16 de Mayo de 2012

III. Situaciones de vulnerabilidad especial

El mayordomo es la ley.
— Santiago I., trabajador agrícola de California , junio de 2011.

En el trabajo agrícola, las mujeres y niñas inmigrantes se encuentran en una situación de vulnerabilidad especial respecto de la violencia y el acoso sexual. Los contratistas, supervisores, mayordomos, productores y otras personas con contactos y autoridad ejercen un enorme poder. William Tamayo, abogado regional de la EEOC, quien representó a numerosos trabajadores agrícolas en casos de acoso sexual, indicó haber observado un mismo patrón en reiteradas oportunidades:

En general, los propietarios de los principales establecimientos agrícolas son personas caucásicas, de habla inglesa, que pertenecen a familias tradicionales, y que delegan la administración de la hacienda a “José”, un empleado de confianza que habla los dos idiomas. Se espera que este empleado se ocupe del mantenimiento de las operaciones y de asegurar que haya la menor cantidad posible de problemas laborales: como dice el refrán “ojos que no ven, corazón que no siente”. Los trabajadores se encuentran geográficamente aislados de los servicios de la comunidad, tienen pocas opciones de futuro y viven en condiciones de pobreza acuciante. Dependen de José para poder interactuar en el mundo de habla inglesa. Si José es un hostigador o si los supervisores que trabajan bajo sus órdenes son hostigadores, entonces se da la situación ideal para el acoso sexual: no habrá trabas, castigo ni freno[101].

Si bien cualquier persona puede ser víctima de este tipo de abusos, los miembros de determinados grupos a veces son más vulnerables que otros. Los trabajadores en situación irregular son especialmente proclives a sentirse atemorizados ante la posibilidad de denunciar un abuso, y las niñas y mujeres jóvenes, así como las mujeres solteras y los trabajadores indígenas, son particularmente propensos a convertirse en víctimas de estas situaciones y a no denunciar las expresiones o conductas sexuales inadecuadas.

Las relaciones sexuales como un “beneficio adicional” de los supervisores

Varios trabajadores agrícolas, incluso aquellos que se habían desempeñado como supervisores y mayordomos, relataron a Human Rights Watch que algunos supervisores y mayordomos consideraban la posibilidad de mantener relaciones sexuales con los trabajadores como “un beneficio adicional del trabajo”[102]. Roberta C., una joven que realizó trabajos agrícolas durante su adolescencia, contó que su padre acababa de ser ascendido a mayordomo, y que su madre se mostraba sumamente ansiosa, ya que no podía evitar preguntarse: “Si eso es lo que hacen todos los mayordomos, ¿él también se va a comportar de esa forma?”[103]. Diversos defensores de trabajadores agrícolas también se refirieron a esta situación, en la cual se considera el acceso a la posibilidad de mantener relaciones sexuales como un beneficio extra del trabajo.[104] Juanita Ontiveros, quien desde hace tiempo trabaja como defensora de la comunidad en la fundación California Rural Legal Assistance, señaló que, en general, se considera que este “beneficio adicional” es más probable cuando hay poca demanda de trabajadores y, por consiguiente, mayor competencia por los puestos de trabajo: “[Las mujeres] incluso son abordadas por los líderes de equipos, cualquier persona que tenga el más mínimo grado de control o de poder... que diga ‘Te puedo conseguir un trabajo mejor, te puedo hacer entrar si me das algo a cambio’”[105].

La idea de que los trabajadores que prestan su consentimiento a mantener una relación sexual con el mayordomo o supervisor obtienen un trato preferencial está tan difundida que algunos trabajadores creen que si una mujer recibe un trato mejor que las demás —por ejemplo, si se le asigna un trabajo de menor exigencia o mejor pago—, esto se debe a que seguramente ofrece algo a cambio[106]. Una mujer que trabajó en una planta de procesamiento avícola entre 2005 y 2007 y que sufrió acoso sexual y represalias, relató lo siguiente:

[Otra mujer se está] separando de su marido porque el mismo supervisor [que me acosó a mí] causó problemas… Ella fue ascendida, y la gente piensa que hizo algo a cambio. Ellos suponen que cuando él toma represalias, es porque ellas no aceptaron [mantener relaciones sexuales]. Cuando asciende a alguien, todos presumen que ella dijo que sí[107].

