Un día de abril de 2013, Shabana se fue a trabajar a la fábrica de ropa donde era costurera. Allí pasaba telas a través de voraces máquinas de coser, hora tras hora, día tras día, en una habitación llena de cientos de mujeres que hacían exactamente lo mismo.

Aquel fatídico día acabó atrapada bajo los escombros del edificio de ocho pisos en las afueras de Dacca, Bangladesh. Si bien sobrevivió, fue una de las víctimas del accidente más mortífero en una fábrica de ropa en la historia reciente. Al menos 1.134 trabajadores en el edificio murieron y más de 2.000 resultaron heridos.

“A veces no me puedo dormir sin pastillas. Sigo recordando cuántas personas murieron ese día”, dijo, años más tarde, frágil y triste. “Tal vez debería haber muerto también”.

Shabana sobrevivió milagrosamente durante tres días enterrada bajo los escombros del edificio Rana Plaza, un desastre que conmovió al mundo y que puso en evidencia las altivas afirmaciones de las grandes marcas de ropa de que estaban tomando medidas suficientes para proteger a los trabajadores que confeccionaban sus prendas.

Los defensores del trabajo que querían hacer una campaña para obtener una indemnización para las víctimas tenían que averiguar qué marcas mundiales de indumentaria habían pedido la ropa producida en las cinco fábricas que albergaba el edificio derrumbado. Pero, en ese momento, nadie lo sabía. Activistas por los derechos laborales y otros se apresuraron a buscar las etiquetas de las compañías incluso cuando todavía se estaban sacando cuerpos de trabajadores de entre los escombros. Los sobrevivientes traumatizados luchaban por recordar cualquier cosa sobre las marcas para las que habían trabajado y por las que casi pierden la vida.

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Como consumidores, no pensamos mucho acerca de las etiquetas de “Fabricado en ...” que llevan nuestra ropa o estampadas en las suelas de los zapatos, si es que siquiera nos fijamos en ellas. Así, tejidas de manera invisible en la tela de la ropa que usamos llevamos las historias de personas, a menudo mujeres, que cortan, cosen y pegan los zapatos, las camisas y los pantalones que elegimos en los estantes de las tiendas y colgamos en nuestros armarios.

El derrumbamiento de fábricas y los incendios no son los únicos problemas que aquejan al mundo de la fabricación de prendas de vestir. En la industria textil, que mueve unos US$2,4 billones y que emplea a millones de trabajadores en todo el mundo, abundan los abusos contra los derechos laborales. En países de todo el mundo, los propietarios y gerentes de fábricas a menudo despiden a trabajadoras embarazadas o niegan el permiso de maternidad; toman represalias contra los trabajadores que se unen o forman sindicatos; obligan a los trabajadores a hacer horas extraordinarias o arriesgarse a perder su trabajo, y hacen la vista gorda cuando los gerentes o trabajadores varones acosan sexualmente a las trabajadoras.

¿Por qué debería importarle esto a las marcas globales de ropa? ¿Y cuál es su papel?

Los gobiernos de los países productores de todo el mundo son los principales responsables de las condiciones de trabajo y el cumplimiento de la legislación laboral en las fábricas. Pero de acuerdo con las normas internacionales, si bien no son vinculantes, las empresas mundiales de indumentaria y calzado o “marcas” que compran productos hechos en fábricas también tienen la responsabilidad de garantizar que se respeten los derechos de los trabajadores en toda su cadena de suministro. Deben tomar medidas para prevenir y abordar los abusos contra los derechos humanos.

Para empezar, deben asegurarse de que los trabajadores y el público sepan qué fábricas están produciendo para qué marcas, y deben ser transparentes con respecto a sus cadenas de suministro. Sin embargo con demasiada frecuencia, las marcas esquivan su responsabilidad al no publicar información clave, como nombres, direcciones y otra información importante acerca de las fábricas que producen las prendas de su marca.

Este tipo de transparencia es la base sobre la cual se construye la responsabilidad corporativa. Cada vez más empresas textiles divulgan esta información para mostrar dónde están produciendo y los emplazamientos que están monitoreando. A finales de 2016, estas incluían a: Adidas, C&A, Columbia Sportswear, Cotton On Group, Disney, Esprit, Forever New, Fruit of the Loom, Gap Inc., G-Star RAW, Hanesbrands, H&M Group, Hudson's Bay Company, Jeanswest , Levi Strauss, Lindex, Marks & Spencer, Mountain Equipment Co-op, New Balance, Nike, Pacific Brands, PAS Group, Patagonia, Puma, Specialty Fashion Group, Target USA, VF Corporation, Wesfarmers Group (Kmart y Target Australia, y Coles) y Woolworths.

