III. Hostigamiento y abusos discriminatorios
La ley sobre inmigración de Alabama envía un mensaje rotundo de que los inmigrantes no autorizados deben ser tratados de manera diferente a otros residentes de Alabama. No resulta sorprendente que dichas personas, y otras que se perciben como “ilegales”, hayan informado una mayor cantidad de incidentes de hostigamiento discriminatorio por parte de autoridades del estado y particulares.
La discriminación y hostigamiento experimentados por latinos, incluidos ciudadanos y residentes permanentes, no son un fenómeno nuevo. Algunas personas entrevistadas por Human Rights Watch informaron haber sido objeto de discriminación y medidas selectivas que respondían a motivos raciales mucho antes de la aprobación de la Ley Beason-Hammon [136] . Sin embargo, la nueva ley sobre inmigración ha creado un clima en el cual es más probable que se produzcan dichos abusos y existen menores probabilidades de que las víctimas los denuncien.
Hostigamiento y abuso por parte de autoridades locales
No depende de la ley. Depende del policía que te detiene.
—Mariana F., inmigrante no autorizada, 2 de noviembre de 2011.
Al momento de nuestra investigación en Alabama, los departamentos de alguaciles y de policía en el estado aún no habían comenzado a aplicar de manera uniforme la ley sobre inmigración. No había uniformidad en los documentos que se requerían para comprobar la situación legal de las personas que interceptaban o detenían, ni en los criterios para encarcelar a personas por conducir sin la correspondiente licencia [137] . Si bien algunos departamentos han arrestado y acusado a personas de conformidad con la nueva ley, otros han expresado públicamente su renuencia a aplicar una ley que consideran “confusa” [138] . Al 30 de octubre, el Departamento de Seguridad Interna de Alabama (Alabama Department of Homeland Security) tenía conocimiento de sólo 10 casos en los cuales se habían aplicado las disposiciones de la ley relativas al accionar policial [139] .
Varias personas comentaron a Human Rights Watch que tuvieron problemas al interactuar con la policía local después de que la ley entró en vigor o inmediatamente antes de esa fecha. Hay otros ejemplos proporcionados por la prensa, que se resumen a continuación. A pesar de que Human Rights Watch no pudo verificar de manera independiente los detalles específicos de estos incidentes, si son efectivamente ciertos, esto sugiere que ciudadanos estadounidenses y residentes permanentes de ascendencia latina, al igual que los inmigrantes no autorizados, están expuestos a un mayor riesgo de recibir un trato discriminatorio.
Fernando Rodríguez, un residente permanente legal y ministro de una iglesia en Albertville, informó que junto con otro amigo que también es pastor fueron detenidos cuando salían de una gasolinera en Warrior sin que se les explicara el motivo. En vez de eso, y de acuerdo con las versiones de los medios, el oficial habría hecho declaraciones abusivas y despectivas como “¿Por qué están en Estados Unidos?” y “Regresen a México” [140] . Cuando el policía lo palpó y encontró su billetera con su tarjeta de residente permanente, lo dejó ir, pero su amigo, el pastor Hernández, fue arrestado. Según trascendió, el policía habría dicho que los detuvo por exceso de velocidad [141] , pero el Oficial de Información Pública del Departamento de Policía de Warrior no pudo confirmar qué fue lo que sucedió al momento de la detención, ya que él no había participado en la detención [142] . Si bien el pastor Hernández fue puesto a disposición del ICE y fue liberado poco después sin tener que pagar una fianza, aún no se ha fijado la fecha para su procedimiento de deportación [143] . El estado retiró todos los cargos [144] .