Algunas de las personas que cometen estos abusos son compañeros de trabajo de las víctimas que no desempeñan ningún rol formal de supervisión. No obstante, algunos abusadores pueden sentirse impunes debido a que tienen un vínculo con el contratista o el mayordomo. María A., por ejemplo, creía que el hombre que la había violado era amigo íntimo del contratista[108], mientras que Ana I., de 16 años de edad, fue acosada verbalmente por el hijo del contratista en el verano de 2009[109]. El acoso sexual por parte de compañeros de trabajo también se produce en entornos en los cuales los supervisores toleran abiertamente dicho comportamiento[110].

Niñas y jóvenes

En Estados Unidos, cientos de miles de niños menores de 18 años realizan tareas agrícolas, a edades mucho más tempranas, durante más horas y en condiciones más peligrosas que todos los demás niños en situación laboral[111]. Estos niños representan uno de los grupos con menor posibilidad de “defenderse” ante actos de violencia y acoso sexual, ya que “no entienden bien lo que sucede, no saben cómo manejar la situación”, explicó un abogado con experiencia en casos de acoso sexual[112]. Pese a los riesgos específicos de acoso sexual que enfrentan las adolescentes en el sector agrícola —por ejemplo, cuando se quedan solas en el campo—, muchas veces el trabajo en agricultura puede ser su única opción. Si bien en otros sectores la edad mínima para poder trabajar es de 16 años, con unas pocas excepciones, no hay una edad mínima para que los niños trabajen en granjas pequeñas siempre que cuenten con la autorización de sus padres. Una vez que cumplen 14 años, pueden trabajar en cualquier granja, incluso sin autorización de sus padres[113].

Las mujeres jóvenes, muchas de las cuales han llegado recientemente a Estados Unidos, también son un sector en riesgo por motivos similares. Un abogado que trabajó en numerosos casos de acoso sexual relacionados con trabajadores agrícolas observó: “No hay una regla estricta, pero muchas veces [las mujeres que realizan denuncias] son mayores, de más de treinta y cinco, o cuarenta años... conocen mejor sus derechos... Muchas de las mujeres más jóvenes jamás llegan a la oficina”[114].

Varios trabajadores agrícolas adolescentes o que habían trabajado durante su adolescencia relataron a Human Rights Watch que habían experimentado acoso o habían sido testigos de este tipo de actos, y manifestaron que las personas que están expuestas a mayor riesgo son no sólo los niños, sino también aquellos que trabajan solos, sin sus padres[115]. Una joven de 19 años que había comenzado a trabajar en plantaciones de tabaco a los 14 años, recordó que su madre era sumamente protectora: “[Ella] nunca nos dejaba solos”[116], mientras que otra mujer que había trabajado desde que estaba en el octavo grado hasta que comenzó la universidad (es decir, aproximadamente, entre los 13 años y los 18) relató que “jamás se alejaba de [sus] padres”, porque pensaba: “[m]ientras esté cerca de ellos, todo va a estar bien”[117].

Paz B., una joven de 18 años que trabaja en granjas desde los 16, emigró a Estados Unidos con sus hermanas. Pero cuando sus hermanas fueron deportadas, ella se vio obligada a trabajar sola con un contratista que hace comentarios como: “Esta mujer tiene un buen trasero. Lo que necesita es un buen hombre”, y les dice a otras compañeras de trabajo que Paz “se acostaría con cualquier hombre”[118]. También hay casos en que se ejerce más presión sobre las niñas y jóvenes que tratan de seguir el ritmo de otros trabajadores. Si una joven no puede terminar su fila tan rápido como los demás, sus padres pueden ayudarla, pero si está trabajando sola, sin una familia que le “dé apoyo”, tal vez se le diga, en forma implícita o explícita, que si mantiene una relación con el mayordomo, “no habría problema si ella se atrasara un poco [con el trabajo]”[119].

Las niñas y jóvenes que trabajan con familiares no están exentas de estos ataques, ya que los agresores pueden buscar la manera de separarlas de sus protectores. Cristina N. tenía un poco más de 18 años cuando fue violada, hace 12 años, por un supervisor que la llevó a una huerta para separarla de su madre[120]. Un defensor de trabajadores agrícolas de Texas informó sobre un caso de un contratista que envió a la madre de una joven a otro campo para poder tener acceso a su hija sin dificultades[121]. En otro caso similar, uno de los trabajadores agrícolas que fue parte en la demanda de la EEOC contra Evans Fruit —un importante productor de manzanas de Washington—, contó en el comunicado de prensa de la EEOC “que el administrador de la hacienda se negó a permitir que trabajara en el mismo equipo que su hija de 15 años, para entonces poder dirigirle comentarios sexuales y mantener contactos físicos no deseados”[122].