Esto es especialmente importante porque, en el sector textil, la subcontratación no autorizada es un problema frecuente. Algunos de los peores abusos laborales ocurren en estos lugares subcontratados no autorizados, muy lejos de cualquier tipo de escrutinio o responsabilidad.

Esta transparencia no sólo demuestra que una compañía está mapeando su cadena de suministro, sino que también ayuda a identificar a los subcontratistas buenos y malos, y enfocar las iniciativas de monitoreo adicionales donde más se necesiten. Los trabajadores también necesitan esta información, al igual que aquellos que pueden abogar en su nombre, incluidos representantes sindicales, organizaciones no gubernamentales locales e internacionales, abogados, periodistas y académicos. Cuantos más datos de la cadena de suministro estén a disposición del público, es más probable que las condiciones abusivas sean denunciadas, ya sea públicamente o a las marcas cuyas cadenas de suministro estén implicadas, y más probable será que los problemas puedan resolverse.

Campaña a favor de la transparencia

En 2016, Human Rights Watch se unió a ocho grupos internacionales de derechos laborales y sindicatos mundiales que abogan por un nivel básico de transparencia en la industria de la indumentaria. La coalición desarrolló un “Compromiso de Transparencia”, un estándar mínimo uniforme para la transparencia, basado en prácticas positivas de la industria. El compromiso supone un modesto punto de partida para la divulgación de información por parte de las empresas. Sin embargo, éstas pueden hacer mucho más de lo que busca el compromiso, por ejemplo compartiendo información sobre dónde obtienen el algodón y otros materiales.

La coalición se puso en contacto con 72 marcas, algunas líderes en temas de transparencia y otras que están rezagadas, para instarlas a alinear sus prácticas con el Compromiso de Transparencia. Hasta la fecha, diecisiete empresas mundiales líderes en indumentaria y calzado se han comprometido a publicar toda la información solicitada en el documento.

Cada empresa que lo hace se compromete a publicar regularmente en su sitio web una lista de todas las fábricas que confeccionan sus productos. La lista debe especificar el nombre completo de todas las unidades de producción autorizadas y las instalaciones de procesamiento; direcciones del lugar; información de la compañía matriz para las unidades de producción; tipo de productos,  y una indicación aproximada del número de trabajadores en cada emplazamiento.

Entre los líderes que anteriormente ya divulgaron información sobre las fábricas proveedoras y están totalmente comprometidos con la campaña se destacan: Adidas, C&A, Cotton On Group, Esprit, G-Star RAW, H&M Group, Hanesbrands, Levi’s, Lindex, Nike y Patagonia. Las empresas que fueron transparentes por primera vez y se comprometieron con la campaña son: ASICS, ASOS, Clarks, New Look, Next y Pentland Brands.

Otras 17 compañías, aunque no alcanzaron los estándares de compromiso, cambiaron sus prácticas para mejor y se comprometieron, por primera vez, a publicar información sobre sus fábricas proveedoras. Desafortunadamente, sin embargo, muchas empresas de indumentaria simplemente rechazaron la transparencia por completo o no respondieron a nuestros repetidos intentos de interactuar con ellas.

La transparencia no una fórmula mágica. Pero es una herramienta poderosa para centrar más la atención en el terreno sobre los abusos laborales y los peligros en las fábricas, y proporciona a los trabajadores y activistas información fundamental sobre dónde acudir en caso de problemas. La transparencia también genera confianza entre los consumidores que se preocupan por las prácticas comerciales éticas de las marcas. Y hace que los trabajadores al menos puedan tener esperanzas de que las marcas que se benefician de su trabajo presten atención a sus dificultades y tomen cartas en el asunto.

