Los años de segregación disciplinaria constituyen un trato cruel, inhumano y degradante que priva de la atención necesaria
24 de Marzo de 2009
Los reclusos de Nueva York con problemas de consumo de sustancias -el 85 por ciento, según las estadísticas de los propios funcionarios penitenciarios-, se encuentran en un callejón sin salida. Muchos no reciben tratamiento oportuno, lo cual los expone al castigo de la segregación. Y, una vez aislados, la política es no permitirles recibir el tratamiento que necesitan.
Megan McLemore, investigadora de la división de Salud y Derechos Humanos de Human Rights Watch

La práctica del estado de Nueva York de condenar a los reclusos a meses e incluso años de segregación disciplinaria por uso y tenencia de drogas, privándolos de un tratamiento por drogodependencia efectivo, constituye un trato cruel, inhumano y degradante, señaló Human Rights Watch en un informe difundido en el día de hoy.

En el informe de 53 páginas, "Excluidos del tratamiento: Castigos contra los usuarios de drogas en las cárceles del estado de Nueva York", Human Rights Watch determinó que entre 2005 y 2007 los funcionarios penitenciarios del estado de Nueva York condenaron a los reclusos a un total colectivo de 2,516 años de segregación disciplinaria por faltas vinculadas con drogas. Al mismo tiempo, los reclusos que buscan tratamiento por drogas se enfrentan a graves demoras debido a que los programas de tratamiento ven excedida su capacidad máxima. Mientras cumplen este régimen de segregación, en lo que se conoce como "el hueco", no se permite a los internos recibir ni continuar el tratamiento. Las condiciones en el hueco son extremadamente rigurosas: los reclusos son encerrados durante 23 horas al día y el contacto con el exterior a través de visitas, recepción de paquetes y llamadas telefónicas está estrictamente limitado.

"Los reclusos de Nueva York con problemas de consumo de sustancias -el 85 por ciento, según las estadísticas de los propios funcionarios penitenciarios-, se encuentran en un callejón sin salida", señaló Megan McLemore, investigadora de la división de Salud y Derechos Humanos de Human Rights Watch. "Muchos no reciben tratamiento oportuno, lo cual los expone al castigo de la segregación. Y, una vez aislados, la política es no permitirles recibir el tratamiento que necesitan".

El informe se basó en más de 50 entrevistas con reclusos actuales e individuos liberados recientemente, así como con el personal del programa de tratamiento en la cárcel y varios especialistas en salud correccional, tratamiento por consumo de drogas y reducción de daños de Nueva York y otros estados.

Uno de los casos analizados en el informe es el de David A., quien actualmente cumple una pena de tres años de prisión en condiciones de aislamiento por violación de las normas carcelarias sobre drogas. Pese a haber solicitado formalmente tratamiento, David fue condenado recientemente a dos años de permanencia adicional en el hueco por una infracción de las normas sobre marihuana. En 2008, el estado de Nueva York destinó US$ 20 millones para tratamiento por consumo de alcohol y drogas en las cárceles.

"Estos programas están siendo financiados por los contribuyentes de Nueva York, por lo que deberían ser efectivos y estar sujetos a controles rigurosos", señaló McLemore. "Las políticas actuales son irracionales tanto en términos de seguridad como de salud pública".

Condenar a los reclusos a permanecer años en condiciones de aislamiento por infracciones relacionadas con drogas y, a la vez, denegarles el acceso a tratamiento puede constituir un trato cruel, inhumano y degradante que vulnera las obligaciones internacionales en materia de derechos humanos de los Estados Unidos.

"Las medidas disciplinarias deben ser proporcionales a la falta, y nunca deben impedir que los reclusos reciban el tratamiento que necesitan", manifestó McLemore. "Esto sólo agrava el problema, tanto para los internos como para el sistema carcelario en general".

En una conferencia de prensa celebrada en el Capitolio con los legisladores Jeff Aubry, Félix Ortiz y Ruth Hassell-Thompson del estado de Nueva York, McLemore los instó a establecer un mayor control del tratamiento por drogas en las cárceles, y señaló que la Oficina de Servicios para el Alcoholismo y el Abuso de Sustancias (Office of Alcohol and Substance Abuse Services, OASAS) del estado de Nueva York debería participar más activamente en el diseño y la evaluación de los programas sobre drogas en las cárceles. El Departamento de Servicios Correccionales ha evaluado sus propios programas de tratamiento en pocas oportunidades.