Las niñas y jóvenes que trabajan con sus familias además se exponen a que, si rechazan las insinuaciones, pueden poner en riesgo no sólo su trabajo, sino también el de sus familiares. Ana L., una joven de 16 años de Carolina del Norte cuyo caso se menciona anteriormente relató que, dos años antes, estaba trabajando en una plantación de tabaco cuando el hijo del contratista intentó tomarla de la mano y hablar con ella. Cuando rechazó sus insinuaciones, ella, su madre y el novio de su madre fueron despedidos. Ana se sentía desconsolada: “Por culpa de lo que pasó, no pudimos pagar el alquiler ni la cuenta de la luz ni nada. Fue terrible. Pensaba que, si no lo hubiese rechazado, no habríamos terminado así”[123]. Varios trabajadores comunitarios del Centro Binacional para el Desarrollo Indígena Oaxaqueño (CBDIO), una organización con sede en California, describieron el caso de una joven de Oaxaca, de 15 ó 16 años, que había sido violada por su mayordomo. Explicaron que la joven no se lo contó a nadie porque temía que el mayordomo despidiera a su padre, que trabajaba con ella. Finalmente contó lo sucedido a su familia cuando, tras quedar embarazada, debió acudir al hospital para dar a luz y le hicieron preguntas por ser menor de edad[124].

Inmigrantes recientes

Los abusadores reconocen que las jóvenes que acaban de llegar a Estados Unidos y “no saben muchas cosas” son particularmente vulnerables[125]. Una defensora de víctimas de agresiones sexuales de Fresno relató un caso en el cual el hombre que violó y embarazó a su clienta era conocido por elegir como víctimas a las “muchachas nuevas”[126]. Natalia B. dijo que, en 2010, cuando tenía 20 años y recién había llegado a Estados Unidos con una visa de trabajo, fue víctima de acoso sexual en una planta de empaque de coliflor. El supervisor tenía actitudes abusivas con todas las personas que trabajaban en el lugar, pero Natalia relató que se había ensañado con ella. La tocaba y, casi todos los días, le preguntaba: “¿Me vas a dar ese trasero, sí o no?”. Aunque Natalia era amiga de algunas mujeres mayores en su trabajo —que, finalmente, la defendieron y fueron despedidas junto con ella—, solo se animó a contarles hasta qué punto había llegado el abuso cuando ya no estaban trabajando en la planta de empaque[127].

Mujeres solteras

Pese a que, en la actualidad, las mujeres representan aproximadamente el 24 por ciento de la fuerza laboral del sector agrícola de Estados Unidos, aún son un grupo minoritario en una industria en la cual los hombres son una abrumadora mayoría. Si bien muchas trabajan con sus esposos, también hay numerosas mujeres solteras, particularmente madres solteras, que tienen una imperiosa necesidad de conservar sus trabajos para mantener a sus hijos. Muchos trabajadores agrícolas, como así también defensores de estos trabajadores, estuvieron de acuerdo en que una mujer soltera el la agricultura se enfrenta a riesgos que no afectarían a una mujer casada[128].

Marta L., una trabajadora agrícola migrante que trabajó en varios estados, por ejemplo, Carolina del Norte, Nueva Jersey, Michigan y Florida, advirtió que, cuando trabajaba sin su marido a su lado, “escuchaba malas palabras, [le] faltaban el respeto”[129]. Solo hasta que llegó su esposo y dijo “cállense”, esas actitudes cesaron. Marta señaló que los riesgos son particularmente altos para las trabajadoras migrantes porque “en los campos de trabajo, está la cuestión de dónde dormirá, dónde se duchará, dónde usará el baño”. En un determinado momento, cuando fue separada de su marido y comenzó a trabajar sola, se encontró en un grupo de migrantes en el cual ella y una compañera eran las únicas mujeres. Marta se aseguró de compartir un cuarto con su compañera, ya que quería evitar lo que le había sucedido a una mujer que conocía, quien había sido violada en la habitación que compartía con otros hombres en un campo de trabajo en Nueva Jersey[130].