Barreras a la información

En 2016, conocí a una trabajadora de la confección de una fábrica en Birmania. La gerencia de la fábrica les dio el día libre a los trabajadores para celebrar Thingyan, el festival anual budista de agua, que también es un feriado oficial. Cuando los trabajadores regresaron, los gerentes les obligaron a compensar la productividad perdida trabajando domingos consecutivos, su único día libre. Los gerentes de fábrica seleccionaron a los trabajadores que se negaron y les denegaron la posibilidad de trabajar horas extra durante dos meses, lo que dejó a estos trabajadores, ya de por sí con salarios bajos, incluso con menos dinero que llevar a casa. Estas medidas de la fábrica eran flagrantemente ilegales según las leyes nacionales de Birmania.

Los trabajadores se desesperaron: querían informar lo que les estaba sucediendo a las marcas para las que producían, pero no tenían forma de saber cuáles eran. Mientras tanto, sufrían en silencio.

En otro caso, una trabajadora embarazada de ocho meses de Camboya me dijo que una fábrica de indumentaria había rescindido su contrato porque estaba embarazada. La fábrica se negó a pagarle las prestaciones de maternidad exigidas por ley y le dijeron que no regresara. Entonces recurrió a una organización no gubernamental local, que quería ayudarla a alertar a la marca. El problema era que nadie sabía qué marca realizaba pedidos en esa fábrica. Se encontraban en un callejón sin salida.

Las empresas textiles conocen los desafíos que enfrentan los trabajadores si intentan recabar información sobre las marcas de sus fábricas. Estos incluyen una combinación de escasa alfabetización y barreras lingüísticas; falta de conocimiento sobre las partes de la etiqueta que deben ser recolectadas; no estar equipados con teléfonos inteligentes para fotografiar etiquetas; y miedo a represalias.

Los trabajadores de la industria de la confección que entrevisté  en Bangladesh, Camboya y Birmania a menudo me dijeron que tenían demasiado miedo a las represalias como para arriesgarse a fotografiar o recopilar etiquetas de marcas en las fábricas, o que la fábrica no incorporaban ningún tipo de etiqueta. Atribuir la carga a los trabajadores para que averigüen ellos las marcas para las que trabajan es claramente injusto y no hace más que aumentar sus problemas.

Avanzando hacia la transparencia

En el pasado, los consumidores reivindicaron su derecho a saber dónde se fabricaban sus productos para provocar un cambio en la industria textil. A finales de la década de 1990 y principios de la del 2000, la organización United Students Against Sweatshops (USAS) hizo campaña en muchas universidades de los EE.UU. para exigir que las marcas que produjesen indumentaria con el logotipo de la universidad debían proporcionar los nombres y las direcciones de las fábricas. Esto llevó a compañías como Nike y Adidas a compartir los nombres y las ubicaciones de las fábricas donde los trabajadores hacían sus productos: un avance importante en décadas de lucha a favor de la transparencia.

Desde 2005, Nike y Adidas han publicado la información sobre las fábricas de sus proveedores, y otras marcas siguieron su ejemplo. Algunas marcas que ocultaban celosamente los nombres de las fábricas como “información competitiva” ahora han publicado estos datos. En 2013, el grupo líder de moda H&M –que según un representante de la compañía, llegó a mantener su lista de fábricas de proveedores encerrada en una caja de seguridad en Estocolmo— se convirtió en la primera marca de moda en publicar los nombres y direcciones de sus fábricas proveedoras. Otras compañías siguieron su ejemplo en 2016, entre ellas grandes empresas como C&A, Esprit, Marks & Spencer y Gap Inc. y también se hicieron transparentes.

Las empresas textiles comprometidas con las prácticas comerciales éticas no eludirán sus responsabilidades bajo los Principios rectores de las Naciones Unidas sobre empresas y derechos humanos, que establecen que las empresas deben “saber y demostrar” que respetan los derechos humanos en su cadena de suministro, incluso haciendo un mapeo de sus fábricas proveedoras. Los líderes de la industria han establecido el estándar para esta transparencia al incluir la información sobre la fábrica de proveedores en el dominio público. Reflexionando sobre cuán importante es para una compañía publicar la información de su cadena de suministro para aplicar de manera significativa los Principios Rectores de la ONU, John Ruggie, ex representante especial de la ONU para empresas y derechos humanos y uno de los encargados de redactar los principios, dijo a Human Rights Watch:

En el corazón mismo de los principios rectores y la responsabilidad corporativa está la noción de “saber y mostrar”. Si una empresa no sabe y no puede mostrar, o no está dispuesta a mostrar, entonces genera dudas (...). Una empresa que respeta los derechos humanos (...), en cierto sentido, se está saboteando a sí misma si no es transparente. Si cree que sus prácticas [de derechos humanos] son ​​sólidas, debería divulgar los sitios que está monitoreando y atribuirse el mérito.

