June 10, 2009

3. Europa del Este y Asia Central

¿Quién se lo hubiera imaginado?

Después de todo, fue en Europa donde por primera vez se afirmó que la orientación sexual estaba protegida por el derecho a la intimidad. Después de que cayera el Muro en 1989, el sector de las lesbianas y los gays fue uno de los primeros en reclamar sus derechos políticos, organizarse y movilizarse para terminar con las leyes represivas. Lo hicieron con el apoyo de las instituciones europeas, que respaldaron las reformas legales y las protecciones a la vida privada. Boris Yeltsin derogó la ley de sodomía de la era estalinista. Diez años de presión internacional hicieron que Rumania finalmente se librara de la prohibición contra el sexo homosexual que databa de los tiempos de Ceausescu.

¿Quién se hubiera imaginado que veinte años después líderes políticos iban a llamar a golpear y encarcelar a las personas LGBT; que en Estados ostensiblemente democráticos la policía iba a quedarse de brazos cruzados mientras los neo-nazis agredían a quienes marchaban en forma pacífica? La Europa del siglo XXI no estaba destinada a ser así.

Patrones de abuso

Las fotografías constituyen la prueba más memorable de esta Europa inesperada: rostros ensangrentados, personas que corren, el aire manchado de gases lacrimógenos. Estas fotografías han ido apareciendo cada primavera y cada verano, desde hace ya varios años, cada vez que los grupos LGBT intentaron organizar marchas del orgullo en Cracovia, Chisinau, Moscú.

El alcalde de Varsovia que prohibió la realización de una marcha del orgullo se convirtió en presidente de Polonia. Sus aliados políticos llamaron a penalizar a toda persona que introdujera la temática LGBT en las escuelas polacas, y a golpear con los bastones policiales a cualquiera que se atreviera a marchar. En Moscú, el alcalde calificó de “satánicos” a los participantes en la marcha. En Letonia y en Rumania, líderes eclesiásticos exigieron poner fin a las demostraciones de los “pervertidos”.

Políticos rusos les recordaron a las/os votantes que la ley de sodomía del país había sido derogada quince años atrás bajo presión de Occidente y el mensaje que le transmitieron a la gente gay fue: Les dimos sus derechos en el dormitorio, no salgan a la calle.  Prohibir las marchas se convirtió en una forma de definir quiénes podían ocupar la esfera pública, quiénes podían participar en política.

La reacción – la amenaza a las libertades de expresión y de asociación – es sólo uno de los signos de una violencia que va en aumento. Los crímenes por odio son “una realidad cotidiana en todo el continente europeo”, como lo señalara el Comisionado para los Derechos Humanos del Consejo de Europa, y tienen como blancos a inmigrantes, musulmanes/as, al pueblo romaní, a estudiantes extranjeras/os y a otros grupos, desde Ucrania hasta Italia. Las figuras políticas y religiosas que denuestan a las personas LGBT alientan tanto a los extremistas organizados como a las personas comunes que están llenas de odio a incluir a este grupo en la lista de “blancos móviles”. “Utilizan los epítetos y la marginación, la demonización, la difusión de información errónea acerca de las personas LGBT diciendo que la homosexualidad es un pecado, que va contra los valores tradicionales”, explica una activista en Letonia: “Adondequiera que vamos, a cada paso que damos, siempre estamos esperando una reacción, esto es algo cotidiano”. Un grupo en Polonia confirma que “las agresiones físicas contra las personas LGBT” se han convertido en algo de todos los días.

La violencia ocurre en lugares donde las personas LGBT son poco visibles. Activistas de Bosnia hablan de amenazas de muerte. Una organización LGBT de Armenia refiere “agresiones sexuales, hostigamiento sexual… violencia física, violencia verbal, violencia familiar”.

En Turquía, el Estado se ha dirigido a los tribunales –con éxito- para clausurar grupos LGBT. Las agresiones cotidianas a las personas transgénero por parte de la policía y de individuos aislados, así como la violencia de las bandas contra hombres gays, quedan impunes. Un* activista turc* considera que el gobierno obedece a “fuerzas oscuras” -un establecimiento militarista comprometido con la preservación de códigos morales y de masculinidad conservadores- todavía en el poder. “Pareciera que seguimos intentando aprender cómo funciona la democracia”.

Hay desigualdades que son menos visibles. Los países que se unieron a la UE se han visto forzados a adoptar estándares contra la discriminación que protegen la orientación sexual en el trabajo (aunque no todavía en otras áreas de la vida). Pero en muchos lugares no existe una aplicación eficaz de esas normas. En los países que están por detrás de la nueva cortina de hierro – la que separa a los Estados que tienen alguna esperanza de ser admitidos en la UE de aquellos, como Rusia, sin ningún tipo de provisión – ni la ley ni los estándares internacionales constituyen un recurso real contra la discriminación.

