Migrants who crossed the U.S.-Mexico border in El Paso, Texas, in a photo dated May 29, 2019.

© 2019 US Customs and Border Protection via AP, File

El pequeño de tres años ante mí tenía el cabello enmarañado, tos seca, pantalones embarrados y se le cerraban los ojos del agotamiento. La única persona a su cuidado en las últimas tres semanas, transcurridas primero en una jaula de alambrado y luego en una celda, no había sido otro que... su hermano de 11 años.

Los dos niños cruzaron hacia EE. UU. con un tío, de 18 años, a fines del mes pasado, contó el hermano mayor, al tiempo que el pequeño se durmió sobre dos sillas de oficina. Fueron separados de su familiar adulto y enviados al centro de la Patrulla Fronteriza de Clint, un puesto de avanzada cerca de El Paso, Texas, que hasta ayer alojaba a cerca de 250 niños y niñas migrantes no acompañados o separados de sus familias.

Esta semana, he estado trabajando junto con un equipo de abogados y médicos que dan seguimiento a las condiciones en centros fronterizos, incluido el de Clint. Lo que encontramos fue devastador.

Los niños y las niñas no deberían estar más de unas pocas horas en cárceles fronterizas destinadas a períodos breves de detención, y la legislación estadounidense limita su detención en condiciones normales a 72 horas. Sin embargo, muchos de los niños y niñas que entrevistamos en Clint habían estado allí tres o cuatro semanas. La Patrulla Fronteriza afirma que la gran afluencia de personas que llegan a través de la frontera está causando estas demoras, mientras esperan que se generen espacios en los centros de detención y los albergues gestionados por la Oficina de Reubicación de Refugiados del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, que supuestamente son más acogedores para los niños y las niñas. Según pudimos observar en nuestras entrevistas, los funcionarios no estarían realizando gestiones para que se entreguen los niños y las niñas a sus cuidadores (muchos tienen familiares en EE. UU.), en vez de retenerlos durante semanas en celdas atestadas, donde duermen sobre pisos de cemento. Casi todos los niños y las niñas con los que hablé no habían tenido ningún tipo de comunicación con sus angustiados padres.

Mientras tanto, se está gestando una emergencia de salud pública. Aunque no se nos permitió hablar con niños y niñas que se encontraban en cuarentena en celdas especiales en Clint destinadas quienes tienen gripe, recientemente varios niños pequeños retenidos en instalaciones del sur de Texas fueron internados en hospitales, luego de que intercedieran médicos y abogados. En Clint, diversos niños nos dijeron que no tienen acceso periódico a duchas o prendas de vestir limpias, y algunos manifestaron que no se les había permitido bañarse por semanas y que no siempre tienen acceso a jabón. El Gobierno de EE. UU. manifestó en la justicia el martes que su obligación de brindar condiciones “seguras e higiénicas” no exige brindar a los niños artículos de higiene como jabón o cepillos de dientes.

Muchos de los niños y las niñas en el establecimiento de Clint son demasiado pequeños para lavarse o alimentarse por sí solos, y pese a esto se permite que deban valerse por sí mismos, sin otra ayuda más que la de otros niños más grandes con los que no tienen vínculos familiares. Los niños y las niñas detenidos con los que hablamos nos contaron sobre un bebé de apenas seis meses que estaba siendo cuidado por un adolescente con el que no tenía un nexo familiar, debido a que su madre se encontraba en el hospital. También nos contaron sobre una niña de 15 años que se ocupaba de una pequeña de dos años que estaba enferma, con la que no tenía vínculo alguno, que había sido separada de su familia.

La Dra. Ewen Wang, pediatra de urgencias en Stanford que participó en nuestro equipo, me dijo que si un niño se presentara en su servicio e informara este tipo de trato, se vería obligada a denunciar el caso como abandono infantil. La semana pasada, el equipo de seguimiento identificó a una madre adolescente, que se encontraba en silla de ruedas tras haber sido sometida poco antes a una cesárea, y a su bebé prematuro en una cárcel de la Patrulla Fronteriza en el sur de Texas. (Ambos fueron transferidos posteriormente a un albergue).

Las condiciones que vi esta semana coinciden con hallazgos anteriores de Human Rights Watch sobre los perjuicios que enfrentan los niños y las niñas al estar detenidos en dependencias de la Patrulla Fronteriza, pero ahora estos efectos se acumulan a lo largo de semanas, en vez de días. El Congreso debería actuar con urgencia para investigar y tomar medidas que pongan fin a estos abusos inadmisibles, como exigir que los organismos inmigratorios liberen a estos niños y niñas tan pronto como sea posible y los entreguen a sus familiares.