¿Por qué es esto tan malo para los trabajadores?

Cuanto más rápido uno tenga que hacer su trabajo, más probabilidades tendrá de lesionarse: cortarse por accidente, quedar atrapado en la maquinaria o desarrollar un trastorno musculoesquelético.

Casi todos los trabajadores que entrevisté dijeron padecer dolor crónico. Varios trabajadores de mayor edad tenían una capacidad limitada para usar sus manos después de haber trabajado durante años en las líneas procesadoras. Hablé con una madre y su hijo que trabajaban en una planta ganadera de Nebraska, y vi cómo el hijo agarraba una botella de agua, la abría y se la daba a su madre. Es un hábito, explicó, ya que su madre ya no puede hacerlo. Eso es similar a lo que muchos trabajadores, independientemente de su edad, me contaron. Cuando regresan a casa después de su turno, algunos no pueden abrir frascos, otros se encuentran con que no pueden agarrar un peine para peinarse. Algunos trabajadores se despiertan por la noche debido al dolor nervioso.

¿Qué otras repercusiones tendría el incremento de la velocidad en las líneas procesadoras?

Las empresas, particularmente las productoras de aves de corral, dependen de los productos químicos para asegurarse de que su carne sea segura para el consumo. Algunos defensores de la salud y la seguridad de los trabajadores sostienen que, con el incremento de la velocidad en las líneas procesadoras y una reducción del número de inspectores de seguridad alimentaria en la línea, las empresas terminarán dependiendo aún más de los productos químicos.

El uso de productos químicos ya supone un problema para los trabajadores. A lo largo del proceso de envasado de la carne, las empresas, particularmente las compañías avícolas, rocían agua mezclada con un químico muy irritante llamado ácido peracético. Es un producto químico aprobado por el gobierno para su uso en plantas, pero no hay reglas que determinen la cantidad a la que pueden estar expuestos los trabajadores. Las empresas lo rocían sobre la carne o sumergen ésta en la mezcla y, como resultado, esencialmente fumigan a sus empleados mientras trabajan. Este químico es abrasivo para los ojos, nariz y garganta. A los trabajadores les lloran los ojos. Muchos tosen también.

Casi todos los trabajadores en el sector avícola dijeron sufrir constantemente problemas de sinusitis debido a la exposición a los químicos. Algunos trabajadores me dijeron que están aterrados de sonarse la nariz a causa de la sangre. Creen que esto se debe a los químicos. Cuando algunas de las personas con las que hablé se quejaron ante los supervisores o los funcionarios de la planta por lo fuertes que son los químicos, sus empresas no hicieron nada al respecto.

¿Quiénes son estos trabajadores y trabajadoras?

Los datos demográficos federales sobre la industria no dan una idea precisa de quiénes son los trabajadores y trabajadoras que sacrifican y procesan la carne porque contabilizan a todos los empleados, como los conductores de camiones y el personal de oficina. Según lo que hemos podido averiguar, la mayoría de estos trabajadores en las líneas procesadoras son personas de color. Probablemente alrededor de un tercio son inmigrantes, y un estudio estima que hasta una cuarta parte de la fuerza laboral está indocumentada. En torno a dos tercios de los trabajadores con los que hablé eran latinos y un quinto eran negros. El desglose por género es bastante uniforme, pero puede variar mucho según la planta y el puesto laboral.

¿Están sindicalizados?

Depende. Hablé con trabajadores de 12 empresas procesadoras de carne. Aproximadamente la mitad de las plantas incluidas en nuestro informe estaban sindicalizadas, pero eso no es representativo de la industria. Los sindicatos son menos comunes entre los productores más pequeños.

Bajo el presidente Reagan, la industria destruyó en gran medida los sindicatos de envasadoras de carne de EE.UU., y el efecto es evidente en los salarios de los trabajadores. Antes de 1983, los salarios de los trabajadores dedicados al sacrificio y procesamiento de animales generalmente estaban a la par con los salarios de los trabajadores de fábricas. En 2002 los salarios de los procesadores de carne eran ya un 24 por ciento más bajos que el promedio para un trabajo de fábrica en EE.UU. Este año, es un 44 por ciento más bajo.

El mes pasado, las autoridades inmigratorias de EE.UU. llevaron a cabo la mayor redada del país en una década en una serie de plantas envasadoras de carne de Mississippi. Como resultado, cientos de personas fueron arrestadas. ¿Afecta esto a la seguridad de los trabajadores?

Uno de los mayores problemas para la seguridad de los trabajadores es su capacidad para reclamar. Su capacidad de opinar, de acabar con las condiciones abusivas. El estatus migratorio tiene un efecto en esto. Los trabajadores inmigrantes pueden tener miedo de que si hablan, podrían ser despedidos. Para los trabajadores indocumentados, el temor es que sean deportados en represalia por reclamar.

