Migrantes y solicitantes de asilo, incluyendo familias con niños pequeños y menores no acompañados, buscan refugio en esta fábrica de ladrillos abandonada –“Ciglana”— en Subotica, Serbia, cerca de la frontera con Hungría.

© 2015 Emina Ćerimović/Human Rights Watch

(Nueva York) – Los solicitantes de asilo y migrantes en Serbia son víctimas de hostigamiento y abuso a manos de la policía serbia, dijo hoy Human Rights Watch.

Human Rights Watch entrevistó a migrantes y solicitantes de asilo que describieron agresiones violentas, amenazas, insultos y extorsiones, así como la denegación de la protección especial requerida para los niños no acompañados y las devoluciones sumarias a la Ex República Yugoslava de Macedonia. Algunas familias y niños no acompañados contaron cómo fueron rechazados cuando trataron de registrarse como solicitantes de asilo y se vieron forzados a dormir a la intemperie a pesar del frío implacable.

“Las autoridades serbias deberían proteger a los solicitantes de asilo y los migrantes, incluidos los niños que huyen de la guerra y la persecución, en lugar de permitir que la policía los victimice”, dijo Emina Ćerimović, beneficiaria de la beca Koening de Human Rights Watch. “Las autoridades deberían acabar inmediatamente con la intimidación y el abuso de la policía y asegurarse de que los responsables rindan cuentas”.

Entre noviembre de 2014 y enero de 2015, Human Rights Watch entrevistó a 81 solicitantes de asilo y migrantes, entre ellos 18 niños, en varias localidades de Serbia y Macedonia. Tres de las entrevistas se realizaron por teléfono.

Human Rights Watch descubrió que los migrantes y solicitantes de asilo experimentan una serie de abusos a manos de la policía serbia, especialmente en Subotica, una ciudad en la frontera con Hungría, pero también en el sur y este del país, así como en Belgrado, la capital.

Veinte migrantes y solicitantes de asilo, entre ellos siete niños de edades entre 13 y 17 años, describieron el abuso y la extorsión a los que fueron sometidos por parte de agentes de la policía en Subotica y alrededores. La mayoría son sirios o afganos. Dijeron que la policía los había detenido en la calle o encontrado en la fábrica de ladrillos Ciglana, un improvisado campamento para migrantes. Aseguraron que con insultos y amenazas de violencia y deportación, la policía los obligó a entregar su dinero y teléfonos móviles. Dos de ellos afirmaron que la policía los roció con un pulverizador de pimienta en los ojos. 

Otros seis migrantes y solicitantes de asilo dijeron que habían sufrido violencia física e insultos en incidentes separados a manos de agentes de la policía en el sur y este de Serbia y en Belgrado. Aseguraron que la policía los abofeteó o golpeó mientras tomaban sus huellas digitales y cuando se estaban registrando para solicitar asilo. Aquellos que lograron presentar la solicitud dijeron que la policía les dio una notificación sobre esta con instrucciones para presentarse en un centro de asilo específico en el plazo de 72 horas.

Ocho de los entrevistados, incluyendo dos jóvenes de 16 años, dijeron que la policía serbia los deportó a Macedonia sin llevar a cabo una evaluación adecuada para determinar sus necesidades de protección internacional. Contaron que fueron obligados a cruzar la frontera como parte de grupos más grandes sin los procedimientos adecuados y sin oportunidad de presentar una solicitud de asilo. Los ocho dijeron que fueron expulsados en lugares que no eran puntos de cruce oficiales.

“Aalem”, un niño afgano de 16 años, dijo que la policía lo deportó a él y a tres de sus amigos (de 12,13 y 15 años) a Macedonia dos veces en noviembre. Después de su tercer intento, lograron solicitar asilo en Serbia. Cuatro adultos contaron cómo la policía fronteriza en el sur y este de Serbia les dijeron que entregaran su dinero para evitar ser devueltos a Macedonia y cómo les pusieron en libertad después de obedecer.

Human Rights Watch también entrevistó a 13 personas, entre ellos dos niños no acompañados, de 14 y 17 años, que dijeron que la policía se negó a registrar su intención de solicitar asilo, en la comisaría de Železnička, en Belgrado; en el Centro de Asilo Bogovađa, en el sur de Belgrado, y en la comisaría de Sjenica, en el sur de Serbia. La negativa no solo les denegó el acceso al sistema de asilo, sino también a un refugio, alimentos y atención médica.

