Muchas de las personas entrevistadas describieron malas condiciones de detención, entre ellas falta de luz solar, presencia generalizada de malaria y otras enfermedades, y dificultades para recibir medicamentos. Abina O., deportada a Camerún—se omiten datos que podrían identificarla para protegerla—, dijo que todos los guardias eran hombres: “Tenemos que suplicar para que nos den compresas. Estos policías no tienen ninguna consideración por las mujeres; simplemente irrumpen en la habitación, entran a nuestras habitaciones sin tocar la puerta”.
© 2026 John Holmes para Human Rights Watch