Contexto
El VIH sigue representando una grave amenaza para la salud pública en Estados Unidos, donde 1.2 millones de personas viven con VIH y una de cada cinco no sabe que está infectada. Cada año, aproximadamente 50,000 personas contraen VIH, y esta enfermedad afecta especialmente —en forma desproporcionada— a las minorías raciales y étnicas[1]. A treinta años del comienzo de esta epidemia, se ha establecido claramente que las intervenciones dirigidas al comportamiento individual no resultan suficientes si no se tienen en cuenta aspectos sociales, económicos, legales y otros factores estructurales que influyen en la vulnerabilidad al VIH[2]. Para abordar la epidemia entre las poblaciones vulnerables, es necesario comprender el entorno de riesgo en el cual estas se manifiestan, y diseñar intervenciones estructurales como respuesta. Como escribió Kevin Fenton, director del Centro Nacional para la Prevención del VIH/sida, Hepatitis Viral, Enfermedades de Transmisión Sexual y Tuberculosis (National Center for HIV/AIDS, Viral Hepatitis, STD and TB Prevention) de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (Centers for Disease Control and Prevention, CDC) de Estados Unidos:
Aunque las intervenciones dirigidas a personas específicas han tenido resultados relativamente satisfactorios, es evidente que su éxito mejora sustancialmente cuando la prevención del VIH aborda factores estructurales más amplios, tales como la condición de pobreza o riqueza, el género, la edad, las políticas públicas y el poder[3].
Los trabajadores sexuales y las personas transgénero comparten muchos elementos de un entorno que define su nivel de riesgo de contraer VIH; por ejemplo, el aislamiento físico, social y cultural, la estigmatización y un entorno legal y de políticas públicas que criminalizan su conducta y, muchas veces, también su condición[4]. Las personas transgénero, por ejemplo, sufren discriminación en casi todos los ámbitos, el rechazo de familiares, estigmatización y pobreza, factores que explican en cierto modo la escasez de datos que existe respecto de la prevalencia del VIH entre este grupo. Hace poco tiempo, un grupo de defensores de personas transgénero publicaron la encuesta “Injustice at Every Turn” (Injusticias en todas partes), que entrevistó a casi 6,500 personas transgénero en Estados Unidos[5]. El informe indicó que la discriminación es generalizada, que existe un nivel de pobreza cuatro veces más alto que entre la población general y que se registra una tasa de desempleo que duplica la observada entre las personas no transgénero, lo cual hace que, muchas veces, el trabajo sexual sea la única alternativa para poder sobrevivir. Todos estos factores fueron aún más marcados entre las personas transgénero de color, al igual que la vulnerabilidad frente al VIH y el sida. Entre las personas entrevistadas, la tasa de prevalencia del VIH informada por los propios entrevistados era cuatro veces más alta que la de la población general de Estados Unidos, y la tasa entre las personas que en algún momento se dedicaron al trabajo sexual era superior al 15 por ciento[6].
Las consecuencias de las detenciones son graves para los trabajadores sexuales, las mujeres transgénero y otras personas LGBT, dado que, mientras se encuentran bajo custodia policial y en la cárcel, suelen ser sometidas a altos niveles de abuso, acoso y violencia[7]. Numerosos trabajadores sexuales inmigrantes señalan, además, otras razones para temer ser detenidos, ya que el Gobierno de Estados Unidos tiene en la mira específicamente a los “extranjeros que participan en delitos” para expulsarlos[8]. Tanto para los inmigrantes documentados como para los indocumentados, la prostitución y el ofrecimiento de sexo pueden ser motivos de expulsión y declaración de inadmisibilidad conforme a las leyes federales de inmigración[9]. Por tratarse de un “delito de inmoralidad”, una condena por prostitución, merodeo con la intención de ejercer la prostitución u ofrecimiento de sexo puede constituir un motivo de expulsión del territorio de Estados Unidos. Existe además otra disposición específica que establece que la prostitución es un delito que puede dar lugar a la deportación[10]. En virtud de esta disposición, no es necesario que se haya dictado una condena penal por prostitución para que se declare la inadmisibilidad, si las autoridades inmigratorias determinan, por otras razones, que alguien ha “participado en actos de prostitución”[11]. Una condena por prostitución o la determinación de que una persona ha participado en actos de prostitución puede hacer que se la declare inadmisible, lo cual significa que quienes se encuentran en Estados Unidos y salen del país no pueden volver a ingresar y, además, pueden tener dificultades para regularizar su situación legal. Estos motivos también pueden dar lugar a la aplicación de los requisitos de detención obligatoria de las leyes de inmigración, tanto para los inmigrantes documentados como para los indocumentados[12].