Durante tres visitas al Centro de Asilo Bogovađa en noviembre y diciembre, Human Rights Watch se encontró con que más de 20 personas vivían en la calle. Algunos dijeron que era porque la policía no quiso documentar su intención de solicitar asilo y que por eso las autoridades del centro se habían negado a admitirlos. Otros dijeron que la policía los había registrado pero que los había mandado a centros que estaban muy lejos y a los que no podían llegar.

Un agente de policía en el centro, responsable de registrar a los solicitantes de asilo, dijo que sólo tenía tiempo para inscribir a 15 personas al día y que a veces se presentaban hasta 50. El proceso de registro en esta fase requiere que el agente de policía complete un simple formulario que incluye sólo información básica y no requiere que lleve a cabo ninguna evaluación ni tome decisiones sobre ninguna de las afirmaciones. Completar todo el proceso no debería llevar más de unos minutos.
 

Migrants Shelter in Serbia

Migrantes sirios tuvieron que construir un refugio improvisado para dormir (en la foto) a las afueras del Centro de Asilo en Bogovadja, debido a que la policía se negó a registrar su solicitud de asilo. Por eso, las autoridades del centro no los admitieron.© 2015 Emina Ćerimović/Human Rights Watch

El agente dijo que las familias con niños, las mujeres embarazadas y los niños no acompañados tienen prioridad a la hora de registrarse. Sin embargo, entre las personas que vivían fuera del centro se encontraban dos familias con niños pequeños y seis menores no acompañados. Todos menos uno dijeron que les habían denegado la oportunidad de registrarse. Un joven afgano de 16 años aseguró que el policía lo inscribió pero que lo mandó a otro centro, aproximadamente a 112 kilómetros.

Human Rights Watch se reunió con el Comisariado para Refugiados y la Migración del gobierno serbio y el Defensor del Pueblo, también conocido como el Protector de los Ciudadanos, así como con representantes de organizaciones no gubernamentales, la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y la Delegación de la Unión Europea (UE) en Serbia.

Sin embargo, el Ministerio del Interior de Serbia no accedió a reunirse con Human Rights Watch, a pesar de repetidas solicitudes, ni respondió a una carta con fecha del 20 de enero que expresaba la preocupación sobre las creíbles alegaciones de acoso, abuso y devoluciones sumarias a Macedonia.

Las autoridades serbias deberían investigar inmediatamente los casos de abuso policial contra solicitantes de asilo y migrantes y asegurarse de que los responsables rindan cuentan, recomendó Human Rights Watch. El gobierno debería emitir directrices claras a la policía que estipulen que los solicitantes de asilo y los migrantes deben ser tratados con respeto y de acuerdo con sus obligaciones de derechos humanos, y que nunca deben ser deportados sumariamente. Las autoridades deberían dejar claro que los agentes afrontarán represalias en casos de hostigamiento, violencia y extorsión.

La legislación serbia e internacional prohíbe los malos tratos y el uso de la fuerza injustificada y excesiva por la policía y requiere que las autoridades aborden el soborno y la extorsión policial.

Las devoluciones sumarias de solicitantes de asilo adultos y niños no acompañados, sin garantías procesales ni la oportunidad de presentar solicitudes de asilo, violan las obligaciones de Serbia en virtud del derecho nacional e internacional. La Convención sobre los Derechos del Niño, de la que Serbia es un Estado miembro, obliga a Serbia a no devolver sumariamente a niños no acompañados a menos que su declaración haya sido evaluada de manera justa. El Convenio Europeo de Derechos Humanos garantiza el derecho a un recurso efectivo contra la devolución o la denegación de asilo, mientras que el Protocolo No 4, que Serbia también ha ratificado, prohíbe las expulsiones colectivas de extranjeros.

La Convención de Refugiados de 1951 y su Protocolo de 1967, así como su propia Constitución, también obligan a Serbia a respetar el derecho de asilo y el principio de no devolución, que establece la prohibición de devolver a una persona a un lugar donde pueda ser perseguida.

