4. Asia y el Pacífico
Los cuatro mil millones de personas que viven en Asia tornan imposible cualquier generalización. Un* activista filipin* dice que “la propia diversidad de los contextos culturales y los sistemas políticos ... hace que elaborar una estrategia común se convierta en un verdadero desafío”. Al interior de muchos países se reproduce esa misma diversidad: hasta Nepal, que es relativamente un país pequeño, alberga docenas de identidades étnicas. Todo intento de encontrarle un sentido a esta complejidad implicará dejar fuera buena parte de su riqueza.
Patrones de abuso
Una forma de estructurar las diferencias desde una perspectiva LGBT es analizar las leyes de sodomía. En la mayor parte del sur de Asia – Bangladés, India, Pakistán y Sri Lanka, así como en Malasia, Singapur y algunas islas del Pacífico- la misma disposición británica fue incluida en un código penal tras otro durante la colonia. En el Código Penal de la India esa disposición se encuentra en la Sección 377, la cual penaliza “la relaciones carnales en contra del orden natural”. Un activista líder en Nepal dice que su prioridad será “despenalizar la actividad sexual consensuada entre personas del mismo sexo en el sur de Asia”. Aunque su país logró eludir la disposición contra la sodomía introducida en la era británica, los efectos represivos de la misma tanto sobre la conciencia pública como sobre el accionar policial atraviesan sin problema alguno la frontera.
En la propia India, la Sección 377 le confiere a la policía poderes enormes para el hostigamiento y la extorsión. Pero lo mismo hacen otras disposiciones, sobre todo la Ley para la Prevención de la Trata Inmoral, que regula el trabajo sexual y constituye la base para el hostigamiento constante a las hijras (personas transgénero de clase trabajadora) y a otras comunidades disidentes en materia de género -así como a muchas mujeres, ya sea que se dediquen al sexo comercial o no.
En un sentido más amplio, las hijras (una identidad que está presente en buena parte del sur de Asia) y también otras identidades locales similares como las metis en Nepal están virtualmente “excluidas de la vida social y política” – ya que las leyes o las prácticas les impiden tramitar sus documentos de identidad, alquilar una vivienda, trabajar o en algunos lugares inclusive votar - por violar las expectativas acerca de cómo las personas deberían verse o comportarse según su género.
En el sur de Asia, l*s activistas mencionan “la falta de regulación sobre los poderes de la policía, y la corrupción policial”, como preocupaciones principales, que incluyen “la violencia por parte de la policía y los hooligans en los sitios sexuales; el uso indiscriminado de las regulaciones contra la ‘perturbación del orden público’ ... y la negación de espacios públicos para las minorías sexuales”. L*s personas que trabajan en VIH/SIDA con estas comunidades son blanco de hostigamiento policial en forma regular.
Por su parte, las lesbianas y mujeres bisexuales se enfrentan a “matrimonio forzado, discriminación en el trabajo ... violencia en el hogar y en los espacios públicos”. Se han denunciado patrones de suicidios entre lesbianas y mujeres bisexuales, especialmente en India, que muestran la similitud entre su situación y la de las mujeres solteras, las viudas, y otras personas marginadas por las normas de género. También indican la falta de información sobre sexualidad y género en muchos niveles sociales, la falta de educación en sexualidad y – como lo señalara una activista- la “falta completa de reconocimiento y de asistencia estatal en cualquiera de sus formas para la juventud queer”.
El hostigamiento en las escuelas y el silencio que guardan los planes de estudio preocupan en toda la región. En Singapur un grupo dice que “A las/os docentes gays se las/os expulsa de las aulas en forma sistemática. Los paquetes de educación sexual ... guardan silencio acerca de la homosexualidad o brindan una mirada negativa de la misma; las autoridades escolares... muchas veces invitan a grupos cristianos anti-gay a que den charlas de ‘educación sexual’”. Las/os profesionales de la salud mental que trabajan en la región por lo general se aferran a la patologización de la disidencia genérica o de las relaciones entre personas del mismo sexo. Sólo recientemente han comenzado a modificar sus políticas y prácticas sobre orientación sexual e identidad de género[12].