En otra región del estado, Rafael B., inmigrante no autorizado de 23 años que vive en Estados Unidos desde los 17 años, informó que se le dijo varias veces “Tú no tienes derechos” cuando fue interceptado y detenido dos semanas después de que la ley entrara en vigor, supuestamente por no haber usado la señal de giro [145] . Rafael no pudo mostrar una licencia de conducir porque, al igual que los demás inmigrantes no autorizados, no puede obtener una licencia de conducir de Alabama. Cuando mostró su pasaporte mexicano, el oficial no creyó que fuera legítimo porque no tenía un “sello”. (El consulado mexicano en Atlanta indicó que no podía dar fe de la autenticidad del pasaporte sin verlo, pero que según el lugar y la fecha en que fue emitido, podía o no tener un sello en relieve sobre la fotografía) [146] . El oficial entonces procedió a arrestarlo. Cuando Rafael preguntó si podía llamar a un abogado, el oficial presuntamente le dijo: “No. Tú no tienes ningún derecho. Estás en la calle” [147] . Rafael luego preguntó si podía llamar a otra persona, y según contó: “Me dijo que no, que yo no tenía derecho a nada”. Continuaron preguntándole de dónde había sacado el pasaporte, y él les respondió que lo había obtenido en el consulado. Luego lo trasladaron a la estación de policía, y una vez allí “dijeron que no tenía derecho a nada, que si era legal podría salir con US$300, pero que no tenía derecho a nada”. Le habrían hecho preguntas como “¿Por qué hay tantos mexicanos aquí? Hay muchos ciudadanos estadounidenses que aquí no tienen trabajo. Ustedes les están quitando sus trabajos” y “¿Por dónde cruzó la frontera?”. Lo obligaron a firmar papeles sin explicarle qué eran, diciendo que darían más multas si no los firmaba.
Al día siguiente, Rafael fue puesto a disposición de la justicia. Finalmente, se le permitió ponerse en contacto con sus familiares, y estos le consiguieron un abogado. En ningún momento le ofrecieron los servicios de un intérprete. El juez no lo condenó por las multas, y no se le entregó ningún documento relacionado con su detención. Posteriormente pasó a disposición del ICE, pero fue liberado sin que se fijara una fecha para su procedimiento de deportación. En total, permaneció detenido una semana [148] .
En otro caso, un médico latino con residencia permanente en Estados Unidos dijo que pocas semanas después de que la ley entrara en vigor, un policía del estado le ordenó que se detuviera mientras circulaba en su automóvil, sin dar ningún motivo. Según el médico, el policía, que estaba parado en la calle, simplemente alzó la mano, con el brazo extendido, después de “ver el color de mi piel”. Cuando el oficial vio que tenía licencia de conducir, se la devolvió y lo dejó ir [149] .
Un inmigrante no autorizado de origen mexicano que vive en Elberta, una pequeña localidad en las afueras de Foley, describió haber vivido un incidente similar una semana después de que la ley entrara en vigor. Un policía siguió su automóvil durante un trayecto de tres millas y luego le indicó que se detuviera inmediatamente antes de que cruzara el límite con la jurisdicción de la policía de Foley. Si bien no le dio ningún motivo para detenerlo, cuando el conductor no pudo mostrar una licencia de conducir, el policía habría repetido varias veces: “Voy a darle una oportunidad para que se vaya de Alabama. La próxima vez, voy a enviarlo de vuelta a México” [150] .
Varias personas relataron casos de terceros que fueron detenidos o arrestados por razones que, según consideraban, eran poco plausibles. Stephen McGowan, un abogado de Dothan, informó que uno de sus clientes fue deportado después de que le indicaran que detuviera su automóvil, supuestamente por llevar la radio con el volumen demasiado alto. Según McGowan, sin embargo, la radio estaba averiada y no podía encenderse [151] .
Una mujer, que nació en Estados Unidos y cuya familia es originaria de República Dominicana, piensa que posiblemente la policía tuvo en cuenta criterios raciales cuando le indicó que detuviera su vehículo, poco después de que la ley entró en vigor. El policía dijo que creyó que no llevaba puesto el cinturón de seguridad. La mujer reconoció que era posible que el cinturón de seguridad no se viera dado que vestía ropa oscura, pero a la vez dijo que en todos los años que había vivido en la zona nunca antes se le había pedido que se detuviera por no usar el cinturón de seguridad. El oficial hizo comentarios sobre el trabajo de la mujer que sugerían que él estaba suponiendo que había inmigrado recientemente. Después de mostrarle su licencia de conducir, la dejó ir, pero cuando relató lo sucedido a amigos que trabajan en el departamento de policía, le sugirieron que comenzara a llevar consigo su certificado de nacimiento [152] .
Hostigamiento y abuso por parte de particulares y empresas
Sentimos que el racismo ha aumentado entre los estadounidenses.