Serbia es un país candidato a la adhesión a la Unión Europea y participa activamente en el Proceso de Estabilización y Asociación, un paso hacia la membresía. Las devoluciones sumarias también entran en conflicto con las leyes de la Unión Europea en relación al derecho a solicitar asilo, la protección contra la deportación y las garantías procesales en las devoluciones de migrantes irregulares. En virtud del Proceso de Estabilización y Asociación, debe cumplir ciertos requisitos en su sistema de asilo y trato a los migrantes. El informe de progreso de la Comisión Europea para 2014 instó a Serbia a adaptar el procedimiento de asilo a las normas de la UE.

“Si Serbia aspira verdaderamente a unirse a la UE, debería poner fin a cualquier tipo de abuso policial y abrir inmediatamente una investigación por las denuncias de malos tratos a manos de la policía”, dijo Ćerimović. “Cualquier persona que exprese su deseo de solicitar asilo debería tener una oportunidad honesta de registrar su solicitud de asilo y presentar su caso”.

Migrantes y solicitantes de asilo en Serbia
Durante los últimos dos años, Serbia ha registrado un rápido aumento en el número de solicitantes de asilo y migrantes que tratan de llegar al norte de Europa a través de Serbia. Según las estadísticas oficiales, 5.066 personas se registraron para solicitar asilo en 2013 y 16.490 en 2014, un salto del 225 por ciento. Actualmente los sirios forman el mayor grupo de solicitantes de asilo.

Según Frontex, la agencia de vigilancia de las fronteras exteriores de la Unión Europea, en 2013 fueron detectados más de 40.000 cruces irregulares en las fronteras de cinco países de los Balcanes occidentales: Albania, Bosnia y Herzegovina, la Ex República Yugoslava de Macedonia, Montenegro y Serbia. La mitad eran cruces de Serbia a Hungría, un país de la UE. Según Frontex, muchos de los cruces ilegales son de ciudadanos de Kosovo. Sin embargo, numerosos sirios y afganos que originalmente entraron en la UE vía Grecia también viajan a través de Macedonia y Serbia para llegar a Hungría. A finales de 2014, la ruta de los Balcanes occidentales se había convertido en la tercera ruta más utilizada por los migrantes y solicitantes de asilo para entrar en la UE, según Frontex. En enero y febrero de 2015, la agencia ha registrado más de 26.600 cruces fronterizos irregulares a lo largo de esta ruta.

Makeshift Camps

Migrantes y solicitantes de asilo, incluyendo familias con niños pequeños o menores no acompañados, viven en improvisados campamentos en Serbia, cerca de la frontera con Hungría.​ © 2015 Emina Ćerimović/Human Rights Watch

Grupos no gubernamentales locales, el ACNUR en Serbia y el Defensor del Pueblo serbio dijeron a Human Rights Watch que muchos de los migrantes que entran en Serbia deciden no solicitar asilo y que la mayoría de los que comienzan el proceso de asilo se va antes de la decisión final, a pesar de que muchos (los que huyen de Siria, por ejemplo) tienen casos de peso para solicitar asilo. Algunos de los que Human Rights Watch entrevistó dijeron que decidieron no solicitar asilo en Serbia y seguir viajando porque su objetivo era llegar a países de la UE, donde tienen familiares o amigos y esperan poder solicitar asilo. En cambio, otros dijeron que el mal trato de la policía y los retrasos en el sistema de asilo de Serbia les había disuadido de solicitar asilo allí.

Serbia concedió asilo por primera vez en 2012. En diciembre de 2014, sólo 16 personas habían recibido algún tipo de protección: seis recibieron estatus de refugiado y 10 protección subsidiaria.

Aquellos que no solicitan asilo, particularmente las familias con niños y los menores no acompañados, son blancos fáciles del abuso policial, descubrió Human Rights Watch. No reciben asistencia de los grupos gubernamentales o locales, y dado que son considerados migrantes irregulares, pueden ser detenidos y deportados. Los entrevistados afirmaron que la falta de condición jurídica y el temor a la detención y deportación también les disuadió de denunciar el abuso policial.

Human Rights Watch realizó la mayor parte de las entrevistas en privado; la única otra persona presente era un intérprete. En cuatro entrevistas estuvo presente un miembro de la familia. Otras cuatro entrevistas individuales fueron llevadas a cabo en grupo. Todos los niños que fueron entrevistados habían estado viajando sin acompañante, a excepción de un niño de 13 años, que fue entrevistado en la presencia de su madre. Los entrevistados no están identificados por sus nombres reales para proteger su privacidad y seguridad.