Ángela G., una mujer violada por un supervisor cuyo caso se analizó anteriormente, también sufrió acoso verbal por parte de otro supervisor que, al advertir que era soltera, la llamaba “tortillera” y lesbiana a diario. “Cuando llegaba a casa, lo único que podía hacer era llorar, y a la mañana siguiente tenía que levantarme e ir nuevamente a trabajar para poder comer”[131]. Magdalena C. también fue elegida como blanco de abusos por no estar casada. Según relató, el supervisor de la planta de empaque de coliflor gritaba “Magdalena necesita que la cojan”[132].

Trabajadores indígenas

Los trabajadores agrícolas indígenas son particularmente vulnerables a los abusos en el lugar de trabajo, como la violencia y el acoso sexual, por diversas razones. Sufren discriminación en sus países de origen, y luego llegan a Estados Unidos, donde los inmigrantes no indígenas o mestizos continúan discriminándolos. Como relató un trabajador agrícola, se burlan de ellos porque no hablan bien el español: “Les dicen palabras obscenas, y cuando ellos no entienden, los otros se ríen aún más”[133]. Luz S., una mujer mayor que había trabajado en el sector agrícola durante muchos años, asintió: “Los tratan como si no valieran nada... como si no fueran personas normales”[134]. También señaló que las personas que hablan se defienden, pero los indígenas no[135]. Una trabajadora agrícola que es indígena, pero habla bien el español, coincidió: “Les gritan, y ellos lo permiten. No saben cómo defenderse, se quedan callados, ni siquiera hacen una pausa para beber agua”[136]. La mayoría de las mujeres indígenas, en particular, hablan muy poco español, o directamente no hablan este idioma, porque tienen menos posibilidades que los hombres de haber recibido una educación formal[137].

Muchos trabajadores indígenas son de la región de Oaxaca, y la discriminación que sufren estas personas se extiende a los estereotipos sobre las mujeres oaxaqueñas y su sexualidad. Un trabajador agrícola que fue supervisor y mayordomo manifestó, de manera casual, “todos los supervisores y mayordomos creen que a las oaxaqueñas les gustan más los hombres... les gusta porque estas mujeres se callan”[138].

Varios de los incidentes más atroces de violencia y acoso sexual informados a Human Rights Watch estuvieron relacionados con mujeres y niñas indígenas. La adolescente que sobrevivió a una violación y fue asistida por trabajadores comunitarios de CBDIO, cuyo caso se describe anteriormente, se encontraba en una situación más vulnerable debido a su edad y a que su lengua principal es el zapoteco[139]. Inés R., una joven que realiza trabajos agrícolas y es miembro de Líderes Campesinas, una organización de incidencia que defiende a trabajadoras agrícolas, habla el mixteco con fluidez y relató la historia de una joven trabajadora agrícola mixteca a quien había intentado ayudar aproximadamente dos años antes. Esta mujer le contó que había sido violada por un hombre que luego se detuvo en una gasolinera. Allí, llamó al 911, el único número que conocía, pero cuando llegó la policía, los agentes solamente hablaban inglés y español, y la entrevistaron en la misma sala en la que se encontraba su agresor. Atemorizada y sin posibilidades de comunicarse, la joven dijo que no había sido violada. Posteriormente, le dijo a Inés: “Sentía que no era nada, nada, me sentía sin corazón, sin sentimientos”. Inés explicó: “Yo leí [el informe policial], y allí decía que no podían hacer nada porque la joven no hablaba español”. Inés tenía intenciones de ayudarla a hacer un seguimiento del informe policial, pero poco después, la joven abandonó la zona.[140]

La mayor cantidad de trabajadores indígenas se encuentra en California, pero los hay en todo Estados Unidos. Victoria Mesa, una abogada de un servicio de asistencia legal de Florida, denunció que una de sus clientas, una mujer de Chiapas, fue acosada sexualmente por un supervisor en un vivero “y llegó casi al punto de violarla”. Cuando su clienta denunció al supervisor ante la gerencia, fue despedida[141]. Hace poco tiempo, la EEOC falló en contra de una plantación forestal de Oregón en el que dos trabajadores varones denunciaron acoso por parte de personas del mismo sexo y hostigamiento étnico debido a su condición de mixtecos, un grupo indígena de Oaxaca, México[142].

