El campamento Khanke para desplazados internos en la región de Dohuk alberga a más de 18.000 yazidíes y otras familias iraquíes que fueron desplazados por el conflicto.

©2015 Samer Muscati/Human Rights Watch

(Nueva York) – El grupo extremista Estado Islámico (también conocido como ISIS) ha perpetrado violaciones y otro tipo de violencia sexual de manera sistemática contra mujeres y jóvenes yazidíes en el norte de Irak, señaló hoy Human Rights Watch. En enero y febrero de 2015, Human Rights Watch llevó a cabo investigaciones en la localidad de Dohuk que incluyeron entrevistas a 20 mujeres y jóvenes que ISIS mantuvo cautivas y que pudieron escapar, y examinó además las declaraciones de ISIS sobre el tema.

Human Rights Watch documentó evidencias de un sistema organizado de violaciones y agresiones sexuales, esclavitud sexual y matrimonio forzado por parte de combatientes de ISIS. Estos actos son crímenes de guerra y podrían constituir delitos de lesa humanidad. Si bien numerosas mujeres y jóvenes continúan desaparecidas, las sobrevivientes que están ahora en el Kurdistán iraquí necesitan apoyo psicológico y otro tipo de asistencia.

“Las fuerzas de ISIS han cometido de manera organizada violaciones, agresiones sexuales y otros delitos aberrantes contra mujeres y jóvenes yazidíes”, indicó Liesl Gerntholtz, directora de la división de derechos de la mujer de Human Rights Watch. “Quienes han tenido la suerte de poder escapar necesitan recibir tratamiento para superar el trauma asociado con las aberraciones impensables que han sufrido”.

Soldados de ISIS tomaron a varios miles de civiles yazidíes bajo su custodia en la provincia de Nínive, en agosto de 2014, según señalaron funcionarios y líderes comunitarios de Kurdistán. Diversos testigos aseveraron que los combatientes separaban sistemáticamente a mujeres jóvenes y adolescentes de sus familias y otras personas que fueron sometidas, y las trasladaban de un sitio a otro dentro de Irak y Siria.

Las 11 mujeres y 9 jóvenes a quienes entrevistó Human Rights Watch habían escapado entre septiembre de 2014 y enero de 2015. La mitad de ellas, incluidas dos que tenían apenas 12 años, afirmaron que fueron violadas, algunas reiteradas veces y por varios combatientes de ISIS. Casi todas indicaron que fueron obligadas a contraer matrimonio, vendidas (algunas incluso varias veces) o entregadas como “obsequios”. Las mujeres y jóvenes también presenciaron cuando otras víctimas en cautiverio eran abusadas.

A su vez, Human Rights Watch entrevistó a más de una decena de proveedores de servicios internacionales y locales, trabajadores médicos, funcionarios kurdos, líderes comunitarios y activistas que corroboraron estos relatos. Un médico local que atendió a mujeres que sobrevivieron a estos abusos en Dohuk dijo a Human Rights Watch que de las 105 mujeres y jóvenes que examinó, 70 presuntamente fueron violadas mientras ISIS las mantuvo cautivas.

Todas las mujeres y jóvenes entrevistadas mostraban signos de un profundo estrés emocional. Muchas seguían separadas de algunos familiares o a veces incluso de todos ellos, ya que estos habían sido asesinados por ISIS o continuaban cautivos. Varias aseveraron que intentaron suicidarse durante el tiempo en que estuvieron en cautiverio o haber visto a otras cuando trataban de hacerlo para evitar ser violadas, contraer matrimonio forzado o ser obligadas a convertirse de religión.

En octubre de 2014, ISIS reconoció en su publicación Dabiq que habían entregado a mujeres y jóvenes yazidíes que tenían en cautiverio a sus combatientes, a modo de “botín de guerra”. ISIS ha intentado justificar la violencia sexual afirmando que el islam permite mantener relaciones sexuales con “esclavas” que no sean musulmanas, incluidas jovencitas, así como golpear y vender a estas personas. Las declaraciones refuerzan la evidencia de que se trata de una práctica generalizada y un plan de acción sistemático por parte de ISIS, observó Human Rights Watch.

Los comandantes de ISIS deberían disponer inmediatamente la liberación de todos los civiles detenidos, permitir que los niños se reúnan con sus familias y poner fin a los matrimonios forzados y las conversiones religiosas, expresó Human Rights Watch. Deberían adoptar todas las medidas necesarias para que cesen las violaciones y otros hechos de violencia sexual perpetrados por combatientes de ISIS. Actores internacionales y locales que tienen influencia en ISIS deberían presionar a la organización para que tome estas medidas.

