¿Todas las formas de aborto están prohibidas en la República Dominicana?

Así es. Incluso en casos en los que una mujer o niña está embarazada debido a violación o incesto, si su vida está en riesgo o si el feto no tiene posibilidades de vida extrauterina. Pero la prohibición, que rige desde 1884, no impide que haya abortos; simplemente obliga a las mujeres a tener abortos clandestinos.

Las mujeres con dinero e información pueden viajar al extranjero o encontrar proveedores clandestinos seguros. Pero si la persona es de una zona rural, o si es joven o pobre, o no cuenta con información sobre aborto o personas que puedan ayudarla, es probable que recurra a métodos menos seguros.

Y mueren mujeres por abortos inseguros. Cerca del 8 % de las muertes maternas en el país se atribuyen a complicaciones relacionadas con abortos espontáneos o ilegales, aunque es probable que la proporción sea mayor.

¿Cuáles son los métodos menos seguros?

El aborto clandestino se ha vuelto más seguro ahora que existen medicamentos para inducir el aborto. Muchas mujeres y niñas usan misoprostol, que normalmente su utiliza para inducir el parto y tratar úlceras estomacales. Muchas igualmente recurren a métodos tradicionales del lugar para terminar el embarazo; sin embargo, el uso de hierbas, infusiones y brebajes puede entrañar riesgos y causar complicaciones con riesgo para la vida. Algunas mujeres embarazadas intentan debilitar su estado de salud con la esperanza de que esto provoque un aborto espontáneo, y se privan de descansar, comer o tomar agua. Algunas toman medicamentos como pastillas para dormir, que son perniciosas para el embarazo. Una mujer con la que hablé se golpeó el abdomen con un bloque de cemento.

¿Qué complicaciones se manifiestan cuando las mujeres hacen esto?

Pueden sufrir abundante sangrado y dolor intenso. A veces el embarazo se interrumpe, pero queda tejido en el útero. Si no se quita el tejido, eso puede causar graves infecciones o incluso la muerte.

República Dominicana: Prohibición del aborto pone en peligro la salud

La prohibición total del aborto en la República Dominicana supone una amenaza para la vida y la salud de las mujeres y vulnera sus derechos. En la República Dominicana, el aborto es ilegal en todas las circunstancias, incluso cuando el embarazo supone un riesgo para la vida, es inviable o se produjo como resultado de una violación.

¿Por qué las mujeres están tan desesperadas que recurren a esto?

Si una mujer no desea continuar un embarazo, es por algún motivo. La mayoría de las mujeres con quienes hablé querían un aborto debido a que tenían dificultades económicas. Tal vez ellas o sus parejas no trabajaban. Algunas no estaban en condiciones de ocuparse de otro hijo. Algunas tenían una pareja violenta o abusiva, o la relación no era estable. Cuando una mujer o niña se embaraza debido a una violación sexual, cuando un embarazo pone en riesgo su salud o si el feto no podrá sobrevivir fuera del útero, ser obligada a seguir adelante con un embarazo puede sentirse como una tortura.

Entrevisté a un capacitador en salud de una clínica que, algunos días antes, había hablado con una niña de 11 años que estaba embarazada porque su padrastro la había violado. No entendía lo que le había sucedido y el proveedor no podía hacer nada, excepto derivarla a atención prenatal.

Esto es lo que sucede cuando se prohíbe el aborto.

¿Supongo entonces que los médicos podrían ser encarcelados por realizar abortos?

Sí, se prevén penas de hasta 20 años para los proveedores que practiquen abortos y de hasta dos años para las mujeres que se sometan a abortos. Hecha esta salvedad, la República Dominicana no es como El Salvador, donde más de una decena de mujeres que supuestamente tuvieron abortos están en prisión tras haber sido acusadas de homicidio culposo, homicidio u homicidio agravado. En la República Dominicana no son habituales las detenciones ni los procesos penales por esta causa. Sin embargo, la ley genera temor y hace que el proceso en su totalidad sea clandestino, y provoca así que sea menos seguro.

También impide que los médicos actúen teniendo en cuenta lo más beneficioso para sus pacientes. Algunos médicos sí hacen abortos de manera secreta para ayudar a sus pacientes, pero se exponen a un enorme riesgo para ellos y sus carreras. Imagínese si tuviera que mirar a estas mujeres a los ojos y decirles “Usted podría morir a causa del embarazo, pero no puedo ayudarla”.

¿Cuáles de las mujeres con quienes habló le causaron una impresión más fuerte?

Hubo muchísimas. Una era una joven profesional. Tenía educación, vivía en una ciudad y tenía buenos ingresos. El método anticonceptivo que usaba falló. Cuando supo que estaba embarazada, pensó “mi vida terminó”. Habló con una amiga de una amiga que había ido a una clínica de aborto clandestina, y ella también acudió allí. Contó que el lugar era sucio, y no había agua corriente ni sábanas en la cama. Posteriormente, el proveedor le indicó que tomara antibióticos y se aplicara una vacuna antitetánica, y eso dice mucho sobre cuáles eran las condiciones.

Afortunadamente, no tuvo infecciones. Aunque no lamenta la decisión, dijo que “podría haber muerto”. Hoy se ha convertido en una activista que trabaja para que el aborto sea seguro y legal.