La gran mayoría de los trabajadores indígenas, sin embargo, es sumamente reacia a denunciar cualquier tipo de abuso. El acoso sexual es un tema especialmente delicado y difícil de discutir abiertamente en las comunidades indígenas[143]. Jeff Ponting, abogado y director del Programa de Trabajadores Agrícolas Indígenas de California Rural Legal Assistance (CRLA), considera que, como muchas veces los pueblos indígenas han sufrido discriminación en sus países de origen, desconfían de los gobiernos y las autoridades aun más que otros trabajadores en situación irregular[144]. Aunque son una de las poblaciones de trabajadores agrícolas que ha experimentado un crecimiento más acelerado, los productores, las autoridades regulatorias y los organismos de servicios sociales no han realizado esfuerzos significativos por reconocer las necesidades lingüísticas y culturales específicas de este grupo. Las leyes de California, por ejemplo, exigen que las capacitaciones se brinden únicamente en español y en inglés, y no se requiere que los trabajadores comprendan lo enseñado. Pointing asegura que una agencia en California contrató a la primera persona para trabajar con indígenas únicamente después de que la CRLA llevó a cabo iniciativas de incidencia coordinadas exigiendo que se designara a una persona para este propósito[145]. Para Ponting, los esfuerzos de contacto orientados a integrar a los indígenas rendirán frutos, ya que las comunidades tienen una gran cohesión interna y están organizadas de manera sumamente eficiente, y los integrantes de estas comunidades que sí hacen valer sus derechos pueden actuar como “defensores tenaces”[146].

Trabajadores LGBT

La población de gais, lesbianas, bisexuales y personas transgénero (LGBT) que trabajan en tareas agrícolas enfrentan dificultades específicas, tanto relacionadas con el acoso sexual como con otras formas de discriminación.

CRLA y el Centro Nacional para los Derechos de Lesbianas (National Center for Lesbian Rights) advirtieron que, en las comunidades rurales de California, existía una imperiosa necesidad de mejorar los servicios legales para las personas gais, lesbianas, bisexuales y transgénero, y crearon el Proyecto Poderoso en 2007[147]. Dan Torres, director del programa, manifestó a Human Rights Watch que el odio contra los trabajadores LGBT es tan profundo que los comentarios y las acciones que generan un entorno de trabajo hostil para estos trabajadores también pueden perjudicar a quienes no tienen esta identidad sexual o ni siquiera son percibidos como tales. Este estigma también colabora para que las víctimas no realicen denuncias[148].

Belén F., una mujer transgénero, señaló que había sufrido discriminación en México y que albergaba la esperanza de que, en Estados Unidos, la situación fuera diferente. Pero según relató, hace cuatro o cinco años fue acosada sexualmente y su pareja fue atacada en una planta de empaque de espárragos en California. Después de trabajar en la misma planta de empaque durante varios años, Belén fue ascendida a mayordoma. Según contó, a partir de ese momento, el propietario de la planta comenzó a llamarla “joto o marica”, y redujo su salario en reiteradas oportunidades, hasta el punto en que Belén llegó a ganar menos que su asistente[149].

Los profesionales que brindan asesoramiento legal en otros lugares de California, así como también en otros estados, informaron haber tenido conocimiento de hechos de acoso sexual por parte de personas del mismo sexo, dirigidos tanto a trabajadores que se identifican a sí mismos como LGBT, como a otros que no se reconocen con esta identidad sexual[150], y al menos un caso de la EEOC tuvo que ver con una denuncia de acoso por personas del mismo sexo contra dos trabajadores indígenas de sexo masculino[151].

[101]William Tamayo, “Rape, Other Egregious Harassment, Threats of Physical Harm to Deter Reporting, and Retaliation”, American Bar Association, 5.ta Conferencia Anual sobre Derecho Laboral y del Empleo, Seattle, Washington, noviembre de 2011, http://www.asianlawcaucus.org/wp-content/uploads/2011/10/Discrimination-Against-Asian-Americans-in-the-Workplace-Bill-Tamayo-ABA.Many-Faces.pdf (consultado el 2 de febrero de 2012).

[102]Entrevista de Human Rights Watch con Roberta C. (seudónimo), California, junio de 2011.

[103]Ibíd.

[104] Entrevista telefónica de Human Rights Watch con Juanita Ontiveros, defensora del sector de educación y servicios de extensión a la comunidad, California Rural Legal Assistance Foundation, 7 de julio de 2011; con Julia Perkins, vocera, Coalition of Immokalee Workers, 20 de mayo de 2011.