Human Rights Watch explicó el propósito de las entrevistas y su carácter voluntario a cada uno de los participantes y recibió su consentimiento oral. Los entrevistados no recibieron ningún tipo de compensación. En el informe, todos son descritos como migrantes, a excepción de aquellos que habían solicitado protección internacional en Serbia, que son descritos como solicitantes de asilo.

Acoso policial
Veintiséis migrantes y solicitantes de asilo dijeron que la policía les obligó a entregar su dinero y sus teléfonos móviles, mediante amenazas y violencia. Describieron incidentes de abuso policial en Subotica, Belgrado y en el sur y este de Serbia.

En noviembre y diciembre, Human Rights Watch hizo tres visitas a los campamentos informales en los alrededores de la fábrica de ladrillos Ciglana en Subotica, una ciudad cerca de la frontera de Serbia con Hungría. Más de 50 personas, entre ellas mujeres y niños muy pequeños, estaban durmiendo en improvisadas tiendas de campaña, sobre ladrillos y pilas de papel, con poco o ningún tipo de protección contra el frío; durante la noche, las temperaturas podían llegar a bajar a los cinco grados centígrados bajo cero.

Tibor Varga, un pastor local que distribuye mantas y alimentos entre los migrantes, dijo que, a veces, hay más de 100 personas viviendo en la fábrica de ladrillos y que es especialmente preocupante que haya tantas familias con niños pequeños y menores no acompañados de apenas 12 años.

Catorce personas en la fábrica dijeron que la policía los había amenazado con la detención y la deportación si no entregaban su dinero y sus teléfonos móviles. Siete afirmaron que la policía los golpeó, abofeteó o roció con pulverizador de pimienta, y que a continuación les quitaron el dinero.
“Younes”, un joven de Afganistán, contó cómo la policía le extorsionó dinero dos veces a él y a otros tres hombres que viajaban con él. La primera vez, cerca de Subotica, dos agentes policiales detuvieron el auto de los hombres y les dijeron que tenían que darles dinero o pasar tres meses en prisión. “Teníamos miedo, así que pagamos €80 para que nos dejaran ir”, dijo Younes.

En el centro de Subotica, dos agentes policiales despertaron a Younes y sus tres amigos a las 5 de la mañana, porque habían dormido en el parque público de la ciudad. “Nos preguntaron qué estábamos haciendo”, señaló Younes. “Dijimos que queríamos ir a Hungría. Entonces nos llevaron a una calle lateral y nos dijeron que sacásemos todo lo que llevábamos en los bolsillos, sin esconder nada. Respondimos que no teníamos dinero. Entonces, uno de ellos registró todos nuestros bolsillos y dijo que nos deportarían a Afganistán, que teníamos que pagar, que era la norma en su país”.

Ante la pregunta de Human Rights Watch de si habían denunciado el abuso, Younes dijo: “No. Somos ilegales y ellos (la policía) puede hacer lo que quiera”.

“Nahla”, una madre de 38 años de Afganistán, viajaba con sus cuatro hijos de 6, 9, 11 y 13 años. Nahla y su hijo de 13 años dijo que la policía había ido a la fábrica dos o tres noches antes cuando estaban todos durmiendo, que los despertaron y los rociaron con spray de pimienta en los ojos; luego les quitó el dinero.

“Nevres”, un joven de 15 años de Afganistán, dijo que la policía le roció con spray de pimienta en los ojos durante el mismo incidente. Los tres describieron un dolor intenso provocado por el ataque.

“Ammar”, un solicitante de asilo sirio, entrevistado primero en Serbia el 20 de noviembre y luego por teléfono el 4 de diciembre, dijo que el 1 de diciembre, la policía en Subotica lo amenazó con encerrarlo y deportarlo si no les entregaba su dinero:

Acababa de llegar a Subotica y me dirigía al supermercado para comprar comida, cuando dos agentes de policía me pararon. Me preguntaron de dónde era. Les dije que era sirio. Entonces me llevaron a su auto y me dijeron: “Tienes dos opciones: o nos das dinero o te llevamos de vuelta a Macedonia”.

Cumpliendo con las instrucciones del policía, Ammar dejó 50 euros en el vehículo. En Subotica, la policía le quitó dinero en otras dos ocasiones. Aseguró que en total le obligaron a entregar más de 450 euros.

