Tres talibés piden dinero a un taxista en una calle de la capital senegalesa, Dakar. Cada uno de ellos carga una lata de tomates para recoger el dinero, el arroz y el azúcar que llevarán a su maestro coránico.

© 2008 Thomas Lekfeldt

(Dakar) - Decenas de miles de niños en escuelas residenciales coránicas en Senegal están sometidos a condiciones análogas a la esclavitud y abusos graves, Human Rights Watch señaló en un informe publicado hoy. Human Rights Watch instó a las autoridades senegalesas a regular todas las escuelas coránicas y tomar medidas inmediatas y concertadas para hacer rendir cuentas a los profesores responsables de violar las leyes de Senegal en contra de la mendicidad forzada y el abuso infantil.

El informe de 114 páginas, “‘Off the Backs of the Children’: Forced Begging and Other Abuses against Talibés in Senegal" (A expensas de los niños: La mendicidad forzada y otros abusos contra los talibés en Senegal), documenta el sistema de explotación y abusos donde al menos 50,000 niños conocidos como talibés - la gran mayoría menores de 12 años y muchos de tan sólo cuatro - se ven obligados a mendigar en las calles de Senegal durante largas horas, siete días a la semana, por profesores a menudo brutalmente abusivos, conocidos como morabitos.

El informe encuentra que los niños a menudo sufren los abusos más graves, abandono y explotación por parte de los profesores. Se basa en entrevistas con 175 talibés y ex talibés, así como con unas 120 personas más, entre ellas morabitos, familiares que envían a sus hijos a estas escuelas, eruditos islámicos, funcionarios de Gobierno y funcionarios humanitarios.

"Senegal no debe permanecer al margen mientras decenas de miles de niños talibés son sometidos cada día a golpizas, negligencia grave, y, de hecho, a condiciones similares a la esclavitud", dijo Georgette Gagnon, directora para África de Human Rights Watch. "El Gobierno debe aprovechar el Día Nacional Talibé, el 20 de abril, para comprometerse a regular todas las escuelas coránicas y hacer rendir cuentas a los morabitos abusivos".

En la sociedad predominantemente musulmana de Senegal, donde los líderes religiosos tienen un inmenso poder social y político, los niños han sido por mucho tiempo confiados a los morabitos quienes los educan en estas escuelas coránicas residenciales, llamadas daaras. Muchos morabitos, que actúan como tutores de facto, llevan a cabo la importante tradición de proporcionar a los niños una educación religiosa y moral.

Pero las investigaciones de Human Rights Watch muestran que en muchas daaras residenciales urbanas actuales, otros morabitos están utilizando la educación como una tapadera para cubrir la explotación económica de los niños a su cargo. Muchos de los morabitos en daaras urbanas demandan una cuota diaria a los niños que obligan a pedir limosna, e infringen graves abusos físicos y psicológicos a los que no cumplen con ello. Human Rights Watch documentó numerosos casos de palizas, y varios casos en que niños fueron encadenados, atados, y obligados a ponerse en posiciones de estrés mientras fueron golpeados.

En las más de 100 daaras en que Human Rights Watch entrevistó a antiguos y actuales talibés, el morabito normalmente acumula entre 20,000 y 60,000 dólares al año provenientes de los niños que piden limosna - una suma considerable en un país donde la mayoría de las personas viven con menos de 2 dólares al día . Las entrevistas sugieren que algunos morabitos acumulan más de 100,000 dólares al año a través de la explotación de los niños bajo su cuidado.

Un patrón generalizado de abuso

Un niño de 11 años de edad, enviado a los siete años por sus padres a un morabito en Dakar, capital de Senegal, dijo a Human Rights Watch:

Todos los días tenía que traer al morabito 600 CFA (1.30 dólares), arroz y azúcar. Cada vez que no podía, el morabito me golpeaba con un cable eléctrico. Me golpeaba muchas veces en la espalda y en el cuello; demasiadas para contar .... Cada vez que me golpeaba, me ponía a pensar en mi familia, que nunca me puso una mano encima. Recordaba estar en casa. Con el tiempo me fui, no pude aguantar más.

Adicionalmente, Human Rights Watch documentó la condición de extrema precariedad en que viven estos niños. Las sumas importantes de dinero, arroz y azúcar colectivamente aportadas por la mendicidad talibés no se utiliza para alimentar, vestir, alojar, u de otro modo contribuir a la subsistencia de los niños. Muchos de los niños sufren malnutrición severa, mientras que las largas horas en la calle los expone a accidentes de tráfico, abuso físico y sexual, así como a enfermedades.

Un típico daara es un edificio abandonado o construido parcialmente que ofrece poca protección contra la lluvia, el calor o el frío. Hasta 30 niños duermen en una pequeña habitación. La enfermedad se disemina rápidamente y los niños se enferman a menudo – de enfermedades de la piel, malaria y parásitos del estómago - pero rara vez son atendidos por los morabitos. En cambio, muchos niños son obligados a mendigar horas extras para pagar sus propias medicinas.