Decisiones recientes del Tribunal Europeo de Derechos Humanos garantizan el derecho a cambiar su identidad legal a las personas transgénero que se han operado. Pero esas decisiones condicionan el ejercicio de los derechos a la realización de intervenciones médicas, y la mayoría de los países de la UE exigen la esterilización –entre otros procedimientos médicos invasores- como requisito para el cambio en los documentos de identidad. Algunos Estados de esta región, como Turquía, han esencialmente adoptado las prácticas europeas sobre cirugías e identidad. En otros, como la República Kirguisa (Kirguistán), la profesión médica reacciona con incomprensión frente a la identidad de género, y las personas trans se enfrentan a la violencia por parte de sus familias y de la comunidad en general, con poco acceso a la justicia.

Desafíos y oportunidades

Un pequeño grupo de hombres transexuales en una provincia rusa nos dijo: “El principal desafío es el miedo”. En la mayor parte de la región, las actitudes sociales no han cambiado y los temas que les resultan urgentes a los gays de Europa Occidental parecen algo muy lejano. En Serbia, un centro contra la trata que trabaja con personas LGBT realizó la “primera encuesta nacional... para documentar las percepciones y las opiniones del público en general frente a las personas LGBT ... El resultado reveló que el 70% de la población o más piensa que mantener una relación con una persona del mismo sexo implica estar enferma/o. La investigación muestra que hay una brecha enorme entre quienes no pertenecen a las minorías sexuales y las personas LGBT ... Debido a esa distancia social, la violencia se considera una forma aceptable de tratar a  las minorías sexuales o de responder a su presencia. Por eso no estamos en un punto en el que podamos ponernos a discutir el matrimonio o las uniones civiles”.

En muchos países, los movimientos que tuvieron origen en el fascismo de la década de los 30 están reviviendo a través de los “cabezas rapadas”. Las iglesias ortodoxas –algunas de las cuales han visto su reputación dañada por su colaboración con los regímenes comunistas- en muchas ocasiones han utilizado las polémicas en torno a la “cultura” y la sexualidad para recuperar influencia política y prestigio, aliándose a veces con los neo-fascistas.[11] Denominaciones protestantes más recientes se han esparcido por todo el Báltico y otras áreas, con el apoyo del evangelismo norteamericano. Como explicó un* activista: “Prácticamente compiten entre sí para ver qué iglesia es la más homofóbica”.

En Hungría y en Rumania, algunos ministros y legisladores/as han defendido activamente los derechos de las personas LGBT. Pero en Polonia no hay ningún grupo político que esté dispuesto a defenderlos, y una lesbiana de Letonia dice: “No tenemos ninguna fuerza política que sea realmente liberal, apenas contamos con algunas figuras políticas aisladas”.

“Nuestra principal oportunidad”, afirma una activista bosnia, “es la entrada a la familia de la UE, que trae consigo la cuestión de la armonización de las leyes con los tratados e instrumentos de derechos humanos”. Durante las negociaciones para la adhesión que comenzaron en 1992, la UE planteó el tema de las leyes de sodomía y la discriminación a varios Estados, y fue sobre todo esa presión la que hizo que Rumania modificara su legislación. La mera posibilidad de entrar en la UE motivó una verdadera liberalización política en Turquía. Sin embargo, muchos Estados de la UE consideran que su elasticidad para absorber nuevos miembros está llegando a su fin. Y además, la Unión hizo muy poco para ponerle límites al gobierno polaco durante sus peores ataques de retórica homofóbica. En algunas cuestiones que parecen muy obvias, la UE ha ejercido una influencia débil: un* activista de Malta señala que la membresía en la UE no ha modificado el hecho de que su país es el único de todo el continente en el que el divorcio es ilegal. Una lesbiana serbia teme que “en el proceso de integración europea, los derechos sexuales se conviertan en la moneda de cambio. Hay muchas cosas que Serbia necesita cambiar, y si accede a extraditar a dos o tres criminales de guerra más, es posible que la UE no le exija demasiado en materia de derechos sexuales”.

Los grupos también se enfrentan a desafíos en cuanto al financiamiento. Algunas fundaciones se están retirando de los Balcanes: una activista que trabaja contra la trata en Serbia dice que “son pocas las financiadoras que continúan apoyándonos. L*s activistas funcionan con muy poco financiamiento, peleándose entre ell*s por los pocos recursos que todavía siguen disponibles”. Por su parte, el principal grupo LGBT de Rumania afirma que “El acceso a los recursos humanos, a especialistas en temas LGBT, a personas expertas en derecho, se está tornando cada vez más problemático”. La expansión de las oportunidades en el sector lucrativo implica que “los empleos en el sector no gubernamental no pueden competir ... Necesitamos invertir en la gente y que la organización pueda retener a las personas con experiencia”.

¿Qué están haciendo los movimientos?

En Europa del Este, el cambio cultural es una prioridad para much*s activistas, e implica luchar contra la invisibilidad y el clima de violencia imperantes. Como dice un* activista en Estambul: “Nuestra lucha principal es contra el silencio”. Mediante eventos del orgullo, conferencias, un trabajo intensivo con los medios independientes, artículos y muestras artísticas sobre los roles de género en la sociedad, confían poder cambiar los corazones y las mentes, pero esto “dista mucho de ser suficiente. Lo que hacemos tiene que estar conectado con otros movimientos: los de mujeres, los anti-nacionalistas y los anti-militaristas”.