En 2014, el Gobierno Regional del Kurdistán (GRK) acogió a más de 637.000 personas desplazadas tan solo de la provincia de Nínive, y adoptó medidas importantes para brindar servicios de salud y de otro tipo a mujeres y jóvenes yazidíes que han escapado de ISIS. No obstante, la atención de la salud proporcionada ha tenido falencias, observó Human Rights Watch. Algunas de las entrevistadas indicaron que se sometieron a exámenes médicos, pero que desconocían la finalidad y nunca les comunicaron los resultados.

El director general de salud en Dohuk dijo a Human Rights Watch que las autoridades locales habían identificado a poco menos de 150 mujeres y jóvenes que habían escapado de ISIS, y que apenas cerca de 100 habían recibido tratamiento médico. Según la Dirección de Asuntos Yazidíes del GRK, 974 yazidíes habían escapado de ISIS hasta el 15 de marzo de 2015, incluidas 513 mujeres y 304 niños.

Las mujeres y jóvenes necesitan asistencia para superar la experiencia traumática y apoyo psicológico continuo, manifestó Human Rights Watch. No todas tuvieron acceso inmediato a tratamiento por lesiones, anticoncepción de emergencia, servicios seguros y legales de aborto, incluido el acceso a la salud sexual y reproductiva, ni acompañamiento psicosocial.

Las autoridades del GRK deberían intentar subsanar las falencias en la asistencia médica y psicosocial brindada a jóvenes y mujeres yazidíes, y asegurar que los médicos proporcionen a las víctimas los resultados de los exámenes practicados, así como información sobre los servicios que pueden solicitar, indicó Human Rights Watch. EL GRK también debería formular un plan para brindar asistencia a niños que hayan nacido como resultado de violaciones, a fin de asegurar que ellos y sus madres reciban protección y servicios adecuados. Asimismo, el GRK debería invertir en capacitaciones para la adquisición de habilidades laborales y programas de subsistencia que ayuden a las mujeres a reinsertarse en la vida cotidiana.

“Las mujeres y jóvenes yazidíes que escaparon de ISIS siguen enfrentando enormes desafíos y continúan afectadas por la experiencia traumática sufrida”, sostuvo Gerntholtz. “Necesitan ayuda y asistencia urgentes para recobrar su salud y seguir adelante con sus vidas”.

 

Violaciones del derecho internacional cometidas por ISIS

Secuestro y detención
Desde que comenzaron los ataques de ISIS en Sinyar el 3 de agosto de 2014, más de 736.000 iraquíes, principalmente yazidíes y otras minorías religiosas, huyeron de sus viviendas en la provincia de Nínive, en su mayoría para dirigirse a la región semiautónoma del Kurdistán iraquí, según la Organización Internacional para las Migraciones. Combatientes de ISIS ejecutaron a cientos de civiles yazidíes y luego se llevaron por la fuerza a sus familiares, según informaron las Naciones Unidas y organizaciones locales e internacionales de derechos humanos. Un informe reciente de la ONU indicó que era necesario ampliar las investigaciones para establecer la cantidad de personas que permanecían cautivas o que habían sido asesinadas por ISIS, y que se “estimaba que serían varios miles”.

Si bien desde entonces cientos de yazidíes han escapado, según funcionarios del GRK muchos todavía estarían en cautiverio en distintas partes de Irak y Siria. Personas que escaparon del cautiverio y que fueron entrevistadas por Human Rights Watch indicaron que ISIS retiene a yazidíes en diversos sitios en el norte de Irak, como Mosul, Tal Afar, Tal Banat, Ba’aj, Rambusi y Sinyar, así como en zonas que controla en el este de Siria, incluidos Raqqa y Rabi’a. Señalaron que ISIS retiene a mujeres y niñas en cautiverio en viviendas, hoteles, fábricas, haciendas agrícolas, escuelas, cárceles, bases militares y ex oficinas gubernamentales.

Diversas jóvenes y niñas dijeron a Human Rights Watch que combatientes de ISIS primero las separaron de hombres, niños y mujeres mayores. Los combatientes trasladaron a las mujeres y niñas varias veces de manera organizada y metódica, a distintos lugares en Irak y Siria. Si bien la mayoría de los combatientes de ISIS eran aparentemente de nacionalidad siria o iraquí, diversos sobrevivientes contaron que algunos de los hombres que perpetraron los abusos les dijeron que provenían de otros países de Medio Oriente y África Septentrional, incluidos Libia, Argelia, Arabia Saudita y los territorios palestinos ocupados, así como de Europa y Asia Central.

