29 de Mayo de 2009

III. Abusos y Violencia Policial

Human Rights Watch documentó acciones policiales que violan derechos humanos tales como  la prohibición de infligir tratos y penas crueles, inhumanos y degradantes o el debido proceso. Las personas transgénero en San Pedro de Sula y Tegucigalpa reportaron casos graves de violencia –entre los que se incluyen agresiones físicas y sexuales- así como de extorsión monetaria por parte de integrantes de la Policía Municipal y de la Policía Nacional Preventiva. Las personas transgénero también reportaron que los oficiales competentes no realizaron investigaciones diligentes y efectivas ni llevaron a los perpetradores de estas violaciones ante la justicia.

El derecho internacional prohíbe el uso de la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos y degradantes por parte de funcionarios/as u otras personas que actúen en ejercicio de funciones públicas. [49] Esta prohibición se refiere no sólo “a los actos que causan a la víctima dolor físico, sino también a los que causan sufrimiento moral”, [50] dentro de los cuales se cuentan la intimidación y otras formas de amenaza. [51] El derecho internacional también garantiza el derecho a la libertad y seguridad de la persona y la protección contra las detenciones arbitrarias. [52]

Violaciones, Ataques y Extorsiones

Las entrevistas de Human Rights Watch indican que, a pesar de las prohibiciones expresas consagradas en el derecho internacional y en la ley hondureña, la policía hace uso de su poder para exigir sexo y dinero de las personas transgénero, muchas veces bajo la amenaza de la violencia.[53]

Cuando Human Rights Watch entrevistó a Patricia en febrero de 2009, ella nos mostró cinco de las diecisiete cicatrices que según ella eran producto de un apuñalamiento reciente a manos de un policía.

El 18 de diciembre  un policía me obligó a entrar en su carro para tener sexo conmigo. Entré en su carro y después de tener sexo oral, él me dijo que quería que yo lo penetrara. Le expliqué que yo no podía ser activa [es transexual] y me levanté la falda. Él me miró y dijo: ‘¡habría sido mejor que hubieras nacido mujer!’ Yo me disculpé, pero él se molestó bastante. Trató de sacar un arma, pero yo me abalancé encima de él y me defendí con una de sus muletas [Patricia nos dijo después que el hombre estaba usando muletas porque estaba lesionado]. Mi amiga Estefania oyó lo que estaba pasando y gritó por ayuda. Una patrulla (MI 106) se detuvo. Los agentes sacaron al hombre del carro y le dijeron que se fuera, pero eso fue todo.
Al día siguiente, el hombre de las muletas pasó de nuevo frente a CEUTEC [una universidad], el sitio en donde hacemos trabajo sexual. Se aproximó y bajó la ventana. Estaba asustada así que le dije ‘hola.’ Me dijo que me acercara. Yo lo hice y le pregunté qué quería. Me apuñaló en el cuello.
No pude correr, sentí que me iba a desmayar. Vi a otras dos personas que salían del carro. Me empujaron en el asiento de atrás y arrancaron. Vi que estábamos en el camino hacia Danli [un pueblo al sur de Tegucigalpa] de manera que comencé a luchar cuando sentí que me volvían las fuerzas. Él [el asaltante principal] paró, se dio la vuelta y me apuñaló más. Me desmayé. Me tiraron fuera del carro y me dieron por muerta.
Un taxi que venía del otro lado me recogió y me llevó a Clipper [un centro médico] en El Hato [un barrio] y de allí una ambulancia me llevó al Hospital Escuela. Los doctores en el hospital dijeron que si hubiera llegado cinco minutos después habría muerto. Tuvieron que ponerme un tubo a través de los pulmones porque estaban llenos de sangre de la primera puñalada.[54]

El hombre que Patricia identificó como su atacante, Amado Rodríguez Borjas, es un miembro de la fuerza policial. “Una persona como él no debería estar en una posición como esa; no debería ser policía”, concluyó.[55]

Diana, de 23 años, contó una historia similar. “Como hace ocho meses [mayo de 2008] tres policías me pararon en la calle y me metieron a la fuerza en una patrulla. Me llevaron a un lugar lejano que no reconocí. Los oficiales rasgaron mi ropa; los tres me golpearon y violaron. Luego me dejaron en las afueras de la ciudad”. [56]

