(Nueva York) – El gobierno chino está dirigiendo una campaña aplastante de represión religiosa contra los musulmanes uigur chinos, en nombre del antiseparatismo y el antiterrorismo, señalaron Human Rights Watch y Human Rights in China en un nuevo informe publicado hoy.

El informe de 114 páginas, Devastating Blows: Religious Repression of Uighurs in Xinjiang (Golpes devastadores: Represión religiosa de los uigur en Xinjiang), está basado en documentos del Partido y del gobierno no revelados antes, así como los reglamentos locales, las informaciones de la prensa oficial y las entrevistas realizadas en Xinjiang. En él se desvela por primera vez la compleja estructura de leyes, reglamentos y políticas en Xinjiang que niegan la libertad religiosa a los uigur, y por extensión la libertad de asociación, asamblea y expresión. La política y la aplicación de la ley en China reprimen la actividad y las creencias religiosas incluso en la escuela y los hogares. En un documento oficial se llega a decir que “los padres y los tutores legales no pueden permitir que los menores participen en actividades religiosas”.

“China está usando la represión de la religión como látigo contra los uigur que cuestionan o incluso se irritan con el régimen chino en Xinjiang”, señaló Brad Adams, Ddirector para Asia de Human Rights Watch. “En otras partes de China, las personas tienen algo más de espacio para adorar a quién decidan. Pero los musulmanes uigur se enfrentan a la discriminación y las campañas de represión ordenadas por el gobierno. La situación no difiere de la del Tibet, donde el gobierno chino intenta remodelar una religión para controlar a una minoría étnica”, agregó.

Entre los uigur, una minoría de habla turca de unos ocho millones de personas, cuyos territorios tradicionales se encuentran en la Región Autónoma Uigur de Zinjiang, una zona rica en petróleo al noroeste de China, ha aumentado el temor por su supervivencia cultural y el mantenimiento de su modo de vida tradicional frente a una intensa campaña de migración interna que ha presenciado la llegada de más de 1,2 millones de colonos de origen chino durante la última década. Muchos uigur desean una mayor autonomía de la que tienen actualmente; algunos quieren un estado independiente, aunque ha habido muy pocas manifestaciones reciente de una rebelión violenta.

El control religioso muy intenso se extiende a las actividades religiosas organizadas, los que practican la religión, las escuelas, las instituciones culturales, las casas editoriales y hasta la apariencia personal y la conducta de personas uigur. Las autoridades oficiales vetan políticamente de manera habitual a los imanes y les exigen sesiones de “autocrítica”; imponen vigilancia sobre las mezquitas; purgan las escuelas de profesores y maestros religiosos; censuran las alusiones políticas de la literatura y la poesía; y consideran que toda expresión de insatisfacción con las políticas de Beijing constituye una muestra de “separatismo”—un delito contra la seguridad del estado que puede acarrear la pena de muerte según la legislación China.

En su versión más extrema, los activistas pacíficos que practican su religión de maneras que el Partido o el gobierno consideran inaceptables son detenidos, torturados y a veces ejecutados. Los castigos más duros están reservados para los acusados de participar en las denominadas actividades separatistas, que los funcionarios califican cada vez más de “terrorismo” para el consumo interno y externo.

A un nivel más mundano, los uigur se enfrentan al acoso en su vida diaria. La celebración de festividades religiosas, el estudio de textos religiosos o la demostración de las creencias religiosas a través de la apariencia personal están estrictamente prohibidos en las instituciones oficiales, entre ellas las escuelas. El gobierno chino decide quién puede ser clérigo, qué versión del Corán es aceptable, dónde pueden celebrarse encuentros religiosos y qué puede decirse.

“Beijing ve a los uigur como una amenaza etnonacionalista contra el estado chino”, señaló Sharon Hom, Ddirectora Eejecutiva de Human Rights ein China. “Dado que se considera que el Islam es la base de la identidad étnica uigur, China ha tomado medidas draconianas para reprimir el islamismo como medio para subordinar el sentimiento nacionalista uigur”, agregó.

Los documentos obtenidos y las entrevistas realizadas por Human Rights Watch y Human Rights in China revelan un sistema con múltiples niveles de vigilancia, control y represión de la actividad religiosa uigur. Como ha subrayado el Secretario del Partido en Xinjiang, Wang Lequan, la “principal tarea” a la que se enfrentan las autoridades en Xinjiang es “gestionar la religión y orientarla para que esté subordinada a la tarea central de la construcción económica, la unificación de la patria y el objetivo de la unidad nacional”.