Se desconoce la cantidad exacta de yazidíes que todavía permanecen cautivos debido a que continúan los combates en Irak y Siria, y a que una cantidad significativa de yazidíes escaparon a zonas en distintos puntos de Irak y en países limítrofes cuando atacó ISIS. El 13 de marzo de 2015, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos indicó en un informe que cerca de 3.000 personas, en su mayoría yazidíes, presuntamente seguían privados de su libertad a manos de ISIS. Funcionarios locales, proveedores de servicios y activistas comunitarios calculan que la cantidad de yazidíes que aún siguen en cautiverio sería mucho mayor.

En septiembre de 2014, una organización yazidí transmitió a Human Rights Watch una base de datos con los nombres y edades de 3.133 yazidíes que, según afirmaron, habían sido secuestrados o asesinados por ISIS, o que estaban desaparecidos desde los ataques de ISIS a principios de agosto. La base de datos se elaboró a partir de entrevistas efectuadas a yazidíes desplazados en el Kurdistán iraquí. La organización indicó que, a fines de marzo de 2015, la cantidad de yazidíes muertos, secuestrados y desaparecidos había ascendido a 5.324.

Violencia sexual y otros abusos
Las mujeres y jóvenes que dialogaron con Human Rights Watch describieron actos reiterados de violación, violencia sexual y otros abusos mientras estuvieron cautivas a manos de ISIS.

Jalila (todos los nombres de sobrevivientes han sido modificados para preservar su seguridad), de 12 años, contó que varios hombres árabes a quienes reconoció como oriundos de su aldea la interceptaron a ella y a otros siete familiares el 3 de agosto de 2014, mientras intentaban escapar de ISIS. Los hombres entregaron a la familia a combatientes de ISIS, quienes separaron a Jalila, su hermana, su cuñada y su sobrino pequeño de los demás familiares y los llevaron a Tal Afar. Posteriormente, los combatientes trasladaron a Jalila y a su hermana a Mosul. Luego de 35 días, separaron a Jalila de su hermana y la llevaron a una vivienda en Siria donde se encontraban otras jóvenes y niñas yazidíes secuestradas. Jalila contó:

Los hombres venían y nos elegían. Al llegar, nos decían que nos pusiéramos de pie y luego examinaban nuestros cuerpos. Nos pedían que mostráramos nuestro cabello, y a veces golpeaban a las jóvenes que se negaban. Vestían dishdashas [túnicas hasta los tobillos] y usaban la barba y el pelo crecido.

Contó que el combatiente de ISIS que la eligió le dio una bofetada y la arrastró fuera de la vivienda cuando ella mostró resistencia. “Le dije que no me tocara y le rogué que me dejara ir”, contó. “Le pedí que me llevara con mi madre. Yo era una niña, y le pregunté: ‘¿qué quieres de mí?’ Mantuvo relaciones sexuales conmigo durante tres días”.

Jalila afirmó que durante el cautiverio le “perteneció” a siete combatientes distintos de ISIS, y que cuatro la violaron en múltiples ocasiones: “A veces me vendían. Otras me entregaban como un obsequio. El último de los hombres fue el más abusivo, me ataba las manos y las piernas”.

Otra niña de 12 años, Wafa, dijo a Human Rights Watch que en agosto fue llevada por la fuerza junto con su familia de la aldea de Kocho por combatientes de ISIS. Los hombres trasladaron a la familia a una escuela en Tal Afar repleta de otras personas yazidíes en cautiverio, y allí los combatientes la separaron de su familia. Desde ese sitio, la llevaron a varios otros dentro de Irak y luego a Raqqa, en Siria. Un combatiente de edad más avanzada aseguró a Wafa que no le harían daño, pero pese a ello la violó sexualmente en varias oportunidades, según dijo.

“Dormía en el mismo lugar que yo y me dijo que no temiera, ya que era como su hija”, contó. “Un día me desperté y tenía las piernas ensangrentadas”. Wafa pudo escapar tres meses después de ser secuestrada, pero todavía se desconoce el paradero de sus padres, sus tres hermanos y su hermana.

Las mujeres y niñas que dijeron que no habían sido violadas indicaron haber sufrido ansiedad y tensión constante debido a que presenciaron el padecimiento de otras mujeres y a que vivían con el temor de ser ellas las próximas víctimas.

Dilara, de 20 años, dijo que combatientes de ISIS la llevaron a una sala donde se ofician matrimonios en Siria, y allí vio a otras 60 mujeres yazidíes en cautiverio. Los combatientes de ISIS advirtieron al grupo que “se olvidaran de sus familiares, ya que en adelante contraerían matrimonio con ellos, tendrían a sus hijos, se convertirían al islam y rezarían”. Dijo a Human Rights Watch que vivió constantemente atemorizada por la posibilidad de ser llevada por la fuerza, como muchas mujeres y niñas antes que ella:

Desde las 9:30 de la mañana, llegaban hombres para comprar jóvenes con el propósito de violarlas. Vi con mis propios ojos cuando soldados de ISIS jalaban del cabello y golpeaban a jóvenes, y propinaban fuertes golpes en la cabeza a quienes se resistían. Se comportaban como animales... Una vez que sacaban afuera a las jóvenes, las violaban y volvían a traerlas para llevarse a otras. Las edades de las jóvenes iban desde los 8 hasta los 30 años... al final solo quedaron cerca de 20 jóvenes.

