(Washington, D.C.) – El gobierno venezolano ha perseguido a quienes criticaron sus ineficientes esfuerzos para abordar la grave crisis de escasez de medicamentos esenciales y comida que existe en el país, señaló Human Rights Watch en un informe difundido hoy. Los gobiernos regionales deberían ejercer presión sobre el gobierno del Presidente Nicolás Maduro para que adopte medidas inmediatas que aborden adecuadamente la profunda crisis humanitaria que enfrenta el país, incluyendo la búsqueda de alternativas para obtener mayor asistencia internacional.

Leidy Cordova, de 37 años, con cuatro de sus cinco hijos en su vivienda en Cumaná, Venezuela, 16 de junio de 2016. Su heladera descompuesta contenía los únicos alimentos que había en la casa: una bolsa de harina de maíz y una botella de vinagre.

El informe de 82 páginas, “Crisis humanitaria en Venezuela: La inadecuada y represiva respuesta del gobierno ante la grave escasez de medicinas, insumos y alimentos, documenta que la escasez ha generado enormes dificultades para que muchos venezolanos puedan obtener atención médica esencial o cubrir las necesidades básicas de su familia. El gobierno venezolano le ha restado importancia a la gravedad de la crisis. Aunque sus propias acciones para reducir la escasez no han tenido resultados satisfactorios, ha realizado gestiones limitadas para conseguir ayuda humanitaria internacional que podría estar disponible inmediatamente. A su vez, ha intimidado y castigado a críticos, incluidos profesionales de la salud, defensores de derechos humanos y ciudadanos de a pie que cuestionaron el desabastecimiento.

“El gobierno venezolano se ha esmerado más en negar que existe una crisis humanitaria, que en trabajar para resolverla”, observó José Miguel Vivanco, director para las Américas de Human Rights Watch. “Su inacción ha contribuido al sufrimiento de muchísimos venezolanos, para quienes es muy difícil obtener acceso a atención de salud básica y a una nutrición adecuada”.

El gobierno venezolano ha negado enfáticamente que la situación de escasez tenga las proporciones de una crisis. En aquellas ocasiones en que las autoridades admitieron que existe escasez, han sostenido que se debe a una “guerra económica” librada por la oposición política, el sector privado y gobiernos extranjeros. El gobierno no ha aportado evidencias para sustentar estos señalamientos.

Human Rights Watch entrevistó a más de 100 personas sobre la situación humanitaria en junio de 2016 en Caracas, la capital del país, y en seis estados —Aragua, Carabobo, Lara, Táchira, Trujillo y Zulia— y realizó entrevistas de seguimiento por teléfono y otros medios. Los representantes de Human Rights Watch visitaron ocho hospitales públicos, un centro de salud en la frontera con Colombia y una fundación que brinda atención de salud. Human Rights Watch entrevistó a personas que hacían colas en varios lugares para intentar comprar productos sujetos a control de precios, así como a proveedores de la salud, personas que procuraban recibir atención médica, personas que habían sido detenidas en relación con protestas por el desabastecimiento, defensores de derechos humanos y expertos en salud pública.

El gobierno venezolano ha perseguido a quienes criticaron sus ineficientes esfuerzos para abordar la grave crisis de escasez de medicamentos esenciales y comida que existe en el país.

La escasez de medicamentos básicos y otros insumos médicos cruciales ha llevado a un drástico deterioro de la calidad y la seguridad de la atención en salud durante los dos últimos años, señaló Human Rights Watch. Diversos médicos y pacientes sostuvieron que existe una grave escasez en el país—y, en algunos casos, un desabastecimiento total— de medicamentos básicos como antibióticos y analgésicos. Entre los insumos que faltaban o escaseaban en hospitales públicos se incluían guantes estériles, gaza y alcohol de uso médico.

Una encuesta realizada en agosto de 2016 por una red de más de 200 médicos determinó que, en el 76 por ciento de los hospitales públicos donde trabajaban, no contaban con los medicamentos básicos que, según la red, deberían estar disponibles en cualquier hospital público en funcionamiento.