Los preservativos constituyen un método comprobado para prevenir la transmisión del VIH y otras enfermedades de transmisión sexual, han demostrado reducir sustancialmente el riesgo de transmisión de VIH y son avalados por autoridades de salud de Estados Unidos e internacionales como un componente esencial de los programas de prevención del VIH[13]. En muchas jurisdicciones, incluso en Estados Unidos, se brindan preservativos como un método esencial para la prevención del VIH entre poblaciones que practican actos que están penalizados, o a personas que tienen prohibido mantener relaciones sexuales, como los reclusos[14]. De hecho, en las cuatro ciudades analizadas en el presente informe, el departamento de salud pública distribuye millones de preservativos cada año como parte de campañas de prevención del VIH de alta visibilidad, y en cada una de ellas se ofrecen preservativos a los internos de las cárceles[15].
La prostitución —definida como el intercambio de sexo por dinero u otra contraprestación— es ilegal en 49 estados de Estados Unidos, y está prohibida en todas las ciudades consideradas en este informe[16]. La policía tiene la responsabilidad de hacer cumplir las leyes, y esto incluye las normas contra la prostitución. No obstante, la aplicación de las normas debe ser coherente con las obligaciones en materia de derechos humanos, incluido el derecho a la salud, la libertad y la seguridad de las personas y a no ser objeto de tratos crueles, inhumanos y degradantes. Los gobiernos pueden adoptar medidas —y de hecho lo hacen— para garantizar que las leyes penales no obstaculicen la protección de los derechos humanos ni la salud pública, principalmente promoviendo programas de reducción de daños para usuarios de drogas, que incluyen la provisión de jeringas de sustitución y centros de consumo seguro de drogas inyectables[17]. Cada una de las ciudades analizadas en este informe cuenta con programas de sustitución de jeringas que operan en el marco de excepciones a las leyes estatales sobre materiales vinculados con el consumo de drogas. Estos programas tienen por objeto promover el tratamiento de la drogodependencia y evitar que se compartan agujas —un modo de transmisión del VIH—, protegiendo a las personas que usan drogas de la intervención policial en situaciones específicas. Tales programas reflejan la colaboración entre las comunidades afectadas, las autoridades de aplicación de la ley y los funcionarios de salud pública, un enfoque que debería aplicarse también al problema del uso de preservativos como prueba de prostitución.
[1]Aunque los afroamericanos representan solamente el 14 por ciento de la población estadounidense, el 46 por ciento de las personas que viven con VIH son afroamericanos, y el 64 por ciento de los casos de nuevas personas infectadas se da entre la población negra o latina. Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (Centers for Disease Control and Prevention, CDC) de Estados Unidos, “HIV/AIDS in the United States Fact Sheet”, http://www.cdc.gov/hiv/resources/factsheets/us.htm (consultado el 26 de abril de 2012).
[2]CDC, “Establishing a Holistic Framework to Reduce Inequities in HIV, Viral Hepatitis, STDs, and Tuberculosis in the United States”, 2010, http://www.cdc.gov/socialdeterminants/docs/SDH-White-Paper-2010.pdf (consultado el 7 de julio de 2012); CDC, “CDC Health Disparities and Inequalities Report-United States 2011”, Morbidity and Mortality Weekly Report, vol. 60, Supplement, 14 de enero de 2011; Human Rights Watch, Rights At Risk: State Response to HIV in Mississippi, marzo de 2011, http://www.hrw.org/reports/2011/03/09/rights-risk, pág. 51 (donde se explica el significado de “entorno de riesgo” para las personas de bajos ingresos de Misisipi).
[3]Hazel D. Dean y Kevin Fenton, “Addressing Social Determinants of Health in the Prevention and Control of HIV/AIDS, Viral Hepatitis, Sexually Transmitted Infections and Tuberculosis”, Public Health Reports, vol. 125, Supp. 4 (2010), pág. 1.
[4]Ver, p. ej. Human Rights Watch, Off the Streets: Arbitrary Detention and Other Abuses against Sex Workers in Cambodia, julio de 2010, http://www.hrw.org/sites/default/files/reports/cambodia0710webwcover_2.pdf; Human Rights Watch, “No Vales un Centavo”:Abusos de derechos humanos en contra de las personas transgénero en Honduras, mayo de 2009, http://www.hrw.org/node/83449.
[5]National Center for Transgender Equality and the National Gay and Lesbian Task Force, “Injustice At Every Turn: A Report of the National Transgender Discrimination Survey”, 3 de febrero de 2011, http://www.thetaskforce.org/reports_and_research/ntds (consultado el 21 de mayo de 2012).
[6] Ibíd.