Para una activista feminista en Serbia: “hacer cabildeo también significa dirigirse a las masas, encontrar formas de comunicar nuestro mensaje a un público que sea lo más amplio posible, a un público nuevo que esté por fuera de los medios cooptados”. El teatro y el cine ofrecen posibilidades para esa clase de difusión.

Pero para la mayoría de l*s activistas, los cambios legales y políticos siguen siendo fundamentales. Entre las metas que mencionan figuran las siguientes:

  • Legislación sobre crímenes por odio que obligue a llevar estadísticas desagregadas acerca de los incidentes de violencia y sus motivaciones.
  • Vínculos entre las organizaciones comunitarias LGBT y la policía, que incluyan la capacitación.
  • Separar la identidad transgénero de las intervenciones quirúrgicas y poner en marcha procedimientos accesibles y simples para cambiar los documentos de identidad de modo que reflejen el género en el que vive la persona.
  • Proteger la libertad de reunión y la de expresión.
  • Despenalizar el trabajo sexual, y también relajar la forma en que la ley regula el uso del espacio público apelando a la “moral”.
  • Reconocimiento de las parejas.

Las leyes antidiscriminatorias amplias, un elemento clave para la integración a la UE, también siguen siendo una meta importante. En 2009 Serbia aprobó una ley de esta clase, frente a la oposición de la iglesia ortodoxa pero con el apoyo de activistas que trabajan por los derechos humanos tanto en el país como en el resto de Europa. Sin embargo, el pasaje de la protección en los textos a la implementación plena demanda una supervisión permanente. Activistas de Rumania subrayan la importancia de  “garantizar que las instituciones estatales que luchan contra la discriminación ... continúen realizando su trabajo de manera profesional, independientemente de la presión política que se ejerza sobre ellas”.

Las esperanzas en cuanto a la posibilidad de hacer realidad esos cambios varían de manera notable entre la atmósfera represiva de Rusia – donde ni los tribunales ni el poder legislativo gozan de mucha independencia o tienen tiempo para atender las preocupaciones de l*s LGBT- y la apertura que puede verse en Hungría y en la República Checa (donde se ha logrado el reconocimiento de las parejas, así como otras protecciones).

La pregunta que hacen much*s activistas es: dado el rol que la integración europea ha desempeñado hasta ahora en cuanto a los cambios legales y políticos, las instituciones europeas, ¿pueden seguir apoyando de manera eficaz los derechos LGBT?

Obviamente, la UE no es el único actor. El Consejo de Europa ha adoptado un rol activo en la condena a los crímenes por odio y la promoción de la libertad de reunión. L*s activistas rus*s están pensado en apelar en forma regular al Tribunal Europeo de Derechos Humanos por las decisiones que les niegan el derecho a manifestarse. Si bien una apelación similar en el caso de la prohibición de una marcha del orgullo en Varsovia tuvo como resultado una humillación pública para Polonia, no es claro que pueda suceder lo mismo en el caso de Rusia.

La Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa – el único organismo europeo no militar que también incluye a los EE. UU.- monitorea la violencia basada en la intolerancia y el odio, y trabaja para erradicarla, a través de su Oficina para las Instituciones Democráticas y los Derechos Humanos. Hasta ahora, los EE. UU. se han opuesto activamente a que la Oficina aborde la orientación sexual como parte de su mandato.

La prueba más importante tendrá lugar pronto dentro de la propia UE. Una nueva directiva contra la discriminación – lanzada después de muchas dudas por la Comisión Europea y como producto de una intensa presión pública ejercida por grupos de derechos humanos de distintos países de la Unión – podría finalmente extender las protecciones para la orientación sexual a una amplia gama de sectores, incluyendo el acceso a los bienes y servicios.  (También extendería protecciones similares a quienes sufren discriminación por causa de su religión, edad o discapacidad). Ahora es el Consejo de la Unión Europea, en el que están representados los 27 Estados miembros, el que debe decidir por consenso si apoya o rechaza la propuesta de la Comisión.

Pero tanto en los Estados que se han adherido recientemente como en los que no son miembros, l*s activistas también procuran aliarse con otros movimientos nacionales para presionar por las reformas. Su lema es: Usemos la UE pero no dependamos de ella. Una lesbiana serbia dice: “Necesitamos contar con la presencia de la sociedad civil” en todos los procesos de reforma del Estado, en lugar de apoyarnos en la ayuda externa. “No queremos llegar a una situación como la de Polonia, donde la legislación está armonizada con los estándares de la UE pero no se puede hacer una marcha del orgullo, el aborto está prohibido, hay un gobierno extremadamente conservador que todo el tiempo amenaza los derechos sexuales y reproductivos ... No se trata sólo de armonizar la legislación. Se trata de trabajar con el gobierno para que pueda cambiar su forma de ver el mundo”.

[11] Ver Human Rights Watch and the International Gay and Lesbian Human Rights Commission, Public Scandals: Sexual Orientation and Criminal Law in Romania, 1998.