—Lorena B., inmigrante no autorizada, residente en Alabama desde hace 15 años y madre de cuatro hijos que son ciudadanos estadounidenses, 30 de octubre de 2011
En este momento, podemos ver quién es realmente cristiano.
—Lara P., inmigrante no autorizada, residente en Alabama desde hace 15 años y madre de un hijo de nacionalidad estadounidense, 30 de octubre de 2011
Muchas de las personas con quienes hablamos dijeron que la vida cotidiana en Alabama se ha vuelto cada vez más difícil para los residentes latinos desde que se aprobó la Ley Beason-Hammon, ya que han aumentado los actos de hostigamiento y discriminación por parte de particulares y empresas. Cuando el estado declara que un grupo determinado de personas, que en su mayoría pertenecen a una minoría étnica, no es bienvenido, no resulta sorprendente que los ciudadanos consideren que tienen un permiso para discriminar a esa minoría. Todos los incidentes de hostigamiento informados a Human Rights Watch desde la aprobación de la ley involucraban a ciudadanos estadounidenses, residentes permanentes e inmigrantes no autorizados de ascendencia latina.
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Katherine Guzmán, una ciudadana de Alabama cuya familia ha vivido en ese estado durante varias generaciones, está casada con un mexicano con residencia permanente en Estados Unidos. Contó que poco después de que se aprobara la ley, su “hija de 8 años llegó un día a casa de la escuela llorando” [153] . Una niña le había dicho que “tendría que volver a México, y que enviarían a toda su familia de vuelta”. Guzmán contó al respecto: Le expliqué que ella no es de México, que no es mexicana. Nació en Estados Unidos, y por lo tanto es estadounidense, que nos íbamos a quedar aquí, y que simplemente se trataba de una niña que estaba mal informada. Pero también otra niña en el autobús la llamó “mexicana sucia”... Ella nació aquí, ha sido criada aquí. Esta es la única vida que conoce. No va a regresar a México, porque nunca ha estado en México... [La ley de Alabama] no afecta sólo a los inmigrantes. También afecta a personas que nacieron y se criaron aquí [154] . |
Algunas empresas privadas, que no tienen obligación legal de exigir ninguna documentación que compruebe la situación legal, parecen haber asumido por sí mismas la responsabilidad de verificar la ciudadanía o la presencia legal de las personas en el territorio como parte de transacciones de rutina. Un mujer informó que su madre de 55 años, una residente permanente de ascendencia latina, se sorprendió cuando un empleado de una importante tienda de descuento le dijo que tenía que presentar un documento que acreditara la ciudadanía estadounidense para poder venderle un medicamento que le habían recetado. Cuando la hija preguntó en la tienda qué había sucedido, le dijeron que habían tenido un problema con el seguro de su madre, pero esta no tuvo problemas para usar la receta en otra farmacia [155] . Leticia M., una inmigrante no autorizada que vive en Alabama desde que tenía un año, había abierto una cuenta en una cadena minorista para comprar en pagos vestimenta de invierno para su familia. Después de completar los pagos, acudió a la tienda para recoger las prendas. Como había perdido el recibo, se le pidió que proporcionara una identificación con fotografía, pero el gerente se rehusó a aceptar cualquier identificación que no hubiera sido emitida por Alabama [156] . Suzanna Collerd, una organizadora de la Coalición de Alabama por la Justicia para los Inmigrantes (Alabama Coalition for Immigrant Justice), informó que había hablado con una mujer a quien se le exigió una identificación cuando pidió que le mostraran unas joyas que estaban a la venta en un almacén de descuento, y con otra mujer que no pudo conseguir que en una importante tienda minorista de artículos electrónicos respetaran la garantía del producto que había comprado porque no tenía una licencia de conducir emitida por Alabama [157] .