Dos hermanas, Rana, de 25, y Sara, de 21, indicaron que cuatro hombres abusaron de su hermana de 16 años durante varios meses y que ellas no pudieron hacer nada para impedirlo. Se permitió que su hermana las visitara, y esta les dijo que el primer hombre que la había violado (que según señaló era de origen europeo) también la golpeó, le esposó las manos y le aplicó descargas eléctricas, además de negarle alimentos. Contó que luego otro combatiente la violó sexualmente durante un mes, y más tarde la entregó a un argelino que la retuvo durante otro mes. La última vez que la vieron fue cuando se la llevó un combatiente de ISIS de origen saudita. “No sabemos nada de ella desde entonces”, aseveró Sara. Las dos hermanas dijeron que también ellas fueron violadas varias veces por dos hombres, uno de los cuales dijo ser ruso y el otro de Kazajstán.

Algunas mujeres y jóvenes refirieron a Human Rights Watch que los combatientes de ISIS las golpeaban si se resistían o si los desafiaban de algún modo.

Zara, de 13 años, contó que milicianos de ISIS la acusaron a ella y a otras dos jóvenes de profanación del Corán mientras estuvieron cautivas en una hacienda agrícola. “Nos castigaron a las tres llevándonos al jardín y atándonos las manos con alambre”, dijo. “Nos vendaron los ojos y nos dijeron que nos matarían si no decíamos quién lo había hecho. Nos golpearon durante 10 minutos y dispararon al aire”.

Leila, de 25 años, logró escapar de la vivienda donde estaba cautiva, pero se dio cuenta de que estaba cercada por las fuerzas de ISIS y se vio obligada a regresar. El comandante, un iraquí, le preguntó por qué había intentado escapar. Según dijo, le contestó: “Porque lo que nos están haciendo es haram [prohibido] y contrario al islam”. El hombre la azotó con un cable y también castigó al guardia que no había evitado que intentara escapar. También el guardia la golpeó. “Desde entonces, estoy muy mal anímicamente y por momentos pierdo el conocimiento”, aseveró.

Matrimonio forzado
Varias mujeres y jóvenes dijeron a Human Rights Watch que combatientes de ISIS aseveraron haberlas comprado por hasta USD 2.000 a otros miembros de ISIS.

En algunos casos, combatientes de ISIS contrajeron matrimonio forzado con las mujeres yazidíes cautivas en vez de comprarlas. Narin, de 20 años, dijo que cuando un combatiente llamado Abu Du’ad la llevó a su vivienda, la esposa del hombre abandonó el hogar a modo de protesta. Trajo a un juez religioso para que oficiara una ceremonia de matrimonio, pero Narin se negó a participar. Abu Du’ad insistió intentando obtener permiso de la familia de Narin y llamó a su hermano en Alemania. “Pero [mi hermano] se opuso al matrimonio y ofreció pagar $ 50.000 a cambio de mi liberación”, indicó Narin. “Abu Du’ad dijo que no”.

Nadia, de 23 años, contó que fue separada de los hombres de su familia cuando combatientes de ISIS la secuestraron en la aldea donde vive, cerca de Sinyar, en agosto. Intentó convencer a los combatientes de ISIS de que estaba casada para evitar ser violada, ya que había escuchado que los combatientes de ISIS preferían a las mujeres vírgenes. No obstante, tras llevarla a Siria, uno de los hombres dijo que él contraería matrimonio con ella. “Las otras jóvenes que estaban conmigo dijeron que está prohibido contraer matrimonio con mujeres casadas”, relató Nadia. “Y él contestó: ‘No si son mujeres yazidíes’”.

ISIS ha reconocido públicamente la esclavización de mujeres y niños. En un artículo titulado “El resurgimiento de la esclavitud antes de la Hora” que se publicó en Dabiq, la revista en línea publicada en inglés por la organización, ISIS señaló que estaba reinstaurando una costumbre justificada por la sharía (la ley islámica):

Tras la captura, las mujeres y niñas yazidíes fueron repartidas según la sharía entre los combatientes de Estados Islámico que participaron en los operativos en Sinyar, luego de que un quinto de los esclavos fueron puestos bajo las órdenes de Estado Islámico para ser repartidos como khums [un impuesto sobre los botines de guerra].