La transparencia como ventaja competitiva

Algunas marcas que rechazan la transparencia invocan la frecuentemente repetida excusa de la desventaja competitiva. Argumentan que la publicación de los nombres y las ubicaciones de las fábricas que producen para ellos será perjudicial para su competitividad. Esta idea está equivocada.

En primer lugar, la noción de que un grado tan básico de transparencia coloca a la empresa en desventaja competitiva se contradice con el hecho de que las empresas líderes ya divulgan información sobre sus fábricas proveedoras y, como resultado, no han declarado sufrir daños financieros.

En segundo lugar, la mayoría de las marcas ya comparten parcialmente esta información en plataformas industriales como Sedex y Fair Factory Clearinghouse. A través de estas, intercambian información sobre fábricas de proveedores, incluidos informes sobre las condiciones de trabajo.

Parte de esta información supuestamente “secreta” sobre nombres de fábrica y ubicaciones también es accesible para los competidores a través de bases de datos, como Import Genius y Panjiva, que recopilan datos de aduanas de EE.UU.

La publicación de información sobre las fábricas proveedoras permitiría a las marcas que se abastecen de la misma fábrica intercambiar información clave sobre las condiciones de trabajo y potencialmente colaborar para prevenir abusos laborales o condiciones peligrosas.

Algunos argumentan que su membresía en iniciativas como el Acuerdo sobre la prevención de incendios y seguridad en Bangladesh, un acuerdo vinculante entre marcas y sindicatos mundiales, forjado después del colapso de Rana Plaza, es una prueba de su compromiso con la transparencia. El Acuerdo de Bangladesh publica una lista de todas las fábricas de indumentaria cubiertas por la iniciativa, pero no identifica públicamente qué fábrica produce para qué marca, y mucho menos a nivel mundial. La iniciativa ha tenido un impacto positivo en los incendios y la seguridad en los edificios de Bangladesh, pero no es un sustituto para las propias prácticas de transparencia de una empresa que gobiernen su red global de fábricas proveedoras.

Al menos una empresa, Inditex (propietaria de Zara y otras marcas), se ha negado a publicar ningún tipo de información de sus fábricas proveedoras, argumentando que divulga los datos de forma privada a sindicatos globales con los que ha firmado un acuerdo marco global, destinado a mejorar las condiciones de trabajo en su cadena de suministro a nivel mundial.

La publicación de información de las fábricas proveedoras sólo amplificaría la efectividad de dicho acuerdo marco global. Otras marcas como ASOS, H&M y Tchibo, que también tienen acuerdos marco globales, publican además la información de las fábricas con las que trabajan. Sus prácticas demuestran que las dos herramientas (acuerdos marco y transparencia) pueden coexistir.

Empresas de indumentaria que publican información sobre su cadena de suministro y participan en otras iniciativas

Los miembros del Acuerdo de Bangladesh incluyen a: Adidas, ALDI Norte y ALDI Sur, Benetton, C&A, Cotton On, Esprit, G-Star RAW, Fast Retailing, H&M, Hugo Boss, John Lewis, Kmart Australia, LIDL, Lindex, Loblaw, Marks & Spencer, Next, New Look, Puma, PVH, Target Australia, Tchibo, Tesco y Woolworths.

Los miembros de la Asociación Alemana para Textiles Sostenibles (Textil Bündnis) que publican información sobre sus fábricas proveedoras incluyen a: Adidas, ALDI Norte y ALDI Sur, C&A, Esprit, H&M, Hugo Boss, LIDL, Puma y Tchibo.

Incentivar la transparencia; el papel de los inversionistas

Las iniciativas de múltiples partes interesadas, que involucran a diferentes partícipes de la industria textil, como marcas y ONG, incluida la Iniciativa de Comercio Ético, la Asociación para el Trabajo Justo y la Coalición para la Ropa Sostenible (SAC, por sus siglas en inglés), deben desempeñar un papel importante para que la industria avance hacia la transparencia básica.