La historia que más cuentan las mujeres transgénero es la de agentes de policía que las obligan a realizarles actos de sexo oral. Natalia, de 19 años, recuerda una noche en la que un agente la forzó a entrar en un carro de policía y la llevó cerca de un estadio. “Cuando llegamos al estadio el policía sostuvo un arma contra mi cabeza y me obligó a hacerle sexo oral. Fue horrible, pero afortunadamente él sólo me golpeó y me dejó ir después de robarse mi dinero”. [57]

En 2008, Paola, de 18 años, le dijo a Human Rights Watch que la policía le exigía sexo varias veces por mes. Nos contó de una agresión de la policía ocurrida esa misma semana:

Fue el martes pasado. Yo estaba trabajando en Maya [un área de trabajo sexual cerca del Hotel Maya]. Alrededor de las diez de la noche cuatro policías me dijeron que entrara en la patrulla. Empezaron a golpearme y me exigieron tener sexo con ellos. Ellos querían que les diera sexo oral a todos. Yo me negué. Me condujeron al camino que sale de la ciudad por el sur y me golpearon hasta dejarme sin sentido y me tiraron allá y se fueron. Llevaban uniforme de policía. Yo los he visto antes pero no sé sus nombres porque escondieron sus insignias”.[58]

Todas las entrevistadas le contaron a Human Rights Watch al menos un episodio en el que la policía las extorsionó por dinero a ellas, a sus clientes o a ambos. Lisa, de 35 años, le dijo a Human Rights Watch que la policía le exige sexo una vez cada dos semanas en promedio, [59] y también se refirió a un caso en que la policía extorsionó por dinero a uno de sus clientes:

Casi todos los días [la policía exige dinero]. La última vez fue el pasado jueves. Me metí en el carro con un cliente que me dio 500 Lempiras [26 US$] por adelantado. A la vuelta de la cuadra la policía me detuvo y me hizo salir del carro. Ellos extorsionaron a mi cliente y tomaron su dinero.[60]

Melbin le contó a Human Rights Watch sobre la última vez que la Policía Municipal la extorsionó por dinero:

Hace tres semanas [principios de diciembre de 2008] tres agentes de la Policía Municipal me pararon en la calle mientras negociaba con un cliente. Me amenazaron con arrestarme si nos les daba algo. Lo que ellos querían era dinero. Por eso les di 200 Lempiras [11 US$] y me dejaron en paz. [61]

Montserrat confirmó esto y añadió:

Es una rutina. Siempre es la misma cosa. Nos metemos en el carro y ellos [la policía] nos siguen. Unas calles más adelante detienen el carro. La policía roba el dinero y luego amenaza al cliente. Ellos le dicen que van a contarle a las cadenas de televisión que lo encontraron con una trans. A veces nos arrestan, otras nos extorsionan por dinero. Ellos [la policía] nos dejan sin el dinero y sin el cliente. [62]

Pero las autoridades policiales niegan todo mal comportamiento. El Comisario Castillo de la Policía Nacional Preventiva de San Pedro Sula le dijo a Human Rights Watch que sus agentes no podían extorsionar o agredir a las personas transgénero ya que no tienen jurisdicción sobre los lugares en los que estas realizan su trabajo sexual.[63]  Abel Guerrero, jefe de la Policía Municipal de San Pedro Sula le dijo a Human Rights Watch: “Le doy mi renuncia ahora mismo si usted me nombra a alguno de los policías municipales que los ha extorsionado por dinero [a las personas transgénero]”. [64]

Ataques a la Integridad Física

Joshua tiene 19 años y se define como travesti. [65] A Joshua no le permiten ser ella misma en su casa –usar tacones y falda- de modo que se cambia en otro sitio antes de salir de noche. Joshua no se siente segura en su casa, pero tampoco lo está en la calle. Ella recuerda una noche que la dejó inmovilizada por semanas:

Hace cuatro meses [en septiembre de 2008], la policía nos atacó cerca de CEUTEC [en Tegucigalpa]. Fue alrededor de las dos de la mañana y estábamos trabajando. Súbitamente cinco carros de policía y cerca de veinte agentes salieron de la nada. Nosotras éramos ocho personas transgénero que estábamos haciendo trabajo sexual.
Nos gritaron y dijeron que nos iban a llevar. Nosotras les mostramos nuestras identificaciones y a pesar de eso nos cogieron. Antes de cogernos, un par de ellos dijo que podíamos ‘resolver las cosas de una manera distinta’. Les dijimos que no teníamos dinero porque no habíamos trabajado aún y que podían llevarnos si querían. Dos policías me agarraron, me metieron en un carro y me pegaron un puño en la cara.
Ellos nos llevaron al Manchén [una estación de policía] y nos metieron en una bartolina [celda]...Desde que nos bajaron de la patrulla en la estación hasta que nos metieron en la bartolina, nos pegaron y nos arrastraron. Cuando llegamos a la estación y mientras nos anotaban en el libro, nos tiraron al suelo y nos pegaron en la cara con los bolillos. También trataron de empujarnos por las escaleras. Nos gritaban culeros.
Camino a la bartolina uno de los policías me rompió un palo de escoba en la espalda. Ese hombre ni siquiera estaba trabajando. Estaba en la estación de policía descansando y bajó cuando llegamos. Me golpeó y maltrató a varias de mis compañeras. Allí había dos bartolinas. Nos pusieron en la de mujeres. Nos tuvieron a todas juntas hasta que ellos me llevaron al hospital dos horas después.
En el Hospital Escuela me enyesaron la espalda. Me dejaron allá dos días para los controles. No volví a ver a la policía.
La policía nunca les dijo a las ocho detenidas la razón por la cual las habían arrestado, ni les permitieron hacer una llamada telefónica. Las personas transgénero les explicaron a los agentes que ellas no estaban haciendo nada ilegal, pero eso no cambió nada.

El 1 de diciembre de 2008, Mónica, de 18 años, estaba parada con unas amigas  detrás de Diunsa [una tienda que es también un área de trabajo sexual], en la ciudad de San Pedro Sula. Alrededor de las  ocho de la noche. una patrulla con cinco miembros de la Policía Municipal se detuvo. “Empezaron a golpearnos con sus bolillos. Corrí hacia el Motel El Sauce, pero la policía continuó golpeando a mis amigas. Nos dijeron que nos fuéramos del área porque ésa no era un área para taloneo”.[66]

La policía agredió físicamente a una trabajadora comunitaria de la Asociación Nacional de Personas Viviendo con VIH/SIDA (ASONAPSIDA), en diciembre de 2008.

Estaba parada en la Calle Vaticano, enfrente de CEUTEC [universidad], en Colonia Palmira [un barrio]. Unos minutos después llegó una patrulla de policía (MI79) asignada a la Estación de Policía de Manchén. Me pidieron dinero. Yo les dije que no tenía nada de dinero. Entonces me agarraron por el pelo y golpearon mi cabeza contra la puerta de vidrio del edificio de la esquina. Me golpearon hasta que rompieron el vidrio con mi cara. Después me acusaron de tratar de entrar en el edificio a robar y me llevaron con ellos.
Cuando llegué a la Estación de Policía de Manchén, le rogué al oficial a cargo que me dejara hacer una llamada. Él simplemente me ignoró. Unas horas después finalmente me llevaron a Clipper [un centro médico de emergencia] en el barrio 21 de octubre. En el carro de policía me amenazaron, me dijeron que moriría si decía algo.
En el Clipper, mientras la policía estaba afuera, una enfermera me dejó usar su teléfono celular. Me las arreglé para llamar a un amigo que contactó a Indyra Mendoza, la coordinadora de la Red Lésbica Cattrachas [una organización con sede en Tegucigalpa que defiende los derechos de la comunidad LGBT en Honduras]. Cuando volvimos a la estación de policía uno de los oficiales dijo que yo estaba allí por escándalo público, de acuerdo con la Ley de Policía y de Convivencia  Social. Estuve detenida hasta las 11.30  de la mañana.[67]

Detenciones Arbitrarias

La privación de la libertad de personas que aún no han sido condenadas por un delito, incluida la detención preventiva anterior al juicio, debe ser una excepción, jamás la norma, y debe tener lugar en circunstancias reguladas y bien definidas. [68] Pero las cláusulas abiertas de la Ley de Policía y Convivencia Social alientan la detención arbitraria de las personas transgénero que se muestran en público.

La interpretación de lo que la ley entiende define como “moral” queda en manos de la policía. Los policías en Tegucigalpa tienen ideas diferentes acerca de lo que significa la “moralidad”. Orlando Ruiz, comisario de la Estación de Policía de Manchén, dijo: “Moralidad es lo que la sociedad hondureña ordene. Por ejemplo, las personas no pueden usar ropa que sea demasiado sexy cuando van a un establecimiento”.[69] El Coronel Galo dijo a Human Rights Watch: “Inmoralidad es cuando usted puede ver todo, cuando la ropa muestra demasiado”. [70] Añadió que es importante qué tipo de cuerpo deja ver la ropa: “Usted puede ver que la Calle Real está llena de mujeres meretrices y que la policía no las arresta ni les levanta cargos porque no están vestidas de manera inmoral”.[71]