“Sabemos eso, somos sirios. Si eres sirio siempre te piden dinero”, dijo “Omar”, de 26 años, en una entrevista por teléfono el 8 de diciembre. Contó que dos agentes de la policía se habían acercado a él y a otros tres sirios cuando se bajaron de un tren en Subotica hacía una semana. Citó las palabras de uno de ellos: “Danos dinero y te dejaremos ir. Si no, te llevaremos a prisión o de vuelta a Macedonia y después a Grecia y luego a Siria”. Omar y otros dos entregaron un total de 200 euros. “Una persona no les dio dinero, así que se lo llevaron y no sabemos lo que pasó con él”, contó Omar.

“Israr”, un joven de 16 años de Aftganistán que viajaba solo, dijo que sus padres habían muerto en Afganistán y que se había separado de sus dos hermanos en Turquía, uno de ellos de solo 10 años. Describió lo que pasó cuando intentó cruzar la frontera de Hungría:

Intenté cruzar la frontera con Hungría cuando la policía me detuvo. Me pidieron dinero. Me quitaron 100 euros y mis dos teléfonos móviles. Pero entonces uno de los agentes de policía dijo que no me dejaría ir a pesar de haberles dado dinero. Empezó a darme patadas. Me daba patadas en las costillas y en las piernas. Yo gritaba “que te jodan” (fuck you) y “no a las fronteras” (no border) en inglés mientras me golpeaba. Me caí al suelo. Estaba en el suelo y seguía dándome patadas. Entonces, otro policía me agarró por el cuello de la chaqueta y me levantó. Entonces registraron mi ropa y me quitaron todo el dinero que tenía.

Israr dijo que la policía lo metió en un auto, lo llevó primero a una comisaría y luego lo abandonó en un bosque a las afueras de Subotica. Deambuló durante dos días en el frío antes de encontrar el camino de regreso a Ciglana.

Dos policías cerca de la frontera con Hungría volvieron a obligar a Israr a que diera dinero dos días antes de que Human Rights Watch lo entrevistara. Aseguró que los agentes le quitaron 20 euros, porque era todo lo que tenía. “Si no les das dinero, lo cogen por la fuerza”, señaló.

“Rabah”, un solicitante de asilo de 28 años de Siria, dijo que él y otras siete personas con las que viajaba dieron dinero a la policía en el sur de Serbia para evitar ser expulsados a Macedonia. “Esperábamos que Serbia fuera la parte más fácil del viaje, pero fue la más difícil”, dijo. “Éramos siete sirios kurdos. Se suponía que teníamos que pasar clandestinamente a Belgrado… Había un control de la policía. El contrabandista nos cogió 50 euros a cada uno para sobornar a la policía y que nos dejara marchar”.

“Riyad”, un joven solicitante de asilo sirio, dijo:

Íbamos de camino a Subotica cuando nos paró la policía. Nos paró dos veces en la carretera entre Belgrado y Subotica. Tuvimos que pagar dos veces sobornos, la primera vez de 200 euros y la segunda vez de 100 euros. En un momento dado, nuestro conductor hizo señales con las luces a un policía, a medida que nos acercábamos, para indicarle que nos parara. Estoy totalmente seguro de que había un acuerdo entre el conductor y el policía para repartirse el dinero.

El 20 de noviembre, “Malik”, un joven sirio de 20 años, contó a Human Rights Watch que agentes de la policía lo habían golpeado a él y a sus hermanos, el más joven de los cuales tenía 16 años, hacía 10 días en Vranje, en el sur de Serbia:

Desde Macedonia fuimos a Vranje. Allí nos paró la policía. Nos preguntaron si teníamos dinero o teléfonos móviles. Entonces nos llevaron a una comisaría cerca de la frontera… Nos golpearon… repetidamente. Se burlaban de nosotros, nos humillaban y nos llamaban “puta” en inglés y nos decían cosas en serbio que no entendíamos pero que sabíamos que eran malas. A mí me pegaron en la parte trasera de la cabeza y en la cara… Al menor le pegaron menos… Las bofetadas eran más que nada para humillarnos”.

Malik dice que, a continuación, tomaron huellas digitales y fotografías de él y de sus hermanos antes de llevarlos a la frontera con Macedonia. Allí, les ordenaron que caminaran en dirección a Macedonia.

