Tres talibés piden dinero a un taxista en una calle de Dakar, la capital senegalesa. Cada uno de ellos lleva un bote de tomate para recaudar dinero, arroz y azúcar para llevar a su maestro coránico.

© 2008 Thomas Lekfeldt

Por primera vez, las autoridades senegalesas han comenzado a aplicar una ley que prohíbe que los niños sean obligados a pedir limosna, en respuesta a una investigación de Human Rights Watch sobre los abusos generalizados que tienen lugar en las escuelas coránicas para niños. Desde que publicamos nuestro informe sobre la cuestión, diez profesores que obligaban a niños a mendigar han sido condenados, acabando con la grave negligencia y los terribles abusos físicos que sufrían muchos de los niños que habían sido confiados a su cuidado.

A finales de 2009, los investigadores de Human Rights Watch documentaron el sistema de explotación al que estaban sometidos los niños que asistían a escuelas coránicas, conocidos como talibés. Estos menores eran obligados a mendigar durante todo el día, siete días a la semana, en las calles de Senegal, hasta reunir las cuotas de alimentos y dinero fijadas por sus profesores, conocidos como morabitos. Los morabitos a menudo viven en relativa opulencia, ya que se quedan con todo lo que los niños consiguen mendingando. Cuando los niños no cumplen con las cuotas, pueden recibir brutales palizas a manos de los morabitos.

Malick L., un ex talibé de 13 años, mostró a Human Rights Watch las cicatrices de los golpes que recibió de su morabito hacía más de un año, y relató su experiencia, que era muy similar a la de otros talibés que entrevistamos.

“Cuando no podía reunir la cuota, el morabito me pegaba”, nos contó Malick. “Incluso si me faltaban 5 francos CFA (US$0.01), me golpeaba… me pegó una y otra vez, generalmente en la espalda, pero a veces fallaba y me daba en la cabeza”.

Llevamos a cabo casi 300 entrevistas con talibés actuales y antiguos, familias que envían a sus hijos a las escuelas coránicas, morabitos, eruditos islámicos y funcionarios gubernamentales y de agencias humanitarias. En abril, dimos a conocer nuestras conclusiones en una conferencia de prensa en Dakar con un erudito islámico y un socio de una ONG local de Senegal, que también trabaja en este tema. Utilizamos la publicidad generada por la conferencia de prensa para ponernos en contacto con los gobiernos donantes y les instamos a presionar al Gobierno de Senegal para que adoptara medidas concretas para enjuiciar a los morabitos abusivos y que promulgara normas para estas escuelas y velara por su cumplimiento.

Al día siguiente, durante una conferencia de prensa con el presidente de Senegal, Abdoulaye Wade, la entonces gobernadora general de Canadá, Michaëlle Jean, hizo eco de nuestros hallazgos y declaró que esos abusos representaban una forma de “esclavitud moderna”. Sus comentarios protagonizaron los titulares de periódicos de todo el mundo.

El Gobierno de EE.UU. rápidamente se centró en cómo los abusos que documentamos constituyen la peor variedad de trabajo infantil y en el hecho de que muchos talibés, víctimas de la trata de personas, provienen de la vecina Guinea-Bissau, otro país destacado en nuestro informe. Después de haber criticado las políticas de Senegal sobre el tráfico humano durante años, Estados Unidos actuó como un aliado clave en nuestros esfuerzos por influir en el Gobierno de Senegal. Armados con nuestro informe, funcionarios de EE.UU. advirtieron que cortarían toda la ayuda bilateral si el Gobierno de Senegal no hacía cumplir sus propias leyes contra la mendicidad forzada y tomaba medidas inmediatas para poner fin al tráfico de los talibés.

Como resultado, las autoridades senegalesas han comenzado a aplicar una ley que existía desde 2005, pero que nunca antes habían hecho cumplir, y que prohíbe obligar a los niños a pedir limosna. Debido a que los morabitos tienen un inmenso poder social y político en sus comunidades locales, hasta ahora el Gobierno senegalés había hecho la vista gorda ante la difícil situación de unos 50,000 talibés, la gran mayoría de los cuales tienen menos de 12 años, y muchos cuentan apenas con cuatro.

Ahora, con la aplicación rigurosa de la nueva ley, hay esperanza de que Malick L. y otros como él ya no se vean obligados a mendigar. A medida que mantenemos la presión sobre el Gobierno de Senegal para que siga llevando a los morabitos abusivos ante la justicia, también lo estamos instando a que publique normas sobre quién puede abrir y dirigir una escuela coránica, las cuales no cuentan con ningún tipo de regulación. Estamos encabezando una coalición de ONGs senegalesas e internacionales que trabaja en esta cuestión para garantizar que los talibés ya no se vean privados de su derecho a la educación, a medida que las autoridades velan por el cumplimiento de la ley.