Varias personas informaron que su entorno de trabajo se había vuelto hostil, y que sus compañeros hacían comentarios discriminatorios e hirientes, como “¿Te has enterado de la nueva ley? ¡Van a atraparte!” [158] . Delia R., una residente permanente, estaba consternada porque sus compañeros de trabajo nunca habían hecho este tipo de comentarios antes de que se aprobara la ley [159] . El esposo de Leticia M. consiguió un trabajo en una fábrica de autopartes que utiliza E-Verify, un programa federal que tiene por finalidad asegurar que los nuevos empleados tengan autorización para trabajar en Estados Unidos, a pesar de que no cuenta con dicha autorización. Si bien la empresa lo considera formalmente un trabajador con documentación, sus compañeros de trabajo y su supervisor lo tratan a él y a otras personas que están trabajando sin autorización de manera diferente, asignándoles más tareas y haciendo comentarios amenazantes como “No voy a escuchar a un mexicano sin papeles... ¡Haz que me despidan! Si lo haces, llamaré a migración para denunciarte” [160] .
Algunas personas afirmaron que incluso personas que no conocían en las tiendas de comestibles han hecho cometarios abusivos, como “¿Por qué todavía estás aquí? ¿No entiendes que tienes que irte?” [161] . Una docente de Foley informó que algunas personas habían alterado los folletos de “Preguntas Frecuentes” acerca de la ley sobre inmigración de Alabama y habían incluido expresiones como “Vuelvan a México”, para luego colocarlos en los parabrisas de los automóviles en un estacionamiento fuera de una conocida tienda de descuento [162] .
Este tipo de declaraciones, cuando se expresan en el ámbito de trabajo o en la escuela, pueden llegar a constituir hostigamiento ilegal. El creciente temor entre los inmigrantes no autorizados, sin embargo, es que el acoso verbal sea tan sólo el comienzo. Como manifestó Katherine Guzmán: “Me hace mal... saber que mi hija de 8 años tiene miedo y no saber realmente cómo ayudarla con eso, porque de alguna manera yo también tengo miedo… No se puede saber hasta dónde otras personas están dispuestas a llegar” [163] .
[136]Mavi Figueres, una ciudadana estadounidense naturalizada, nacida en Costa Rica, consideró que el año pasado fue objeto de controles policiales selectivos en función del origen racial, cuando un miembro de la policía de Birmingham detuvo el automóvil en el cual viajaba y le pidió que mostrara sus “papeles”, pese a que ella era pasajera y su amigo, que es caucásico, era quien conducía. Entrevista de Human Rights Watch con Mavi Figueres, Birmingham, 29 de octubre de 2011.
Una semana antes de que la ley entrara en vigor, el esposo de Ana S., Isaac, un inmigrante no autorizado, hizo un giro en U para evitar pasar por un puesto de control, y le indicaron que se detuviera. Además de la multa por no tener licencia de conducir, los policías le expidieron otras cinco multas, incluida una por no tener seguro, a pesar de que mostró el comprobante del seguro. Otra multa fue por llevar un contendor abierto, pese a que también tenía una bolsa llena de latas para reciclar. Cuando Isaac protestó, el policía presuntamente le dijo: “Puedo darle tantas multas como quiera”. Según las disposiciones conforme a las cuales fue citado, es probable que las multas asciendan a más de US$ 1,000. Entrevista de Human Rights Watch con Ana S. (seudónimo), (el lugar se mantiene bajo reserva), 30 de octubre de 2011. Otras personas también informaron incidentes en los que, según consideraban, habían recibido una cantidad excesiva de multas. Entrevista de Human Rights Watch con Soledad B. (seudónimo), (el lugar se mantiene bajo reserva), 2 de noviembre de 2011; entrevista de Human Rights Watch con José B. (seudónimo), (el lugar se mantiene bajo reserva), 27 de octubre de 2011.
Una joven hispana fue presuntamente detenida por policías en Elberta varias semanas antes de que la ley entrara en vigor. Como no pudo mostrar una licencia de conducir de Alabama, el policía comenzó a gritar y a golpear el techo del automóvil. Si bien no comprendió todo lo que le dijo, sí entendió cuando gritó: “¡Todos estos malditos mexicanos!”. Entrevista telefónica de Human Rights Watch con Daniel R. (seudónimo), 16 de noviembre de 2011.
