IV. Consecuencias de la Ley Beason-Hammon en los niños
Alguien debería luchar por los derechos de los niños.
—Alma R., inmigrante no autorizada, residente en Alabama durante 14 años y madre de dos niños estadounidenses, 30 de octubre de 2011
La ley sobre inmigración de Alabama también pone en peligro el bienestar de los niños. Al generar incentivos para que los padres eviten tener contacto con autoridades o incluso ser vistos en público, ha creado nuevos obstáculos que se interponen a la posibilidad de que sus hijos —muchos de los cuales son ciudadanos estadounidenses [164] — reciban atención de la salud y educación.
Tanto el derecho constitucional estadounidense como las normas internacionales de derechos humanos reconocen la situación especial de los niños y sus necesidades específicas de protección y cuidado. En 1982, la Corte Suprema de Estados Unidos dictaminó en el caso Plyler v. Doe que los hijos de inmigrantes no autorizados tenían derecho a recibir educación en escuelas públicas. La Corte señaló que aun si un estado preveía consecuencias para los adultos que ingresaran a Estados Unidos de manera ilegal, “cualquier ley que extendiera a los hijos la responsabilidad por la conducta indebida de sus padres no sería compatible con los conceptos fundamentales de justicia” [165] . Son varios los tratados internacionales de derechos humanos que protegen los derechos de los niños. El artículo 24 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales reconoce a los niños el derecho a “las medidas de protección que su condición de menor requiere, tanto por parte de su familia como de la sociedad y del Estado” [166] . El Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales señala que “[s]e debe conceder a la familia... la más amplia protección y asistencia posibles, especialmente para su constitución y mientras sea responsable del cuidado y la educación de los hijos a su cargo. Se deben adoptar medidas especiales de protección y asistencia en favor de todos los niños y adolescentes, sin discriminación alguna por razón de filiación o cualquier otra condición” [167] . La Convención sobre los Derechos del Niño dispone que “el niño, por su falta de madurez física y mental, necesita protección y cuidado especiales, incluso la debida protección legal” [168] .
La ley de Alabama no toma en cuenta ninguno de estos conceptos sobre derechos de la niñez, e incrementa la posibilidad de que se separe a padres de hijos que tienen ciudadanía estadounidense. Intensifica las medidas de aplicación de la ley sin que esto se acompañe con una reforma de la política inmigratoria, lo cual exacerba las falencias del sistema federal de inmigración en lo que respecta a la preservación de la unidad familiar [169] . Los inmigrantes no autorizados cuyos hijos tienen ciudadanía estadounidense se enfrentan a la difícil situación, en caso de ser deportados, de decidir si dejar a sus hijos en Estados Unidos, sabiendo que pueden perder la custodia de sus hijos y el contacto con ellos [170] . Los inmigrantes no autorizados que residen en Alabama son conscientes de estos riesgos, y en respuesta algunos han otorgado poderes a familiares y amigos estadounidenses para el supuesto de que sean detenidos, deportados y separados de sus hijos [171] .
Consecuencias para el acceso a servicios básicos y la atención de la salud
Cuando se niega a padres que son inmigrantes no autorizados el acceso a necesidades básicas de la vida cotidiana, como agua y vivienda, también se niega inevitablemente estos derechos a sus hijos. Algunos padres de Alabama dijeron a Human Rights Watch que, a causa de la Ley Beason-Hammon, se habían visto obligados a limitar severamente sus actividades, con consecuencias negativas para la salud de sus hijos.
