El tráfico de personas es un negocio en auge. El reciente arresto de Jeffrey Epstein en Estados Unidos por cargos de trata y explotación sexual de niñas es solo un ejemplo de un problema urgente que se cobra un número alarmante de víctimas en todo el mundo.

La Organización Internacional del Trabajo estima que alrededor de 16 millones de personas en todo el mundo son explotadas para el trabajo, y cinco millones están siendo objeto de explotación sexual forzada, la gran mayoría de las cuales son mujeres y niñas.

“No sé exactamente ni recuerdo cómo llegué a la nueva casa (...) Cuando desperté, vi a un hombre pero a mis amigos ya no. No sé exactamente, pero luego supuse que era una casa china. No sabía a dónde escapar (...) Me di cuenta de que me estaban traficando. A partir de ese momento, planeé aprender chino básico [idioma] y encontrar formas de correr ”. —Joven de Kachin, traficada a los 17 años, escapó después de seis meses. 

© 2018 Human Rights Watch
Hemos conocido a muchos sobrevivientes de la trata. En marzo, Human Rights Watch documentó el flujo de mujeres y niñas del norte de Birmania a China. Los traficantes las reclutan con promesas de trabajo, luego las venden por aproximadamente entre US$3.000 y US$13.000 a familias chinas que pasan apuros, debido al gran desequilibrio de género en el país, para encontrar novias para sus hijos. En las próximas semanas, Human Rights Watch publicará un informe que documenta la pesadilla de mujeres nigerianas que emigraron, a menudo a Europa, con la promesa de un trabajo bien pagado, pero que luego eran explotadas sexualmente y sufrían los brutales abusos de los traficantes.

Sabemos por nuestra investigación que el conflicto armado a menudo amplifica las prácticas de tráfico existentes y exacerba la vulnerabilidad de las mujeres y las niñas a la explotación, al aumentar su desesperación económica, debilitar el Estado de derecho y disminuir la disponibilidad de servicios sociales y apoyo familiar.

En el norte de Nigeria, por ejemplo, ha habido un conflicto de casi una década entre los insurgentes de Boko Haram y las fuerzas gubernamentales. El grupo armado secuestra a mujeres y niñas y las obliga a casarse con sus miembros, confinándolas a una vida de servidumbre doméstica, trabajo forzado y esclavitud sexual.

Acabar con la trata de mujeres y niñas, y proporcionar a las víctimas la protección y los servicios adecuados, no parece ser una prioridad para muchos gobiernos. Las respuestas efectivas al tráfico transfronterizo exigen una cooperación internacional efectiva tanto por parte de las fuerzas del orden como de los proveedores de servicios, y muchos gobiernos fracasan en esto.

Se ven inmovilizados por desafíos de coordinación, dificultades logísticas, barreras idiomáticas, dinámicas políticas, corrupción y apatía por la violencia contra las mujeres. Durante los conflictos armados, cuando los recursos son escasos y las necesidades humanitarias son numerosas, los sobrevivientes de la trata a menudo quedan fuera del alcance de la asistencia disponible.

La vida es extremadamente difícil para los y las sobrevivientes de la trata. Las mujeres y las niñas que escapan del abuso regresan a sus hogares en las mismas circunstancias desesperadas que las hicieron vulnerables en primer lugar, pero ahora llegan con cargas adicionales. Frecuentemente son estigmatizadas o son culpadas por llegar a casa sin dinero. A menudo han experimentado lesiones físicas devastadoras y traumas mentales que pueden atormentarlas para siempre.

Human Rights Watch entrevistó a una mujer de 50 años que fue traficada desde Birmania a China como novia en 1986 a los 15 años y permaneció detenida durante un año. Dijo que después de escapar estaba profundamente angustiada y que casi murió dos veces porque estaba tan deprimida que dejó de comer. Le preguntamos cuánto tiempo continuaron los síntomas. “Hasta hoy”, respondió ella. “Todavía siento miedo y conmoción; es el trauma”.

Los/las sobrevivientes de la trata pueden necesitar atención médica urgente para problemas que van desde lesiones causadas por el abuso hasta necesidades de salud sexual y reproductiva, incluido el aborto por embarazos no planificados como resultado de una violación. A veces necesitan refugio, cuando no pueden regresar con familias que fueron cómplices de que fueran víctimas de la trata. Necesitan asistencia legal para garantizar que el sistema de justicia, que con demasiada frecuencia falla a las víctimas de la trata, responde a sus necesidades de rendición de cuentas y compensación. Muchas necesitan asistencia financiera.

Estos servicios rara vez están disponibles ni son adecuados en aquellos casos en los que existan. También hemos visto respuestas dañinas del gobierno, como tratar a las víctimas como infractores de las normas inmigratorias, encarcelarlas y deportarlas. En algunos casos, los funcionarios confinan a los sobrevivientes en refugios cerrados, obligándolos a someterse a interrogatorios o exámenes invasivos, y los formuladores de políticas no hacen distinción entre las víctimas de la trata y las trabajadoras sexuales.

Pero en Birmania y Nigeria, también hemos visto grupos locales que luchan heroicamente para ayudar a los/las sobrevivientes de la trata y sus familias, con muy pocos recursos. Los donantes y los gobiernos deberían apoyar a estos grupos que ya están haciendo la diferencia.

En los últimos años se ha prestado una mayor atención a la trata de personas, conforme algunos gobiernos y donantes se comprometieron a hacer más. Pero los/las sobrevivientes de la trata necesitan más que promesas. Los gobiernos y los donantes deben tomar medidas concretas y realizar importantes inversiones para satisfacer las necesidades de los/las sobrevivientes y respetar su dignidad y sus derechos.