Devoluciones a Macedonia
Ocho migrantes y solicitantes de asilo, entre ellos dos niños no acompañados, contaron a Human Rights Watch que la policía serbia los deportó a Macedonia sin una evaluación adecuada de sus necesidades individuales de protección. Dijeron que la policía fronteriza de Serbia los detuvo en territorio serbio, los llevó a la frontera y los ordenó a caminar hacia Macedonia. En algunos casos, la policía los golpeó o maltrató.

“Adnan”, un solicitante de asilo afgano de 35 años, dijo que la policía serbia lo deportó a Macedonia tres veces. Human Rights Watch lo entrevistó en inglés, como parte de un grupo, en un centro de asilo en Serbia donde vivía en virtud de su solicitud de asilo, después de su cuarto y exitoso intento de buscar protección en Serbia. Dijo:

Llegamos al segundo pueblo en Serbia desde la frontera con Macedonia. En mi grupo éramos 65 personas. Nos presentamos ante la policía pero sólo dieron papeles a nueve personas. A los demás nos devolvieron a Macedonia. La segunda vez éramos 55 personas en una camioneta con un contrabandista. La policía nos detuvo y nos volvió a llevar a la frontera. Nos dijo: “Sois demasiados. No deberíais venir así”.

Adnan asegura que no fueron llevados a un cruce fronterizo oficial y que no fueron entregados a la policía de Macedonia. “La policía de Serbia solo nos dijo: ‘Esto es Macedonia, vamos, vamos’”, señaló. “Otros migrantes me dijeron que la policía de Serbia es buena, pero no lo es. Vi cómo agentes pegaban a personas cuando les tomaban las huellas digitales. Durante nuestra tercera deportación (el 1 de diciembre), obligaron a más de 24 personas a meterse en una camioneta y la policía golpeó a dos hombres para que cupieran”.

“Salim”, un solicitante de asilo palestino de 22 años de Siria, dijo el 20 de noviembre que había sido víctima de malos tratos a manos de la policía en el sur de Serbia hacía un mes, antes de ser deportado a Macedonia:

En el tercer pueblo dentro de Serbia nos topamos con la policía. Era en torno a medianoche, o la 1 de la madrugada. Nos arrestaron y nos llevaron a la comisaría. Allí había muchos agentes. Un tipo grande nos tomó las huellas digitales y nos hizo fotos. A los que no hacían bien lo de las huellas, les golpeaba. A mi me pegó cuando me estaba tomando las huellas digitales. Me abofeteó y me dio un puñetazo.

Salim contó que, a continuación, la policía lo metió en un auto y lo llevó a la frontera con Macedonia.

“Bilal”, un solicitante de asilo de 18 años de Siria, también ofreció su testimonio:

Me arrestaron y me llevaron a una comisaría. En la misma comisaría había otros tres argelinos. Le dije a la policía que era sirio. En las siguientes cinco horas no pasó nada. Entonces, me metieron a mí y a los tres argelinos en un auto y nos llevaron a la frontera. Era en torno a las 10 de la noche. Cuando llegamos a la frontera nos dijeron que camináramos hacia Macedonia. Al otro lado no nos estaba esperando nadie.

“Farouk”, un joven solicitante de asilo kurdo de Siria, que viajaba con sus padres y su hermano, dijo que la policía serbia deportó dos veces a su familia a Macedonia:

La primera vez habíamos cruzado la frontera cuando la policía nos detuvo. Nos llevaron a una comisaría y tomaron nota de nuestros nombres. Luego nos obligaron a meternos en un auto y nos llevaron a la frontera con Macedonia. No era un cruce oficial. Simplemente nos dijeron que camináramos en dirección a Macedonia.

La segunda vez fueron devueltos de una manera parecida. Durante su tercer intento de entrar en el país y presentar una solicitud de asilo, Farouk y su familia pagó a la policía para impedir que fueran nuevamente deportados. “La primera y segunda vez no cogieron nada”, dijo. “La tercera vez nos dijeron que debíamos pagar”.