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Sara M., quien vive en Estados Unidos desde los 7 años de edad y en Alabama desde los 13, explicó las razones por las cuales ella y su familia decidieron no irse. Sara es divorciada y tiene dos hijos de nacionalidad estadounidense. La mayoría de sus familiares —sus padres y su hermana— también viven en Alabama. Entre todos, son propietarios de dos casas. Cuando pudieron mudarse a la primera casa, “fue como una bendición de Dios. Nunca creí que tendríamos una casa propia” [172] . Antes de la aprobación de la Ley Beason-Hammon, consideraba que su hogar estaba en Alabama. “Yo no lucharía por [México]. Este es el lugar por el cual estaría dispuesta a luchar. Es aquí donde pertenezco”. Por ello, en un principio no creyó que la ley llegaría a aprobarse. “Nunca pensé que las personas serían tan insensibles de... decir que soy una delincuente porque soy ilegal”. Pero ahora ve que las personas la miran de otro modo: “Ya no eres más una persona. Estás siendo señalada por tu raza”. Actualmente, ella y su familia tratan de no salir de su vivienda: “Estás en tu casa, pero estás en una cárcel”. Una semana antes de la entrevista, su hija de 11 años tuvo un ataque de asma durante la noche. “Tiene un nebulizador, pero comenzó a sentir opresión en el pecho y respiraba con mucha dificultad”. Pese a esto, no la llevó hasta el hospital por temor a ser detenida mientras conducía. Al día siguiente, como el estado de salud de su hija no mejoraba, decidió llevarla hasta el hospital, donde los médicos determinaron que su nivel de oxígeno era bajo. “Si hubiera sido peor y yo tenía miedo de salir... no podía...”. Acongojada, Sara M. no pudo terminar la frase. Hace poco, una desconocida en una tienda se acercó a ella y a su hermana, que es ciudadana estadounidense, y les preguntó: “¿Son legales?” Sara M. hubiera querido decirle: “¿Qué es para usted un ilegal? ¿Acaso no es un ser humano?... Legal o ilegal, antes soy un ser humano” [173] . |
Una recepcionista de un consultorio pediátrico en Albertville, que trabaja además en un centro de salud rural, informó haber registrado un incremento de la cantidad de cancelaciones y que hay menos pacientes desde que entró en vigor la ley de Alabama [174] . La madre de una niña de 9 años que padece una enfermedad cardíaca grave intentó contener las lágrimas cuando nos contó que había cancelado la cita de seguimiento a la cual su hija debe acudir cada seis meses, porque sentía que no podía arriesgarse a conducir hasta el hospital en Birmingham, que quedaba a una hora y media de distancia [175] . Otras personas contaron que también tenían temor de llevar a sus hijos a citas médicas necesarias [176] . Una persona dijo que conocía varias madres que temían conducir para ir a recoger la leche para sus hijos que entrega el Programa Especial de Nutrición Suplementaria para Mujeres, Bebés y Niños (conocido como WIC), un programa federal que brinda alimentos a mujeres embarazadas de bajos ingresos y niños de hasta cinco años que están expuestos a riesgo de desnutrición. Si bien ella también reside en el país sin autorización, se arriesgaba a recoger la leche para sus vecinos [177] . El intérprete Luis Robledo denunció ante ACLU que una mujer y su hijo pequeño, este último de nacionalidad estadounidense, ambos VIH positivos, habían decidido irse de Alabama y trasladarse a Guatemala luego de que la ley entró en vigor, pese a que el centro médico más próximo a la localidad de donde era originaria la mujer quedaba a tres horas en automóvil [178] .
Como se señaló anteriormente, la decisión de los padres de evitar conducir y de mantener el menor contacto posible con los agentes encargados de la aplicación de la ley también ha repercutido profundamente en las actividades de sus hijos. Varios padres señalaron que ya no llevan a sus hijos a reuniones o partidos para actividades como fútbol, entrenamiento de porristas y Boy Scouts [179] . A los niños que quieren salir durante Halloween a pedir dulces o asistir a los carnavales organizados durante el festival local del maní se les dice que es demasiado peligroso, y las familias tampoco salen a pescar ni van a la playa [180] . Muchos padres dijeron a Human Rights Watch que sus hijos entendían que ya no podían formar parte del equipo de fútbol ni de los Boy Scouts, pero que aún tenían secuelas emocionales. Cuando Ana S. explicó a sus hijas de 6 y 11 años que si las llevaba a entrenamientos o partidos de fútbol podían detenerla, “ellas entendieron, pero se pusieron a llorar” [181] . Otra madre contó acongojada que su hija ya no siente que pertenezca al estado donde nació y pregunta: “¿Por qué estamos aquí? No nos quieren” [182] .