La mayoría de los talibés entrevistados por Human Rights Watch dijeron que sólo tenían un cambio de ropa, y más del 40 por ciento no contaban ni siquiera con un par zapatos y se les obliga a mendigar descalzos. Algunos talibés dijeron que cuando ahorraban dinero mendigando horas extras y se compraban una camisa nueva o un par de pantalones, su morabito les quitó la ropa y se las dió a sus propios hijos.

"En lugar de que los morabitos se aseguren de que los niños a su cargo tengan comida, educación y vivienda adecuada, con demasiada frecuencia los niños se convirtieron en la forma de subsistencia para el morabito y su familia", dijo Gagnon. "Es inaceptable".

Agotados por el abuso continuo y la privación casi total, más de 1,000 niños huyen de daaras cada año. Cientos de niños que viven en las calles de las principales ciudades de Senegal, representando uno de los legados más claros de las escuelas coránicas residenciales de mayor explotación.

Un catálogo de inacción

El Gobierno de Senegal promulgó en 2005 una legislación que penalizaba obligar a otros a la mendicidad para obtener ganancias financieras personales. Pero las autoridades no han tomado medidas concretas para aplicar la ley y terminar con la explotación y el abuso de los talibés. Ningún morabito ha sido acusado o juzgado únicamente por el delito de mendicidad forzada, aunque un gran número de estos niños pueden ser vistos en las calles en un día determinado. Exceptuando unos pocos casos, el abuso físico severo de los talibés ha quedado similarmente en la impunidad.

Con la excepción de unos pocos daaras "modernos" patrocinadas por el Estado - que combinan programas escolares coránicos con estatales - ninguna de las escuelas coránicas en Senegal está sujeta a la regulación gubernamental. Esto ha llevado en parte a la proliferación de morabitos sin escrúpulos que tienen poco interés en la educación o en las necesidades de los niños bajo su custodia.

Aunque muchos de los niños en las daaras de Senegal provienen de la vecina Guinea-Bissau, su gobierno no han hecho rendir cuentas a los morabitos responsables, incluso en casos claros de trata de niños. Guinea-Bissau corre también el riesgo de propagar la práctica de la mendicidad forzada si no aprende las lecciones de las décadas de inactividad de Senegal.

Los padres envían a sus hijos a daaras residenciales en gran medida por el deseo de que reciban una educación religiosa, y muchos también están influidos por la falta de medios económicos para mantenerlos en casa. La mayoría de los padres no proporcionan ningún apoyo financiero o emocional cuando envían al niño a un morabito. Mientras que algunos carecen de conocimiento sobre el abuso - en parte debido a la ofuscación deliberada del morabito - otros envían voluntariamente a sus hijos a una situación que de antemano conocen como abusiva.

Agencias de ayuda humanitaria, tratando noblemente de llenar el vacío en la protección dejado por el Gobierno, a veces se encuentran atrapados en los abusos. Al centrar la asistencia en daaras urbanas y descuidar las escuelas rurales, muchas organizaciones humanitarias nacionales e internacionales ofrecen el incentivo a los daaras para cambiarse de zonas rurales a las urbanas, donde la mendicidad forzada es rampante. En algunos casos, los esfuerzos de estas organizaciones incrementan los márgenes de beneficio de los morabitos sin escrúpulos al darles ayuda directamente y no supervisar la manera en que el dinero es utilizado. Estos organismos a menudo no denuncian el abuso o no desafían la inacción del Estado, en parte, para mantener buenas relaciones con el morabito y las autoridades.

"Millones de dólares están llegando a los programas humanitarios y gubernamentales para ayudar a los talibés y prevenir el abuso, sin embargo, la prevalencia de niños en la mendicidad forzada en las daaras sigue aumentando", dijo Gagnon. "El abuso desenfrenado de estos niños sólo se erradicará cuando el Gobierno haga rendir cuentas a los morabitos responsables".

El fracaso del Gobierno es una violación de sus responsabilidades en virtud de la Convención sobre los Derechos del Niño y la Carta Africana sobre los Derechos y Bienestar del Niño, además de los convenios sobre el tráfico, las condiciones análogas a la esclavitud, y las peores formas de trabajo infantil.

Human Rights Watch también instó a la Organización de la Conferencia Islámica a denunciar la práctica de la mendicidad forzada como contraria a las obligaciones de derechos humanos en virtud de la Declaración de El Cairo de los Derechos Humanos en el Islam, y pide al Relator Especial de Naciones Unidas sobre las formas contemporáneas de la esclavitud llevar a cabo una investigación sobre la situación de los talibés.