Un oficial de alto rango mostró prejuicios que presumiblemente se transmiten a los agentes de calle, cuando nos dijo que “Lo que pasa con esos homosexuales [se refería a las personas transgénero] es que son ladrones y los hombres que andan con ellos no quieren denunciarlos porque están avergonzados. La mayoría de esos homosexuales son ladrones, vulgares y de malas maneras. No respetan a la policía. No puedo soportar a esa gente en el área”.[72]

Existen quienes no niegan que la homofobia es algo común dentro de la fuerza. En el Primer Congreso Nacional Transgénero organizado por ONUSIDA y varias organizaciones no gubernamentales en diciembre de 2008, la Comisionada General de Policía Mirna Suazo dijo que “En nuestro país, el cual es una sociedad patriarcal, la policía tiende a reproducir los roles y estereotipos que la sociedad y la cultura han impuesto”.[73] Otros oficiales también hablaron del machismo y la homofobia como un problema de la fuerza de policía.[74] El jefe de la Policía Metropolitana de Tegucigalpa dijo que era “difícil discutir esto [se refería a las cuestiones LGBT] con los agentes de bajo rango, porque si uno habla de eso ellos asumen que, quizá, uno es como ellos [esto es, lesbiana, gay, persona bisexual o transgénero]”.[75]

Aceptar que la policía ejerce violencia y discriminación  contra personas de la comunidad LGBT, incluidas las personas transgénero, es un requisito indispensable para poner fin a esas prácticas. Pero reconocimientos poco frecuentes como los recién mencionados no han dado lugar a cambio alguno en las disposiciones equívocas de la Ley de Policía y de Convivencia Social que propician los abusos, ni tampoco a procesos judiciales contra agentes que han sido acusados de conductas abusivas.

Detenciones basadas en el prejuicio

Dita es una travesti de 49 años. Ella nos dijo que supo que era transgénero desde que cumplió 18. Hoy en día Dita se gana la vida limpiando, planchando y enseñando artesanía. “Yo encuentro maneras de sobrevivir”, dice. “Para el día de San Valentín aparezco con una tarjeta con un pensamiento y vendo esas cosas para ganar dinero”. Dita estudió contabilidad y nunca ha ejercido el trabajo sexual, pero en Tegucigalpa la policía la detiene en forma regular asumiendo que, por su identidad y expresión de género, es una trabajadora sexual.

La policía me detiene. Simplemente me dicen: ‘tú eres de Maya’ [un área de trabajo sexual cerca del Hotel Maya en Tegucigalpa] y me pegan y me empujan dentro del carro de policía. Me llevan a la estación de policía. Ellos desatienden mis explicaciones de que no soy una trabajadora sexual y sólo me dicen ‘¡Para adentro por 24 horas!’. Esto pasó hace tres semanas [15 de febrero de 2008]. Yo venía de tomarme una cerveza y paré un taxi. Me subí y apenas íbamos dándole la vuelta al parque un oficial de policía nos paró. El policía gritó y pidió refuerzos diciendo que el taxista era mi cliente y que yo estaba tratando de robarle. Me llevó a la Estación de Policía de Manchén y me dejó allá por veinticuatro horas. [76]

La policía también impone el estigma del trabajo sexual sobre las defensoras de los derechos humanos.

El 26 de mayo de 2007 la policía detuvo a Claudia Spellmant , líder del Colectivo TTT e integrante de la RedLac Trans (una red regional que trabaja por la protección de los derechos de las personas transgénero), mientras caminaba cerca del estadio municipal camino a un recital. Los oficiales la acusaron de estar haciendo trabajo sexual, ignoraron sus explicaciones y la metieron dentro de una patrulla. A ella y a otro grupo de mujeres transgénero detenidas en el área las llevaron a la estación de policía municipal.[77] Los agentes les dijeron a las detenidas que habían desobedecido las instrucciones de no frecuentar sitios públicos reservados para “la gente normal y decente”.[78] No les levantaron cargos. Si bien no hay leyes o regulaciones que especifiquen lugares “permitidos” para hacer trabajo sexual, la policía usa el lenguaje amplio de la Ley de Policía y de Convivencia Social para arrestar en forma ilegal a las personas transgénero.