En buena parte del este de Asia (y en zonas del Pacífico) la conducta homosexual no está penalizada. Pensando en las metas del activismo regional, un* activista de Filipinas menciona: “hacer que se aprueben leyes contra la discriminación allí donde no hay leyes de sodomía”. Sin embargo, hay una ley antidiscriminatoria que lleva años bloqueada en el Congreso de Filipinas y que ha generado una intensa oposición por parte de la iglesia católica. La orientación sexual (junto con otras seis categorías) fue eliminada de una ley contra la discriminación en Corea del Sur en 2007, obedeciendo a los reclamos de las iglesias protestantes y de líderes empresarios.
En China se han producido ataques violentos contra bares, baños, y eventos culturales de gays y lesbianas. Las autoridades hostigan y detienen a activistas contra el SIDA en forma habitual. También han clausurado sitios LGBT en Internet – incluyendo algunos centrados en la prevención del SIDA- por “pornográficos”.
En Sri Lanka, l*s activistas también mencionan que “las restricciones que impone el gobierno a las ONG, para el acceso a Internet y en el uso de los teléfonos son cada vez mayores”. En Singapur, un* activista dice: “En televisión prácticamente no se permite ninguna representación de las personas LGBT. Los periódicos publican la menor cantidad posible de noticias sobre temas gays ... lo que configura un clima de silencio y permite que se perpetúe la ignorancia”.
Al igual que en otras regiones, a muchos grupos les resulta difícil registrarse legalmente, ya sea por las restricciones basadas en la “moral” o como consecuencia de las leyes de sodomía. Un grupo de Singapur dice que “Al no poder operar en forma legal, cada vez que organizamos algo estamos efectivamente quebrantando la ley”.
Desafíos y oportunidades
Un grupo de apoyo en Pakistán habla por much*s en la región cuando señala que “ el fundamentalismo es el factor más perturbador para nuestra sociedad, especialmente para l*s LGBT”. En Sri Lanka, l*s activistas alertan acerca del “fundamentalismo religioso budista” y de la “prevalencia de actitudes seudo-nacionalistas”. Activistas de la India temen que la derecha hindú vuelva a colocarl*s en su mira. En Singapur, el fundamentalismo cristiano “está inspirado (y probablemente financiado) por las iglesias evangélicas de los EE. UU.. Esto se relaciona con la tendencia de muchos funcionarios públicos y de las autoridades escolares a adoptar actitudes prejuiciadas en nombre de la ‘moral’ (tal como la entiende el cristianismo) y de ideas conservadoras acerca de la ‘familia’”.
En muchas zonas de Asia, las diferentes formas de fundamentalismo son capaces de hacer a un lado sus diferencias y cooperar en el plano local cuando lo que está en juego es la orientación sexual o la identidad de género. En Hong Kong, un grupo de lesbianas y mujeres bisexuales habla de ataques coordinados “entre los tradicionalistas chinos que defienden los ‘valores familiares’ y los movimientos de la derecha cristiana”.
Al igual que en otras regiones, la intolerancia religiosa se conjuga con el nacionalismo para generar una noción de autenticidad cultural que excluye toda disidencia sexual o de género. Como señalara una activista lesbiana de la India “En este momento los conservadores actúan como si toda la sexualidad fuera una importación occidental”.
La excepcionalidad asiática -la ideología según la cual el continente tenía necesidades y valores políticos diferentes y las protecciones a los derechos individuales contradecían las tradiciones colectivistas a la vez que constituían un freno indeseado para los avances económicos necesarios - perdió vigencia después de las crisis económicas de fines de la década de los 90. Pero todavía se materializa como excusa para la negligencia o la inacción del Estado, sobre todo en temas delicados como la sexualidad. Un* activista sur-corean* lamenta que “el gobierno actual coloque el desarrollo y la eficacia económicas por encima de la democracia y los derechos humanos”.