Muchas mujeres y niñas que entrevisté intentaron abortar solas o en compañía de otras personas. Es un proceso solitario. Tomaron una decisión en aislamiento, consiguieron pastillas en una farmacia y las tomaron con una infusión. Luego esperaron. Y si el dolor o el sangrado se volvían demasiado, entonces acudirían a un centro de salud para pedir ayuda.

¿Cómo se trata a las mujeres en los centros de salud?

A algunas mujeres les atemoriza tanto la posibilidad de maltrato o de que se las denuncie a las autoridades que no buscan obtener tratamiento. A aquellas que sí lo hacen, a menudo se las obliga a esperar largos períodos o no se les brinda analgesia si los médicos tienen que quitar tejidos del útero, presuntamente a modo de “castigo” por interrumpir un embarazo. A veces, el personal amenaza a las mujeres y les dice cosas terribles, como “asesina”. Algunas mujeres que acudieron a centros de salud luego de sufrir abortos espontáneos dijeron que recibieron un trato hostil porque el personal sospechaba que habían provocado el aborto.

Hablé con una mujer de una zona rural que ya tenía cuatro hijos y sabía que no podía permitirse tener otro. Tomó una infusión —un remedio casero– y sufrió fuertes dolores, pero no tuvo demasiado sangrado. Sabía que algo no estaba bien, y por eso fue a un centro de salud. El médico ni siquiera la revisó y tampoco le indicó medicamentos para el dolor; simplemente le recetó misoprostol para quitar el tejido del útero y la envió de regreso a su casa. Sintió que estaba siendo juzgada y que no le prestaron suficiente atención. Al tomar la medicación, tuvo dolores intensos, pero no quiso regresar, entonces decidió soportarlo en soledad.

Algunas semanas más tarde todavía sentía dolores, y cuando fue a un control le dijeron que había desarrollado una infección. Cuando hablé con ella, hacía meses que tenía dolores.

¿Qué le sorprendió durante su investigación?

Que las mujeres y niñas estuvieran abiertamente dispuestas a hablar conmigo sobre el aborto, a pesar de que es ilegal. Como lo explicó una defensora que se dedica a este tema desde hace mucho tiempo, las mujeres en la República Dominicana siempre han desafiado la legislación sobre aborto e interrumpido embarazos que no podían llevar a término.

¿Es posible acceder fácilmente a métodos de control de natalidad en la República Dominicana?

Todas las personas que entrevistamos tenían al menos algún tipo de información sobre anticonceptivos. El sistema de salud pública ofrece una variedad de opciones que son gratuitas o de bajo costo. Pero a veces iban a recibir una inyección o a que les entregaran pastillas y el hospital no tenía. Algunas mujeres afirman que los métodos de control de natalidad hacen que se enfermen o que haya cambios en sus cuerpos, y que entonces los abandonan.

A veces, los anticonceptivos fallan. Hablamos con una mujer que se enteró de que estaba embarazada cuando tenía 17 años, tres meses antes de terminar la escuela secundaria, a pesar de que se estaba aplicando inyecciones para evitar el embarazo. Consideró la posibilidad de un aborto, pero estaba atemorizada. Cuando el director de la escuela privada a la que asistía se enteró del embarazo, fue expulsada. El director le dijo que no podía estar embarazada en la escuela.

Ser expulsada de la escuela es una consecuencia específica para las niñas. ¿Hay otras formas en que las niñas se vean afectadas de manera distinta de las mujeres?

En primer lugar, las adolescentes tienen menor acceso que los adultos a la información sobre salud sexual y reproductiva. Suele ocurrir que las niñas se enteran de que están embarazadas más tarde de lo normal, porque no conocen los síntomas. Para entonces, es riesgoso o imposible tener un aborto clandestino. Debido a que tener un bebé hace que sea más probable que sus planes se frustren —podrían expulsarlas de la escuela o presionarlas para casarse—, de hecho tienen mayores probabilidades de intentar métodos de aborto más riesgosos. Sus experiencias nos resultaron tan movilizadoras que estamos haciendo un informe separado basado en sus testimonios.

¿Qué quisiera que ocurra?

El Gobierno debería despenalizar el aborto.

La República Dominicana ha estado en un proceso de reforma de su Código Penal por más de dos décadas. Una de las cuestiones controvertidas han sido los artículos relacionados con el aborto. Algunos miembros del Congreso y el Presidente apoyan el aborto en casos de violación o incesto, cuando está en riesgo la vida de la madre o cuando el feto es inviable. Sin embargo, esto no ha sido aprobado por el Congreso. El Presidente vetó dos versiones del Código Penal que le fueron presentadas sin estos cambios.

Existe un esfuerzo dinámico de la sociedad civil para que se legalice el aborto en estos supuestos. En julio, hubo una marcha multitudinaria en la calle convocada por una gran coalición de organizaciones. A finales de octubre, presentaron una petición, que fue firmada por 10.000 personas, en la que se instó al Congreso a despenalizar el aborto. Una defensora con la que hablé manifestó “Tengo 63 años, estoy en esta lucha desde hace más de 40 años y quiero que sepan que no voy a darme por vencida. No voy a dar marcha atrás”. Y eso es algo sumamente inspirador.