En el nuevo informe se exponen:

  • los reglamentos vigentes que rigen las actividades religiosas en Xinjiang;
  • un manual para funcionarios del gobierno y cuadros del partido sobre la implementación de una política sobre minorías religiosas, divulgado internamente en 2000, en el que se explican muchas de las prácticas represivas codificadas posteriormente en los reglamentos;
  • reglamentos que prohíben la participación de menores en cualquier actividad religiosa;
  • documentos que reconocen considerables aumentos del número de uigur encarcelados o detenidos administrativamente por presuntos delitos religiosos o contra la seguridad del estado, lo que incluye el desacreditado sistema de reeducación mediante el trabajo; y
  • reglamentos en los que se detallan como las cuestiones sobre minorías religiosas y étnicas se convierten en “secretos de estado”.

Algunos de estos documentos se han hecho públicos por primera vez. Se puede encontrar una selección de ellos en los apéndices del informe.

“Estos documentos se consideran sumamente sensibles y su divulgación está por lo tanto restringida a los órganos internos del Partido y del gobierno”, señaló Adams. “Se utilizan arbitrariamente para crear una base legal para la persecución de los uigur y sembrar el miedo a reunirse, hablar sobre los problemas a los que se enfrentan los uigur o expresar la identidad cultural de manera independiente”, agregó.

Un Manual oficial que regula la religión en Xinjiang contempla “delitos” generales que permiten que las autoridades nieguen el ejercicio de la libertad religiosa con prácticamente cualquier pretexto, como usar la religión “para llevar a cabo otras actividades perjudiciales para el buen orden de la sociedad”, o “promover a elementos separatistas o fundamentalmente reaccionarios”. Prosigue diciendo:

Cualquier cosa que se publique [incluidas noticias y artículos] relacionada con la investigación o la valoración de la religión islámica tiene que adoptar el punto de vista marxista de la religión, y usar el criterio del Partido y las políticas y reglamentos religiosos del gobierno.

En un artículo firmado conjuntamente por el subdirector de la Oficina de Reeducación Mediante el Trabajo de Xinjiang se revela que, en 2001, casi la mitad de los detenidos en campos de reeducación estaban ahí por “[pertenecer a] organizaciones ilegales y [participar en] actividades religiosas ilegales”.

“La reglamentación de la religión en Xinjiang está tan presente que crea una red legal en la que atrapar prácticamente a cualquier persona que quiera perseguir el gobierno”, señaló Hom.

Devastating Blows también explica como dos reglamentos específicos—desvelados por primera vez—establecen una prohibición draconiana de la revelación no autorizada de información relativa a casi todas las cuestiones o políticas sobre minorías nacionales o religiosas, aunque no guarden relación con la seguridad nacional.

El informe también explica como China está utilizando los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 y la subsiguiente “guerra contra el terrorismo” para encubrir su persecución de los uigur. Aunque las políticas de represión religiosa en Xinjiang son anteriores al 11 de septiembre, el gobierno afirma ahora que se enfrenta a un movimiento separatista de inspiración islámica con conexiones con grupos terroristas internacionales y Al Qaeda. Pero Beijing ha debilitado su credibilidad al eliminar la distinción entre los actos violentos y la disidencia pacífica. Utilizando una lógica orweliana, los funcionarios alegan ahora que los terroristas se hacen pasar por activistas pacíficos. Como el secretario del Partido en Xinjiang:

Los elementos independentistas en Xinjiang han cambiado sus tácticas de combate desde el incidente del 11 de septiembre. Se han concentrado en atacar a China desde el frente ideológico, en lugar de usar de antigua práctica frecuente de participar en operaciones terroristas violentas. Se están utilizando los medios escritos y las artes y la literatura para distorsionar “los hechos históricos… en lugar de participar en operaciones terroristas violentas…”

Human Rights Watch y Human Rights in China pidieron a la comunidad internacional que presione a China para que anule estos reglamentos y ponga fin a sus políticas y prácticas de discriminación contra los uigur. Las organizaciones hicieron también hincapié en la necesidad de cuestionar las afirmaciones de China de que todos los separatistas son criminales y están conectados con las redes terroristas internacionales.

