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Brasil: Incendios en la Amazonía afectan la salud de miles de personas

El gobierno de Bolsonaro propicia la deforestación e incumple compromisos en materia climática

(Brasilia) – Los incendios asociados a la deforestación descontrolada están intoxicando el aire que respiran millones de personas y afectan la salud en toda la Amazonía brasileña, señalaron el Instituto de Investigación Ambiental de la Amazonia (IPAM), el Instituto de Estudios para Políticas de Salud (IEPS) y Human Rights Watch en un informe presentado hoy. Los incendios y la deforestación en la Amazonía aumentaron de forma drástica durante 2019, el primer año del gobierno de Jair Bolsonaro, y 2020 ya se perfila como un año incluso peor, concluyeron las organizaciones. 

El informe de 50 páginas, “El aire es intolerable: Consecuencias para la salud de los incendios asociados a la deforestación en la Amazonía brasileña”, se basa en datos ambientales y de salud oficiales para estimar que 2.195 hospitalizaciones por enfermedades respiratorias están relacionadas con los incendios de 2019. Casi 500 de esas hospitalizaciones fueron de niños y niñas de menos de un año, y más de 1.000 fueron personas mayores de 60. Estas internaciones representan apenas una fracción del impacto total de los incendios, ya que millones de personas estuvieron expuestas a niveles nocivos de contaminación del aire causados por las quemas relacionadas con la deforestación en la Amazonía.

“Hasta que Brasil combata con eficacia la deforestación, se continuarán repitiendo los incendios cada año, perpetuando la destrucción de la Amazonía e intoxicando el aire que respiran millones de brasileños”, destacó María Laura Canineu, directora para Brasil de Human Rights Watch. “El fracaso del gobierno Bolsonaro para frenar esta crisis ambiental tiene consecuencias inmediatas para la salud de los residentes de la Amazonía y efectos a largo plazo para el cambio climático global”.

Los incendios en la selva amazónica no se producen de manera natural. Tras la deforestación se realizan incendios provocados intencionalmente para despejar los terrenos y dar paso a la agricultura, ganadería y especulación inmobiliaria, a menudo de forma ilegal. Los incendios suelen ser más numerosos en agosto o septiembre. 

El humo contiene altos niveles de partículas finas, un contaminante asociado con enfermedades respiratorias y cardiovasculares, así como con muerte prematura. Los niños, los adultos mayores, las personas embarazadas y quienes tienen enfermedades pulmonares o coronarias preexistentes son particularmente vulnerables. 

Las organizaciones realizaron una evaluación de las consecuencias para la salud que incluye un análisis estadístico de datos gubernamentales sobre hospitalizaciones, deforestación, incendios y calidad del aire, en particular la presencia de contaminantes que tienen un nexo directo con los incendios en la región de la Amazonía. Las internaciones atribuibles a los incendios duraron, en promedio, tres días, y representaron un total de casi 7.000 días en hospitales para los pacientes sólo en 2019.

La evaluación también se basa en entrevistas con 67 profesionales de la salud, funcionarios y expertos. Manifestaron que el impacto de los incendios fue mucho mayor que el que se reflejó en las internaciones, dado que muchas personas que se enferman a causa del humo no logran acceder a establecimientos de salud, y muchas más sufrieron problemas respiratorios que, si bien fueron graves, no necesitaron de hospitalización.

“Las condiciones son más graves cuanto más pequeños son los niños”, manifestó el subdirector de un hospital de niños, refiriéndose a niños y niñas con enfermedades preexistentes. “Los bebés prematuros y aquellos que usan respiradores son sumamente vulnerables”. 

Las organizaciones detectaron que, en agosto de 2019, casi 3 millones de personas en 90 municipios de la región de la Amazonia estuvieron expuestas a niveles nocivos de contaminación del aire que superan los límites máximos recomendados por la Organización Mundial de la Salud. En septiembre, la cantidad aumentó a 4,5 millones de personas en 168 municipios. 

La deforestación ilegal y los incendios que la acompañan suelen ocurrir en territorios indígenas o cerca de estos, y a veces destruyen sus cultivos y agotan sus reservas de plantas comestibles y medicinales, así como de animales de caza, además de perjudicar su salud. 

Numerosos profesionales de la salud y funcionarios temen que los establecimientos de salud, que ya tienen dificultades para lidiar con la pandemia de Covid-19 este año, se encuentren bajo una presión incluso mayor debido a las personas afectadas por los incendios. Manifestaron que esto podría colapsar el sistema de salud en algunas partes de la región amazónica. También es posible que el humo agudice los síntomas del virus y que esto provoque un aumento de los casos graves y las muertes relacionadas al Covid-19.

"Las autoridades deberían tomar medidas urgentes para abordar esta crisis de salud pública crónica y evitable”, apuntó Miguel Lago, director del IEPS. “Deben implementar un mecanismo de monitoreo de la calidad del aire que sea eficaz y velar por el cumplimiento de estándares sobre calidad del aire que protejan la salud a través de políticas de prevención y respuesta, enfocándose particularmente en los grupos vulnerables”.

Desde que Bolsonaro asumió la presidencia en enero de 2019, su gobierno ha socavado a los organismos ambientales del país y ha procurado debilitar las restricciones impuestas en zonas protegidas y territorios indígenas. Según una estimación conservadora del sistema de monitoreo satelital brasileño DETER, la deforestación aumentó un 85% durante su primer año de mandato. La destrucción ha continuado al mismo ritmo durante el segundo año de su presidencia. 