Cuando en el transcurso de nuestra investigación preguntamos a las autoridades policiales acerca de estas detenciones, Abel Gamero, director de la Policía Municipal en San Pedro Sula dijo: “[e]sta ciudad tiene su propio gobierno. Hay sitios en los que pueden [hacer trabajo sexual] y otros en los que no”.[79] Cuando se le preguntó si esto estaba registrado en el texto de la ley o de alguna otra regulación, él respondió “No, son directivas verbales que están vigentes porque la comunidad pidió por ellas”.[80] Gamero permaneció en silencio cuando Human Rights Watch le preguntó cómo el personal de policía sabía cuándo una persona transgénero estaba haciendo trabajo sexual. 

Alejandra, que trabaja en San Pedro Sula con la Comunidad Gay Sampredana, tuvo una experiencia similar a la de Spellmant .

Hace como un año [febrero de 2008] yo estaba caminando por la Calle Primera. Iba para el cine sola y lucía muy femenina, con mi cartera, maquillaje, todo. Cuatro policías en uniformes azules me pararon. Les dije que yo no era eso [trabajadora sexual], que solamente iba al cine. A pesar de ello, me metieron en el carro de la policía y me llevaron. Les dije que me dejaran ir, que tenía que ir a trabajar más tarde. Les mostré mi identificación y me seguían diciendo que me iban a llevar a la estación a menos de que les pagara para dejarme ir. Estaba tan asustada que les di 500 Lempiras [26 US$].[81]

El prejuicio policial frente a las personas transgénero puede obstaculizar e interferir en algunos casos con el trabajo de prevención del VIH. Chichi, una persona transgénero de 32 años que nació en Tegucigalpa, ciudad donde reside actualmente, acostumbraba trabajar en el Colectivo Violeta en la prevención del VIH/SIDA con las trabajadoras sexuales. A comienzos de 2007 la policía la detuvo mientras realizaba trabajo comunitario.

Esa noche cuando salimos a distribuir condones e información a las personas transgénero que estaban haciendo trabajo sexual, la policía nos paró y nos registró [les pidieron la identificación y las catearon]. Sólo porque vieron blúmer [braga’hilo dental’] ellos asumieron que estaba haciendo trabajo sexual y me llevaron a la estación de policía. Tuve que estar allá hasta el otro día.[82]

[49]Convención Americana sobre Derechos Humanos (CADH - “Pacto de San José de Costa Rica”), adoptada el 22 de noviembre  de 1969, Serie sobre Tratados, OEA, No. 36, Registro ONU: 08/27/79  No. 17955, entrada en vigor el 18 de julio e 1978, reimpresa en Documentos Básicos Relativos a los Derechos Humanos en el Sistema Interamericano, OEA/Ser.L.V/II.82 doc.6 rev.1, 25 (1992), ratificada por Honduras en mayo de 1977; artículo 5. Convención Interamericana para Prevenir y Sancionar la Tortura, Serie sobre Tratados, OEA, No. 67, entrada en vigor el 28 de febrero de 1987, firmada por Honduras en marzo de 1986, artículos 1 y 6. Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes (Convención en contra de la Tortura), adoptada el 10 de diciembre de 1984, G.A. res. 39/46, anexo, 39 U.N. GAOR Supp. (No. 51)  197, A/39/51 (1984), entrada en vigor el 26 de junio  de 1987, ratificada por Honduras en  diciembre de 1996, artículos 2(1), 11, y 16.

[50]Comité de Derechos Humanos, Observación General 20, artículo 7 (44to  período de sesiones, 1992),  Compilación de Observaciones Generales y Recomendaciones Generales adoptadas por los Órganos de Tratados de Derechos Humanos, HRI\GEN\1\Rev.1, 30 (1994). Ver también Convención en Contra de la Tortura, artículo 1 (se entienden incluidos en la definición de tortura los actos intencionales que causen dolores o sufrimientos graves de naturaleza física o mental).

[51]Informe del Relator Especial sobre la cuestión de la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, Naciones Unidas, Asamblea General, A/56/156, 3 de julio de 2001, Sección IIA (se estableció que el temor a ser sometido a tortura física puede constituir tortura mental y que las amenazas serias y creíbles en contra de la integridad física de la víctima o de una tercera persona pueden llegar a ser consideradas como tratos crueles, inhumanos o degradantes, e  incluso como tortura, especialmente cuando la víctima está en manos de funcionarios encargados de hacer cumplir la ley).

[52] Convención en Contra de la Tortura, artículo 15. Ver también Conjunto de Principios para la protección de todas las personas sometidas a cualquier forma de detención o prisión, principio 21.