Consecuencias para el acceso a la educación
El artículo 28 de la Ley Beason-Hammon tuvo consecuencias inmediatas para los niños, al exigir que las escuelas verificaran la condición migratoria de sus estudiantes. El derecho a la educación es un derecho fundamental que corresponde a todos los niños, con independencia de su condición migratoria, y se encuentra protegido por el derecho estadounidense y las normas internacionales de derechos humanos [183] . Si bien la ley de Alabama no prohíbe expresamente que los niños asistan a la escuela, la disposición ha tenido un fuerte efecto disuasivo y se desconocen cuáles serán totalmente los efectos. Desde que la ley entró en vigor, el 28 de septiembre de 2011, hasta el momento en que el Tribunal de Apelaciones del 11°Circuito dispuso en forma preliminar la inaplicabilidad del artículo 28, el 14 de octubre de 2011 [184] , la asistencia de niños de origen hispano a las escuelas públicas ha sido bastante menor de lo habitual. Según el Departamento de Educación del estado, más de 5,000 niños de origen hispano se ausentaron de la escuela, en un momento en que el ausentismo esperable era de cerca de 1,000 [185] . La población escolar de origen hispano en Alabama asciende a cerca de 31,000 estudiantes, algunos de ellos con ciudadanía estadounidense [186] . El procurador general Strange recomendó en diciembre a la legislatura que derogara esta disposición [187] , pero como se demuestra en los relatos que se presentan a continuación, el impacto negativo que ha tenido la ley respecto del derecho a la educación de los niños no ha sido resultado del artículo 28 únicamente.
Las autoridades escolares que hablaron con Human Rights Watch dijeron que luego de que la justicia resolvió la inaplicabilidad del artículo 28, algunos niños regresaron a la escuela pero otros ya se habían dado de baja formalmente. Algunos estudiantes que formaban parte de Head Start, un programa federal de nivel preescolar para niños de sectores menos favorecidos, no pudieron reinscribirse ya que perdieron su lugar [188] . Algunos estudiantes que cancelaron su inscripción presuntamente se habrían mudado a otros estados, pero aun suponiendo que hayan conseguido reinscribirse en escuelas en otros lugares, esto supuso la pérdida de tiempo y valiosas oportunidades educativas [189] . Una maestra que enseña inglés como segunda lengua en Birmingham comentó al respecto: “Tuve que hablar con un niño pequeño cuyo padre iba a sacarlo de la escuela... Le dije que su padre estaba haciendo lo que consideraba mejor, pero igualmente se sentía desolado por tener que dejar a sus amigos” [190] .
La mayoría de los padres que son inmigrantes no autorizados y que hablaron con Human Rights Watch dijeron que las autoridades de las escuelas habían instado a sus hijos a que continuaran asistiendo luego de que la ley entrara en vigor [191] , y la Junta Educativa de Birmingham emitió una resolución en la cual repudiaba la ley [192] . No obstante, algunos docentes informaron que hay niños que aún no han regresado a clases porque sus padres temen conducir hasta la escuela, y una ciudadana estadounidense dijo que se encarga de llevar a la escuela a la hija de otra mujer que tiene miedo de conducir [193] . Una de las razones principales de este temor es la presencia de policías en las escuelas. Patricia Armour, que trabaja como docente en Foley, señaló que ya había policías en las escuelas antes de la aprobación de la ley sobre inmigración de Alabama, pero que tras su aprobación su presencia ha adquirido un nuevo significado, y que los padres llaman y dicen haber visto a policías y que no quieren acercarse a dejar a sus niños [194] . En otra localidad, como se explica más adelante, una mujer contó que deja a su hija en la escuela a las 6:30 a.m. para evitar tener contacto con la policía [195] . Human Rights Watch visitó la escuela y comprobó que la policía tiene una presencia visible, con patrullas aparcadas en los caminos de acceso a la institución [196] .