[7] Urban Justice Center, “Revolving Door: An Analysis of Street-Based Prostitution in New York City”, 2003; Human Rights Watch, Off the Streets: Arbitrary Detention and Other Abuses against Sex Workers in Cambodia, julio de 2010, http://www.hrw.org/sites/default/files/reports/cambodia0710webwcover_2.pdf; National Center for Transgender Equality and the National Gay and Lesbian Task Force, “Injustice At Every Turn: A Report of the National Transgender Discrimination Survey”; Amnistía Internacional, “Stonewalled: Police Abuse and Misconduct Against Lesbian, Gay, Bisexual and Transgender people in the United States”, N.º del Índice de AI: AMR 51/122/2005, 21 de septiembre de 2005.
[8] Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos (US Department of Homeland Security), testimonio escrito del Director del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (Immigration and Customs Enforcement, ICE) de Estados Unidos, John Morton, para una Audiencia de la Comisión de Asignaciones de la Cámara de Representantes, Subcomisión de Seguridad Nacional, sobre el pedido presidencial de partida presupuestaria para el ICE correspondiente al Ejercicio Fiscal 2013 (Subcommittee on Homeland Security Hearing on the President’s Fiscal Year 2013 Budget Request for ICE), 8 de marzo de 2012, http://www.dhs.gov/ynews/testimony/20120308-ice-fy13-budget-request-hac.shtm (consultado el 11 de mayo de 2012).
[9] Ley de Inmigración y Nacionalidad (Immigration and Nationality Act) de 1952, con sus modificaciones, (INA), arts. 212 y 237.
[10] INA, art. 212.
[11] INA, art. 212 (a) (2) (D) (i).
[12] INA, art. 236 (c).
[13] Ver, p. ej., Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), Organización Mundial de la Salud (OMS) y Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/Sida (ONUSIDA), “Declaración de posición sobre los preservativos y la prevención del VIH”, 18 de marzo de 2009, http://www.who.int/hiv/pub/condoms/20090318_position_condoms.pdf (consultado el 7 de julio de 2012); CDC, “Male Latex Condoms and Sexually Transmitted Diseases”, http://www.cdc.gov/condomeffectiveness/latex.htm (consultado el 26 de abril de 2012); US National Institute of Allergy and Infectious Diseases, “Workshop Summary”, julio de 2001, pág. 14.
[14] International Harm Reduction Association, “Global State of Harm Reduction 2010”, abril de 2010; Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD), “VIH/Sida: Prevención, Atención, Tratamiento y Apoyo en el Medio Carcelario: Marco de acción para una respuesta nacional eficaz”, octubre de 2006.
[15]John P. May y Ernest Williams, “Acceptability of Condom Availability in a US Jail”, AIDS Education and Prevention, vol. 14, supp. B; Mary Sylla y otros, “The First Condom Machine in a US Jail: the Challenge of Harm Reduction in a Law and Order Environment”, 100 American Journal of Public Health, vol. 100, N.º 6, junio de 2010, págs. 982-985; Arleen A. Liebowitz y otros, “Condom Distribution in Jail to Prevent HIV Infection”, AIDS Behavior, 4 de mayo de 2012; AIDS Foundation of Chicago, “Condom Distribution in US Correctional Facilities and Canada”, Fact Sheet 2011.
[16] Nevada permite que los condados regulen el trabajo sexual en los burdeles que cuentan con habilitación. Ver Nevada Revised Statutes, sec. 244.345. Las leyes de Nevada establecen que los trabajadores sexuales deben exigir a los clientes que utilicen preservativos en todos los establecimientos habilitados donde se ejerza la prostitución. Ver Nevada Revised Statutes, sec. 441A.805. La prostitución también constituye un delito federal, incluso cuando se practica fuera de las fronteras de Estados Unidos. Ver Ley de Transporte con Fines Sexuales Ilícitos (Transportation for Illegal Sexual Activity Act), 18 USC. secs. 2421-2428. Para consultar un resumen de las leyes estatales y federales contra la prostitución, su aplicación y sus implicaciones para los derechos humanos, ver Alice M. Miller, Mindy J. Roseman y Corey Friedman, Sexual Health and Human Rights: United States and Canada, Documento de Trabajo para la Organización Mundial de la Salud, 2010.
[17] International Harm Reduction Association, “Global State of Harm Reduction”, 2010; Ministerio de Servicios de Salud de Columbia Británica (British Columbia Ministry of Health Services), “Insite Supervised Injection Site”, http://supervisedinjection.vch.ca/ (consultado el 11 de mayo de 2012); North American Syringe Exchange Network, Base de datos del programa de intercambio de jeringas (Syringe Exchange Program Database), http://www.nasen.org/programs/ (consultado el 22 de mayo de 2012).