Estas iniciativas deberían hacer que la publicación de la información de las fábricas proveedoras sea una condición para la membresía y buscar planes con plazos limitados de empresas miembro de indumentaria y calzado para progresar hacia este objetivo. Por lo menos, deberían exigir que las marcas que ocupan puestos prominentes de liderazgo –como las juntas directivas de dichas iniciativas— publiquen información sobre sus cadenas de suministro. Primark, por ejemplo, está en la junta directiva de Ethical Trading Initiative, lo que convierte su negativa a ser transparente  aún más reprochable. Wal-Mart, uno de los fundadores de la SAC, aún no ha publicado la información de su red global de fábricas proveedoras.

Los inversionistas, incluidos los fondos de pensiones, pueden usar su papel como propietarios en las empresas para presionar a favor de la transparencia. Por ejemplo, inversionistas como APG y grupos de inversionistas como SHARE Canadá y el Centro Interreligioso de Responsabilidad Empresarial se relacionan regularmente con las empresas por temas de transparencia de la cadena de suministro.

No es sólo un imperativo social, sino que también puede ayudar a reducir sus riesgos financieros al permitir mejores medidas preventivas mediante la colaboración con otras marcas. El Índice Corporativo de Derechos Humanos –respaldado por inversionistas, incluida la empresa de gestión de fondos Aviva Investors, con sede en Londres— también exige que las empresas de indumentaria localicen y divulguen al menos los niveles más altos de su cadena de suministro.

“Pronto no habrá mucho que ocultar”, dijo Ruggie, destacando el creciente peso que los inversionistas están dando a los indicadores económicos, sociales y de gobierno (ESG). “Las personas que están dentro o que prestan servicios a la comunidad inversionista rastrearán todo lo que hay allí fuera. Están usando todo lo que está a su alcance, desde GPS hasta Google Earth, para recopilar información. Es mejor para las empresas proporcionar esta información por sí mismas a que un proveedor de datos posiblemente la malinterprete y la venda como información patentada a una empresa de gestión de inversiones o activos, y que eso luego tenga un impacto adverso en las calificaciones de riesgo. Las empresas se darán cuenta de que es mejor ser transparentes”.

Un llamamiento a los gobiernos

Los gobiernos deberían obligar a la transparencia y otros procesos obligatorios de derechos humanos en la cadena de suministro de una empresa de indumentaria. Sólo ellos pueden imponer sanciones a las empresas que incumplan los estándares, y sólo ellos pueden establecer normas exigibles que realmente nivelen el terreno de juego para las empresas y los trabajadores.

Trágicamente, la combinación de reticencia a regular las empresas y la apatía general del gobierno ha significado que no se han promovido fuertes esfuerzos legislativos en todo el mundo para abordar las preocupaciones de derechos humanos en la industria textil. La legislación que específicamente requiere que las empresas de indumentaria y calzado publiquen información sobre sus fábricas proveedoras sería un paso importante.

Sin embargo, los crecientes intentos de algunos gobiernos de legislar sobre las responsabilidades de las empresas hacia los derechos humanos en sus cadenas de suministro globales pueden provocar algunos cambios. Por ejemplo, la Ley sobre la Esclavitud Moderna del Reino Unido, que, entre otras cosas, exige que las empresas controlen la esclavitud moderna en sus cadenas de suministro, no exige específicamente a las empresas que publiquen información sobre las fábricas de las que se abastecen.

Con todo, ha servido como un catalizador para la transparencia: varias compañías de indumentaria y calzado del Reino Unido han publicado información sobre sus fábricas proveedoras como parte de su estrategia global de mitigación de riesgos sobre la esclavitud moderna en sus cadenas de suministro. La ley francesa sobre la debida diligencia por parte de las empresas es otra ley que sirve como un buen ejemplo sobre el que se puede seguir construyendo.

En el mundo posterior a Rana Plaza, ninguna empresa de indumentaria debería dudar sobre un nivel básico de transparencia. Los derechos y las vidas de los trabajadores son lo más importante.

Shabana en Bangladesh sigue luchando por recomponer su vida. Las pesadillas y la depresión obstaculizan su vida y su capacidad de trabajo. Poner el pie dentro de una fábrica de confección es impensable. “Los trabajadores deberían conocer las marcas (para las que trabajan) para que puedan contar sus verdaderas historias”, dijo.

La información en este ensayo fue actualizada el 15 de diciembre de 2017.