En un sentido más concreto, la falta de una estructura regional de derechos humanos en Asia priva a l*s activistas de un espacio institucional –ubicado en su propia región- para la gestión y la defensa, o para vincularse con grupos tradicionales de derechos humanos. Sin embargo las redes regionales LGBT, así como las redes de organizaciones que trabajan contra el VIH/SIDA, tienen una presencia cada vez más fuerte.
En un país tras otro, la respuesta frente al VIH/SIDA abrió puertas para el activismo LGBT. En algunos casos lo logró por el mero hecho de permitir que fuera posible hablar de sexualidad. Un grupo en Pakistán dice: “Hasta la década pasada, no podíamos siquiera hablar de cuestiones sexuales y de la prevención del VIH/SIDA entre HSH; era algo prohibido e ilegal. Pero ahora podemos hablar de los aspectos de salud ... Esto quiere decir que las circunstancias están cambiando en forma lenta pero constante”.
Pero también podría decirse que las puertas más importantes que ahora están entreabiertas, son las de las financiadoras. Tras haber asumido el liderazgo en el trabajo de difusión y prevención, muchos grupos LGBT pudieron acceder a financiamientos por primera vez en toda su historia. Al mismo tiempo, esto desató luchas internas en torno a cuestiones de identidad: a quiénes se debería apoyar, para llegar a qué comunidades y bajo qué nombres. El flujo de financiamientos también obligó a muchos grupos a limitarse a la prestación de servicios y les absorbió la energía que podrían haber dedicado al trabajo político.
En un sentido más general, un grupo de HSH con sede en Tamil-Nadu critica “Las cataratas de fondos centradas en el VIH/SIDA que reducen a los HSH sólo a sus genitales ... La versión ‘medicalizada’ del trabajo que se hace sobre el terreno es algo que en la práctica está dañando a nuestra comunidad... Los HSH son mucho más que meros seres sexuales”.
¿Qué están haciendo los movimientos?
Los movimientos sociales asiáticos – incluyendo a los que trabajan en sexualidad y género – exhiben una gran riqueza de debates y desacuerdos estratégicos. Resulta imposible capturar algo más que una pequeña parte de la miríada de perspectivas planteadas y de direcciones sugeridas.
Hay por lo menos un ejemplo exitoso que ha inspirado a activistas LGBT en toda la región. El principal grupo LGBT de Nepal logró abrirse camino a través de la jungla del financiamiento para el VIH/SIDA, encontró su propia vía para pasar de la prestación de servicios a la gestión y la defensa políticas, y cambió al país. “Comenzamos con intervenciones en salud”, recapitulan, “y esa fue una forma de llegar a la sociedad en general de una manera que no resultara amenazante”. Con la información recogida a través de su trabajo de difusión, comenzaron a documentar y dar a conocer abusos a los derechos humanos, “haciéndole saber al mundo qué clase de violaciones estaban sufriendo las minorías sexuales y de género”. De allí surgieron intervenciones políticas, a medida que el grupo fue “saliendo a la calle, comenzó a hacer cabildeo con los partidos políticos, e incluso se presentó a las elecciones”, además de “llevar al gobierno ante la justicia”. Lograron convencer a la Corte Suprema del país para que incluyera en la legislación protecciones para la orientación sexual y la identidad de género. El fundador del grupo es actualmente miembro de la Asamblea Constituyente.
Pasar de la prestación de servicios a la defensa y la gestión política es algo que a los grupos todavía les cuesta lograr, debido a las restricciones que imponen los financiamientos. Aun después de sus muchas victorias, l*s activistas de Nepal reconocen que les queda mucho por hacer. El reconocimiento jurídico y la influencia política todavía no se han traducido en mejoras para buena parte de sus bases de apoyo. El vínculo entre el cambio jurídico y el cambio social es una cuestión central para much*s activistas de la región.
“El cambio legal es sólo una de las estrategias para el cambio social”, comenta un grupo que trabaja en zonas rurales de la India. Y un activista del mismo país que está profundamente involucrado en la campaña contra la Sección 377 agrega: “En India, es común que las leyes y las políticas lleguen después de los cambios sociales y – por sí solas- es muy poco lo que pueden hacer para cambiar lo cotidiano ... Las leyes y las políticas nunca deberían ser nuestras prioridades, aun cuando reconocemos que es necesario que se mantengan en sintonía con los cambios que estamos generando desde la base”.