Un documento con preguntas y respuestas emitido por lo que parecer ser el Departamento de Investigación y Fetua de ISIS indica:

Se permite comprar, vender o entregar como obsequio a mujeres en cautiverio y esclavos, en tanto constituyen meros objetos de los cuales se puede disponer libremente... Se admiten las relaciones sexuales con esclavas de sexo femenino que no hayan alcanzado la pubertad cuando por su estado físico puedan mantener relaciones; sin embargo, cuando no estén en condiciones de mantener relaciones, se podrá gozar de su cuerpo sin penetración… Se permite propinar golpes a mujeres esclavas como [forma de] darb ta'deeb [golpizas disciplinarias].

Intentos de suicidio
Las mujeres y jóvenes que hablaron con Human Rights Watch contaron que ellas u otras habían intentado suicidarse para evitar ser violadas u obligadas a contraer matrimonio o convertirse de religión. Afirmaron haberse hecho cortes en las muñecas con vidrios o navajas de afeitar, haber intentado ahorcarse o electrocutarse dentro de tinas, o ingerir sustancias que creían que era venenosas.

Rashida, de 31 años, pudo hablar con uno de sus hermanos tras su secuestro a través del teléfono celular de uno de los combatientes, sin que este lo advirtiera. Dijo a su hermano que los combatientes de ISIS la obligaban a convertirse y luego a casarse. Le contestó que intentaría ayudarla pero que, si no lo lograba, “debía suicidarme porque las otras alternativas eran peores”. Rashida contó:

Más tarde ese día [los combatientes de ISIS] comenzaron a elegir mujeres mediante un sorteo de nombres. El hombre que me seleccionó, Abu Ghufran, me obligó a tomar un baño, pero mientras estaba en la sala de baño intenté suicidarme. Había encontrado veneno en la vivienda, y lo llevé conmigo al baño. Sabía que era tóxico por el olor que tenía. Lo repartí con las demás jóvenes y cada una mezcló el producto con un poco de agua en el baño y lo ingirió. Ninguna de nosotras murió, pero todas nos enfermamos. Algunas sufrieron colapsos.

Leila dijo que vio cuando dos jóvenes intentaban suicidarse cortándose las muñecas con pedazos de vidrio. También intentó suicidarse cuando sus captores de origen libio la obligaron a tomar un baño, pues sabía que este paso normalmente precede a la violación sexual:

Entré al baño, abrí el grifo, me puse de pie en una silla para tomar el cable de luz con el fin de electrocutarme, pero no tenía electricidad. Cuando se dieron cuenta de lo que estaba haciendo, me golpearon con una tabla de madera y con sus propios puños. Me dejaron los ojos hinchados al punto que no podía abrirlos, y los brazos cubiertos de hematomas. Me esposaron al lavabo, me cortaron la ropa con una navaja y me lavaron. Me sacaron de la habitación, trajeron [a mi amiga] y la violaron en la habitación adelante mío.

Leila contó que luego ella fue violada. Dijo que intentó suicidarse nuevamente, y mostró a Human Rights Watch las cicatrices que presentaba en las muñecas, donde se había cortado con una navaja de afeitar.

Conversiones forzadas
Aproximadamente la mitad de las mujeres y jóvenes que hablaron con Human Rights Watch dijeron que combatientes de ISIS las habían presionado para que se convirtieran al islam. Zara, de 13 años, señaló que permaneció cautiva en una vivienda de tres pisos en Mosul junto con otras jóvenes de entre 10 y 15 años:

Cuando vinieron para elegir a las jóvenes, se las llevaban arrastrándolas. Las jóvenes lloraban y se desmayaban, y tenían que llevárselas por la fuerza. Nos obligaron a convertirnos al islam y todos tuvimos que pronunciar la shahada [el creo musulmán]. Nos dijeron: “Ustedes yazidíes son kufar [infieles], y deben repetir estas palabras después del líder”. Nos juntaron en un mismo lugar y nos hicieron repetir luego de él. Una vez que pronunciamos la shahada, nos dijeron que habíamos sido convertidas a su religión y que esa religión era la adecuada. No nos animamos a no pronunciar la shahada.

Los combatientes de ISIS mantuvieron cautiva a Noor, de 16 años, en varios sitios, entre ellos Mosul. “El líder de este grupo nos pidió que nos convirtiéramos al islam y leyéramos el Corán”, señaló. “Nos obligaron a leer el Corán y comenzamos a rezar lentamente. Empezamos a comportarnos como si estuviéramos actuando”.

Crímenes de guerra y delitos de lesa humanidad
La violación y otras formas de violencia sexual, la esclavitud sexual, el trato cruel y otros abusos cometidos durante conflictos armados son actos violatorios del derecho de guerra. Diversos tribunales penales internacionales han determinado que la violación y otros tipos de violencia sexual también pueden constituir tortura.

