no están preparados para reducir la exposición a riesgos para la salud a lo largo de su vida.

El informe de 65 páginas, “‘It Wasn’t Really Safety, It Was Shame’: Young People, Sexual Health Education, and HPV in Alabama” [No se trataba de seguridad, sino de vergüenza: Jóvenes, educación de salud sexual y VPH en Alabama], documenta el fracaso del gobierno del estado de Alabama en brindar a los jóvenes información integral, inclusiva y precisa sobre la salud sexual y reproductiva. Human Rights Watch también concluyó que el estado no se está ocupando de abordar los obstáculos a la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH) —una herramienta eficaz para prevenir varios tipos de cáncer— y que las tasas de vacunación en todo el territorio de Alabama siguen siendo bajas.

“Los jóvenes necesitan acceder a información precisa sobre su salud sexual para poder tener relaciones saludables y tomar decisiones de manera informada y segura”, expresó Annerieke Daniel, investigadora sobre derechos de la mujer de Human Rights Watch y autora del informe. “Alabama podría mejorar de manera sustancial los resultados de salud e, incluso, erradicar el cáncer del cuello uterino para las generaciones futuras, si garantiza la educación integral en salud sexual en las escuelas y aumenta las tasas de vacunación contra el VPH”.

En un período en el que Estados Unidos está enfocando sus esfuerzos en la equidad sanitaria, el Departamento de Educación del estado de Alabama está en proceso de aprobar de un plan de reforma del sistema educativo. Alabama tiene una oportunidad única de abordar las desigualdades históricas y dar prioridad a la salud y el bienestar a largo plazo de todos los jóvenes. Cualquier plan orientado a incrementar los logros y los resultados satisfactorios de los estudiantes debe garantizar la educación integral en salud sexual para todos los adolescentes.

Previamente, Human Rights Watch investigó políticas estatales que, por las falencias que generan, no protegen a las mujeres de Alabama de la posibilidad de morir en forma prematura ni abordan la disparidad racial persistente que se registra en los resultados de salud en ese estado. Entre mayo de 2019 y enero de 2020, Human Rights Watch entrevistó a 113 personas para el nuevo informe, incluidas 45 de entre 14 y 26 años que contaron sus experiencias con respecto a la educación en salud sexual en 16 condados de Alabama.

En Alabama existen altos índices de enfermedades de transmisión sexual y tipos de cáncer asociados con el VPH, como el cáncer de cuello uterino, una enfermedad con altas posibilidades de prevención y tratamiento. De acuerdo con los datos más recientes disponibles emitidos por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (Centers for Disease Control and Prevention), en 2017, Alabama estuvo entre los cinco estados de EE. UU. con tasas más altas de casos de cáncer de cuello uterino y muertes por esta enfermedad. Las mujeres negras en Alabama tienen casi el doble de probabilidades de morir por esta enfermedad que las mujeres blancas.

Alabama no exige que se imparta educación sobre salud sexual en las escuelas, pero el Código de ese estado sí dispone que las escuelas que dicten este tipo de educación deben enfocarse en la abstinencia. Los programas educativos centrados en la abstinencia no transmiten el tipo de educación crítica y científicamente veraz que las personas jóvenes necesitan para tomar decisiones más seguras y proteger su salud. En vez, suelen referirse a la sexualidad adolescente en términos humillantes que tienen consecuencias perniciosas. El Código del Estado de Alabama contiene términos estigmatizantes en relación con la actividad entre personas del mismo sexo y prohíbe que las escuelas impartan educación sobre salud sexual de formas que transmitan seguridad a los jóvenes de la comunidad de lesbianas, gais, bisexuales y personas transgénero (LGBT).

Ashley W., que se identifica como gay, señaló al respecto: “Cada mensaje que recibo sobre sexo, relaciones o salud sexual está totalmente teñido de vergüenza”. Afirmó que “esto me ha acompañado hasta la edad adulta y es algo que lucho continuamente por dejar atrás”. A los 22 años, Ashley todavía no ha podido atenderse con un ginecólogo, algo que atribuye, en parte, a la vergüenza que sentía sobre su sexualidad mientras crecía.

Las creencias equivocadas entre los educadores acerca de qué contenidos de salud sexual pueden impartir, así como la falta de capacitación suficiente de los docentes en este tema, limitan todavía más la eficacia de la educación sobre salud sexual en Alabama. Algunas escuelas, sobre todo en zonas rurales y con menor nivel de ingresos, no pueden solventar la enseñanza sobre salud sexual. Esto genera un acceso desigual a la información que puede crear desventajas de por vida para algunos alumnos, sobre todo aquellos que son negros y viven en situación de pobreza, y podría acentuar las disparidades raciales en los resultados de salud durante la vida adulta.