Usualmente, las personas con urgencias o que presentaban condiciones de salud crónicas, como cáncer, hipertensión, diabetes y epilepsia, así como pacientes con trasplantes de órganos, describieron las dificultades que enfrentaron para encontrar medicamentos básicos. Los medicamentos a menudo no están disponibles en farmacias públicas ni privadas, si se compran en el extranjero tienen un costo prohibitivo, y en el mercado negro no se consiguen o tienen un precio tan elevado que resultan prácticamente inaccesibles. Además, no existe ninguna garantía de la calidad de aquellas medicinas que se consiguen en el mercado negro.

La “angustia, esa incertidumbre es un estrés diario”, aseveró la madre de una niña de 9 años con diabetes en alusión a sus intentos por conseguir los medicamentos que necesita su hija.

La tasa de mortalidad materna informada por el Ministerio de Salud venezolano para los primeros cinco meses de 2016 fue un 79 por ciento más elevada que la indicada en las estadísticas oficiales disponibles más recientes, correspondientes a 2009. La tasa de mortalidad infantil de 2016 fue un 45 por ciento más alta que la de 2013. Varios profesionales de la salud dijeron a Human Rights Watch que la escasez de productos médicos y las condiciones insalubres en las salas de parto de los hospitales son factores que contribuyen considerablemente a esas estadísticas.

Human Rights Watch comprobó que muchos venezolanos tienen cada vez mayores dificultades para tener una alimentación adecuada, sobre todo aquellas familias con ingresos bajos o medios que dependen de productos sujetos a controles de precios establecidos por el gobierno. En algunos mercados hay alimentos e incluso artículos de lujo, pero se venden a precios que muchas personas no pueden pagar.

Según pudieron observar profesionales de Human Rights Watch, las personas deben formar largas filas cada vez que los supermercados reciben productos regulados. Diversas personas que esperaban en las filas dijeron que intentaban comprar artículos como arroz, pasta, harina, pañales, pasta dental y papel higiénico. Muchas veces, los supermercados se quedaban sin productos regulados mucho antes de haber atendido a todas las personas que estaban en la fila.

Una encuesta llevada a cabo en 2015 por organizaciones independientes y dos prestigiosas universidades venezolanas concluyó que el 87 por ciento de las 1.488 personas encuestadas en 21 ciudades del país —en su mayoría pertenecientes a familias con bajos ingresos— dijeron tener dificultades para comprar alimentos. El 12 por ciento señaló que solamente comían una o dos veces por día.

El gobierno venezolano se ha esmerado más en negar que existe una crisis humanitaria, que en trabajar para resolverla.

José Miguel Vivanco

Director para las Américas

Diversos académicos de salud pública han asociado la inseguridad alimentaria en distintos países latinoamericanos con graves problemas de salud física y mental entre adultos, y escaso crecimiento y desarrollo socioemocional y cognitivo en niños. En Venezuela, varios médicos, representantes de distintas comunidades y padres manifestaron a Human Rights Watch que estaban comenzando a advertir síntomas de malnutrición, especialmente en niños.

El discurso oficial acerca de la existencia de una “guerra económica” le ha servido al gobierno para intentar justificar el empleo de tácticas autoritarias para intimidar y castigar a críticos. El gobierno ha arremetido contra profesionales médicos que expresaron su preocupación por la situación de escasez, amenazándolos con apartarlos de sus cargos en hospitales públicos. También ha amenazado con interrumpir el financiamiento internacional de organizaciones de derechos humanos. Y ha respondido tanto a marchas organizadas como a manifestaciones espontáneas por la escasez con violentas golpizas, detenciones y prohibiciones injustificables a participar en protestas. Algunas personas han sido juzgadas en tribunales militares, lo cual constituye una violación de su derecho a un juicio justo.

El gobierno venezolano debería adoptar medidas inmediatas y urgentes para articular e implementar políticas eficaces contra la crisis, incluso buscando asistencia humanitaria internacional, sostuvo Human Rights Watch. El gobierno también debería dejar de intimidar y castigar a sus críticos. Los países miembros de la Organización de los Estados Americanos (OEA) deberían realizar un seguimiento atento y constante de la situación, hasta que el gobierno venezolano muestre resultados en sus acciones para responder a la crisis política y humanitaria. Los organismos humanitarios de las Naciones Unidas deberían publicar una evaluación independiente del alcance y el impacto de la escasez, así como de las medidas que se necesitan para abordarlos.

“Sin una firme presión internacional, sobre todo de la región, es altamente improbable que el gobierno de Maduro tome medidas para enfrentar la crisis humanitaria que sufre Venezuela, y, tal caso, sus gravísimas consecuencias sólo se agravarán”, manifestó Vivanco.