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Paola M. y su esposo, ambos inmigrantes no autorizados, tienen siete niños a su cargo: cinco hijos propios, tres de los cuales son ciudadanos estadounidenses, y otros dos niños estadounidenses cuya madre regresó a Honduras para recibir atención médica. Paola vive en Alabama desde hace ocho años. Tras la aprobación de la ley, Paola sacó inmediatamente a los siete niños de la escuela. Cuando la justicia dispuso la inaplicabilidad de la disposición sobre educación, los niños más grandes regresaron a la escuela. Pero el más pequeño estaba en el programa Head Start, y al irse perdió su lugar. Esto tuvo para Paola consecuencias devastadoras. “Estaba aprendiendo tanto, a cantar, bailar, contar. ¡Es tan inteligente!... Es un programa maravilloso”. Al principio, no entendía que ya no podía ir, y seguía levantándose, se vestía y decía: “¡Mami, estoy listo para ir a la escuela!”. Paola lloraba al evocar estos recuerdos. Los niños más grandes continúan asistiendo a la escuela, pero aún deben sortear problemas. Todas las mañanas, la policía se ubica fuera de la escuela primaria y Paola teme ser detenida por tener vencida la matrícula del vehículo. De modo que ahora los deja allí a las 6:30 de la mañana, antes de que llegue la policía. Es difícil cuando sus hijos le dicen: “Mami, ¡está oscuro afuera!”, pero no quiere arriesgarse a ser detenida y que la separen de ellos. Para reducir al mínimo las veces que debe conducir, también sacó a los niños de 7 y 9 años de las actividades de Boy Scouts. Esta no fue una decisión fácil, ya que Paola desea que sus hijos tengan todas las oportunidades que ella no tuvo en su país de origen [197] . |
Varios docentes y un director de una escuela informaron que algunos de los niños que continúan asistiendo a clases están consternados y que les cuesta entender por qué muchos de sus compañeros ya no están. La escuela primaria Foley Elementary School, donde el 20 por ciento del alumnado es de origen latino, tuvo que implementar su “estrategia de respuesta ante casos de crisis” durante los días siguientes a la entrada en vigor de la Ley Beason-Hammon para brindar asistencia a los niños que lloraban y se sentían atemorizados [198] . Una madre expresó su profunda preocupación porque las calificaciones de su hijo de 12 años habían empeorado y ya no tenía interés siquiera en las actividades que sí podía continuar [199] . Una docente de Birmingham contó lo difícil que fue tratar de consolar a una niña pequeña que, luego de llegar a la escuela, quería regresar inmediatamente a su casa para ver que estuvieran sus padres, pese a que ellos son residentes legales permanentes [200] . Esa misma maestra comentó que algunos estudiantes le habían preguntado a ella y a otros docentes si los adoptarían si algo les sucedía a sus padres [201] .
Incluso en los casos de estudiantes que pueden continuar asistiendo habitualmente a la escuela, muchos padres indicaron que cada vez eran más comunes los actos de hostigamiento y abuso. Patricia T., nacida en Estados Unidos pero de ascendencia portorriqueña, contó que a su hijo, también ciudadano estadounidense, un compañero le preguntó: “¿Tienes una green card?” Cuando respondió espontáneamente que no, su compañero le dijo: “Vas a tener que irte del país” [202] . Otros compañeros le preguntaron: “¿Por qué estás aquí?” [203] . Otros seis padres, que viven en distintas localidades de Alabama, ofrecieron relatos similares sobre niños que hacían comentarios como “¿Qué haces aquí? ¿Por qué no regresas?”, en tanto un docente de Foley contó que algunos vecinos arrojan objetos y gritan a los estudiantes cuando estos caminan hasta las paradas de autobuses [204] . En algunos casos, las autoridades escolares mostraron una actitud de colaboración y tomaron medidas para poner fin al hostigamiento, pero en dos escuelas hubo padres que se mostraron decepcionados porque los docentes no hicieron nada y respondieron con comentarios como “Son sólo cosas de niños” [205] .
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Miriana Nichele, residente permanente en el país con ciudadanía estadounidense en trámite, escribió la siguiente plegaria en apoyo a su comunidad: Mi corazón late lento y con dolor, mi alma hoy está de gris color, mi espíritu está partido en dos ¡y mi mente no hace más que pensar en Dios! A ti mi señor, te pido por todos los inmigrantes asustados y separados, por todos los niños que no serán educados, por la pérdida de los que nos quedamos, por los granjeros que sus siembras no han cosechado, por las iglesias que tus fieles han dejado, por los hogares en donde faltará un hermano, por los doctores que a sus hispanos han curado, por los maestros que a sus alumnos se han llevado. Por toda nuestra comunidad maltratada, ¡por una ley que sólo separa! Y por los que han hecho de esta ley un castigo al que le ha dado alimentos y en este país ha contribuido. Señor en ti confío [206] . |
[164]Más del 83 por ciento de los niños de Alabama que tienen al menos un padre inmigrante son ciudadanos que nacieron en Estados Unidos. “Children in Immigrant and Native Families by State, 1990 to 2009”,Migration Policy Institute, http://www.migrationinformation.org/DataHub/charts/MPIDataHub-Children-in-immigrant-families.xls (consultado el 17 de noviembre de 2011).