En enero, Human Rights Watch visitó Lojane, un pueblo en Macedonia en la frontera con Serbia. “Walid”, un joven de Argelia que había sido expulsado a Macedonia por la policía serbia a pesar de haber intentado solicitar asilo, indicó:

Estaba en una estación de autobuses esperando un bus a Belgrado, cuando dos agentes de la policía se acercaron a mí. Me arrestaron y me llevaron a una comisaría donde tomaron mis huellas digitales. Solicité asilo. Me dijeron que volviera a Macedonia. El mismo día me metieron en el auto y me llevaron de vuelta a Macedonia. No era un puesto oficial de cruce. Simplemente me ordenaron que saliera del coche y que caminara hacia Macedonia.

“Aalem”, un joven afgano de 16 años, dijo que en noviembre la policía lo devolvió a el y a tres de sus amigos, de 12, 13 y 15 años, respectivamente, a Macedonia. Después de su tercer intento consiguieron solicitar asilo en Serbia:

Caminamos durante ocho horas antes de entrar en Serbia. Había unas 50 personas en nuestro grupo. Fuimos a una montaña. Nuestro agente (contrabandista) nos dijo que nos quedáramos allí y que pronto iría un auto a recogernos. Ya casi por la tarde, llegó la policía. Nos llevaron a todos a una comisaría donde nos tomaron las huellas digitales antes de deportarnos a Macedonia. Dijimos que éramos menores pero no les importó.

Aalem dijo que la policía no les llevó a un cruce fronterizo oficial. “No había policía macedonia en la frontera”, aseguró. “Apuntaron en una dirección y dijeron ‘marchaos’”.

Human Rights Watch también documentó abusos durante el proceso de registro en la comisaría de Železnička, en Belgrado. Malik, el sirio de 20 años, afirmó:

Cuando entramos en Serbia por segunda vez fuimos a Belgrado. Fuimos a la comisaría cerca de la estación principal de autobuses. Les dijimos que éramos sirios y que necesitábamos un papel para poder quedarnos en el país. Nos dijeron: “Volved a Siria y no volváis más”.

“Sayid”, un sirio de 23 años, describió cómo agentes de policía en la comisaría de Železnička  en Belgrado le golpearon el 14 de noviembre cuando fue allí a registrar su intención de pedir asilo:

Estábamos allí para solicitar asilo. Nos llevaron al tercer piso y nos metieron en un cuarto y nos preguntaron si alguno hablaba inglés. Yo les dije que yo sí lo hablaba – quería ayudar con la interpretación. Entonces, un agente me dijo que me acercara y lo hice. Entonces, me golpeó seis veces y me gritó que no le hablara.

Otras cinco personas declararon que fueron rechazadas en la comisaría de Železnička cuando se presentaron como solicitantes de asilo. “Sami”, un sirio de 22 años, dijo:

Fui a la comisaría en Belgrado y pregunté por un papel que me dejara quedarme en Serbia. Me contestaron: “Ahora no. Vuelve a Macedonia o vete y duerme en el bosque”.

Sami volvió cuatro veces antes de lograr registrar su intención de solicitar asilo.

Denegación de protección a niños no acompañados
Human Rights Watch escuchó detallados testimonios de acoso, expulsiones y denegación del derecho a acceder al procedimiento de asilo para menores no acompañados, en violación del derecho nacional e internacional. Además, a los menores no acompañados en Serbia se les deniega la protección específica a la que tienen derecho debido a su especial vulnerabilidad, como el derecho a un tutor y otras medidas especiales de protección.

La Ley de Asilo de Serbia establece que los niños separados de sus padres o tutores deben recibir atención y que se les debe asignar un tutor legal. Sin embargo, en la práctica, no se les brinda esta asistencia. A ninguno de los 17 menores que viajaban solos a los que entrevistó Human Rights Watch y que dijeron a la policía que eran niños les fue asignado un tutor.

Aalem, el joven afgano de 16 años que fue deportado dos veces a Macedonia antes de poder solicitar asilo en Serbia, no entendió al investigador de Human Rights Watch cuando éste le preguntó si a él o a sus tres amigos, que parecían todos claramente menores de edad, les habían asignado un tutor. “Usted es la primera persona con la que hablo sobre mi situación”, dijo. Aalem fue entrevistado en inglés, en la presencia de otros tres menores, en el centro de asilo en Belgrado al que habían sido enviados.