Selección de testimonios de venezolanos entrevistados por Human Rights Watch:

  • “Carlos Sánchez”, de 33 años, de Maracay, estado Aragua, fue diagnosticado con linfoma de Hodgkin en octubre de 2015. Para su primera operación, Sánchez tuvo que comprar y llevar al hospital medicamentos e insumos, incluidos analgésicos, antibióticos y soluciones salinas, según contó su esposa, “Ana Vargas”. Vargas dijo que ha usado mensajes de WhatsApp y medios sociales, como Instagram y Facebook, para pedir los medicamentos que Sánchez necesitaba para la operación y que necesita desde entonces. Afirmó que no ha podido conseguirlos en las farmacias locales. Vargas, quien trabaja para un organismo gubernamental, pidió que sus nombres no se dieran a conocer por temor a perder su empleo o tener dificultades aún mayores para ayudar a su esposo a recibir tratamiento en instituciones públicas.
  • Desde mediados de 2014, los padres de Carol Jiménez, una niña de 9 años con diabetes de Valencia, estado Carabobo, han tenido enormes dificultades para encontrar insulina que permita controlar su nivel de azúcar en sangre y tiras reactivas para medir estos niveles, según dijo su madre, Deysis Pinto. Previamente, dijo Pinto, “era normal, íbamos a la farmacia y a través de los laboratorios inclusive” conseguían lo que necesitaban. Actualmente Pinto pone gran empeño en intentar conseguir los medicamentos necesarios, y si bien ha podido hacerlo, “esa angustia, esa incertidumbre es un estrés diario”. Contó que recurren a redes sociales con otros pacientes diabéticos, incluso a través de Twitter, Instagram y mensajes de grupos de WhatsApp, para buscar medicamentos en farmacias en otras partes del país. Dado que Jiménez no había podido recibir envíos de medicamentos desde otras partes del país, ha tenido que esperar que alguien viajara a Valencia desde cualquier otro lugar donde estuvieran disponibles para que se los trajera. “Así es como nosotros podemos obtener el tratamiento que es vida para nuestros hijos”, dijo Pinto.
  • Sandra Silva, de 33 años, es madre de un niño pequeño que sufre frecuentemente fiebre alta y convulsiones, y durante más de un año no ha podido comprar acetaminofén ni paracetamol para su hijo en el estado Táchira, según contó. Recientemente, en una de las ocasiones que llevó a su hijo a un hospital público, los médicos no pudieron darle medicamentos, y le dijeron que bañara al niño para impedir que la fiebre subiera, según Silva. Ella dijo que ha estado comprando los medicamentos para su hijo en Colombia, donde cuestan casi 10 veces más que en Venezuela.
  • Lizbeth Hurtado, una paciente de 30 años en Caracas con enfermedad de Crohn, una afección gastrointestinal crónica, ha tenido dificultades para conseguir medicamentos desde mediados de 2015. Hurtado contó que ha debido interrumpir el tratamiento, y que esto agravó los síntomas, que incluyen pérdida de peso y de cabello, problemas intestinales y erupciones cutáneas. Hurtado ha publicado sus búsquedas de medicamentos en redes sociales, y ha creado una red de personas que padecen enfermedades similares, para compartir medicamentos cuando alguien los consigue. En algunas ocasiones, cuando no ha podido encontrar medicamentos en ningún otro sitio, Hurtado ha tomado comprimidos vencidos que obtuvo a través de las redes sociales, según contó.
  • Jesús Espinoza, un joven de 16 años de Valencia, estado Carabobo, que ha sido sometido a tres trasplantes renales, recibe hemodiálisis desde 2013, según contaron Espinoza y sus padres a Human Rights Watch. Su madre dijo que van “de farmacia en farmacia” buscando medicamentos, incluso aquellos necesarios para controlar la presión arterial de Espinoza, lo cual es indispensable para mantener estable su condición. Cuando sí hay medicamentos, dijo, “uno tiene un gentío por delante, cuando tú llegas a comprar, ya no hay nada. Entonces no se consigue el medicamento”. En esos casos, las madres en el hospital a veces intercambian distintos medicamentos que necesitan sus hijos, contó la madre de Espinoza, y en general esto le ha permitido obtener los medicamentos que necesita su hijo.