Cuando se le pidió que hiciera algún comentario, la jefa de Policía de Elberta, Julie Joyner, dijo que no podía responder sin tener más información sobre el día específico y la persona en cuestión, pero dijo que incluso antes de que la Ley Beason-Hammon entrara en vigor, era habitual que el Departamento de Policía de Elberta investigara la condición migratoria de las personas interceptadas y se pusiera en contacto con el ICE si consideraban que la persona no se encontraba aquí legalmente. Joyner indicó asimismo que nunca ha recibido una denuncia por comentarios abusivos o raciales de este tipo. Se han instalado cámaras en todas las patrullas, y afirmó que cuando ella recibe una queja, revisa las grabaciones. Desestimó la posibilidad de que inmigrantes no autorizados pudieran tener miedo de presentar denuncias, y dijo que “sería fácil” presentar una denuncia ya que recibe 10 denuncias por semana. Entrevista telefónica de Human Rights Watch con la jefa de Policía Julie Joyner, Departamento de Policía de Elberta, 22 de noviembre de 2011.
En otra ciudad, un inmigrante no autorizado contó que desde hacía tiempo un policía se estacionaba fuera de un terreno donde se aparcan viviendas móviles e interceptaba a residentes latinos que salían, la mayoría de los cuales no tienen condición de inmigrantes autorizados. El policía en repetidas ocasiones les exigió US$100 o más a cambio de no expedirles una multa. Entrevista de Human Rights Watch con Elena G. (seudónimo), (el lugar se mantiene bajo reserva), 1 de noviembre de 2011. También se han denunciado este tipo de extorsiones fuera de Alabama. En Nueva Jersey, un policía fue procesado recientemente por ordenar a latinos que se detuvieran, interrogarlos sobre su condición migratoria y amenazar con denunciarlos ante funcionarios de inmigración federales a menos que le dieran dinero. Ver “NJ officer indicted in alleged immigrant shakedown”, Associated Press, 21 de noviembre de 2011, http://www.nj.com/newsflash/index.ssf/story/nj-officer-indicted-in-alleged-immigrant-shakedown/26f5b3be85c34ac29909976a93c14dd6 (consultado el 22 de noviembre de 2011).
[137]Ley de Alabama N.° 2011-535, artículos 12 y 18.
[138]Cameron Steele, “New immigration law brings in not just illegal residents but legal ones, too”, The Anniston Star, 6 de noviembre de 2011, http://annistonstar.com/bookmark/16304989 (consultado el 16 de noviembre de 2011).
[139]Lisa Osburn, “Confusion remains over Alabama immigration law”,The Birmingham News, 30 de octubre de 2011, http://blog.al.com/spotnews/2011/10/confusion_remains_over_alabama.html (consultado el 16 de noviembre de 2011).
[140] La detención del amigo del pastor Rodríguez, Manuel Hernández, recibió amplia cobertura por parte de la prensa. Ver Osburn, “Confusion remains over Alabama immigration law”, The Birmingham News; ver también Valeria Fernández, “Pastor narra su historia al ser víctima de HB 56”, La Opinión, 8 de octubre de 2011, http://www.impre.com/laopinion/noticias/2011/10/8/pastor-narra-su-historia-al-se-276165-1.html (consultado el 16 de noviembre de 2011).
[141] Ibíd.
[142] Entrevista telefónica de Human Rights Watch con el teniente Ron Gentry, Oficial de Información Pública, Departamento de Policía de Warrior, 22 de noviembre de 2011. El teniente Gentry manifestó asimismo que no consentiría este tipo de declaraciones y que “se sentiría sumamente decepcionado si el oficial efectivamente dijo algo como eso”.
[143]Fernández, “Pastor narra su historia al ser víctima de HB 56”, La Opinión
[144] Osburn, “Confusion remains over Alabama immigration law”, The Birmingham News.
[145] Entrevista de Human Rights Watch con Rafael B. (seudónimo), (el lugar se mantiene bajo reserva), 30 de octubre de 2011.
[146] Entrevista telefónica de Human Rights Watch con Edurne Pineda, jefe del Departamento de Asuntos Jurídicos, Consulado Mexicano en Atlanta, 21 de noviembre de 2011.