Grandes redadas de alto perfil como la de Mississippi agravan los temores entre los trabajadores. Una de las plantas que fue allanada había resuelto recientemente una demanda colectiva por discriminación en el empleo por US$3,75 millones. No hay indicios de que la redada fuera una represalia, pero independientemente de lo que la desencadenó, en la mente de los trabajadores puede generarles el temor de que reclamar tiene consecuencias. Puede que algunos de los trabajadores arrestados en la redada fueran parte de la demanda que luchó contra su empleador y ganó, pero ellos son los que van a pagar las consecuencias.

¿Qué te contaron los trabajadores sobre el ritmo de producción?

Casi todos los trabajadores con los que hablé me ​​dijeron que están bajo presión para hacer cada vez más y más rápido. Es un trabajo estresante. Algunos trabajadores se pusieron a llorar mientras hablaban conmigo. Algunos dijeron que sus supervisores les gritaban y humillaban para mantener la velocidad de producción. Algunos nos dijeron que los supervisores ni siquiera permiten que los trabajadores vayan al baño fuera de los descansos programados.

De las personas a las que entrevistó, ¿destacaría a alguna?

Una mujer en Nebraska, que tenía una mano en que la mayor parte de la carne de sus dedos había sido quemada después de quedar atrapada en una máquina selladora de bolsas de chuletas de cerdo. Estaba sollozando cuando compartió conmigo su historia y me contó cómo permaneció allí entre 10 y 15 minutos con la mano en la máquina antes de que pudieran sacarla. Todavía no podía usar la mano unos cuatro meses después del accidente. Recuerda que el día que pasó, la línea procesadora se movía muy rápido.

Su historia ilustra cómo la desenfrenada carrera por sacar el producto puede provocar lesiones terribles. Su accidente ocurrió un viernes y le dijeron que regresara a la planta a las 6:30 de la mañana del lunes. La empresa también le dijo que solo recibiría una indemnización por accidente laboral [dinero pagado a las personas lesionadas en el trabajo] si ella acudía a trabajar. Desde entonces, ha estado doblando guantes con su mano no vendada.

Otra mujer con la que hablé me llamó la atención por la razón contraria. Tiene 73 años, lleva décadas trabajando en una planta procesadora de pollos en Alabama y es una de las dos únicas trabajadoras con las que hablé que no habían experimentado ningún tipo de dolor. Cuando le pregunté cómo se mantenía sana, dijo: “las manos no funcionan tan rápido como la máquina”. Dijo que no puede trabajar tan rápido como la empresa quiere, así que trabaja a su propio ritmo.

Para mí, eso puso en evidencia lo peligrosos que podrían ser los aumentos en la velocidad de la línea de sacrificio para los trabajadores en las plantas procesadoras que carecen de la capacidad para regular la rapidez con la que trabajan, que es lo que nos dijo la gran mayoría de los trabajadores con los que hablamos.

¿Qué es lo que más te sorprendió en tu investigación?

Lo poco que han mejorado las condiciones para los trabajadores en términos de salud y seguridad. Human Rights Watch publicó un informe sobre esta industria en 2005, y todavía estamos viendo muchos de los mismos problemas.

La otra cosa es la falta de supervisión federal. La Administración de Seguridad y Salud Ocupacional de EE.UU. (OSHA, por sus siglas en inglés) no establece normas que regulen la velocidad del trabajo o la exposición a sustancias químicas en la industria. También sufre escasez de personal y fondos. El único organismo que regula las velocidades de línea es el Servicio de Seguridad e Inspección de Alimentos (FSIS) del USDA. Pero ven los efectos de las velocidades de línea en los trabajadores como un factor fuera de su jurisdicción. No se ven a sí mismos como responsables. Y ahora están permitiendo que más plantas procesadoras de pollos aumenten la velocidad de sus líneas de sacrificio y desean poner fin totalmente a los límites de velocidad para las plantas de carne de cerdo que optan por este sistema. La mayoría de los defensores de estos trabajadores piensan que las plantas de ganado serán las siguientes. Es sorprendente que el gobierno esté considerando medidas que podrían empeorar las condiciones para los trabajadores, cuando debería hacer lo posible para mejorarlas.

¿Cómo pueden ayudar los consumidores?

Pueden firmar nuestra petición dirigida al Servicio de Inspección y Seguridad Alimentaria (FSIS) para que deje de elevar los límites de velocidad de la línea, lo que pone a los trabajadores en riesgo de sufrir lesiones graves.

Los consumidores también pueden tomar más medidas para exigir transparencia en la cadena de suministro de las tiendas de comestibles, restaurantes y cadenas de comida rápida. Estos compradores tienen más información que los consumidores sobre el origen de la carne que consumen. Como hemos visto en industrias como el cacao y el café, aumentar la transparencia puede ser un paso importante para mejorar las condiciones de los trabajadores, y permite a los consumidores apoyar a las empresas que tratan a sus empleados de manera justa.

Esta entrevista ha sido editada por razones de extensión y claridad.