Aun reconociendo lo importante que sería que se derogara la Sección 377, en India l*s activistas han debatido largamente el valor relativo del litigio en comparación con la movilización social amplia contra esa disposición. Esas mismas divisiones ya se observan – o pueden llegar a observarse en el futuro- en otros países, inclusive en aquellos en los que las protecciones contra la discriminación son una meta importante. En India se ha logrado alcanzar un compromiso. Mientras un equipo de abogadas y abogados lleva adelante un proceso judicial contra la Sección 377 que ya está en su etapa final frente al Tribunal Superior de Delhi[13], una “coalición diversa de grupos, algunos de los cuales son LGBTI, está utilizando este caso como punto de partida para concientizar a la comunidad y al país en general acerca de una variedad de temas relacionados”, a través de “publicaciones y artículos, demostraciones y presencia públicas, apoyo individual a personas LGBT que están atravesando una crisis”. Un* integrante de esa coalición dice que “es fundamental ... utilizar las leyes y las políticas como símbolos en torno a los cuales movilizarse”.
Si la Sección 377 se deroga en India, esa caída se hará sentir en toda la región, y planteará la pregunta de qué es lo que viene después. Un* activista que trabaja contra la Sección 377 menciona las prioridades futuras:
- Esquemas de empleo, documentos de identidad (para las hijras y otras personas a las que se les niega el reconocimiento a su disidencia de género), y otras medidas para atender las necesidades económicas de las personas LGBT. “No creo que tengamos que esperar que se derogue la Sección 377 para hacer esto, [pero] el momento en que se produzca la derogación podría ser una oportunidad ideal para cobrar impulso y avanzar hacia metas de este tipo”.
- Trabajar con la policía y otras autoridades para reducir la violencia.
- Legislación anti-discriminatoria.
- Incrementar la representación de los temas queer en la cultura dominante.
A otr*s les preocupa que una agenda centrada en la identidad “LGBT” o en la “orientación sexual” y la “identidad de género”, deje de lado algunas de las necesidades sociales y políticas más urgentes inclusive de grupos que quedarían dentro de esas categorías generales. Por ejemplo: eliminar la Sección 377 y garantizar que las hijras puedan obtener documentos de identidad serviría para terminar con algunas formas de abuso, pero no afectaría la forma en que la maquinaria de la justicia penal regula y reprime el trabajo sexual – que es el principal pretexto legal que sostiene la impunidad policial y las violaciones que sufren las hijras.
En toda la región, los grupos advierten que el clamor por que se implementen políticas más estrictas contra la trata genera una expansión del poder estatal sobre todas las manifestaciones de la sexualidad en la esfera pública (y a veces también en la privada)[14]. Para algun*s, esto se vincula con la forma en que operan las políticas de representación en los movimientos LGBT: cómo se habla por los “sujetos sexuales”, sin que se les permita hablar por sí mism*s. Una activista y trabajadora sexual en Nueva Zelanda explica lo difícil que les resulta a las personas que son vistas como “encarnaciones del sexo” ser tenidas en cuenta y escuchadas como actores políticos, y condena a “los grupos que no tienen contacto con trabajador*s sexuales y se presentan como expertos en el tema”.
Un activista de India dice: “Necesitamos más financiamiento progresista en temas de minorías sexuales y trabajo sexual (la mayor parte del financiamiento actual es para trabajar en VIH/SIDA y proviene de financiadoras conservadoras)”.
Durante años, algun*s activistas asiátic*s han criticado la importación sin sentido crítico de construcciones de identidad occidentales como modelos para pensar sobre la sexualidad y el género. En Nepal el activismo en torno a identidades “gay” o “transgénero” ha dado paso, en muchas comunidades, a que los metis (término nepalés indígena para designar a personas diagnosticadas como varones al nacer y que no se adaptan a las normas de la “masculinidad”) se organicen y reivindiquen sus derechos como metis.