Quienes cometen graves violaciones del derecho de guerra con intención dolosa son responsables de crímenes de guerra. Los comandantes y líderes civiles pueden ser juzgados por crímenes de guerra debido a su responsabilidad como superiores si sabían o deberían haber sabido sobre la comisión de crímenes de guerra y adoptaron medidas insuficientes para prevenirlos o para sancionar a los responsables.

Las violaciones sexuales masivas y otros abusos graves cometidos por ISIS contra civiles yazidíes pueden constituir delitos de lesa humanidad. Los delitos de lesa humanidad son delitos graves —como la violación, la esclavitud sexual, la esclavización, el encarcelamiento ilegítimo, la persecución de grupos religiosos y otros actos inhumanos perpetrados deliberadamente para causar sufrimiento— que forman parte de un ataque generalizado o sistemático contra la población civil.

“Generalizado” hace referencia a la magnitud de los actos o la cantidad de víctimas. “Sistemático” alude a “un patrón o plan metódico”. Las declaraciones públicas de ISIS con respecto a la esclavización, el matrimonio forzado y el abuso de mujeres capturadas, así como la venta organizada de mujeres y jóvenes yazidíes, sugieren que existe una práctica generalizada y un plan de acción sistemático por parte de ISIS.

Provisión de servicios de salud

Atención médica
Las autoridades de la GRK han adoptado medidas sustanciales para brindar servicios de salud y de otro tipo a mujeres y jóvenes yazidíes, y han designado un comité de salud en Dohuk para coordinar la identificación de víctimas y su derivación a servicios. El director general de salud en Dohuk, el Dr. Nezhar Ismet Taib, que preside el comité, dijo que algunas familias no desean revelar que mujeres de su grupo han sido secuestradas, y esto ha obstaculizado la posibilidad del comité de identificar y ayudar a quienes necesitan ayuda.

Casi todas las mujeres y jóvenes que hablaron con Human Rights Watch indicaron haberse sometido a pruebas médicas. Un médico local señaló que las pruebas incluían exámenes de sangre para detectar infecciones de transmisión sexual y embarazos. En algunos casos, los médicos proporcionaron anticoncepción de emergencia y profilaxis posterior a la exposición para prevenir el VIH, conforme lo recomienda la Organización Mundial de la Salud.

No resulta claro si los médicos obtuvieron en todos los casos el consentimiento informado de las pacientes antes de realizar los estudios. Narin, la mujer de 20 años de Sinyar, dijo a Human Rights Watch que había sido secuestrada el 3 de agosto y entregada a modo de “obsequio” a un combatiente de ISIS que intentó obligarla a contraer matrimonio con él:

No fui violada; [el miembro de ISIS] no me tocó porque le dije que estaba enferma... Me sometí a un examen ginecológico en Dohuk, donde se descartó la posibilidad de abuso. No me sentí cómoda durante el examen, y [la médica] no me explicó antes lo que haría.

Quienes se someten a exámenes médicos no siempre reciben los resultados. Las dos hermanas, Rana y Sara, dijeron que permanecieron cinco meses en cautiverio y que combatientes de ISIS las violaron en múltiples ocasiones. Contaron que poco después de escapar en diciembre recibieron tratamiento y exámenes médicos, pero que seis semanas más tarde todavía no habían recibido los resultados de los estudios. Arwa, una joven de 18 años oriunda de Kocho, logró escapar en diciembre tras ser violada por combatientes de ISIS. Dijo a Human Rights Watch que, siete semanas después, todavía estaba esperando los resultados de los exámenes.

Las autoridades locales deberían asegurar que los trabajadores de salud informen a las mujeres y jóvenes la finalidad de cada examen y que presten su consentimiento para cada práctica. La Organización Mundial de la Salud ha brindado directrices para practicar estos exámenes y para obtener el consentimiento informado.

Retener los resultados, ya sean positivos o negativos, puede agravar el temor de mujeres y jóvenes con respecto a su condición de salud. Los trabajadores de la salud deberían asegurar que se realice un seguimiento a estas mujeres y jóvenes, que permita entregar los resultados de los exámenes y brindar cualquier tratamiento o información adicional que necesiten.

Asistencia psicosocial
La asistencia psicosocial a mujeres y jóvenes que escaparon de ISIS es un servicio crucial que, en general, no está disponible en el Kurdistán iraquí. Todas las mujeres y jóvenes entrevistadas tenían secuelas traumáticas. Jalila, la joven de 12 años que fue violada por cuatro milicianos de ISIS, contó: “no puedo dormir de noche porque recuerdo el modo en que me violaron. Quiero hacer algo para olvidarme de mis problemas psicológicos. Quisiera irme de Irak hasta que las cosas mejores, no quiero ser raptada nuevamente”. Jalila no había recibido orientación profesional.