“Ningún país debe devolver a China a ningún uigur reclamado por su participación en el terrorismo, el separatismo u otros actos delictivos”, señaló Adams. “Teniendo en cuenta el historial del país, hay muchas razones para temer que sean torturados o incluso condenados a la pena de muerte a su regreso a China”, agregó.

Extractos de Devastating Blows

“Tenemos que fortalecer el control de las personalidades religiosas públicas, y asegurarnos de que están políticamente cualificadas. Esta es una necesidad de primer orden. Las cualificaciones políticas son las siguientes: un amor ardiente por la patria, apoyo a los líderes del Partido Comunista y al sistema socialista, oposición al separatismo nacional y las actividades religiosas ilegales, la defensa de la unidad nacional y la unificación de la patria, y un cumplimiento consciente de las leyes y las políticas de la nación… Tenemos que aplicar un reforzamiento del control de los lugares de actividad religiosa y el contenido de los textos…”

Secretario del Partido en Xinjiang, Wang Lequan

“Esta es una escuela uigur y los que trabajamos aquí somos mayoritariamente uigur. Pero se supone que no podemos hablar con los niños sobre religión ni en casa ni en el trabajo. Sólo hablas de ello y es ilegal. Incluso con mi propio hijo, se supone que no tengo que hablarle del Islam. ¿Cómo puede ser posible?”

“Algunos estudiantes que están estudiando en nuestra escuela, en concreto sus hijos, no se están concentrado totalmente en sus estudios porque han estado rezando y haciendo ayuno y participando en algunas actividades religiosas, desobedeciendo por lo tanto el Documento No. 5 de 1996 de la Comisión de Educación de la Región Autónoma, que dice que los estudiantes no deben participar en actividades religiosas (rezar, hacer ayuno y otras actividades religiosas) y desobedeciendo también las reglas de la nuestra escuela”.

“En mi pueblo, la milicia viene regularmente a controlar a los habitantes. Vienen durante la noche, registran casa por casa y, si encuentra material religioso, te llevan para interrogarte. Dicen que son “publicaciones religiosas ilegales”. Mi padre es un simple campesino, ¿cómo va a saber si su Corán es o no es ilegal?”

“Eso es lo que me ha pasado, y tenga en cuenta de que no soy lo que llamaría un musulmán ferviente. Sólo hablaba con frecuencia en clase de canciones religiosas. Están por todas partes; es absurdo que no pueda hablar de ellas. Es una parte importante de nuestra historia y tradición musical, que es lo que se supone que tenía que enseñar. Pero entonces, al año siguiente me dicen [las autoridades escolares] que no habían suficientes estudiantes matriculados en mi curso, lo cual no es cierto. Así que llevo un año sin dar clase. No me han despedido y no debería quejarme demasiado porque el Partido Comunista sigue dándome de comer, pero lo único que hago es pasear por el campus y sentarme en mi mesa. Es un desperdicio total, pero es mejor no hablar de ello”.

Profesor uigur en una institución de educación superior de Xijiang al que le han prohibido enseñar las tradiciones musicales locales.

“Logré montar un negocio con otros familiares, y de eso estoy orgulloso, Antes trabajaba en una oficina, encargado del suministro de alimentos a las escuelas, pero entonces me dijeron: ‘Aquí no se admiten barbas. Ni siquiera bigotes’. Pensé que cómo me podían decirme lo que tenía que hacer con mi persona. Esta es nuestra tradición, a nadie le importa. Así que tuve una oportunidad de irme, y me fui. Pero si no puedes encontrar otro trabajo, en el sector privado, o te afeitas o te mueres de hambre”.

Durante las sesiones de “intercambio de experiencias” se pide a los clérigos que cuenten a los demás participantes con precisión las “dificultades” o los “incidentes” que hayan encontrado en su trabajo. Por ejemplo, un imán describe como se impartieron clases “ilegales” de religión, o como la mezquita usó algún libro religioso “ilegal”. También pueden contar como no avisaron a las autoridades de la presencia de “elementos agitadores”, o que invitaron a un clérigo de otra zona sin autorización previa. Los clérigos también tienen que admitir los errores personales o cómo han promovido ideas “incorrectas”. También tienen que señalar ejemplos de dichas actuaciones erróneas por parte de otros miembros del grupo.