Radoš Đurović, director ejecutivo de Asylum Protection Center, un grupo no gubernamental que ofrece asistencia jurídica gratuita a solicitantes de asilo adultos y menores, dijo que, a menudo, los niños migrantes no acompañados desaparecen del sistema de asilo y, posiblemente, abandonan el país sin ningún registro de a dónde se dirigen. “Los niños, por lo general, se quedan abandonados sin ayuda y sin que se garanticen sus necesidades básicas”, advirtió Đurović.

Human Rights Watch habló con ocho menores que viajaban solos y que habían experimentado dificultades y retrasos en sus solicitudes de asilo y, consiguientemente, demoras en el acceso a un refugio en un centro de asilo. Tres de estos niños todavía no habían podido acceder a un refugio.

En sus tres visitas al Centro de Asilo de Bogovađa, unos 67 kilómetros al sur de Belgrado, en noviembre y diciembre, Human Rights Watch encontró que seis niños no acompañados y dos familias con niños habían pasado al menos una noche durmiendo fuera del centro en el frío. Dijeron que no les aceptaron en el centro de asilo porque sus declaraciones no habían sido registradas, lo que también les denegaba el derecho a conseguir alimentos y atención médica.

Bogovadja Makeshift Shelter

Los migrantes se vieron obligados a dormir en áreas improvisadas que construían fuera del Centro de Asilo de Bogavadja, como esta en la foto, debido a que la policía rechazó inscribir su solicitud asilo o porque los habían registrado pero los enviaron a otros centros lejanos.  © 2015 Emina Ćerimović/Human Rights Watch

Human Rights Watch entrevistó a “Wahed”, un afgano de 17 años, en frente del centro el 18 de noviembre de 2014. Dijo que había pasado la noche a la intemperie. La temperatura era de un grado centígrado y estaba lloviendo. Wahed viajaba con otros cuatro chicos afganos. Dijo:

Fuimos a la policía y la policía nos dijo que viniéramos aquí. Cuando llegamos nos dijeron que no había suficiente sitio en el campamento (centro de asilo) y que sólo los enfermos podían entrar y que los demás teníamos que esperar. Dormimos en el bosque aquí. Llevo 11 días de pie. Mis amigos y yo vinimos caminando desde Grecia. Aquí, llevo esperando un día y una noche. No he comido una comida de verdad en 11 días. Hace mucho frío fuera. Anoche sólo dormí dos horas.

“Obaid”, un afgano de 14 años que viajaba con Wahed, confirmó que la policía simplemente les dijo: “Coged un taxi e id a un campamento”.

“Ehsan”, un afgano de 16 años entrevistado una semana después, contó que había pasado dos días fuera del Centro de Asilo Bogovađa y que no había comido nada en dos días:

Cuando llegué a Belgrado, fui a la comisaría que está cerca del tren. Había tres agentes de la policía delante de la comisaría. Les dije que venía a pedir asilo. Me contestaron: “Dinero, dinero”. Les dije que no tenía dinero. Me dijeron que me fuera.

Ehsan dijo que, a continuación, se dirigió al Centro de Asilo Bogovađa y le pidió al agente de policía allí que registrara su solicitud de asilo. “Me aceptó pero entonces me dio un papel que dice que debía ser acomodado en otro campamento que estaba lejos de aquí y no tenía dinero para ir allí”, indicó.

El joven afgano mostró el papel a los investigadores de Human Rights Watch. El documento, llamado “Intención de Solicitud de Asilo”, incluía detalles sobre la identidad de Ehsan, como su edad, y le ordenaba a reportarse en el plazo de 72 horas en el Centro de Asilo Banja Koviljača, en Serbia occidental, aproximadamente a unos 112 kilómetros.

El no reconocer la singular vulnerabilidad de los niños no acompañados y negarles el derecho a un tutor y cuidado especial constituye una violación de las obligaciones internacionales y nacionales de Serbia. Serbia está obligada, tanto por su Ley de Asilo como por la Convención sobre los Derechos del Niño, a asignar un tutor o asesor legal a un menor no acompañado y considerar el “interés superior” del niño en todas las medidas concernientes a los menores no acompañados. El no proporcionarles a los menores que viajan solos medidas alternativas de asistencia, incluyendo alojamiento y atención médica, es una violación adicional de la Convención sobre los Derechos del Niño. También entra en conflicto con las aspiraciones de Serbia para unirse a la UE, que ha instado a Serbia a prestar especial atención a los niños.