[165]Plyler v. Doe, 457 U.S. 202, 220 (1982).
[166]PIDCP, art. 24.
[167]PIDESC, art.
[168] Convención sobre los Derechos del Niño (CDN), Res. A.G. 44/25, anexo, 44 U.N. GAOR Supp. (N.° 49) en 167, Doc. de la ONU A/44/49 (1989), en vigor desde el 2 de septiembre de 1990. Si bien Estados Unidos no ha ratificado el tratado, dado que ha suscripto la Convención sobre los Derechos del Niño está obligado a abstenerse de realizar actos que sean contrarios al objeto y el fin de dicho tratado. Ver Convención de Viena sobre Derecho de los Tratados, suscripta el 23 de mayo de 1969, 1155 U.N.T.S. 331, en vigor desde el 27 de enero de 1980, art. 18.
[169] Ver Human Rights Watch, Tough, Fair, and Practical: A Human Rights Framework for Immigration Reform in the United States, 8 de julio de 2010, http://www.hrw.org/reports/2010/07/09/tough-fair-and-practical-0; Human Rights Watch, Forced Apart: Families Separated and Immigrants Harmed by United States Deportation Policy, 16 de julio de 2007, http://www.hrw.org/reports/2007/07/16/forced-apart-0.
[170] Applied Research Center, “The Perilous Intersection of Immigration Enforcement and the Child Welfare System”, 2 de noviembre de 2011, http://arc.org/shatteredfamilies (consultado el 19 de noviembre de 2011).
[171]Entrevista de Human Rights Watch con Lorena B. (seudónimo), (el lugar se mantiene bajo reserva), 30 de octubre de 2011; entrevista de Human Rights Watch con Miriana Nichele, Dothan, 2 de noviembre de 2011. Ver también Ed Pilkington, “Alabama parents prepare for the worst: separation from their kids”, The Guardian, 11 de octubre de 2011, http://www.guardian.co.uk/world/2011/oct/11/alabama-immigration-children-power-of-attorney (consultado el 19 de noviembre de 2011).
[172]Entrevista de Human Rights Watch con Sara M. (seudónimo), (el lugar se mantiene bajo reserva), 29 de octubre de 2011.
[173]Entrevista de Human Rights Watch con Sara M. (seudónimo), (el lugar se mantiene bajo reserva), 29 de octubre de 2011.
[174] Entrevista de Human Rights Watch con líder comunitaria, Albertville, 26 de octubre de 2011; entrevista de Human Rights Watch con profesionales médicos rurales (el lugar se mantiene bajo reserva), 2 de noviembre de 2011.
[175]Entrevista de Human Rights Watch con María B. (seudónimo), (el lugar se mantiene bajo reserva), 27 de octubre de 2011.
[176] Entrevista de Human Rights Watch con Belén S. (seudónimo), (el lugar se mantiene bajo reserva), 29 de octubre de 2011; entrevista de Human Rights Watch con Ana C. (seudónimo), (el lugar se mantiene bajo reserva), 28 de octubre de 2011.
[177]Entrevista de Human Rights Watch con Paola M. (seudónimo), (el lugar se mantiene bajo reserva), 2 de noviembre de 2011.
[178] Vesna Jaksic, “For One Family, Alabama Anti-Immigrant Law a Fate Worse than Possible Death”, publicado en “ACLU Blog of Rights” (blog), ACLU, 8 de noviembre de 2011, http://www.aclu.org/blog/immigrants-rights-racial-justice/one-family-alabama-anti-immigrant-law-fate-worse-possible (consultado el 22 de noviembre de 2011).