A pesar de las pruebas abrumadoras que indican que la terapia con medicación es el tratamiento más efectivo para la adicción a los opiáceos, la mayoría de los reclusos del estado de Nueva York que dependen de la heroína o de otros opiáceos no tienen acceso a la metadona ni a la buprenorfina, señaló Human Rights Watch. El informe también evidencia que el estado de Nueva York no ha implementado programas efectivos de prevención de VIH y hepatitis C.

"Las cárceles de California, Nuevo México, Puerto Rico y muchos otros lugares distribuyen actualmente preservativos o proporcionan metadona o buprenorfina sin comprometer la seguridad", advirtió McLemore. "No existen razones legítimas para que el estado de Nueva York no haga lo mismo".

Mientras los legisladores del estado de Nueva York exigen que se reformen las leyes "Rockefeller" sobre condenas mínimas obligatorias, Human Rights Watch exhortó a que también se modifiquen los programas actuales de abuso de sustancias y las prácticas disciplinarias.

"Es crucial que se reformen las leyes Rockefeller contra las drogas para impedir la aplicación de penas prolongadas de prisión a quienes usan drogas", manifestó McLemore. "Pero también deben existir programas oportunos y efectivos para asistir a los internos mientras están en prisión".

Citas correspondientes a declaraciones de legisladores del estado de Nueva York:

"La mayoría de los internos regresarán en algún momento a nuestras comunidades y debemos asegurarnos de que participen en programas de tratamiento estrictos y efectivos mientras estén en la cárcel, a fin de incrementar sus posibilidades de éxito una vez liberados. Denegar tratamiento a los internos drogodependientes es ilógico y contraproducente a efectos de la rehabilitación. Además, creo fervientemente que los programas sobre abuso de sustancias en la cárcel deben ser supervisados por la Oficina de Servicios para el Alcoholismo y el Abuso de Sustancias, a fin de garantizar un tratamiento efectivo y promover la continuidad de la atención al momento de la liberación".
- Jeff Aubry, asambleísta del estado de Nueva York, presidente de la Comisión de Asuntos Correccionales

"Debemos garantizar la rendición de cuentas en las cárceles; tenemos que asegurarnos de que los servicios de tratamiento se brinden donde más se necesitan. Al mismo tiempo, debemos asegurarnos de financiar programas educativos y de prevención para poner fin al círculo de delitos vinculados con drogas".
- Félix Ortiz, asambleísta del estado de Nueva York, presidente de la Comisión sobre Tratamiento de Alcoholismo y Abuso de Sustancias

Citas correspondientes a declaraciones de reclusos entrevistados en el informe:

"Estuve en el programa para drogas en Attica hasta hace unas semanas. Interrumpieron el programa porque el personal fue transferido, y ahora hay más de 1,000 personas en lista de espera. Si bien tengo prioridad, aquí tengo una carta avisándome que ‘podría transcurrir mucho tiempo' antes de que reciba tratamiento nuevamente. Hay suficiente espacio para mí en el hueco, pero no en un programa".
- James W., recluso en Attica Correctional Facility

"Seis o siete análisis de orina me dieron positivo. Nunca tuve un incidente de violencia, sólo drogas. Me dieron un año en [el hueco], después 18 meses, después un año. [...] Estuve en el hueco 14 meses por la última infracción y ahora me dieron otros 20 meses por tenencia".
- Nathan T., recluso en Upstate Correctional Facility

"Tuve 15, 16 infracciones por drogas. Ninguna por agresiones ni nada por el estilo. Nunca he estado en un programa de tratamiento. Ahora voy a estar en el hueco hasta 2012. Soy drogodependiente. Si saben que soy drogodependiente, ¿por qué me mandan al hueco?"
 - Peter G., recluso en Southport Correctional Facility

"He estado en el hueco desde 2004 por cometer una infracción por drogas tras otra. Voy a cumplir mi condena máxima aquí. Me iré a casa con el mismo hábito con el que entré".
- Lawrence Y., recluso en Southport Correctional Facility