(Ginebra) – La pérdida de vidas y medios de subsistencia provocada por las municiones de racimo empleadas por Rusia y Georgia durante el conflicto armado de agosto de 2008 subraya la importancia del nuevo tratado para su prohibición, señaló Human Rights Watch en un informe publicado hoy. Estados Unidos, China, Rusia, Georgia y otros países que se oponen al tratado se reunirán esta semana en Ginebra con el empeño de alcanzar un acuerdo diferente y mucho más débil.

El informe de 80 páginas “A Dying Practice: Use of Cluster Munitions by Russia and Georgia in August 2008” (Una práctica moribunda: Uso de municiones de racimo por parte de Rusia y Georgia en agosto de 2008) es el primer examen exhaustivo del uso de municiones de racimo por parte de Rusia y Georgia durante el conflicto de una semana sobre el enclave separatista de Osetia del Sur. Las investigaciones de campo de Human Rights Watch de agosto, septiembre y octubre de 2008 documentaron docenas de muertos y heridos civiles a causa de las municiones de racimo, lo que incluye algunas bajas después de finalizar el conflicto. Las submuniciones sin detonar siguen constituyendo una amenaza para la población civil. Rusia niega haber utilizado estas municiones, a pesar de las pruebas considerables que demuestran lo contrario.

“Las municiones de racimo siempre acaban matando y lisiando a civiles, durante los combates y mucho después de los mismos”, señaló Bonnie Docherty, investigadora de la división de Armas de Human Rights Watch y autora del informe. “La única solución real es una prohibición global. El denominado uso responsable de las municiones de racimo es un mito y los países deben resistirse a los intentos de debilitar la prohibición”, agregó.

La nueva Convención sobre Municiones de Racimo, que se abrió a las firmas de los Estados en diciembre de 2008, prohíbe categóricamente este armamento. También requiere a los países que limpien las zonas contaminadas y asistan a las personas y comunidades afectadas. Hasta la fecha, 96 Estados han firmado la Convención y seis Estados la han ratificado. Seis meses después de la trigésima ratificación, entrará en vigor y su cumplimiento será obligatorio.

En una conferencia de cuatro días que comenzó hoy en Ginebra, los países que se han opuesto a la Convención están intentando acordar un instrumento legal alternativo para la reglamentación, no la prohibición, de las municiones de racimo. Estos países promueven un proyecto de protocolo a la Convención sobre Armas Convencionales, lo que permitiría el uso en el futuro de las mismas municiones de racimo empleadas por ambos bandos en Georgia.

Durante el conflicto de agosto de 2008 sobre la región separatista de Osetia del Sur, el uso de Rusia y Georgia de las municiones de racimo es un buen ejemplo de los problemas humanitarios que provoca cualquier empleo de este armamento. Human Rights Watch encontró rastros de municiones de racimo de ambos bandos en zonas pobladas. Pudo confirmar también que al menos 16 civiles murieron y 54 resultaron heridos por este armamento en Georgia, al sur de la frontera administrativa con Osetia del Sur. Además, municiones sin detonar plagaron los campos, lo que obstaculizó la cosecha.

“Los Estados deben hacer que el conflicto entre Rusia y Georgia sea la última vez en que las municiones de racimo matan y lisian a civiles”, señaló Doherty. “La ratificación inmediata de la Convención sobre Municiones de Racimo es la mejor manera de lograrlo”, agregó.

Cuando se produjo el conflicto, 107 Estados ya habían adoptado el texto definitivo de la Convención sobre Municiones de Racimo. Sin embargo, Rusia y Georgia ignoraron el creciente consenso internacional sobre la prohibición de este armamento. Human Rights Watch instó a todos los países a que firmen y ratifiquen lo antes posible la Convención sobre Municiones de Racimo para reforzar la estigmatización de este armamento y contribuir a que sea obligatorio respetar el tratado.

Las municiones de racimo son armas de gran tamaño que desprenden docenas o cientos de submuniciones más pequeñas. Se pueden lanzar desde el aire o desde el terreno, y provocan principalmente dos problemas humanitarios. En primer lugar, su amplio alcance asegura que se produzcan bajas civiles cuando se emplean en zonas pobladas. En segundo lugar, muchas submuniciones no llegan a detonar en el impacto y provocan bajas civiles en los meses y años venideros.

Human Rights Watch concluyó que Rusia había violado el derecho internacional humanitario con sus ataques indiscriminados y desproporcionados con municiones de racimo contra áreas pobladas de Georgia. Por ejemplo, cubrió durante dos días la ciudad de Variani con municiones de racimo, causando 19 bajas civiles. Human Rights Watch identificó restos de municiones de racimo rusas en las cercanías o el interior de siete ciudades y pueblos. En marzo, Norwegian People’s Aid, una organización internacional de desminado, informó que había hallado restos de municiones de racimo en otros dos pueblos.

Human Rights Watch también documentó muertes provocadas por municiones de racimo georgianas en el interior o los alrededores de nueve áreas pobladas de Georgia, al sur de la frontera administrativa con Osetia del Sur. El gobierno georgiano reconoció haber empleado municiones de racimo, pero afirmó que iban dirigidas contra las tropas y el equipo de las fuerzas invasoras rusas en el Sur de Osetia, que se encontraban en una zona normalmente despoblada. Las municiones de racimo dejaron una cantidad inusual de submuniciones sin detonar y no cubrieron el alcance mínimo. Esta evidencia sugiere que los fallos masivos del armamento podrían haber provocado que las submuniciones georgianas no alcanzaran los objetivos programados en Osetia del Sur. Independientemente de que funcionaran o fallaran, su uso demuestra que las municiones de racimo siempre conllevan un gran riesgo.

“Independientemente de quién las use y el tipo que se use, las municiones de racimo presentan un riesgo inaceptable para la población civil y tienen que eliminarse”, señaló Docherty.

En este informe, Human Rights Watch insta a Rusia y Georgia a que realicen investigaciones independientes e imparciales sobre el uso de municiones de racimo y hagan públicos los resultados. Deben exigir responsabilidades a todas las personas halladas culpables del uso de municiones de racimo contraviniendo el derecho internacional humanitario. Para facilitar el proceso de remoción, Rusia y Georgia deben facilitar a los desminadores información sobre la ubicación, los tipos y la cantidad de municiones de racimo empleadas.

El 15 de agosto de 2008, Human Rights Watch fue la primera organización que documentó el uso de municiones de racimo en Georgia. El nuevo informe se basa en múltiples misiones de seguimiento; entrevistas con más de un centenar de testigos, desminadores y funcionarios del gobierno; y el análisis de pruebas físicas.

“Una práctica moribunda” es el último de una serie de informes que documentan el uso de municiones de racimo en todo el mundo. Human Rights Watch ha publicado otros estudios exhaustivos sobre esta práctica en Kosovo en 1999, en Afganistán en 2001-2002, en Iraq en 2003, y en el Líbano e Israel en 2006.