Noor, de 16 años, dijo a Human Rights Watch que combatientes de ISIS la secuestraron el 3 de agosto en Tal Afar y la retuvieron hasta septiembre, cuando pudo escapar. Un combatiente de ISIS la violó repetidas veces a lo largo de cinco días, aseveró. En los dos primeros meses tras su retorno, dijo que había quedado sumamente afectada emocionalmente y que lloraba la mayor parte del tiempo.

Noor consiguió obtener asistencia psicosocial. Un activista local pudo concertarle tres o cuatro entrevistas con un psicoterapeuta en el hospital, y la visitaba habitualmente para instarla a que acudiera a las sesiones de orientación psicosocial. Noor estaba recibiendo tratamiento psicológico en forma periódica, además de asistir a un curso de manualidades y salir del campamento para asistir a actividades sociales con coordinadores de organizaciones locales.

No obstante, representantes de agencias internacionales y organizaciones no gubernamentales dijeron a Human Rights Watch que no solo la asistencia psicosocial era insuficiente, sino que además la comunidad era renuente a aceptar este tipo de apoyo. Un activista indicó que tuvo que visitar a jóvenes y a sus tutores varias veces para persuadir a aquellas de que participaran en asesoramiento psicosocial.

Varias de las personas entrevistadas por Human Rights Watch manifestaron que desearían recibir terapia psicosocial. Narin, la joven de 20 años de Sinyar, dijo:

Nadie me ha ofrecido orientación personalizada de ningún tipo. Me interesaría recibir asesoramiento profesional que me ayude a procesar mis experiencias, si es que está disponible… Tengo problemas para dormir de noche, y solo consigo hacerlo durante algunas horas por vez. Cuando duermo, a menudo veo a mis padres y hermanos, especialmente la imagen de mis hermanos cuando fueron obligados a arrodillarse en la calle, y el rostro de mi madre.

Organizaciones internacionales y locales coincidieron en que no hay suficientes psicoterapeutas para las mujeres y jóvenes que los necesitan, teniendo en cuenta la cantidad de mujeres y jóvenes que han escapado y la posibilidad de que aparezcan más.

El Dr. Taib dijo a Human Rights Watch que si bien no tenía conocimiento de que mujeres o jóvenes que escaparon se hubieran quitado la vida, muchas tenían comportamientos suicidas. Señaló que aquellas que acudían a autoridades locales para obtener tratamiento recibían una evaluación por parte de un psicólogo simultáneamente con el tratamiento médico. El equipo de salud designado para ayudar a mujeres y jóvenes yazidíes cuenta con dos psicólogos y dos terapeutas psicosociales, pero prevé incrementar la cantidad de estos terapeutas a diez. Asimismo, algunas organizaciones y agencias internacionales están prestando asistencia psicosocial. Una terapeuta psicosocial en el Centro Jian de Derechos Humanos indicó que ella y otro colega habían asistido a 20 mujeres y jóvenes yazidíes que lograron escapar.

En el corto plazo, los psicólogos y trabajadores sociales, en particular aquellos que hablan en dialecto local yazidí, necesitan recibir capacitación sobre métodos de orientación. Esta medida debería adoptarse adicionalmente a la contratación de terapeutas psicosociales para abordar casos urgentes. También se deben intensificar los esfuerzos para alentar a personas que podrían necesitar los servicios e informarlas con respecto a cómo tales servicios pueden ayudarlas.

Embarazos y nacimientos que son resultado de una violación
El GRK no cuenta con un plan integral para abordar las situaciones de embarazos o nacimientos que son resultado de una violación sexual. El Dr. Taib dijo a Human Rights Watch que el comité local de salud había reconocido que las autoridades debían proteger a las mujeres que conservaran a sus hijos, e incluso brindarles acogida a ellas y a sus hijos, así como atención de salud prenatal y maternal. En casos en que las mujeres no desean conservar a sus hijos, corresponderá a la justicia civil pronunciarse sobre el interés del menor.

Cuando la madre biológica del menor y los familiares directos renuncien al menor o lo abandonen, o no puedan brindarle los cuidados necesarios, las autoridades deberían asegurarse de que se presten cuidados alternativos adecuados en colaboración con autoridades locales competentes y organizaciones no gubernamentales autorizadas, o a través de estas. En casos en que la madre biológica del menor y sus familiares cercanos no renuncien o abandonen al menor, las autoridades deberían orientar sus esfuerzos en primer lugar a permitir que el menor permanezca al cuidado de su madre o, cuando sea oportuno, al cuidado de otro familiar cercano, a menos que esto no fuera lo más conveniente para el interés del menor. Si las mujeres deciden criar a los niños, debería existir un plan para brindarles asistencia, incluido el apoyo psicosocial y económico.