Much*s también cuestionan el peso que se le da al cabildeo en el plano nacional, a expensas del trabajo local. Un grupo lésbico y transgénero de Sri Lanka dice que ahora está dejando de concentrarse tanto en la gestión y la defensa políticas en favor de “programas de concientización sobre derechos y salud sexuales a nivel de base, para cambiar las actitudes frente la sexualidad ... Preferimos trabajar con organizaciones de base comunitaria en zonas rurales de todo el país”.
Un abogado indio observa que el verdadero ejercicio de los derechos de las hijrasdependerá de la votación en las elecciones municipales donde están en juego las autoridades que más afectan sus vidas. En Tamil Nadu, un activista dice: “Mientras que la mayor parte de la gestión y la defensa por los HSH en India gira en torno a la derogación de arcaicas disposiciones contra la sodomía en el Código Penal ... es muy poco el trabajo político que se está haciendo con los gobiernos municipales, o panchayats. … Hasta la fecha, el trabajo que se ha hecho en India sobre HSH ha estado concentrado en su mayoría en los espacios urbanos. Teniendo en cuenta que el 70% de la población india vive en espacios rurales y que el sexo entre hombres es una realidad que está muy presente en los pueblos pequeños, nosotros trabajamos en zonas rurales y creemos firmemente que hace falta trabajar mucho más en esos espacios”.
Los grupos también procuran aliados más allá de los movimientos sociales. “Singapur depende grandemente del talento extranjero para impulsar su economía, y el gobierno es muy sensible a las necesidades de las empresas en materia de recursos humanos. Si nuestra organización logra acceso a las empresas y a los abogados, y utilizar la documentación y las demandas de trato igualitario para l*s emplead*s LGBT como catalizadores”, entonces todo un conjunto de demandas, como la derogación de la ley de sodomía, pueden comenzar a tornarse posibles.
En Indonesia, l*s activistas LGBT, tras un proceso en el que con mucha cautela fueron generando un vínculo con el Ministerio de Asuntos Religiosos, se han embarcado en una serie de diálogos y capacitaciones para imanes jóvenes, en los que plantean temas de sexualidad y de género, todo ello sin hacer publicidad. Una iniciativa como ésa, en un país que alberga lo que históricamente ha sido una de las versiones más sincréticas del islamismo, puede alcanzar resonancia mucho más allá de las fronteras nacionales.
[12] Por ejemplo las/os profesionales médicas/os de China eliminaron la homosexualidad de la lista oficial de trastornos psicológicos sólo en 2001, pero conservaron la definición de la llamada “homosexualidad egodistónica”, que se aplica a las personas que se sienten desdichadas por ser homosexuales, y que podría decirse que permite patologizar a las personas cuando la verdadera causa de su malestar bien puede residir en las actitudes homofóbicas de la sociedad. Ver Chinese Society for the Study of Sexual Minorities, “Homosexuality Depathologized in China,” 5 de marzo de 2001, en http://www.csssm.org/English/e7.htm (consultado el 30 de abril de 2009).
[13] India carece de una ley sobre violación que tenga un lenguaje neutro en materia de género, o de una ley que proteja a los niños y las niñas contra el abuso sexual perpetrado por personas adultas de su mismo sexo, por eso la Sección 377 se utiliza para cubrir también esos casos. La presentación judicial pide que se lea la Sección 377 de manera restringida y se haga explícito que ya no debería penalizar las relaciones sexuales consensuadas entre personas adultas del mismo sexo.
[14] Ver “Letter to Sonia Gandhi: Proposed Amendments to the Indias 2006 Immoral Traffic (Prevention) Amendment Bill Raise Human Rights Concerns,” una carta conjunta de Human Rights Watch y organizaciones de derechos humanos de la India e internacionales, 22 de junio de 2008 en http://www.hrw.org/en/news/2008/06/22/letter-sonia-gandhi-proposed-amendments-indias-2006-immoral-traffic-prevention-amend.