[179]Entrevista de Human Rights Watch con Ana S. (seudónimo), (el lugar se mantiene bajo reserva), 29 de octubre de 2011; entrevista de Human Rights Watch con Sofía y Juan G. (seudónimos), (el lugar se mantiene bajo reserva), 30 de octubre de 2011; entrevista de Human Rights Watch con Alma R. (seudónimo), (el lugar se mantiene bajo reserva), 30 de octubre de 2011; entrevista de Human Rights Watch con Lorena P. (seudónimo), (el lugar se mantiene bajo reserva), 30 de octubre de 2011; entrevista de Human Rights Watch con Marisol P. (seudónimo), (el lugar se mantiene bajo reserva), 31 de octubre de 2011; entrevista telefónica de Human Rights Watch con Laura R., 2 de noviembre de 2011; entrevista de Human Rights Watch con Eduardo y Alegría F. (seudónimos), (el lugar se mantiene bajo reserva), 3 de noviembre de 2011; entrevista de Human Rights Watch con Isabel J. (seudónimo), (el lugar se mantiene bajo reserva), 30 de octubre de 2011; entrevista de Human Rights Watch con Paola M. (seudónimo), (el lugar se mantiene bajo reserva), 2 de noviembre de 2011; entrevista de Human Rights Watch con Felipe S. (seudónimo), (el lugar se mantiene bajo reserva), 2 de noviembre de 2011.
[180] Ibíd.
[181]Entrevista de Human Rights Watch con Ana S. (seudónimo), (el lugar se mantiene bajo reserva), 29 de octubre de 2011.
[182]Entrevista de Human Rights Watch con Marisol M. (seudónimo), (el lugar se mantiene bajo reserva), 31 de octubre de 2011.
[183]La Corte Suprema de Estados Unidos, en Plyler v. Doe, 457 U.S. 202, 221-222 (1982) determinó que si bien la Constitución estadounidense no establece un “derecho” a la educación, la negación de educación pública a niños indocumentados vulnera la Cláusula sobre Protección Igualitaria de la Enmienda XIV (“El efecto inestimable que supone la privación de [educación] para el bienestar social, económico, intelectual y psicológico del individuo, y el obstáculo que implica para su superación personal, hacen que sea sumamente difícil conciliar el costo o el principio de la negación de educación basada en el estatus de la persona con el marco de igualdad consagrado en la Cláusula sobre Protección Igualitaria”). Respecto del derecho a educación conforme al derecho internacional, ver, por ejemplo, la Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU, art. 26(1) (“Toda persona tiene derecho a la educación... La instrucción elemental será obligatoria”).
[184]El Tribunal de Apelaciones del 11° Circuito dispuso en forma preliminar la inaplicabilidad del artículo 28, así como del artículo 10, que penaliza la permanencia ilegal conforme a la ley del estado. Ver United States v. State of Alabama, Order, No. 11-13432-CC (11th Cir. 14 de octubre de 2011), http://www.ca11.uscourts.gov/unpub/ops/201114532ord.pdf (consultado el 22 de noviembre de 2011).
[185]Campbell Robertson, “Critics See ‘Chilling Effect’ in Alabama Immigration Law”, New York Times, 27 de octubre de 2011, http://www.nytimes.com/2011/10/28/us/alabama-immigration-laws-critics-question-target.html (consultado el 16 de noviembre de 2011). El Departamento de Justicia de Estados Unidos ha solicitado que los distritos escolares de Alabama proporcionen información detallada sobre inscripción a fin de evaluar el impacto de la nueva ley. Sin embargo, el Procurador General de Alabama ha aconsejado a los distritos escolares que no respondan a este pedido. Ver Mary Orndorff, “Alabama attorney general challenges DOJ request for school data on Hispanic students”, The Birmingham News, 2 de noviembre de 2011, http://blog.al.com/sweethome/2011/11/alabama_attorney_general_chall.html (consultado el 23 de noviembre de 2011).
[186] Pew Hispanic Center, “Demographic Profile of Hispanics in Alabama, 2009”.
[187]Lawson, “Alabama Attorney General wants to end school data collection, no-bail provisions in immigration law”, The Huntsville Times.
[188]Entrevista de Human Rights Watch con Patricia Armour, docente en una escuela pública, Foley, 3 de noviembre de 2011; entrevista de Human Rights Watch con Paola M. (seudónimo), (el lugar se mantiene bajo reserva), 2 de noviembre de 2011.