Los funcionarios deberían asegurarse de que se ponga a disposición de mujeres y jóvenes la información sobre los servicios, y que se pueda acceder a estos confidencialmente.

El aborto es ilegal en Irak. Funcionarios locales dijeron a Human Rights Watch que el aborto no está permitido en la región de Kurdistán, ni siquiera en casos de violación, a menos que un médico considere que la práctica constituye una necesidad médica, por ejemplo, cuando haya riesgo para la vida de la madre. El GRK debería aclarar en forma urgente a los proveedores de atención de la salud cuáles son las circunstancias en las cuales pueden practicar legalmente abortos a mujeres y jóvenes que han escapado del cautiverio de ISIS, incluidas mujeres y jóvenes que están expuestas al riesgo de suicido o de actos de violencia por motivos de “honor”. El gobierno iraquí debería además considerar reformar de manera urgente el Código Penal para permitir que se practiquen abortos legales y seguros a mujeres y jóvenes que han sido víctimas de violencia sexual.

Asimismo, los funcionarios del GRK deberían instar a líderes religiosos y de la comunidad a recibir favorablemente a niños nacidos tras una violación, si las madres optan libremente por criarlos en el ámbito de la comunidad yazidí, y a brindar el apoyo social que necesitan estas mujeres.

Estigmatización y reinserción
Baba Sheikh, un líder religioso yazidí, emitió una declaración el 6 de septiembre en la cual manifestaba que las mujeres que lograran escapar serían acogidas en la comunidad, y señalaba que nadie debería hacerles daño. El 6 de febrero de 2015, reiteró este llamamiento y señaló:

Las sobrevivientes continúan siendo yazidíes puras y nadie deberá negarles su fe yazidí debido a que fueron sometidas a actos que escapan a su control… Por lo tanto, instamos a todas las personas a cooperar con estas víctimas y ayudarlas para que puedan retomar una vida plena e integrarse en la sociedad.

Estas declaraciones parecen haber contribuido a proteger a mujeres y jóvenes yazidíes de la posibilidad de mayores daños, y han alentado a sus familias a procurar que ellas reciban tratamiento.

Ismail Ali, director general del departamento del GRK que combate la violencia contra la mujeres en Dohuk, dijo a Human Rights Watch que los funcionarios no tenían conocimiento de que mujeres o jóvenes yazidíes estuvieran expuestas a riesgos en el seno de sus familias desde que regresaron, pero que si así fuera, existía un centro de acogida para ellas. Asimismo, las autoridades deberían ofrecer programas que garanticen la rehabilitación y soluciones habitacionales a largo plazo para todas la mujeres que son víctimas de violencia y no reciben el apoyo de sus familias o que están en riesgo, así como brindar capacitación a funcionarios, activistas locales y trabajadores sociales y de la salud para identificar casos de mujeres que están en riesgo de sufrir violencia familiar. Asimismo, y en colaboración con funcionarios religiosos y de la comunidad, las autoridades deberían adoptar medidas de concienciación y educación, especialmente para hombres y varones, orientadas a prevenir la violencia contra las mujeres.

A su vez, la inversión para el desarrollo de habilidades y programas de subsistencia ayudarían a que las mujeres puedan reinsertarse en la vida cotidiana. Una organización ofrece actualmente cursos de costura y manualidades en los campamentos.

Numerosas mujeres y jóvenes señalaron que aspiraban a conseguir trabajos para poder contribuir económicamente con sus familias. Manifestaron además que no tener nada para hacer en los campamentos y estar rodeadas de familiares que también están emocionalmente afectados aumentaba o exacerbaba su propio trauma.

Arwa, una joven de 18 años de Kocho, dijo al respecto: “Lo que más anhelo es tener trabajo, para poder tener mi mente ocupada y no pensar en todo lo que ha sucedido”.

La Asociación para la Asistencia en Crisis y Cooperación al Desarrollo (WADI), una organización no gubernamental alemano-iraquí, está recaudando fondos para construir un centro donde mujeres y jóvenes yazidíes puedan obtener formación profesional. Diversas mujeres y jóvenes que lograron escapar de ISIS dijeron a Human Rights Watch que tendrían interés en acudir a este establecimiento. Trabajadores sociales de WADI han trasladado a algunas de estas mujeres y jóvenes fuera de los campamentos para realizar actividades sociales, con el fin de que tuvieran una ocupación y una experiencia próxima a lo que sería una vida normal.