Conforme a la Política Nacional sobre Cambio Climático de Brasil, que tiene carácter jurídicamente vinculante, el gobierno asumió el compromiso de reducir la tasa de deforestación anual general a 3.925 kilómetros cuadrados para 2020. En cambio, para fines de julio de este año ya se habían despejado 4.700 kilómetros cuadrados. 

Son varios los motivos para prever que los incendios en la Amazonía serán más intensos este año. Para abril de este año, las nuevas zonas deforestadas, combinadas con el territorio despejado pero aún no quemado en 2019, representaban ya 4.509 kilómetros cuadrados, que podrían incendiarse durante esta estación seca. En julio, se había detectado un 28 % más de incendios que durante julio pasado. 

Bolsonaro ha intentado restar gravedad a la crisis. “No hallarán ni un foco de incendio, ni un cuarto de hectárea deforestada”, dijo Bolsonaro a líderes sudamericanos en un encuentro celebrado el 11 de agosto, pese a que los datos oficiales del propio gobierno muestran lo contrario.

En cambio, el vicepresidente Hamilton Mourão expresó el 10 de agosto que funcionarios del gobierno estaban implementando “medidas urgentes para contener la deforestación y los incendios”. Como jefe del Consejo de la Amazonía, un órgano creado recientemente en respuesta a las crecientes críticas, Mourão movilizó al Ejército a la Amazonía en reiteradas oportunidades para que realizara acciones de cumplimiento de las normas ambientales. La eficacia de estas operaciones ha sido prácticamente ínfima, como lo sugiere la creciente detección de deforestaciones e incendios durante 2020. 

Aunque el gobierno de Bolsonaro decretó la prohibición de incendios en la estación seca de este año, si no median medidas de cumplimiento más eficaces es posible que el impacto de esa decisión sea limitado, sostiene el informe. 

“El gobierno federal tiene la obligación de proteger el ecosistema único del Amazonas y a sus habitantes. Sin embargo, la destrucción frenética de la selva tropical nos está empujando hacia un punto de inflexión en el cual ya no habrá posibilidades de recuperación, con consecuencias irreversibles para la economía brasileña y el cambio climático global”, apuntó André Guimarães, director de IPAM. “Para prevenir esta catástrofe, el gobierno federal debería actuar con urgencia para asegurar una coordinación eficaz entre todos los organismos de cumplimiento de las normas ambientales”.

En agosto de 2019, casi 3 millones de personas en 90 municipios de la región de la Amazonia estuvieron expuestas a niveles nocivos de contaminación del aire que superan los límites máximos recomendados por la Organización Mundial de la Salud. 
En septiembre de 2019, casi 4,5 millones de personas en 168 municipios de la región de la Amazonia estuvieron expuestas a niveles nocivos de contaminación del aire que superan los límites máximos recomendados por la Organización Mundial de la Salud.

Selección de testimonios del informe:

  • Estado de Acre: La contaminación del aire fue particularmente “intensa” durante la temporada de incendios de 2019, señaló un médico que trabaja en el hospital general Santa Juliana de Río Branco, estado de Acre. “Tuve que internar a muchos pacientes con enfermedades crónicas, sobre todo enfermedad pulmonar obstructiva crónica e insuficiencia cardíaca”, algo que atribuyó al impacto de la contaminación generada por los incendios. Luego de tratar a pacientes por condiciones que se habían desarrollado o deteriorado en períodos en los que la calidad del aire fue muy deficiente durante la temporada de incendios, contó que les aconsejó que no salieran de sus casas. Sin embargo, lamentó que las autoridades estatales no emitieran estas alertas sanitarias a la población general.
  • Estado de Amazonas: En Lábrea, el municipio más meridional del Amazonas, el secretario de salud municipal dijo que el humo de los incendios tiene un impacto gravísimo en la calidad del aire todos los años. “Yo mismo sufro considerablemente; apenas puedo respirar y se me secan los ojos y la garganta”, afirmó. “La demanda de atención de la salud aumenta un 30 % durante la temporada de incendios, y se incrementa un 20 % la compra de medicamentos, equipos e inhaladores”. También hay un “aumento notable” en la cantidad de niños y personas mayores que necesitan atención ambulatoria por problemas respiratorios. Aunque la mayoría de estas personas son tratadas y enviadas a sus casas, muchas sufren recaídas, puesto que siguen “sintiendo los efectos perniciosos de los incendios, el polvo, el humo, el hollín [y] terminan volviendo…[en algunos casos] una vez por semana”.
  • Estado de Pará: “El humo cubre el cielo durante semanas”, dijo un médico a cargo de un proyecto que brinda servicios de salud a 15.000 miembros de pueblos indígenas y comunidades tradicionales que viven a la vera del río Tapajós, en el estado de Pará. “Vemos que las personas se quedan sin aliento y manifiestan alergias, bronquitis y asma”. La mayoría de los efectos para la salud nunca se informan a las autoridades, aseveró.
  • Estado de Rondônia: En Porto Velho, el subdirector de un hospital de niños expresó que los niños y niñas con enfermedades preexistentes como asma, bronquitis y rinitis eran los más afectados por el humo. “Las condiciones se vuelven más graves cuanto más pequeños son los niños”, explicó. “Los bebés prematuros y aquellos que usan respiradores son sumamente vulnerables”. El funcionario, un pediatra con 30 años de trayectoria, manifestó que él y sus colegas estaban “muy preocupados” debido a que la temporada de incendios de este año se producía en un momento en que el estado ya tenía graves dificultades para hacer frente a la pandemia de Covid-19.

 

 

 

 

 

 

 

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