[189]Entrevista de Human Rights Watch con la Dra. Rosalva Ballin, docente, Birmingham, 1 de noviembre de 2011. La Dra. Ballin se refirió a investigaciones que indican que cada vez que se trasladan de un sitio a otro los niños sufren un atraso de entre 3 y 6 meses, y que de este modo la ley sobre inmigración de Alabama había permitido que niños quedaran rezagados.
[190]Entrevista de Human Rights Watch con docente de escuela pública, Birmingham, 1 de noviembre de 2011.
[191]Rena Havner Philips, “After immigration ruling at Foley school with Hispanic population, students cry, withdraw, no-show”,Press-Register, 30 de septiembre de 2011, http://blog.al.com/live/2011/09/foley_elementary_students_pare.html (consultado el 19 de noviembre de 2011).
[192] Marie Leech, “Birmingham Board of Education will condemn Alabama’s immigration law officially, members say”, The Birmingham News, 8 de noviembre de 2011, http://blog.al.com/spotnews/2011/11/birmingham_board_of_education_28.html (consultado el 1 de diciembre de 2011).
[193] Entrevista de Human Rights Watch con Patricia T. (seudónimo), (el lugar se mantiene bajo reserva), 2 de noviembre de 2011.
[194] Entrevista de Human Rights Watch con Patricia Armour, docente en una escuela pública, Foley, 3 de noviembre de 2011. Human Rights Watch efectuó varias llamadas telefónicas y envió una carta por fax al Departamento de Policía de Foley, pero aún no recibió ninguna respuesta.
[195] Entrevista de Human Rights Watch con Paola M. (seudónimo), (el lugar se mantiene bajo reserva), 2 de noviembre de 2011.
[196] Visita de Human Rights Watch a escuela de enseñanza primaria (el lugar se mantiene bajo reserva), 3 de noviembre de 2011. Si bien Human Rights Watch no pudo hacer averiguaciones sobre la presencia de policías en esta escuela en particular sin revelar la identidad de Paola M., pidió al Departamento de Policía de Tuscaloosa que informara su política sobre escuelas. El sargento Brent Blankley confirmó que desde hace años se asignan funcionarios policiales a escuelas de enseñanza secundaria y bachillerato y que están allí para prevenir la violencia en las escuelas y “generar lazos de confianza con los niños”. Cuando se le preguntó si creía que el clima que se vivía desde la sanción de la ley podría tener un efecto negativo para la asistencia escolar, este señaló: “hemos hablado con nuestra comunidad de que si eres víctima de un delito, igualmente tienes que denunciarlo”, pero indicó que no tenían previsto modificar su política de presencia policial en escuelas. Entrevista telefónica de Human Rights Watch con el sargento Brent Blankley, Departamento de Policía de Tuscaloosa, 22 de noviembre de 2011.
[197] Entrevista de Human Rights Watch con Paola M. (seudónimo), (el lugar se mantiene bajo reserva), 2 de noviembre de 2011.
[198] Philips, “After immigration ruling at Foley school with Hispanic population, students cry, withdraw, no-show”, Press-Register.
[199]Entrevista de Human Rights Watch con Isabel J. (seudónimo), (el lugar se mantiene bajo reserva), 30 de octubre de 2011.
[200]Entrevista de Human Rights Watch con docente de escuela pública, Birmingham, 1 de noviembre de 2011.
[201] Ibíd.
[202]Entrevista de Human Rights Watch con Patricia T. (seudónimo), (el lugar se mantiene bajo reserva), 2 de noviembre de 2011.
[203]Ibíd.
[204] Entrevista de Human Rights Watch con Patricia Armour, docente en una escuela pública, Foley, 3 de noviembre de 2011.
[205] Entrevista de Human Rights Watch con Lorena P., 30 de octubre de 3011; entrevista de Human Rights Watch con Marisol M. (seudónimo), 31 de octubre de 2011; entrevista de Human Rights Watch con Elena G. (seudónimo), 1 de noviembre de 2011; entrevista de Human Rights Watch con Soledad B. (seudónimo), 3 de noviembre de 2011; entrevista telefónica de Human Rights Watch con Laura R. (seudónimo), 3 de noviembre de 2011.
[206]Entrevista de Human Rights Watch con Miriana Nichele, Dothan, 2 de noviembre de 2011.