[105]Entrevista telefónica de Human Rights Watch con Juanita Ontiveros, 7 de julio de 2011.

[106] Entrevistas de Human Rights Watch con Bárbara L. (seudónimo), California, agosto de 2011; con Esperanza P. (seudónimo), California, junio de 2011; con Roberta C. (seudónimo), California, junio de 2011.

[107]Entrevista de Human Rights Watch con Guadalupe F. (seudónimo), Carolina del Norte, agosto de 2011.

[108]Entrevista de Human Rights Watch con María A. (seudónimo), California, junio de 2011.

[109] Entrevista de Human Rights Watch con Ana I. (seudónimo), Carolina del Norte, julio de 2011.

[110]Entrevistas de Human Rights Watch con Bárbara L. (seudónimo), California, agosto de 2011; Bianca H. (seudónimo), California, junio de 2011.

[111] Human Rights Watch, Fields of Peril, 5 de mayo de 2010.

[112]Entrevista telefónica de Human Rights Watch con Laura Contreras, abogada, Columbia Legal Services, y Blanca Rodríguez, abogada, Northwest Justice Project, 17 de marzo de 2011.

[113] Human Rights Watch, Fields of Peril, 5 de mayo de 2010.

[114]Entrevista de Human Rights Watch con Michael Marsh, abogado director, California Rural Legal Assistance, Salinas, California, 26 de abril de 2011.

[115]Entrevistas de Human Rights Watch con Mariana T. (seudónimo), California, agosto de 2011; Talia F. (seudónimo), Carolina del Norte, julio de 2011; Rosario E. (seudónimo), Carolina del Norte, julio de 2011; Marisol Z. (seudónimo), Nueva York, agosto de 2011; Juana J. (seudónimo), Carolina del Norte, julio de 2011. Entrevistas de Human Rights Watch con Paola B. (seudónimo), California, junio de 2011; Roberta C. (seudónimo), California, junio de 2011.

[116]Entrevista de Human Rights Watch con Isabel H. (seudónimo), Carolina del Norte, julio de 2011.

[117]Entrevista de Human Rights Watch con Roberta C. (seudónimo), California, junio de 2011.

[118]Entrevista de Human Rights Watch con Paz B. (seudónimo), Nueva York, agosto de 2011.

[119]Entrevista de Human Rights Watch con Roberta C. (seudónimo), California, junio de 2011.

[120]Entrevista de Human Rights Watch con Cristina N. (seudónimo), California, agosto de 2011.

[121] Entrevista telefónica de Human Rights Watch con Román Ramos, asistente jurídico, Texas Rio Grande Legal Aid, 25 de abril de 2011.

[122]“Major Washington Apple Grower Sued for Sexual Harassment”, comunicado de prensa de la Comisión para la Igualdad de Oportunidades en el Empleo (Equal Employment Opportunity Commission), 25 de junio de 2010, http://www.eeoc.gov/eeoc/newsroom/release/6-25-10.cfm (consultado el 2 de febrero de 2012).

[123]Entrevista de Human Rights Watch con Ana I. (seudónimo), Carolina del Norte, julio de 2011.

[124]Entrevista de Human Rights Watch con Fidelina Espinoza y Oralia Maceda, trabajadoras comunitarias, Centro Binacional para el Desarrollo Indígena Oaxaqueño (CBDIO), Fresno, California, 20 de junio de 2011.

[125] Entrevista de Human Rights Watch con Juliana T. (seudónimo), California, junio de 2011.

[126] Entrevista telefónica de Human Rights Watch con Ileana Herrera, defensora de proyectos, Marjaree Mason Center, 22 de julio de 2011.

[127]Entrevista de Human Rights Watch con Natalia B., Magdalena C., Ana D., y Soledad E. (seudónimos), California, abril de 2011.

[128]Entrevistas de Human Rights Watch con Marisol Z. (seudónimo), Nueva York, julio de 2011; Roberta C. (seudónimo), California, junio de 2011; Pilar D. (seudónimo), Carolina del Norte, julio de 2011; Rosario E. (seudónimo), Carolina del Norte, julio de 2011; Marta L. (seudónimo), Carolina del Norte, agosto de 2011.

[129]Entrevista de Human Rights Watch con Marta L. (seudónimo), Carolina del Norte, agosto de 2011.