Alabama tampoco invierte en una herramienta eficaz de prevención del cáncer: la vacuna contra el VPH. Las tasas de vacunación en Alabama son inferiores a la media nacional, y esto hace que muchos jóvenes no estén protegidos contra la mayoría de las cepas del VPH que pueden causar cáncer. Muy pocas personas aprenden en la escuela sobre el VPH, la vacuna y cómo pueden protegerse del virus. Las creencias equivocadas de los padres y el estigma vinculado a que el VPH se asocia con la actividad sexual contribuyen a que haya bajas tasas de vacunación.

Alabama debe promulgar leyes que establezcan la obligatoriedad de brindar educación integral en salud sexual en todas las escuelas primarias y secundarias que sea adecuada para la edad, precisa en términos científicos y médicos, basada en los derechos e inclusiva para todos los jóvenes, apuntó Human Rights Watch. Asimismo, Alabama debe asignar fondos a iniciativas comunitarias para cerciorarse de que la información sobre salud sexual llegue a las personas jóvenes que no están escolarizadas, adoptar políticas claras que faciliten la educación vinculada con el VPH y abordar otros obstáculos que hacen que haya un bajo nivel de vacunación contra el VPH.

La pandemia de Covid-19 ha sacado a la luz las disparidades raciales en materia de salud en Alabama; los residentes negros de Alabama tienen muchas más probabilidades de morir a causa del virus que las personas blancas en el estado. Ha puesto de manifiesto las desigualdades estructurales y la inacción del Estado, que no ha invertido en la salud y los derechos de todos, incluidas las personas de bajos ingresos y las comunidades marginadas. La pandemia también ha alertado sobre la importancia de asegurar que todos tengan la información y los recursos que necesitan para tomar decisiones informadas y adoptar medidas que preserven su salud.

“Al invertir en los jóvenes, el gobierno de Alabama podría revertir la tendencia de los malos resultados sanitarios que asolan al estado como consecuencia de años de abandono discriminatorio”, apuntó Daniel. “La educación integral en salud sexual en las escuelas puede sentar los cimientos para que todos los jóvenes se conviertan en adultos saludables e informados”.

Selección de testimonios presentados en el informe:

Monique S. (seudónimo), 22 años
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Monique S. explicó que la educación sexual que recibió en la escuela secundaria “era activamente dañina y no era útil ni válida en lo más mínimo”. Cuando cursaba el noveno grado, en la clase de salud se invitó a personas que hablaron sobre sexo en términos y con metáforas humillantes y perniciosas. También mostraron fotografías explícitas de enfermedades de transmisión sexual, que ella describió como apocalípticas: “Esto es gonorrea. Esto es clamidia. Así se vería en tus genitales, en la cara y el resto del cuerpo. Y estas son las probabilidades que tienen de contagiarse si mantienen relaciones sexuales incluso una sola vez”. Más allá del consejo sobre la abstinencia, a Monique y a sus pares no les brindaron ninguna información sobre cómo prevenir estas enfermedades ni cómo protegerse y mantenerse saludables en el proceso hasta la edad adulta. Contó que la educación que recibió sobre salud sexual “no era para dar información veraz. Era para asustar a las personas”.

Joan A. (seudónimo), 21 años:
Joan A. contó que en la escuela se promovía siempre la abstinencia, sobre todo entre las niñas jóvenes, y que nunca se le enseñó cómo cuidarse o tener conversaciones con las parejas sexuales sobre cómo protegerse. Aunque cuando empezó la universidad lo hizo con la creencia de que esperaría hasta el matrimonio para tener relaciones sexuales, terminó teniendo sexo sin protección con una persona y contrajo tricomoniasis, una infección común y tratable. Dijo al respecto: “Yo no tenía protección para mí, y esperaba que él tuviera, pero no fue así”. Aunque sentía que no estaba bien tener relaciones sexuales sin protección, Joan no sentía la confianza para decir que no a su pareja y, además, tampoco sabía qué medidas podría haber tomado para protegerse en esa situación.

Ariel G., 23 años:
Aunque durante el período de la universidad fue sexualmente activa, Ariel G. manifestó que no se sentía cómoda para obtener información o recursos sobre su salud sexual porque esto le provocaba sentimientos de culpa:
[El sexo] se percibía como algo tan malo que nunca sentí deseos de hablar abiertamente sobre eso. O si necesitaba ayuda, nunca sentí que pudiera pedirla porque ya me veían como a una criminal por tener relaciones sexuales. Entonces termina siendo algo que se hace más bien en secreto.

Patricia E. (seudónimo), 25 años:
Patricia E. dijo que los médicos de atención primaria con los que trató durante la adolescencia en el condado de Marengo no le recomendaron darse la vacuna contra el VPH. La primera vez que escuchó sobre eso fue en una publicidad en televisión, cuando tenía 17 años, pero solo varios años después supo que la vacuna es importante para prevenir el cáncer: “Recién a los 22 años supe que la vacuna contra el VPH era una medida de prevención contra el cáncer de cuello uterino”.

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