[53]El artículo 33 (15) de la Ley Orgánica de la Policía Nacional prohíbe “aprovecharse de su condición jerárquica para inducir, acosar o establecer relaciones de carácter sexual”.

[54]Entrevista de Human Rights Watch con Patricia, Tegucigalpa, 18 de febrero de 2009.

[55]Ibíd.

[56]Entrevista de Human Rights Watch con Diana, San Pedro Sula, 11 de diciembre de 2008.

[57]Entrevista de Human Rights Watch con Natalia, San Pedro Sula, 11 de diciembre  de 2008.

[58] Entrevista de Human Rights Watch con Paola, Tegucigalpa, 5 de  diciembre de 2008.

[59] Entrevista de Human Rights Watch con Lisa, San Pedro Sula,  18 de diciembre de 2008. “Unos días antes de eso, [noviembre de 2008] miembros de la policía preventiva me detuvieron en un lote desocupado con un cliente. Empezaron a pegarme y querían llevarme en la patrulla. Me dijeron que debía tener sexo oral con ellos para que me dejaran ir. Eran seis, de modo que tuve que decir que sí y darles sexo oral a todos.”

[60] Entrevista de Human Rights Watch con Lisa, San Pedro Sula, 18 de diciembre de 2008.

[61]Entrevista de Human Rights Watch con Melbin, San Pedro Sula, 18 de diciembre de 2008.

[62] Entrevista de Human Rights Watch con Montserrat, San Pedro Sula, 18 de diciembre de 2008.

[63]Entrevista de Human Rights Watch con el Comisario Castillo, Estación Primera de Policía, San Pedro Sula, 19 de febrero  de 2009.

[64]Entrevista de Human Rights Watch con Abel Gamero, San Pedro Sula, 18 de febrero  de 2009.

[65]Entrevista de Human Rights Watch con Joshua, 5 de diciembre de 2008.

[66]Entrevista de Human Rights Watch con Mónica, San Pedro Sula, 8 de diciembre de 2008.

[67]Entrevista de Human Rights Watch con una persona cuyo nombre se mantiene en reserva, Tegucigalpa, 18 de febrero de 2009. Oficina del Procurador General, Unidad de Derechos Humanos, Caso No. 485-08, en archivos de Human Rights Watch.

[68]PIDCP, artículo 9(3).

[69] Entrevista de Human Rights Watch con Orlando Ruiz, Tegucigalpa, 23 de febrero de 2009.

[70]Entrevista de Human Rights Watch con Obin Alexis Galo Maldonado, Comisario de Policía, Tegucigalpa, 23 de febrero  de 2009.

[71]Ibíd.

[72]Entrevista de Human Rights Watch con Vásquez Palma, Subcomisario de Policía, Estación de Policía de Manchén, Tegucigalpa, 23 de febrero de 2009.

[73]Comisionada General de Policía, Mirna Suazo, presentación oral en el Primer Congreso Nacional de Personas Trans sobre Derechos Humanos y Acceso Universal, 5 de diciembre de 2008.

[74]Entrevista de Human Rights Watch con Alexis Galo Maldonado, Comisario de Policía;  y con Wilmer Marthel, Subcomisario de Policía, Tegucigalpa, 23 de febrero de 2009.

[75]Entrevista de Human Rights Watch con Ambrosio Ordoñez, Jefe de la Policía Metropolitana de Tegucigalpa, 23 de febrero  de 2009.

[76] Entrevista de Human Rights Watch con Dita, Tegucigalpa, 21 de febrero de 2009.

[77] Entrevista de Human Rights Watch con Claudia Spellmant, San Pedro Sula, 18 de febrero  de 2009.

[78] Ibíd..., ver Comisión Internacional de Derechos Humanos para Gays y Lesbianas (IGLHRC, por sus siglas en inglés), “Honduras: Nuevas Detenciones Arbitrarias. Esta vez las Víctimas son Personas Travestis,”12 de julio de 2007, http://www.iglhrc.org/cgi-bin/iowa/article/takeaction/globalactionalerts/439.html. Claudia interpuso una denuncia ante la Oficina del Procurador General de la República, Caso No. 0501-2007-05367, octubre 9 de 2007, en archivos de Human Rights Watch.

[79]Entrevista de Human Rights Watch con Abel Gamero, San Pedro Sula, 18 de febrero  de 2009.

[80]Ibíd.

[81] Entrevista de Human Rights Watch con Alejandra, San Pedro Sula, 19 de febrero  de 2009.

[82]Entrevista de Human Rights Watch con Chichi, Tegucigalpa, 5 de diciembre de 2008.