[130] Ibíd.

[131] Entrevista de Human Rights Watch con Ángela G. (seudónimo), California, abril de 2011.

[132]Entrevista de Human Rights Watch con Natalia B., Magdalena C., Ana D., y Soledad E. (seudónimos), California, abril de 2011.

[133] Entrevistas de Human Rights Watch con Santiago I. (seudónimo), California, junio de 2011; Juliana T. (seudónimo), California, junio de 2011.

[134]Entrevista de Human Rights Watch con Luz S. (seudónimo), California, agosto de 2011.

[135]Entrevista de Human Rights Watch con Luz S. (seudónimo), California, agosto de 2011.

[136]Entrevista de Human Rights Watch con Patricia M. (seudónimo), California, junio de 2011.

[137] Entrevista de Human Rights Watch con Jeff Ponting, director del Programa de Trabajadores Rurales Indígenas, California Rural Legal Assistance, Oxnard, California, 29 de junio de 2011.

[138] Entrevista de Human Rights Watch con Emilio R. (seudónimo), California, junio de 2011.

[139] Entrevista de Human Rights Watch con Fidelina Espinoza y Oralia Maceda, trabajadoras comunitarias, Centro Binacional para el Desarrollo Indígena Oaxaqueño (CBDIO), Fresno, California, 20 de junio de 2011.

[140] Entrevista de Human Rights Watch con Inés R. (seudónimo), California, agosto de 2011.

[141]Entrevista telefónica de Human Rights Watch con Victoria Mesa, abogada de planta, Florida Rural Legal Services, Migrant Farmworker Justice Project, 2 de agosto de 2011.

[142]“Woodburn Tree Farm Settles EEOC Lawsuit for Sexual and Ethnic Harassment”, comunicado de prensa de la Comisión para la Igualdad de Oportunidades en el Empleo de Estados Unidos (US Equal Employment Opportunity Commission), 13 de septiembre de 2011, http://www.eeoc.gov/eeoc/newsroom/release/9-13-11c.cfm (consultado el 5 de marzo de 2012).

[143]Entrevista telefónica de Human Rights Watch con Leoncio Vásquez, director ejecutivo, Centro Binacional para el Desarrollo Indígena Oaxaqueño, 21 de abril de 2011.

[144]Entrevista de Human Rights Watch con Jeff Ponting, director del Programa de Trabajadores Rurales Indígenas, California Rural Legal Assistance, Oxnard, California, 29 de junio de 2011.

[145] Ibíd.

[146]Ibíd.

[147] “NCLR Launches New Project Combating Discrimination against LGBT People Living in Rural California”, comunicado de prensa del National Center for Lesbian Rights, 17 de diciembre de 2007, http://www.nclrights.org/site/PageServer?pagename=press_proyectopoderoso (consultado el 13 de marzo de 2012).

[148]Entrevista de Human Rights Watch con Dan Torres, director y abogado del Proyecto Poderoso, California Rural Legal Assistance, San Francisco, California, 7 de abril de 2011.

[149]Entrevista de Human Rights Watch con Belén F. (seudónimo), California, junio de 2011.

[150]Entrevistas telefónicas de Human Rights Watch con Victoria Mesa, abogada, Florida Rural Legal Services, Migrant Farmworker Justice Project, 2 de agosto de 2011; Jenifer Rodríguez, abogada, Colorado Legal Services, 5 de agosto de 2011; Laura Contreras, abogada, Columbia Legal Services, y Blanca Rodríguez, abogada, Northwest Justice Project, 17 de marzo de 2011; Cheryl Gee, trabajadora comunitaria, Farmworker Legal Services of New York, 5 de mayo de 2011.

[151] “Woodburn Tree Farm Settles EEOC Lawsuit for Sexual and Ethnic Harassment”, comunicado de prensa de la Comisión para la Igualdad de Oportunidades en el Empleo (US Equal Employment Opportunity Commission), 13 de septiembre de 2011, http://www.eeoc.gov/eeoc/newsroom/release/9-13-11c.cfm (consultado el 5 de marzo de 2012). En este caso, dos trabajadores de sexo masculino afirmaron que el supervisor y otros trabajadores se mostraban mientras realizaban comentarios sexuales, y que sus compañeros de trabajo les tocaban las nalgas o el pecho, o los tocaban y simulaban mantener sexo anal con ellos.