(Nueva York) - Los países vecinos de Birmania deben presionar al gobierno militar birmano a poner fin a los abusos sistemáticos en contra de los musulmanes rohingyas y proteger a quienes huyen a sus costas, dijo Human Rights Watch en un informe publicado hoy. Human Rights Watch señaló que la Asociación de Naciones de Asia Sudoriental (ASEAN por sus siglas en inglés) ha fracasado en abordar adecuadamente la difícil situación de los rohingyas.

El informe de 12 páginas, "Perilous Plight: Burma's Rohingya Take to the Seas" (“Situación peligrosa: Los rohingyas de Birmania se dirigen a los mares"), examina las causas del éxodo de personas rohingyas de Birmania y Bangladesh, y su trato una vez que se dirigen a países del sudeste asiático. Persecución y violaciones de los derechos humanos en contra de los rohingyas en Birmania, especialmente en el estado de Arakan, han persistido durante más de 20 años, recibiendo insuficiente atención internacional. Estos abusos incluyen ejecuciones extrajudiciales, trabajo forzoso, persecución religiosa y restricciones a la circulación, todos estos agravados todo por una ley de ciudadanía draconiana que deja a los rohingyas apátridos.

"El trato a los rohingyas en Birmania es deplorable - el gobierno birmano no sólo niega a los rohingyas sus derechos fundamentales, sino niega incluso que sean ciudadanos de Birmania", dijo Elaine Pearson, directora adjunta de la división de Asia de Human Rights Watch. "En lugar de eludir la cuestión, la ASEAN debe presionar a los dirigentes militares de Birmania a poner fin a sus prácticas brutales".

La violencia y el trato discriminatorio del gobierno militar birmano, exacerbados por la pobreza crónica, han orillado a muchos rohingyas a huir al vecino Bangladesh, donde los estándares de vida en los campamentos de refugiados siguen siendo primitivos y las opciones para el reasentamiento son escasas. Desde Bangladesh, cada año miles de hombres y niños rohingyas pagan para ser traficados a Malasia a través de otros países del sudeste asiático. Algunos huyen para salvar sus vidas, y otros son migrantes económicos tratando de alimentar a sus familias. Debido a que carecen de documentos oficiales, en casi todos los lugares a donde van, viven bajo el temor de ser arrestados y de enfrentar la posible repatriación a Birmania.

En enero de 2009, cámaras capturaron barcos llenos de rohingyas hambrientos llegando al sur de Tailandia e Indonesia. Las fotos, que muestran buques de la marina tailandesa remolcando barcos de rohingyas de nuevo al mar abierto para disuadir más llegadas, dieron una prominencia internacional breve a la cuestión. Cada año, miles de otros viajes pasan desapercibidos. A finales de 2008 y principios de 2009, el número de rohingyas que salen de Bangladesh y Birmania se estimó en 6,000, el doble del número del año anterior.

Se teme que miles han muerto como resultado de la política de devolución de Tailandia. Algunos de los sobrevivientes que llegaron a Indonesia o a las Islas Andamán de la India describieron la forma en que miembros del personal naval birmano que habían interceptado su embarcación en mar abierto los torturaron y los golpearon.

Los líderes de la ASEAN han admitido que una solución regional es necesaria para hacer frente al éxodo anual de los rohingyas. Sin embargo, la ASEAN no ha dado a los rohingyas un lugar en la agenda oficial de su reunión de la cumbre de febrero, y los funcionarios birmanos simplemente niegan que los rohingyas eran de Birmania, pero dijeron que aceptarían a cualquier "bengalí" que comprobara sostener la ciudadanía birmana.

En una reunión en abril del grupo multilateral liderado por Australia e Indonesia, el Proceso de Bali para el contrabando de personas, la trata de personas, y otros delitos transnacionales relacionados, tampoco se pudo alcanzar un consenso sobre un mecanismo regional para tratar con los rohingyas.

"La inercia colectiva de la ASEAN sobre la situación de los rohingyas es una mancha en su reputación", dijo Pearson. "La inacción de la ASEAN también envía un mensaje claro a los generales de Birmania de que su persecución aterradora puede continuar".

En "Situación peligrosa", Human Rights Watch pide al gobierno militar de Birmania reconocer a los rohingyas como ciudadanos, garantizar su libertad de circulación, y dar a las organizaciones humanitarias y de derechos humanos acceso al estado de Arakan.
Bangladesh, India, Tailandia, Malasia, e Indonesia deben presionar al gobierno militar de Birmania a poner un alto a los abusos, indica el informe. Ellos deben también terminar con la devolución forzosa de rohingyas a Birmania, donde se enfrentan a la persecución, y deben modificar sus leyes y procedimientos para garantizar que una adecuada determinación del estado de refugiado pueda tener lugar para los ciudadanos extranjeros que llegan a sus costas.
"La persecución de los rohingyas no es nada nuevo, así que es hora de que los vecinos de Birmania actúen para evitar que sigan siendo maltratados", dijo Pearson. "En lugar de enviarlos de vuelta a Birmania o al mar abierto, los países receptores de rohingyas deben determinar si son refugiados o solicitantes de asilo y darles protección".