[147]Si bien este incidente no tuvo lugar en Tuscaloosa, Gwen Ferreti, una estudiante de doctorado y líder comunitaria de Tuscaloosa, informó que miembros del Departamento de Policía de Tuscaloosa le habían dicho que no tienen la práctica de leer los derechos constitucionales (incluido el derecho a guardar silencio y el derecho a un abogado) cuando realizan este tipo de detenciones de tránsito. Entrevista de Human Rights Watch con Gwen Ferreti, Tuscaloosa, 30 de octubre de 2011. Tras una investigación más profunda, el Departamento de Policía de Tuscaloosa nos informó que durante un “arresto sin orden judicial”, si no está previsto hacer más preguntas, su política es no leer al sospechoso sus derechos constitucionales y que “no se detienen para que este pueda llamar a un abogado”. Cuando el sospechoso llega a la cárcel del condado, esta tiene su propia política acerca del modo en que permite que los detenidos llamen a un abogado. Ver entrevista telefónica de Human Rights Watch con el sargento Brent Blankley, vocero, Departamento de Policía de Tuscaloosa, 22 de noviembre de 2011.
[148]Entrevista de Human Rights Watch con Rafael B. (seudónimo), (el lugar se mantiene bajo reserva), 30 de octubre de 2011.
[149]Entrevista de Human Rights Watch con un médico rural, (el lugar se mantiene bajo reserva), 3 de noviembre de 2011.
[150] Entrevista telefónica de Human Rights Watch con Daniel R. (seudónimo), (el lugar se mantiene bajo reserva), 16 de noviembre de 2011. El Departamento de Policía de Elberta manifestó que no podían responder a las acusaciones sin contar con más información acerca del incidente, como por ejemplo la fecha precisa. Entrevista telefónica de Human Rights Watch con la Jefa de Policía del Departamento de Elberta, Julie Joyner, 22 de noviembre de 2011. Para obtener más información sobre las políticas del Departamento de Policía de Elberta, ver nota al pie 154.
[151]Entrevista telefónica de Human Rights Watch con Stephen McGowan, 21 de octubre de 2011.
[152] Entrevista telefónica de Human Rights Watch con Sally P. (seudónimo), 16 de noviembre de 2011. Ver también entrevista de Human Rights Watch con Patricia Armour, Foley, 3 de noviembre de 2011.
[153]Entrevista de Human Rights Watch con Katherine Guzmán, Montevallo, 26 de octubre de 2011.
[154]Entrevista de Human Rights Watch con Katherine Guzmán, Montevallo, 26 de octubre de 2011.
[155] Entrevista telefónica de Human Rights Watch con Lucía D. (seudónimo), 31 de octubre de 2011.
[156]Entrevista telefónica de Human Rights Watch con Leticia M., (seudónimo), 16 de noviembre de 2011. Cuando Human Rights Watch llamó al número de servicio al cliente de la tienda el 16 de noviembre de 2011, se le informó a nuestro investigador que una persona que se presentara sin una identificación emitida por el Gobierno de Estados Unidos no debería tener problemas, pero que, en última instancia, la decisión quedaba a criterio del gerente. Después de varias quejas, Leticia M. pudo llevarse las prendas que había comprado.
[157]Entrevista telefónica de Human Rights Watch con Suzanna Collerd, organizadora de la Coalición de Alabama por la Justicia para los Inmigrantes, 3 de noviembre de 2011.
[158] Entrevista de Human Rights Watch con Delia R. (seudónimo), (el lugar se mantiene bajo reserva), 26 de octubre de 2011.
[159] Entrevista de Human Rights Watch con Delia R. (seudónimo), (el lugar se mantiene bajo reserva), 26 de octubre de 2011.
[160]Entrevista telefónica de Human Rights Watch con Leticia M. (seudónimo), 16 de noviembre de 2011. Carlos G. también informó que compañeros de trabajo que nunca habían dicho nada antes de la aprobación de la ley, ahora hacían comentarios como “Van a venir a buscarte. Vamos a llamar a migración para denunciarte”. Entrevista de Human Rights Watch con Carlos G. (seudónimo), (el lugar se mantiene bajo reserva), 2 de noviembre de 2011.
[161]Entrevista de Human Rights Watch con Elena G. (seudónimo), (el lugar se mantiene bajo reserva), 1 de noviembre de 2011.
[162]Entrevista de Human Rights Watch con Patricia Armour, Foley, 3 de noviembre de 2011.
[163]Entrevista de Human Rights Watch con Katherine Guzmán, Montevallo, 26 de octubre de 2011.





